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Han entrado en la Vida:
HNA. ALEJANDRA DE SAN JOSÉ LACHETA MORIONES Provincia Santa Teresa
“Juntos andemos, Señor”. Ese era el letrero que se leía al entrar en la habitación de la hermana Alejandra. Junto a ese letrero había algunas imágenes que pueden ser símbolo del mensaje de su vida y espejo en el que se miró durante mucho tiempo:
- EL CRISTO DE JAVIER. Ese Cristo que sonríe muerto. Lo ha dado todo y después sonríe para no dejar de dar nada… - EL CUADRO DEL HIJO PRÓDIGO. La misericordia, el perdón, la fraternidad, la acogida de ese Padre único… - EL DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ de Caravaggio. Jesús está rodeado de sus amigos. La amistad hasta el final, la fidelidad incondicional… - MARÍA EN EL NACIMIENTO DE JESÚS, MARÍA DE MONTSERRAT, MARÍA INMACULADA: ternura, claridad, visión de alturas… - TERESA DE JESÚS Y ENRIQUE DE OSSÓ allí nos hablan de un amor entrañable a la Compañía.
Estas imágenes, espejo en el que se estaba mirando continuamente, símbolo de sus deseos, nos permiten asomarnos algo al misterio de su vida.
La tarde de su funeral fue una tarde de acción de gracias. Pudimos darlas por una vida larga, 85 años de edad. Entró en la Compañía a los 18. Se dedicó a la enseñanza en Valencia, Béjar y Madrid. En 1950 le encargaron de la administración del Colegio Teresiano del Paraíso-Caracas durante ocho años y este mismo servicio lo realizó en Valencia, Tortosa y finalmente, desde 1976 en Barcelona-Ganduxer.
Tanto en la comunidad como entre el personal de la casa fue muy apreciada. Alejandra fue siempre amable con todos, acogedora y generosa. Se mostró interesada por las familias de alumnos, profesores, personal de oficios y servicios auxiliares. Se preocupó por los problemas de la enseñanza en los Colegios y colaboró, en la medida que pudo, a buscar soluciones. Procuró el bienestar de los que vivían con ella.
En comunidad era amable, delicada, prudente, generosa, interesada por las cosas de la Compañía. Piadosa. Hace año y medio tuvo que dejar todas las actividades a causa de su salud. Se esforzó por aceptar su situación y vivirla con serenidad. Su muerte nos ha sorprendido, a pesar de todo. Teníamos esperanza de poder sacarla de la neumonía que nos obligó a internarla en la clínica, pero no fue posible y a las 24 horas, con toda paz se la llevó la Virgen el sábado 18 de noviembre de 2006. Fueron muchos los testimonios de cariño que recibió en su funeral: familia, hermanas, amigos, profesores, colaboradores de la casa acudieron a pesar de haber sucedido todo con tanta rapidez.
HNA. CARMEN DE MARÍA INMACULADA VILLAR PÉREZ Delegación Virgen de Cotoca
“Hijo, ¿por qué lo has hecho así?” (Lc. 2,48). Esta misma pregunta que María dirigió a Jesús, es la que latía en nuestros corazones. Y, como adivinándolo o quizás queriendo acallar el porqué que llevaba dentro, el Padre Reinaldo Brumberger, ofm, recordaba en la homilía una frase que de joven había leído en un cementerio alemán: “Ante Dios sobran los porqués”. Demasiado radical en un momento tan desconcertante y doloroso como el que estábamos viviendo. Sin embargo, no es que a Dios le falte humanidad. ¿Por qué me has abandonado? Fue el grito de Jesús, poco antes de morir.
El no tener respuestas para los grandes interrogantes de la vida nos conduce siempre al misterio, nos invita a acoger, silenciosa y profundamente, a un Dios que se manifiesta no a través de razonamientos, sino en la oscura luminosidad de la fe. Como María llevamos en el corazón los acontecimientos del día 23 de noviembre, y, como Jesús, queremos gritar con voz muy fuerte y entregar al Padre la vida de nuestra hermana Carmen Villar (Mt. 28,48).
