Queridas hermanas:

            Después de este tiempo de renovación agradecemos la oportunidad que la Compañía nos ha regalado. La vida de las Provincias, la iluminación de los diferentes temas, los Ejercicios Espirituales, el tiempo de oración, el caminar juntas en esta experiencia intercultural… nos ha supuesto un enriquecimiento muy grande.  Hoy queremos compartir con toda la Compañía aquello que se nos ha manifestado como luz y que nos urge por dentro como desafío.

            Para nosotras ha sido una riqueza poner en común y consensuar algunos aspectos que queremos compartir. A lo largo de este tiempo, habéis tenido la oportunidad de acompañarnos a través de la página web. Ahora, más que hacer una crónica, queremos haceros participes de lo que reconocemos como vida de Dios en nosotras, con el deseo de dar gratis lo que hemos recibido gratis.

Hemos descubierto un gran contraste entre la invitación que se nos hace en todos los documentos de Compañía (Constituciones, Proyecto de Formación, Propuesta Educativa) y la lentitud de nuestro caminar congregacional. Acogemos  la invitación que se nos hace en ellos, deseando buscar caminos y tomar iniciativas para hacer realidad la nueva Vida Religiosa de la que hablamos.

 

ÉSTAS SON ALGUNAS LUCES QUE HEMOS RECIBIDO:

 

 

Somos llamadas a HUMANIZAR, a dar vida … y eso supone comprometernos con la realidad y la justicia desde JESÚS. Formamos parte de una humanidad que está en constante búsqueda de aquello que la hace feliz y hace felices a los demás. En ella, nos reconocemos como discípulas oyentes de la Palabra. La experiencia de la ternura y la misericordia de Dios nos devuelve el sentido de nuestra consagración  y nos llama a expresarla con gestos en la vida cotidiana.

La experiencia de Dios tiene que estar enraizada en nuestro contexto sociocultural. Reconocemos como una luz la llamada a vivir esta experiencia en lo cotidiano, dejándonos cuestionar y enriquecer. Estamos llamadas a “Tejer la vida” con los demás en la construcción de un mundo nuevo desde la confrontación, desde la lectura de la Palabra, desde la realidad… testimoniando la comunión.

 

La novedad de la Vida Religiosa está en un estilo de vida evangélico más que en los proyectos que realizamos. No podemos vivir pensando que el Reino depende de nosotras. Somos invitadas a participar en él y para ello hemos de entrar en la dinámica de los sencillos y los pobres. En ocasiones, y en algunas realidades, la experiencia que tenemos de los colegios, tal y como nos situamos en ellos, nos pueden  dificultar  caminar personal y comunitariamente hacia este estilo; hemos de buscar otros modos para que se despliegue mejor la vida.

Consideramos que la circularidad es un modo de hacer realidad la postura congregacional y conlleva mayor implicación en la corresponsabilidad.

 

Nuestra Espiritualidad y antropología teresiana es un don para todos que aún tiene dimensiones por desarrollar. Se puede enriquecer en contacto con otros, especialmente con la gente más sencilla, y dejándonos cuestionar por la realidad. El habernos acercado a nuestras fuentes nos invita a  no reproducir respuestas que nacieron para el pasado sino a conectar con aquello que hoy nos sugieren Enrique y Teresa.

Acercarnos a la propuesta de Enrique de Ossó sobre la Familia Teresiana nos ha hecho conscientes de que, desde nuestros orígenes, estamos llamadas a compartir nuestra espiritualidad y a sentirnos comunidad más allá de los límites de nuestras casas. Esto nos invita a vivir creando vínculos con otros.

 

Dentro del rasgo de la interculturalidad propia de la vida religiosa actual, en nosotras ha sido muy enriquecedora la experiencia de vivir esta diversidad y pluralidad aportando cada una lo propio, y esforzándonos por respetar nuestro ser único e irrepetible. 

 

… Y ESTOS SON NUESTROS DESEOS:

 

Somos llamadas a HUMANIZAR, a dar vida … y lo haremos en la medida que entremos en los ámbitos de exclusión y nos sintamos partícipes en la creación de un mundo mejor;  podremos hacer creíbles nuestras palabras y nuestra “profesión pública”.

