Han entrado en la Vida:

 

HNA. AGUSTINA DE MARÍA INMACULADA HERGUETA CARDENAL

Provincia Virgen de la Esperanza

 

“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.” Como una letanía ininterrumpida, nuestra Hermana Agustina repitió estas palabras una y otra vez durante los últimos días de su vida. Abandonada a la voluntad del Padre, se acogía a la protección entrañable de María y vivió con paz y serenidad su última enfermedad.

 

La Hna. Agustina nació en Villanueva de Gormaz, un pueblo de la provincia de Soria, en 1924. Todavía niña quedó huérfana de padre y madre y su hermano y ella fueron a vivir con unos tíos. Muy pronto tuvo que ponerse a trabajar para ayudar al sostenimiento de la familia. Con 17 años entró en el Noviciado de Tortosa. Después de la profesión temporal estuvo un año en San Sebastián y en seguida fue destinada a Camagüey, Cuba, donde llegó con 21 años. Allí hizo su profesión perpetua. En Cuba, entre Camagüey y La Habana, estuvo 26 años. Su corazón siguió unido toda su vida a su querida Cuba, y en todas sus palabras expresaba el cariño que sentía por todas las personas con las que vivió en ese tiempo.

Después de una breve estancia en España, fue destinada a la Provincia Corazón de María donde estuvo nueve años en distintas Comunidades de Colombia y Venezuela.

Su experiencia de tantos años en diversos países de América hizo de ella una persona comprensiva y de espíritu universal. En 1981 volvió a España. El Colegio de Mora conoció entonces de su bondad y su trabajo callado. Con el paso del tiempo su salud se fue deteriorando y en el año 2000 fue trasladada a la Comunidad de Hermanas Mayores de Madrid, donde murió el día 7 de agosto de 2006.

 

Durante toda su vida trabajó incansable, destacando en ella la generosidad, el sacrificio y la humildad, como en María, a la que profesaba una devoción y un cariño muy grandes. Con razón se identificaba con su nombre de Compañía: Agustina de María Inmaculada.

 

A Ella se encomendó particularmente en la hora de su muerte y estamos seguras de que a Ella nos encomienda ahora a nosotras, todas las Hermanas de la Compañía.

 

 

HNA. VICTORINA DE SAN JOSÉ SÁNCHEZ SÁNCHEZ

Provincia Sagrado Corazón

 

El día 29 de agosto del presente año 2006 nuestra querida Hna. Victorina de San José Sánchez Sánchez se nos iba inesperadamente a la Casa del Padre.

 

El 17 de este mismo mes partía para Herguijuela de la Sierra- Salamanca-, donde había nacido el 6 de marzo de 1929, para encontrarse con sus familiares a quienes quería entrañablemente. Un derrame cerebral, que se le presentó fulminante, puso fin, en pocas horas, a sus 55 años de vida consagrada en la Compañía. Hoy descansa en la paz del Señor en el cementerio de Ávila.

 

Aquí llegó desde la Provincia Virgen del Pilar en 1997 a la Residencia Enrique de Ossó y después a esta casa de Ejercicios. Anteriormente había vivido en Valencia, Pamplona, Vilanova i la Geltrú, Calahorra, Torrente, Zaragoza, San Sebastián y de nuevo Valencia.

 

Victorina, tu comunidad de Ávila te recuerda con gran cariño, y seguro que también las Hermanas con quienes anteriormente has vivido, y que tú a cada una con tanto afecto recordabas y era motivo de gozo el encontrarte de nuevo con ellas.

 

Ha sido un adiós inesperado, pero entre nosotras sigues presente, humilde, sencilla, piadosa... últimamente te veíamos largos ratos ante el Sagrario, como si el Señor te fuera preparando para la vida de gozo para siempre con la Sma. Virgen y tu madre Margarita que tanto has añorado desde tu prematura orfandad.

