La Verdad

 

1. INTRODUCCIÓN:Experiencia y vivencia

 


                                                                                        

 

 

1.      EXPERIENCIA

Vamos a partir de un breve texto de Vida, 18,8: “No diré nada que no lo haya experimentado mucho”.

La Santa está tratando de darse a entender con su experiencia de “vuelo de espíritu” o de “arrobamiento”. Y como las cosas del espíritu son tan difíciles de expresar, porque son inefables, advierte que no podrá entenderle bien quien no lo haya experimentado: “Si no lo ha probado, le parecerá desatino, y ya puede ser, porque querer una como yo hablar en una cosa tal y dar a entender algo de lo que parece imposible aun haber palabras con que lo comenzar, no es mucho que desatine. Mas creo esto del Señor, que me ha de ayudar. No diré cosa que no la haya experimentado mucho”.

Podemos tener dos acepciones de este concepto de “experimentar”:

·         Lo vivido, lo no teórico. Para la Santa esto ya es importante. Hasta que no ha conocido una cosa por propia experiencia, le cuesta manejarse en ello, incluso se expresa con mil rodeos. Es muy vital y lo teórico no le gusto. Tiene que hacer propias incluso las ideas para poder captarlas. De hecho esta capacidad de “experimentar” es lo que le permitió ser maestra en “propio conocimiento” y escribir siempre desde su propia biografía. San Enrique de Ossó, su gran amigo, capto este principio fundamental de Teresa y lo aplicó a una de sus más reiteradas peticiones: “Conocerme...”

·         Pero hay otra acepción de esta palabra y de esta capacidad de experimentar de que habla Teresa: y es la experiencia que da Dios de las cosas humanas y divinas. Es tan inefable (inexpresable) que para poder comunicarla a los demás se necesita también una gracia especial  de Dios. Tanto para entenderla, como para entenderse a uno mismo, y para saber explicarla. A esta experiencia se refiere cuando dice que “no dirá cosa que no la haya experimentado.

Aquí nos vamos a referir, de momento, a la primera acepción: lo vivido. Teresa es de las personas que viven con intensidad y por tanto va guardando mucha experiencia y muchas experiencias. Es precisamente este camino de la experiencia y de la capacidad para volver sobre lo vivido lo que le ayudará a aumentar en propio conocimiento y sacar siempre consecuencias formativas para su futuro y para el de los demás. De hecho la experiencia que no sirva para esto, de poco sirve.


La Santa sabe que en el camino de la experiencia para conocerse a sí mismo y entender las cosas de Dios, la oración es tan importante que en ocasiones suple el aprendizaje teórico de una cosa:

“Por claro que yo quiera decir estas cosas de oración, será bien oscuro para quien no tuviere experiencia. Algunos impedimentos diré que, a mi entender, lo son para ir adelante en este camino y otras cosas en que hay peligro, de lo que el Señor me ha enseñado por experiencia y después de tratarlo yo con grandes letrados y personas espirituales de muchos años,  y ven que, en sólo veinte y siete años que ha que tengo oración, me ha dado su Majestad la experiencia –con andar con tantos tropiezos y tan mal este camino- que a otros en cuarenta y siete que con penitencia y siempre virtud han caminado por él.” (Vida, 10, 9)


Otras de las consecuencias de la experiencia en el campo de la oración es que no permite que nos engañemos. Es ésta una lección muy importante para no caer en falsos espiritualismos. Es interesante ver el caso que explica del P. García de Toledo. Después de explicar su propia experiencia de oración para ver si ella estaba engañada o no, lo escribe y se lo da a leer.  Y, como habla desde la experiencia, y desde la verdad,  conmueve al mismo P. García de Toledo que se siente como contagiado. Es lo que nos ocurre a todos muchas veces cuando leemos a la Santa....