Todo sucedió demasiado rápido: en medio de la agitación del final del año escolar; pasados apenas unos días de la asamblea parroquial; en vísperas de la graduación de los bachilleres y del regreso de los alumnos de PREEFA que estaban participando en unas olimpiadas de discapacitados... Faltando sólo quince días para viajar a España y encontrarse con sus padres. Todo se produjo en medio de la vida: Una llamada anunciando un desmayo. Y enseguida otra, notificando la gravedad. Estábamos en camino... De un rato a otro, la clínica se lleno de gente. Fueron 24 horas en las que aguardábamos con impaciencia. Estaba próxima la partida...
Contemplando tantos rostros, resultaba fácil hacer una relectura de los 20 años que Carmen ha vivido en Bolivia. Llegó en 1986 para una nueva fundación en la parroquia del Carmen, del Vicariato Ñuflo de Chávez. Se tardó algún tiempo hasta poder instalarse en el lugar. De aquella época no le faltaban las anécdotas. Con sentido del humor recordaba situaciones vividas: la casa de solo un ambiente; la dificultad de los caminos; las reuniones con el pueblo el día 20 de cada mes; el niño sentado por largas horas mirando la vaca... Esta experiencia la disfrutó sólo unos meses, al regreso de la Probación, fue destinada a Santa Cruz como superiora y directora del colegio Fe y Alegría San Antonio. A la clínica habían acudido testigos de este primer recorrido de su acción educadora en Bolivia: la secretaria, ya jubilada; maestras y maestros que a lo largo del tiempo habían dejado el colegio. De todos se escuchaban las mismas palabras. Carmen había sido para ellos un ejemplo y un corazón en quien confiar. Destacaban su modo de ser acogedor, su capacidad de escucha, su entrega plena y desinteresada... Se sentían realmente queridos por ella.
Una nueva fundación, ahora en San Julián, sería su próximo destino. Comenzaba la gestión escolar 1992 y el 17 de enero se formó allí una nueva comunidad en la que ella también sería superiora. Los inicios estuvieron llenos de obstáculos y aventuras. No se habían terminado de construir las aulas; faltaban profesores; se sentía una cierta resistencia a aceptar la presencia de Hermanas extranjeras. Y, por otra parte, crecía hasta duplicarse la matrícula escolar; los jóvenes colaboraban en todas las tareas y la directora Distrital animaba a Carmen a extender la acción. Se implantó el bachillerato y eran catorce las escuelas en distintas comunidades que, con la dirección de Carmen, integraban el núcleo escolar “Fe y Alegría Enrique de Ossó”.
A Carmen el trabajo no le asustaba y lo realizaba con responsabilidad, sin darse importancia; con exigencia y sentido de justicia. El descontento de los maestros a nivel nacional se manifestaba en continuas huelgas alentadas por los sindicatos. Era frecuente la suspensión de clases y, sin dejar de buscar soluciones, estos espacios le daban la oportunidad de ponerse en contacto con la gente; los sabía aprovechar para recorrer las calles de San Julián, conocer a las familias, hablar con unos y con otros...Cuántas idas y venidas a Santa Cruz cuando la carretera todavía no era de asfalto y en recorrer 150 kilómetros se tardaba alrededor de cinco horas... Por eso, no podían faltar rostros de esta tercera etapa de la vida de Carmen en Bolivia. Recorrieron el camino, con la misma urgencia que ella lo hacia, para manifestarle el reconocimiento a su labor. Y, no sólo era gente relacionada con la misión de la escuela. Había Hermanas, de las distintas congregaciones que trabajan en el vicariato, que la recordaban y reconocían su huella.