 

IRMÃ PIEDADE DOS ANJOS DA GUARDA CORREIA

Provincia Maria Inmaculada

 

O tempo é breve! Há 66 anos, a vida abriu a porta à nossa Irmã Piedade dos Anjos Correia numa terra forte, farta e fria, como é conhecida a região da Guarda (Seixo do Côa), interior de Portugal. Entrou na Companhia de Santa Teresa de Jesus, no dia 2 de Fevereiro de 1957. Ao longo de 49 anos de Consagração, realizou várias tarefas apostólicas que privilegiaram o seu contacto com crianças dos nossos colégios e jovens das nossas residências universitárias.

 

Há 15 anos veio para o Colégio de Santa Teresa de Jesus em Santo Tirso, onde exerceu a missão de recepcionista com uma excepcional capacidade de acolhimento e de simpatia com todas as pessoas, desde Irmãs, pais, alunos, leigos das paróquias com quem o Colégio colabora, sacerdotes… O seu testemunho de acolhimento, de escuta, de delicadeza e de serviço foi admirado por muitas pessoas que quiseram marcar presença no dia da sua partida para a Casa do Pai. Acolhia não só com a palavra mas, também com a beleza dos espaços que estavam a seu cuidado. Tinha um sentido estético que cultivava numa perspectiva educativa e transcendente: “a estética enobrece o espírito e predispõe-no para amar o bem… Exige muita delicadeza e cuidado” (Henrique de Ossó, apontamentos de pedagogia nº 42).

 

Em Setembro de 2005, foi sujeita a uma intervenção cirúrgica que exigiu vigilância médica muito rigorosa a ponto de ser submetida a tratamentos de quimioterapia… Lentamente, foi-se retirando da sua tarefa de recepcionista, exercendo-a, agora, através da oração e dos encontros com muitas pessoas amigas que admiravam a sua serenidade e capacidade de aceitação.  Um dia decidiu-se retirar-se para um recanto da casa. Devagarinho foi fechando a porta. Ia-nos revelando os segredos de uma vida cheia de encontros… em palavras e gestos que, aos poucos, já não entendíamos…

 

No dia 21 de Setembro de 2006, discretamente, despediu-se de todas nós e viu abrir-se, na misericórdia de Deus, a Outra Porta

 

Os alun@s recordam-na assim: “a tua saudação no início de um novo dia, trazia-nos força para poder enfrentar as coisas menos boas que poderiam surgir no nosso futuro”. Estão-lhe eternamente grat@s: “obrigado pela força amiga e por toda a tua dedicação”. Pessoas amigas manifestam saudades “das atenções constantes, dos conselhos, da palavra amiga nos momentos mais difíceis”…

 

E nós, tuas Irmãs de Comunidade, agradecemos e louvamos a Deus o dom da tua vida. Intercede por cada uma junto do Pai.

            Que Deus a acolha em Sua Casa!...

 

HNA. HORTENSIA DE JESÚS SACRAMENTADO RICCA RICORD Provincia San Francisco de Sales

 

“Dí a las hermanas que las quiero mucho a todas.” En la sala de emergencias del hospital, esas palabras, pronunciadas con una paz indescriptible, fueron el testamento de nuestra hermana Hortensia. Unos momentos después, Jesús vino a buscarla. El encuentro ocurrió el 25 de Septiembre de 2006, después de 95 años de vida intensa, dedicada en su mayor parte a trabajar por los más desfavorecidos de la sociedad.

Cosmopolita desde el principio, Hortensia  nació en Barcelona, España,  creció en Cuba y ejerció su apostolado en Estados Unidos y en Nicaragua. Mujer de gran cultura, obtuvo dos doctorados en la Universidad de La Habana. Parte de su trabajo como educadora era presidir los exámenes de fin de curso en los colegios privados, y fue así como conoció a la Compañía. Una hermana, a quien ella siempre recordaba con inmenso cariño, guió sus primeros pasos en la Iglesia Católica, y le ayudó más tarde a descubrir las señales de la llamada de Dios a la vida religiosa.