“Bien pareció ser cosa de Dios en la operación que le hicieron (sus palabras). Determinóse muy de veras a darse a la oración, aunque no lo hizo desde luego (enseguida). El Señor, como le quería para sí, por mi medio le enviaba a decir unas verdades, que, sin entenderlo yo, iban tan a su propósito que él se espantaba, y el Señor, que debía disponerle... Yo, aunque miserable, era mucho lo que suplicaba al Señor muy del todo lo tornase a Sí y le hiciese aborrecer los contentos y cosas de la vida....si yo no lo hubiera visto, lo tendría por dudoso, cómo en tan breve tiempo hacerle tan crecidas mercedes y tenerle tan ocupado en Sí que parece no vive ya para cosa de la tierra..... Porque en cosas de espíritu en poco tiempo tiene mucha experiencia, que estos son dones que da Dios cuando quiere y como quiere, y ni va en el tiempo, ni en los servicios. No digo que no hace esto mucho, sino que muchas veces no da el Señor en veinte años la contemplación que a otros da en uno.” (Vida, 34, 11)

Y añade, como advirtiendo la importancia que tiene la experiencia de algo que es puro don, para entender en ello:

“No se espante ni le parezca cosa imposible... Porque torno a decir que si no tiene experiencia, si no tiene muy mucha humildad en entender que no lo entiende, y que no por eso es imposible, que ganará poco y dará a ganar menos a quien trata. Pero no tenga miedo que, habiendo humildad, el Señor permita que se engañe el uno ni el otro.” (Idem, 12)


La experiencia de vida, es la que se adquiere por los hechos cotidianos, hechos propios que ayudan a lo que la Santa llama “desengañarse”. Es para ella una lección de autoprotección que le sirve para no volver a caer en aquellas cosas en las que se vio atrapada. Ella sabe que el errar es bueno si enseña y ayuda al propio conocimiento. Lo peor es cerrar los ojos ante los propios hechos, porque nunca enseñarán para el futuro:

“Yo me huelgo de que vuestra reverencia esté tan desengañada, porque le ayudará para muchas cosas; porque para acertar aprovecha mucho el haber errado, que así se toma experiencia. (Carta a María de San José, 21, diciembre, 1579, n. 21)


Otra de las experiencias de vida que dice la Santa se necesita es la de experimentar una virtud cuando hay contradicción, porque si no, podemos creer que la tenemos, pero como  dice con gracias, cuando más la necesitamos es cuando vemos que nos falta.  Por eso hay que experimentar que la tenemos con la contraria. Eso ayuda a vivir, en cierto modo “sospechando” de nosotros mismos, en el buen sentido de la palabra, y vigilar más nuestras actitudes que nuestros actos que se derivarán de aquellas. Y en especial, dirá la Santa, en los puntos de honra en los que es muy difícil darse cuenta:

“Y porque tengo mucha experiencia de esto diré algo para aviso de vuestra merced. No piense, aunque le parezca que sí, que está ya ganada una virtud, si no la experimenta con  su contrario. Y siempre hemos de estar sospechosos y no descuidarnos mientras vivimos...”

Y añade un ejemplo personal, de cómo ella, que se creía muy libre, en sus actuaciones se dio cuenta en un negocio que tocaba a su hermana que no lo estaba tanto:

“...vi que me daban pena sus penas mucho más que de prójimo... en fin, entendí no estaba tan libre como yo pensaba...(Vida, 31, 19)

2.      PRINCIPALES EXPERIENCIAS DE SU VIDA

·        Experiencia de fragilidad

Analizando el capítulo 7 de vida, vemos las siguientes muestras de su propia fragilidad, experimentada y aceptada:

v      Perder mucho por ir vagando en cosas que distraen

v      Ponerse en ocasiones cuando aún no se está fuerte en la virtud

v      Dejar la oración con el pretexto de que “no se siente nada”, no somos dignas, no se compagina con nuesra vida...

v      No hacer caso de lo que le dicen los que la quieren

v      Ir por el camino “de los muchos”, o dejarse llevar por la mediocridad del ambiente, con ser creativa en el espíritu

v      Pensar que en otras circunstancias y en otros lugares cambiaríamos

De hecho, en todo el libro de su Vida hay análisis maravillosos de su falta de humildad, que son una auténtica manifestación de su capacidad fenomenológica. Baste un ejemplo:

·”Otras veces me atormentaba mucho, y aún me atormenta, ver que se hace mucho caso de mí, en especial personas principales, y que decían mucho bien. En esto he pasado y paso mucho. Miro la vida de Cristo

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