Después de seis años, volvió a Santa Cruz, esta vez a ocuparse de la dirección del colegio Fe y Alegría de Educación Especial. Era una tarea nueva que acogió con gozo. La pobreza no se reduce sólo al ámbito socio-económico y, paradójicamente donde abundan los pequeños y desheredados de la tierra se develan con más transparencia los signos del Reino. “Mientras ella subía a Jerusalén”, todos los que han compartido estos últimos años de su vida, lloraban y relataban con cariño. Resumían en un documento con formato de resolución que “Carmen fue una persona que profesó el cumplimiento de los valores humanos como el amor, el cariño, la amistad, la fraternidad y la solidaridad. Se preocupó en sobremanera por hacer una vida más llevadera para los niños y niñas, adolescentes y jóvenes del Programa de Enseñanza Especial Fe y Alegría (PREEFA), quienes muchas veces son discriminados por la deficiencias físicas y mentales que poseen. Sin embargo en todo momento de su vida siempre puso de manifiesto el lema de PREEFA: “no temas ir despacio, teme no avanzar”. Que la partida, el apostolado que deja la hermana Carmen sirva como ejemplo de vida, digno de imitación y prosecución en la lucha, por tener un mañana mejor y erradicar definitivamente la incertidumbre del aprendizaje, sobre todo para aquellos que más lo necesitan”.
Todo está cumplido. Nosotras, sus hermanas en Bolivia podríamos añadir muchos más datos y siempre nos quedaría algo no expresado. Queremos simplemente decir que todo lo que fue Carmen es respuesta a un único porqué: se sabía amada por el Señor y se dejó conducir por Él. Todo lo que “hemos visto y oído” es un signo de su fidelidad constantemente recreada en la oración, la búsqueda de la verdad y la entrega.
Carmen había nacido en Cogeces del Monte (Valladolid), el 3 de agosto de 1951. Ingresó en la Compañía en la fiesta de la Inmaculada del año 1974 y ha retornado al Padre, el 24 de noviembre de 2006. Descanse en paz.
HNA. ZENAIDA DE JESÚS CORVO FERNÁNDEZ Provincia Padre Enrique de Osso
En la víspera de Cristo Rey, sábado 25 de noviembre del 2006, la Sma. Virgen recoge a sus 84 años a la Hna. Zenaida para llevarla a compartir el reinado de Jesucristo.
Zenaida nació en La Habana, Cuba, el 2 de agosto de 1922. En una familia en la que fue muy querida y a la que ella también quería entrañablemente. Con sus padres y su único hermano vivió en la fortaleza de la Cabaña, porque su padre era militar, y aprendió entre ellos los valores de respeto, delicadeza y piedad. Nos contaba Zenaida que ya desde pequeña ella quería ser monja y maestra, para esto último reunía a los niños en una playita y les daba clases y para lo primero conoció a la hermanas teresianas en el Colegio de la Habana, bebiendo desde pequeña la espiritualidad teresiana. Entró en la Compañía el 15 de agosto de 1941 y fue enviada a San Antonio, Texas para su noviciado. Sus primeros años de estudio universitario en La Habana y enseñanza en Ciego de Ávila, fueron felices, veía la unión de las hermanas y cómo se apoyaban unas a otras.
Sólo su temple de teresiana le permitió llevar con determinación y alegría todo lo que la voluntad de Dios le iba a marcar en el camino. En 1954 la encontramos como fundadora y superiora del Colegio de Managua en Nicaragua y también del Hospicio de Granada, orfanato para niñas pobres al que acudía con gran gusto.
Llegó la Revolución Cubana y la vivió en su persona; en sus seres queridos; la Compañía y el pueblo. La subida de Fidel Castro y la Dictadura sobre el pueblo son una espada que traspasa su corazón. Se une entrañablemente con los cubanos del exilio, sobre todo con sus antiguas alumnas, enviándoles correspondencia continua para animarlas y que su fe no fuera vencida por ninguna tormenta. Para ella la Tercera Probación que vivió en Tortosa fue muy importante. Regresó a Nicaragua y con el tiempo estalla la Revolución Sandinista, una nueva espada de dolor.