 

Ingresó en la Compañía en 1945, en San Antonio, Texas. Sus primeros años en el apostolado transcurrieron en St. Teresa’s Academy en San Antonio y en St. Louis Cathedral School en New Orleans. Fué durante esos años cuando por encargo de la Provincial escribió un libro, Rayito de Sol, la vida de la Hna. Hortensia Caballero, muerta poco antes en New Orleans. Siguieron unos años en Nicaragua como directora de Fe y Alegría en aquel país. Se dedicó allí incansablemente a facilitar la labor educativa de los centros y allí también descubrió su talento para ponerse en contacto con diferentes entidades y recaudar fondos para atender a las necesidades de los pobres.

 

A su regreso a St. Louis Cathedral en 1981, le fue encomendada la tarea de crear y atender al funcionamiento de un laboratorio de computación de los que en aquellos años no existían muchos, especialmente en escuelas de bajo nivel socio-económico. Fue un proyecto muy ambicioso donde se dejó muchas energías. En ese tiempo fue cuando tomó la dirección de la Fundación para la Educación Cristiana, recién creada por la Provincia para recaudar fondos para obras sociales de este país y de muchos otros. Desde este momento hasta muy pocos años antes de su muerte, y ya viviendo en la comunidad de hermanas mayores en St. Teresa’s Academy, sobrepasados los 90 años, Hortensia se sentaba todos los días ante el ordenador buscando ayuda de diferentes fundaciones para costear los distintos proyectos que se le encomendaban. Se había hecho una experta en el arte de saber a qué fundación acudir para cada tipo de proyecto y pasó su conocimiento a muchas hermanas que acudían a ella en busca de ayuda para sus proyectos. Brasil, Nicaragua, Paraguay, Angola, Cuba, son algunas de las naciones que se han beneficiado del celo incansable de Hortensia por ayudar a los pobres.

 

Sociable y cariñosa, se relacionó en su apostolado con  muchos seglares a los que acudía como a sus colaboradores y de quienes recibía apoyo y asesoramiento. Se interesaba por su vida y por sus familias y pedía sin cesar por sus necesidades. Durante sus años en la comunidad Mercedes Prat de New Orleans y  sobre todo en los ultimos años, ya en San Antonio, agradecía las muestras de cariño que se le prodigaban, las visitas de sus incondicionales que venían de New Orleans a verla y los cuidados de las señoras que se encargaban de proveer a sus necesidades.

 

Sufrió el aislamiento típico de la sordera al no poder seguir las conversaciones a su alrededor, pero siempre se la encontró en la capilla, en todos los actos comunitarios, alimentando su espíritu en la cercanía del trato íntimo con Jesús. Al irse debilitando su cuerpo, se notaba la transformación interna que se iba operando en ella. Se iba llenando de paz, esa paz que sólo la aceptación de la voluntad de Dios puede dar.  Deseaba irse al cielo y Dios le concedió la clase de muerte que ella siempre había deseado. Se nos fue casi inesperadamente, sin agonía, sabiendo que se iba. La noche anterior, cuando su corazón, ya muy débil, daba señales de cansancio, pedía a las hermanas que le cantaran “Al cielo quiero ir”. Por la mañana todavía quiso que la levantaran y se unió a la comunidad en el comedor a la hora del desayuno. Siguiendo las indicaciones médicas, aceptó dócilmente que la llevaran al hospital para ponerle un marcapasos, pero el Padre tenía otros planes y le salió al encuentro antes de la intervención.

 

El vacío que dejas es esta comunidad es muy grande, Hortensia. Echamos en falta tu presencia en la capilla, tu silla de ruedas frente a tu ordenador en  el cuartito donde trabajaste hasta hace muy poco para que los pobres pudieran vivir mejor. Sabemos que Jesús te ha pagado con creces todo lo que hiciste por tanta gente necesitada, y estamos seguras de que desde el cielo estás intercediendo por nosotras, por la Provincia y por la Compañía entera. Ayúdanos a ser fieles como tú fuiste hasta el final.