Nos sentimos invitadas a hacer un análisis de la situación de las distintas provincias y desde ahí valorar las obras y misiones que tenemos. Con una visión de futuro realista,  abrir caminos a otras maneras de presencia y de apostolado. Potenciar las nuevas presencias apostólicas, desde la postura congregacional, en ámbitos de exclusión,  implicándonos junto con otros en proyectos que apuestan por la vida.

La novedad de la Vida Religiosa nos pide vivir cada vez con más hondura a todos los niveles. Que lo esencial sea lo que nos mueva, lo que nos preocupe y lo que nos lleve a dar pasos y a cambiar lo que sea necesario. Que no nos dejemos frenar por el miedo o la búsqueda de seguridad.

Quisiéramos apasionarnos por la vida y hacernos sensibles a las necesidades de los que nos rodean y, desde ahí, organizar nuestros espacios, tiempos, manera de vivir. Tener lucidez para descubrir modos de situarnos en la vida cotidiana (estilos comunitarios, lugares de vivienda, tipo de relaciones, modos de gestión, etc.) que nos ayuden a vivir de este modo.

Aprender a ser una de tantos es un camino que nos enriquece, que nos ayuda a vivir más en contacto con la gente.  Nos sentimos llamadas a ser comunidades con las puertas abiertas, que salen al encuentro y acogen al que llega.

Nos gustaría flexibilizar y adaptar nuestras formas de vida comunitaria (cercanía, estilo de relaciones circulares, corresponsabilidad, ritmos de trabajo, discernimiento...). Abrirnos a los cambios y “ajustar nuestros relojes” al ritmo de la realidad y de las necesidades del mundo (ir al encuentro de rostros concretos).

Nos ayudaría el crear espacios comunitarios alternativos (provinciales, interprovinciales, intercongregacionales) para alentar la vida y las búsquedas.  Y también, priorizar proyectos para nuestras casas de espiritualidad preparando y dedicando personas, hermanas y laicos, para acompañar procesos personales y comunitarios. Favorecer carismas personales de gente que tiene preparación o don para realizar esa tarea.

Necesitamos reconocer los cambios sociológicos acelerados que nos empujan a renovarnos pedagógicamente para dar respuesta adecuada a las necesidades desde la evangelización.

Nuestra Espiritualidad y antropología teresiana nos invita a vivir con la audacia y determinación que tuvo Nuestro Padre para responder a las urgencias de hoy con la misma confianza que él.  Sólo en la medida en que nos sintamos parte de la realidad, en lo que ésta tiene de complejo, podremos vivir la pluralidad de presencias y tareas apostólicas que multipliquen nuestro caudal.

Es importante que cada hermana, con la luz que vaya teniendo, se sienta responsable de iluminarnos en la vivencia de nuestro ser teresianas; es importante,  compartir con otras y otros la vida que nace.

Nos gustaría potenciar la riqueza de cada hermana y el “carisma personal” como camino privilegiado de ampliar nuestra espiritualidad teresiana. Seguir formando en la espiritualidad a hermanas y laicos. Sería conveniente que éstos hablen diferentes lenguas para poder difundir nuestra riqueza carismática en los distintos países y establecer nexos interprovinciales entre ellos.

Ante el desafío de la interculturalidad nos gustaría crear y participar en redes o espacios de encuentro entre hermanas, laicos y otras instituciones, para la construcción de un mundo más justo.

Necesitamos más contacto con los jóvenes, participar en ámbitos donde nos relacionemos con ellos, y posibilitar procesos de acompañamiento.

     Finalmente, queremos transmitiros nuestro profundo sentimiento de agradecimiento por todo lo que hemos recibido en este tiempo. Recordamos ahora a nuestras comunidades, nuestras provincias, todos los que trabajan con nosotras... en fin, a todos aquellos que han tenido que trabajar un poco más durante estos meses para que nosotras pudiéramos estar aquí.

            Y junto con esta acción de gracias, nuestro deseo de que, entre todas, podamos encontrar nuevas fórmulas para reestructurar este Tiempo Específico de Renovación. Que, junto con el cambio de nombre, llegue una remodelación que haga que la renovación sea más acorde con la nueva teología de la vida religiosa, la nueva concepción de ser humano y nuestra Postura Congregacional. Y todo ello, para responder mejor a los signos de los tiempos y trabajar más, si cabe, para extender los intereses de Jesús por todo el mundo, allá donde sea necesario.