Zenaida continúa dejando su vida en: Fresno California, maestra de kinder. Estando de paso en Cd. Juárez, rumbo a Nuevo Orleáns, recibe su cambio a la Provincia del Padre Enrique de Ossó. Llega a México como ecónoma del noviciado de Tlalpan. Aquí las tareas no fueron fáciles, vive todo el problema de salir de la Huerta de las Campanas (el gobierno mexicano incauta la propiedad), para irse a las casitas de San Pedro de Los Pinos, y luego la construcción del Noviciado en Ixtapalapa Cerro de la Estrella. Como Ecónoma Provincial le tocó adaptar la casa provincial en Xochicalco, quitarla y volver de nuevo; sin olvidar lo que significó la construcción de Jiutepec, Casa de Oración. Ir a Juárez y construir el primer piso de la Preparatoria. Volver a Pachuquilla como ecónoma. Regresó a Juárez en 1998, donde la vemos en la Biblioteca, siempre animando y dando un buen consejo a padres de familia, señoras del MTA, personal de intendencia, hermanas.
Su voluntad de hierro, gran disponibilidad y actividad no hacía ver la fragilidad de su cuerpo. Del cáncer pasó a la embolia cerebral. Se le trasladó del hospital a la comunidad y aquí junto con ella, durante dos meses y medio, fuimos viviendo su agonía, ya no podía hablar sólo repetía VEN, VEN, VEN y te tomaba de la mano con el deseo único que permanecieras junto a ella. Al final, ella misma soltó la mano y cerró sus expresivos y grandes ojos. Se abandonó en las manos de Dios.
En agosto pasado nos expresaba: "Sufro mis limitaciones y me falta paciencia, pero contenta de hacer lo que Dios quiere. El me ha dado la fuerza y la gracia para perseverar hasta este momento". Fueron 65 años de vida religiosa.
HNA. MARÍA DEL ESPÍRITU SANTO ALTOLAGUIRRE BERECIARTÚA Provincia Virgen del Pilar
La hermana María falleció en la Comunidad de la Residencia de San Sebastián, en la mañana del día 1 de diciembre de 2006. Era primer viernes de mes. Ese día pudimos leer, con respeto casi sagrado, en una libreta pequeñita suya estropeada por el uso:“Qué dulce será morir para quien, en su vida, ha hecho su morada en el Corazón de Cristo”. Esto y otros detalles preciosos que recordamos de ella nos ayudan a intuir algo del secreto de su serena muerte y de su vida fecunda. Fue una vida larga en años-cuando murió ya había cumplido 96- y plena en historia personal que es historia de salvación también de la Compañía y de muchas gentes.
Nació en Ataun (Guipuzcoa) el día 9 de noviembre de 1910. Conoció a la Compañía, desde niña, en el Colegio de Pamplona en el que estudió hasta obtener el título de Magisterio. En esta época sintió la llamada de Dios y decidió seguirle fielmente como teresiana y aunque encontró en un primer momento la oposición de sus padres, después de dos años de espera logró por fin su aprobación e ingresó en Jesús-Tortosa el día 29 de octubre de 1931. En esta Casa Noviciado vistió el hábito el 18 de mayo de 1932, profesó el 19 de mayo de 1934 y recibió el primer destino, este mismo año, a Mora de Toledo.
Durante todos estos años estaban sucediendo en España acontecimientos importantes y tiempos de crisis para la iglesia y sociedad. En el año 36 salió de Mora, con otras 10 hermanas, camino de Madrid, y durante el viaje, prisioneras y humilladas, -tal como ella misma escribe más tarde en la crónica de la casa- viven la certeza de que van a ser fusiladas… El año 1937 es destinada al Colegio de Pamplona donde inicia su siembra de amor y cuidado constante de las personas en la entrega plena de su vida a la educación. También en Pamplona emitió los votos perpetuos el 25 de marzo de 1938. Todas estas fechas las consignó cuidadosamente en su libreta y anotó también todos sus destinos:- “MIS S. D. BASTA” escribe ella- sin duda fueron momentos muy significativos en su vida.
María fue una mujer muy fiel a Dios y a la Compañía; y muy humana, -“soy humana, Señor y Tú no ignoras que también necesito aterrizar” es su jaculatoria-. Se distinguió siempre por la calidad de su alegría y la acogida amorosa a todos. Tenía el don de empatizar fácilmente con lo bueno y grande de las personas y una sensibilidad especial para sintonizar con quien sentía dolor, miedo o esperanza. Entregada, solicita y sumamente responsable, fue poniendo todo su caudal en la ayuda a las personas en los distintos servicios y lugares de España, Cuba, México y Francia a donde fue enviada, sucesivamente. A su paso por cada uno de ellos dejó la huella de la presencia de Jesús.