 

HNA. ANA Mª  DEL CORAZÓN DE JESÚS BUSTAMANTE VASCONCELOS - Provincia Padre Enrique de Ossó

 

La Hna. Ana María Bustamante Vasconcelos entró en la vida eterna el 2 de octubre del año 2006, a los 96 años de edad y 72 de vida religiosa. Había nacido en Oaxaca, Estado de Oaxaca el día  8 de abril de 1910.   

 

Murió como había vivido: con mucha  paz y  tranquilidad, como resultado de su entrega generosa al servicio del Señor Jesús y a todas las personas que la trataron, una paciencia a toda prueba y una humildad profunda  en todos los momentos de su vida, especialmente en los diversos acontecimientos que en muchas ocasiones le resultaron adversos.

 

Su actividad apostólica la desempeñó en los colegios de Cuba, Zamora (Michoacán),  y durante seis años Secretaria Provincial de la Hna. Provincial Dolores Virgel. Vivió en nuestra comunidad cerca de treinta años, desde la clausura del Colegio América de Zamora (Michoacán).

 

Supo ser testimonio vivo de la presencia del Señor Jesús como religiosa fiel, olvidándose de sí misma para atender las necesidades no sólo de las Hermanas sino también de sus alumnos, padres de familia  y personas que acudían a ella para solicitar su ayuda de muy diferentes maneras. Eran de admirar en ella la sencillez, la afabilidad, la oración continua, la aceptación de la voluntad de Dios y el amor tierno a María Virgen, devoción que trataba de infundir en sus alumnos en todas las fiestas Marianas.

 

Los últimos 17 meses los pasó en cama, con oxígeno todo el tiempo, soportando con mucha paciencia los dolores y el sufrimiento por no serle posible ayudar a las Hermanas, ya no hablaba, sufrió en silencio, nunca se quejó, agradecía con una sonrisa las visitas que le hacíamos. El día 1 de Octubre por la mañana se le notó cansada, con más dificultad para respirar, ya se veía que se aproximaba el fin, pasó una mala noche y a las 9:55 del día 02 de Octubre el Señor se la llevó a gozar con Él para siempre. Ese mismo día, por la tarde, se celebró la Eucaristía con asistencia de muchas personas, señal del amor que le profesaban. Más tarde, llegaron para estar con nosotras y despedir a Madre Ana María, las Hermanas de Guadalajara, Zapopan, Lagos de Moreno y Hermanas de la Comunidad de Nuestra Señora de la Esperanza, de León I que participaron junto con nosotros en la vigilia de oración. Al día siguiente, 03 de Octubre, desde la mañana, grupos de alumnos, Hermanos de Compañía, oraron por nuestra Hermana, y a las 4:00 de la tarde se celebró la Eucaristía a la que asistieron dos de sus sobrinas de Morelia, Michoacán.

Que nuestra Hermana Ana María interceda ante el Señor para que envíe muchas vocaciones para la Compañía.

 

HNA. MARTINA DEL CORAZÓN DE JESÚS, BALERDI GOROSTEGUI Provincia Virgen del Pilar

 

La hermana Martina fue una mujer fuerte, bondadosa y sencilla. Falleció en la Comunidad de la Residencia de San Sebastián, al amanecer del día 9 de octubre de 2006, a los 85 años de edad.

 

Nació en Bedayo (Guipuzcoa) el 30 de enero de 1921, en el seno de una familia de fe acendrada donde, desde pequeña, pudo aprender a relacionarse con Dios. A los 20 años, ella decidió ingresar en la Compañía y llegó a Jesús-Tortosa, donde realizó sucesivamente el prenoviciado, noviciado y profesión de votos.

 

A nuestra Residencia llegó en 1990, después de haber formado parte activa en las comunidades de: Oviedo, Pamplona-calle Mayor, Calahorra, Tortosa, Barcelona-Rambla, San Sebastián-Colegio y Pamplona –Ermitagaña. A cada uno de estos destinos le llevó la obediencia. También hubo un paréntesis en su vida comunitaria, bendecido igualmente por la obediencia. Ante la enfermedad y situación especial de una hermana suya, se sintió llamada a ejercer el apostolado del sacrificio cuidándola en su casa. Las Superioras se lo facilitaron. Gracias a Dios pudo vivir con ella hasta su muerte y regresar después a su Comunidad.

