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En él nos explica las expe-riencias de su vida y todo aquello en lo que se ve la obra de Dios en ella. No se trata, propiamente de una biografía porque faltan infinidad de datos. Se trata de una recopilación de sus experiencias, y una serie de hechos que van marcando su trayectoria, la que veremos ahora mismo antes de entrar en el libro propiamente dicho, para poder entenderlo mejor. |
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Libro de “Las Misericordias del Señor”. Así es como ella le llamó porque sabía que el protagonista era el Señor. |
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Una experiencia y una fecha cumbre –1554- marcarán la distinción entre las “dos vidas” de que nos habla ella misma en el capítulo 23, de Vida: “La de hasta aquí era mía; la que comencé a vivir desde que comencé a declarar estas cosas de oración, es que vivía Dios en mí.” Lo más curioso es que se da entre estas dos vidas, estas dos gran partes, varios períodos similares en el tiempo y marcados siempre por una experiencia fuerte de Dios. Esto es lo que ella verá, más tarde, al examinar su vida con mirada retrospectiva.
PRIMERA PARTE DE SU VIDA HASTA LA FECHA CUMBRE DE 1554Distinguiremos tres períodos y tres fuertes experiencias que lo marcan: 1. 1515-1535 Hasta los 20 años. Infancia, adolescencia y primera juventud hasta su vocación y entrada en el Carmelo. Lo más característico de esta época es su experiencia de la caducidad de la vida y la vanidad de todo. Idea que se nublará con la crisis de la adolescencia pero que volverá siempre a resurgir en ella. La concreta en esta frase “Quedó impreso en mi alma el camino de la verdad”: (Vida, 1,2-5) 2. 1535-1543. Desde los 20 a los 28 años. Vuelve a los fervores de su primera infancia y vive con intensidad los comienzos de la vida religiosa hasta enfermar. Aparecen problemas de afectividad, mediocridad, abandono de la oración por una tentación fundamental: ”Creía que engañaba a la gente...” (Vida, 7,1) 3. 1534-1554. De los 28 a los 39 años. Es la época del sí, pero no. Dificultades, luchas alternativas, angustia que ella describe admirablemente. Fue una de sus experiencias más fuertes: “Comencé a tornar a la oración y nunca más la dejé”... pero “pasaba una vida trabajosísima: por una parte me llamaba Dios, por otra, yo seguía al mundo...” (Vida, 7,17 y 18)
SEGUNDA PARTE DE SU VIDA : IRRUMPE DIOS EN SU EXISTENCIA Y LA CAMBIA También distinguiremos tres períodos marcados por diferentes experiencias, ahora ya místicas:1. 1554-1562. De los 39 a los 47 años. El hecho decisivo. Una “conversión” a Dios a partir de hechos sencillos pero significativos para ella: un Cristo llagado, un sapo en el locutorio que le impresiona... Se rinde a Dios. Y lo hace desde la experiencia de su incapacidad personal, su pobreza: “Quitada de todo punto la confianza en nosotros...” (V. 8,13) “Arrójame cabe Él, con grandísimo derramamiento de lágrimas...” (V. 9,1)2. 1562-1572. De los 47 a los 57 años. Es la época de mayores gracias espirituales. Vive en Cristo y por ello su acción se desborda: empiezan las fundaciones. Ante la dificultades con los confesores que no creen en sus gracias místicas, siente la presencia continua de Jesús como “amigo verdadero que nunca falla” (V. 25,17) Y crece sus deseo de “salvar almas” por su visión del infierno . (V. 32,9) 3. 1572-1582. De los 57 años a los 67, fecha de su muerte. Vive inmersa en el misterio trinitario. Siente una gran paz –la del cielo anticipada -. Su acción es ahora espléndida y fecunda. Es la paz de los que se entregan del todo. “Mi alma está como en un castillo y ansí no pierde la paz.” (R. 66ª 1,10)
CARACTERÍSTICAS DE ESTAS DOS PARTES DE SU VIDA: MICROHISTORIA DE SALVACIÓNLA PRIMERA PARTE: Como en la Historia de Salvación, prevalece el temor, sobre el amor. Tiene comienzos buenos, “Vio Dios que todo era bueno, pero la presencia del pecado hace que “no ande el espíritu señor, sino esclavo”. LA SEGUNDA PARTE: Como en la Historia de Salvación Cristo será su libertador. Y encuentra a Cristo en la pobreza radical: “andaba ya mi alma cansada”. Pero Jesús es su consuelo y le da ánimos “No tengas miedo” (V. 25, 17-19) y le sostiene con su presencia “Veíale siempre cabe mí” (V. 27, 2; 28,3 y 8) Y es por Cristo que llega al misterio Trinitario. |
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