A nuestra comunidad llegó el 18 de febrero del año pasado, muy viejecita pero sin perder el reflejo de su sonrisa y bondad en toda su persona. Poco a poco fue perdiendo su movilidad, y capacidad de comunicación pero no perdió sus gestos de gratitud ni su acogida bondadosa mientras estuvo despierta. Al morir nos han llovido testimonios de muchas personas que recibieron de ella ayuda y amor incondicional.
El funeral lo celebramos en la capilla del Colegio que tanto sufrimiento le proporcionó desde que compró el terreno hasta que se terminó de edificar. Lo presidieron dos sacerdotes de la parroquia de Ermitagaña de Pamplona que quisieron llegar desde allí para agradecer lo que la Hna. María ayudó en la parroquia y el bien que dejó sembrado en ella. El cariño y la gratitud había congregado allí además: a muchas hermanas de distintas comunidades de Zaragoza, Calahorra, Pamplona y San Sebastián; a familiares; a profesoras, auxiliares, enfermeras…Fue para todos una verdadera e inolvidable Eucaristía.
HNA. CATALINA DE JESÚS SACRAMENTADO GODINA DELGADO Provincia Padre Enrique de Ossó
En el Instituto Jassá de León, Guanajuato, el día 04 de diciembre del 2006 se encontró con el Señor Jesús.
Nació en Totatiche, Jalisco, el día 07 de Abril de 1907, sólo le faltaban 4 meses para cumplir los cien años. Había hecho su Noviciado en San Antonio, Texas, y pronunció sus Votos Temporales el día 04 de Enero de 1929. De San Antonio pasó a New Orleans para dirigirse a Cuba pero el Señor Jesús tenía otros planes para ella y viajó a México; al Colegio La Florida donde permaneció muchos años. Prestó sus servicios con mucha generosidad en los Colegios América de Puebla de los Ángeles, La Florida en el Distrito Federal, el Latinoamericano de Ciudad Juárez, Chihuahua y sus últimos 29 años los pasó en nuestra Comunidad.
Catita, como la llamábamos con cariño, tenía una gran devoción a la Eucaristía, siempre hacía acto de presencia en todos los actos de Comunidad, muy temprano ya estaba haciendo una visita a Jesús Sacramentado; rezaba el rosario y muchos días rezaba las tres partes y últimamente las cuatro partes. Era muy servicial con todas las Hermanas y las personas de fuera, muy austera en su vida de cada día, muy mortificada especialmente en la comida, se levantaba muy temprano para tratar de llegar muy pronto a la Capilla todos los días. Eran de admirar en ella, su constancia en el trabajo, su delicada responsabilidad, su generosidad y su sacrificio, nunca aceptaba comida diferente, ella comía lo que se servía. Le gustaba estar en casa, solamente salía cuando casi la obligaban a visitar al médico.
Hna. Catita fue una excelente maestra de Historia de México, no había pregunta que le hiciéramos que ella no supiera. Los últimos años de su vida los dedicó a atender la cooperativa, ella misma hacía muchas cosas para vender y obtener así más dinero que más tarde era entregado a personas necesitadas.
El día 7 de diciembre del año 2005 tuvo una caída y se fracturó la tibia y el peroné en 6 partes. Ya se veía que no volvería a caminar. No fue posible meterla en el quirófano, primero por su edad y después por la fragilidad de sus huesos. Recibió la Unción de los Enfermos en la cama y ya no le fue posible levantarse. Sufrió con mucha paciencia los dolores, nunca se quejó, esperaba con gozo la hora en que se le llevaba al Santísimo Sacramento. Tuvo mucha lucidez toda su vida, recordaba todas las cosas pasadas y presentes; pero últimamente empezó a perder memoria, no recordaba nuestro nombre, no recordaba muchos incidentes y sólo nos decía que ofrecía todos sus dolores por la Compañía. El 3 de diciembre cuando se le llevó la comunión ya se le notaba muy cansada, se pasó durmiendo casi todo el día y el 4, tempranito, el Señor vino a buscarla. Su muerte fue tranquila. Aunque ya se esperaba, llegado el momento, nos hizo sufrir su ausencia.