 

Este es el relato de unos datos concretos de la vida de Martina, pero no expresan lo que fue su vida, ni la fuerza interior que le impulsaba a superar las dificultades: su fidelidad a Dios, fuente inagotable de su sencillez, bondad y serena alegría. Quienes le conocieron y colaboraron en tareas con ella, en la cocina, en los comedores… nos dicen: “era muy  trabajadora y de buen humor”, Muy ordenada y limpísima en todo”, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitase.

 

En sus últimos años sus limitaciones, tanto físicas como psíquicas, nos la mostraban enormemente frágil, pero a pesar de su fragilidad, o más bien, gracias a ella, su presencia era una riqueza para la comunidad. En sus silencios, en sus gestos, en sus pocas palabras, regalaba bondad. Al prestarle cualquier pequeña ayuda, nos devolvía una inigualable sonrisa de gratitud que difícilmente podremos olvidar.

 

En la Eucaristía de su funeral y  en el entierro nos acompañaron, sus familiares y hermanas de las otras comunidades de San Sebastián, de Zaragoza, y de Pamplona.

 

HERMANA ROSARIO DE JESÚS SÁNCHEZ LÁZARO

Provincia Virgen del Pilar

 

“Cantad porque la muerte está vencida”. Nuestra hermana Rosario venció a la muerte y ganó la VIDA el 25 de octubre de 2006, en la Residencia “Enrique de Ossó” de Zaragoza. Probablemente experimentó la lucha entre la vida y la muerte durante los tres días que permaneció en el hospital, inconsciente, y con un profundo y definitivo infarto cerebral. En esta lucha venció la VIDA.

 

Había nacido en Oliete (Zaragoza), un 5 de octubre de 1925. En 1949 decidió, juntamente con el Señor, su Dios, que se entregaría a Él plenamente en la Compañía de Santa Teresa, e ingresó en el Noviciado de Jesús, en Tortosa.

 

El antiguo colegio de Zurita, en Zaragoza, fue para ella su segundo hogar en el que vivió, interna, inmensamente feliz. Una felicidad de la que aún demostraba guardar profunda huella. Quizá este hecho forjó en su corazón la idea de su entrega y de su consagración después. Una entrega no exenta de dificultades ya que, como hija única, sus padres se resistían a separarse de ella. Una separación que se vio altamente recompensada –por así decirlo- con el cuidado amoroso con que la hermana Rosario los atendió en la ancianidad, especialmente a su madre con quien se volcó con total dedicación durante ocho años.

 

A lo largo de su recorrido apostólico por Barcelona (Ganduxer), Madrid (Goya), Oviedo, Zaragoza (Zurita, la Filial, Teresiano del Pilar, Residencia E. de Ossó), Tortosa y San Sebastián pasó como educadora, profesora ecónoma, superiora… Últimamente prestaba al colegio el servicio de copistería en “Enrique de Ossó”. Así la llamó el Señor, a pleno rendimiento, a pesar de sus envidiables y recién estrenados ochenta y un años.

 

A nuestra hermana Rosario la recordaremos por su espíritu constructivo, siempre responsable, a pie de obra; por su talante sereno, generoso y activo que le llevaban a un hacer impregnado de detalle y delicadeza. En Rosario hemos visto a la teresiana esperanzada, expectante, atenta; a la teresiana de corazón que emerge, arraiga, crece y espera. Y que ha esperado así hasta el momento de su peregrinación a la Jerusalén celestial donde ha culminado su carrera sin que viniera la noche. Rosario ha visto el amanecer en plenitud desde una vida en plenitud. Y lo ha visto también desde su cariño entrañable y contagioso a la Virgen, a su Virgen del Pilar a la que acudía con frecuencia y de la que hablaba con entrañable emoción.

Nosotras la recordaremos como memoria festiva, con agradecimiento a sus servicios, con el mismo cariño con el que ella vivió y  manifestó hacia la Compañía. Por eso le decimos GRACIAS y hasta siempre.