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Mirarás mi honra como verdadera esposa mía. Mi honra es tu honra y la tuya, mía.”
Teresa nos acompaña en el camino del propio conocimiento y en la experiencia del Dios que nos habita, animándonos a hacer una nuestra voluntad con la de Dios y a vivir en gratuidad relaciones cordiales y humanizadoras.
Con ella, en comunidad de discípulas, aprendemos a conocer y amar a Jesús y a hacerle conocer y amar, a dejarnos conmover y a comprometernos desde nuestra vocación educadora con las situaciones que afectan a la vida y dignidad de las personas.
Vivimos nuestra espiritualidad teresiana como un itinerario creyente que genera y requiere amor fraterno, desasimiento y humildad, y que expresamos en actitudes de cercanía y comunión, especialmente con los más pobres.
Constituciones STJ, art. 2 |
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