Por la mañana empezaron a venir personas a darle el último adiós. A las 4 de la tarde celebró la Eucaristía el Señor Arzobispo Don José G. Martín Rábago, que en la homilía nos dijo que el Padre Dios había venido con los brazos abiertos y con mucho amor a recoger a su amada. Asistieron a la Eucaristía muchas personas, también los Hermanos de Compañía, muchos maestros, alumnos y personas cercanas a nosotros. Durante la noche se rezaron varios rosarios por su eterno descanso y al día siguiente, 5 de diciembre, se celebró la Eucaristía de Cuerpo presente en el auditorio, ya que la Capilla fue insuficiente para dar cabida a todas las personas que asistieron.
IRMÃ MARÍA ALCINDA DE NOSSA SENHORA DE FÁTIMA CARDOSO BRAGA Provincia María Inmaculada
A Irmã Maria Alcinda nasceu em Lamego, em 13 de Fevereiro de 1920. Entrou na Vida Religiosa em 1950. Partiu para a Casa do Pai a 21 de Dezembro de 2006, com a idade de 86 anos e 56 de vida Religiosa
Toda a sua vida, como Teresiana, decorreu nas Comunidades do Colégio de Elvas, desde 1952, em 1966 no Colégio de Braga, 1980 no Centro Paroquial de Alpalhão, Centro Paroquial de Almendra, regressando à Comunidade de Elvas em 1983 e, por último, na Comunidade de Fátima, desde 2001. Mas foi na Comunidade do Colégio de Elvas onde viveu a maior parte da sua vida Religiosa.
A Ir. Alcinda deixou entre todas nós, Irmãs da Província de Maria Imaculada, muita saudade e exemplo de grandes qualidades e virtudes. A alegria, a boa disposição, o sentido de humor, o grande espírito de Fé e o amor fraterno, foram virtudes que marcaram a sua vida de consagrada. Dotada de um carácter forte e temperamental, sabia pedir perdão quando reconhecia que a sua forma de ser podia ter magoado alguém.
Tinha umas “mãos de fada”. Bordava e pintava, maravilhosamente e de forma única. Todas as Comunidades da Província, têm um quadro ou alguma toalha de altar pintado ou bordada, por ela. A Comunidade de Fátima, onde veio a falecer, ficou belamente decorada por ela, com quadros bordados a ponto de cruz, com pensamentos de S. Teresa e Santo Henrique.
Aos trabalhos manuais e aos bordados dedicou, profissionalmente, a sua vida. Em Elvas, era a responsável pela “Casa de Trabalho”, dedicada a jovens carenciadas da cidade ou sem possibilidades de seguir estudos superiores. Muitas e muitas jovens de Elvas, aprenderam a bordar e a pintar com a Ir. Alcinda, que recordam com profundo apreço e saudade. Em todas deixou o sentido de responsabilidade e o amor aos trabalhos manuais, sobretudo bordados e pintura. Muitas, para além de verem nela um grande exemplo de Religiosa, dedicada e apostólica, admiram-na como “artista” de bordados e pintura. Quando a “Casa de Trabalho” terminou, continuou no Colégio, a dar aulas de Trabalhos Manuais, gozando sempre de consideração e respeito por parte dos alunos. Todos os antigos alunos e alunas nutrem por ela um grande afecto, respeito e carinho.
Trabalhou quase até ao fim da vida. Só quando as forças começaram a faltar é que pediu para se retirar para a Comunidade de Fátima onde, mesmo doente continuou a trabalhar com as suas “mãos de fada” e o seu coração de bondade. Muito amiga dos seus familiares, procurava visitá-los se podia e recebia com gosto as suas visitas. Por isso todos estavam presentes no seu funeral e lamentavam a sua partida de forma inesperada. Que descanse em paz a nossa Irmã Alcinda.
