Mirarás mi honra como verdadera esposa mía.

Mi honra es tu honra y la tuya, mía.”

 

Enrique de Ossó nos dio a Teresa de Jesús como maestra de vida y oración. Ella nos enseña a vivir en relación de amistad con Jesús, a compartir su misterio pascual y a reconocer su Humanidad sufriente y resucitada en las personas, la historia y el cosmos.

 

Teresa nos acompaña en el camino del propio conocimiento y en la experiencia del Dios que nos habita, animándonos a hacer una nuestra voluntad con la de Dios y a vivir en gratuidad relaciones cordiales y humanizadoras.

 

Con ella, en comunidad de discípulas, aprendemos a conocer y amar a Jesús y a hacerle conocer y amar, a dejarnos conmover y a comprometernos desde nuestra vocación educadora con las situaciones que afectan a la vida y dignidad de las personas. 

 

Vivimos nuestra espiritualidad teresiana como un itinerario creyente que genera y requiere amor fraterno, desasimiento y humildad, y que expresamos en actitudes de cercanía y comunión, especialmente con los más pobres.  

 

Constituciones STJ, art. 2