HNA. ÁNGELES DE JESÚS SACRAMENTADO PIDAL MOREDA Provincia María Madre de la Iglesia
La mañana del primer día del nuevo año 2007, abría para la Hna. Angeles una “FELIZ ETERNIDAD” después de dos años de sufrimiento a causa de una caída que le obligó a permanecer definitivamente en la enfermería.
La Hna. Angeles nació en Quintueles (Asturias) el 21 de diciembre de 1912. Cuando apenas acabada de estrenar sus 94 años, el Señor se la llevó consigo a las 13 horas del día 1 de enero.
Ingresó en la Compañía el 12 de octubre de 1933; hizo el Prenovicido y Noviciado en Tortosa y se consagró al Señor, con la profesión temporal, el 8 de abril de 1936.
Durante la guerra civil española la Hna. Angeles tuvo que dejar la vida comunitaria y acogerse a la hospitalidad de una familia barcelonesa, renovando anualmente y en privado sus votos temporales. Finalizada la guerra pudo regresar a la Casa Madre de Ganduxer donde hizo la profesión perpetua el 16 de julio de 1940.
Permaneció en la Casa Madre casi 20 años dedicada con gran generosidad y entrega a la labor docente en la escuela gratuita que existía junto al colegio. La gratitud y cariño de alguna exalumna, expresada todavía hoy, a pesar de los años transcurridos, pone de manifiesto la vocación educadora de nuestra hermana y el enorme cariño con que la realizó.
En 1959 fue trasladada a Uruguay donde ejerció el servicio de Superiora en el Colegio de Dolores y en 1964 fue a Buenos Aires (Argentina) con el cargo de Secretaria Provincial, que desempeñó con delicadeza y eficiencia; en 1967 vino a Roma para participar en un Encuentro y desde entonces quedó vinculada a esta comunidad de la Casa Generalicia con el oficio de Archivera.
La Hna, Angeles fue siempre una persona muy culta y amante de la lectura, le gustaba estar informada de los acontecimientos de la Iglesia y del mundo. Mujer muy piadosa y responsable en lo que se le encomendaba. De carácter más bien reservado, se la veía, hasta pocos años antes de morir, como una persona seria, y poco comunicativa, nunca en primer plano, le gustaba pasar desapercibida aunque se daba cuenta de todo, por eso, podía añadir en algunas ocasiones, anécdotas cargadas de humor. Era una persona austera y fiel en su trabajo silencioso y oculto que por más de 30 años realizó en el Archivo general. Estaba muy identificada con la Compañía y amaba profundamente a nuestro Padre.
En los últimos años, después de una crisis de bronconeumonía, la Hna Ángeles, comenzó a ser más expresiva y hasta graciosa. A las que hemos vivido con ella nos cuesta dejar de ver sus ojos llenos de inocencia y a veces de picardía, su sonrisa agradecida cuando nos acercábamos a verla, y en algunas ocasiones ese hacerse la dormida para que la dejáramos en paz, sus intentos de escapar de aquel cuarto que le parecía no ser el suyo... Esas ocurrencias graciosas del final contrastaban con su vida seria, callada, silenciosa, entregada al trabajo en aquel archivo tan bien ordenado y catalogado; contrastaban con aquella Ángeles educada y respetuosa de siempre. ¡Cuanto hemos podido aprender de ella todas las que hemos tenido la suerte de vivir a su lado!
No podemos olvidar el día que cumplió 92 años, la vimos plenamente feliz, disfrutando con todas mientras escuchaba el canto de “auguri” y recibía nuestra felicitación. Al subir a la clausura, en el pasillo la esperaba una Hermana enferma deseosa de felicitarle. Con el abrazo expresivo perdieron las dos el equilibrio y cayeron. La Hna. Angeles se fracturó el hombro izquierdo y tuvo que ser inmediatamente operada. A partir de entonces se fue deteriorando progresivamente Una cosa mantuvo hasta el final: su corazón agradecido. Todas recordamos aquel “gracias” casi imperceptible con que nos despedía al marcharnos de su habitación.
Damos gracias a Dios que por más de 30 años ha regalado a nuestra comunidad con la presencia de nuestra querida Hna. Ángeles cuyo recuerdo en estos momentos sólo nos produce paz y alegría.
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