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Mª Carmen Bracamontes, Benedictina, Teóloga de la Conferencia de Religiosos/as de México, nos comenta sus resonancias ante nuestro DOCUMENTO CAPITULAR.
UNA MIRADA AL DOCUMENTO
En el mes de marzo cuando ya se sentían los aromas de la primavera recibí una invitación acompañada de un pequeño documento. Al leerlo sentí que algo había ahí capaz de recrear la esperanza. Algo así como que me ofrecía aires de vida nueva que reflejaban esa estación del año que nos devuelve el entusiasmo.
"Mira que hago todo nuevo" es el título de este pequeño escrito que anuncia cómo los acercamientos y encuentros cotidianos desde otra manera de ubicarnos pueden gestar relaciones alternativas, diferentes, cálidas, entrañables. Acercarnos así unas a otras nos va permitiendo integrar las diversas dimensiones que nos constituyen: afectiva, religiosa, cognoscitiva, ética, entretejiéndonos en un nuevo bordado desde la memoria de aquel Shemá Israel: amarás con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser
El edificio inflexible de la construcción cultural de un pensamiento dominante que logró impregnar las mentes de indiferentismo e insensibilidad desde lo individual hasta lo institucional se resquebraja. En este texto hay algo que contagia esperanza, entusiasmo, y que re- enciende pasiones: si el poder de dominio y de control se sostiene y expresa en relaciones, es necesario transformar esas relaciones desde una nueva manera de situarse: con sencillez, humildad, con hondura, como comunidad de discípulas oyentes de la Palabra.
Es una actitud de escucha atenta con el oído del corazón, discerniendo desde el diálogo que se establece entre Palabra y Vida, sabiéndose parte de una humanidad sedienta.
ALGUNOS TEMORES QUE SE DESVANECIERON
El documento en sí no es un texto académico, lógicamente ordenado. No refleja uniformidad, ni una sola línea lo identifica. Parece que aún quienes se encargaron de la redacción final, han respetado la pluralidad aportada. Quizás por eso parecería reiterativo en las llamadas concretas que se escuchan desde los desafíos.
Respecto al método, aún y cuando el orden de los desafíos pareciera reflejar una metodología deductiva, hay un creativo entretejimiento con lo inductivo que más bien refleja, a mi sentir y pensar, su postura congregacional: un esfuerzo por un diálogo orante humilde y hondo, entre Palabra y Realidad. Muy encarnado, pues. No se puede definir la metodología como inductiva, ni como deductiva.
La Crístologío responde también a esto, me parece. Hay un Jesús del Reino, no un Cristo desencarnado. Es un Cristo con Jesús y no un Cristo glorioso, triunfalista, sin Jesús. A mí me aparecen, a primera vista, un par de asombros en esto. Su clara apreciación de:
Ø El don y la tarea de revestirnos de Cristo (intuición fundante bíblica y de la Tradición)
Ø En la amistad que nos iguala.
Por esto, desde mi sentir y pensar, ver y escuchar, cambiaría una preposición en el lema del Documento que, me parece, lo haría más suyo: Pasión de Dios, Pasión por la Humanidad.
La Antropología está centrada en la VIDA y por lo mismo se abraza con la Cristología de una manera tierna y apasionada, celebrativa y gozosa, siendo a la vez clara en su denuncia y concreta en su solidaridad que libera, defiende y promueve esa VIDA. Hay rostros concretos, subjetividades privilegiadas: la gente empobrecida, excluida, la situación particular de las mujeres, las y los jóvenes.
Relaciones-Amistad-Intereses de Jesús. Los intereses de Jesús tienen que ver fundamentalmente con la Vida, una Vida en abundancia, plena. No es un vivir a medias o una mera sobrevivencia. Y es, además, una vida de relacionalidad donde se ama hasta el extremo, como en la amistad.
La amistad requiere una condición sin la cual no es posible que se dé: la igualdad. El amor de Dios nos iguala para hacer posible la amistad.
Esta vida en abundancia que Jesús anuncia encuentra su plenitud en uno de sus discursos en el evangelio de San Juan,
Ya no les llamo siervos, les llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que he recibido de Dios... Ámense mutua-mente como yo les he amado... Nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos. (Cfr Jn 15)
Ø El amor hasta el extremo que se hace amistad, es nuestra memoria;
Ø Amar es el don y la tarea que exige una nueva postura en fidelidad creativa para actualizarse en el presente;
Ø Única posibilidad de preñar un mañana.
La Pneumatología es central: discípulas oyentes que disciernen con sencillez, humildad y hondura en la fuerza de la Ruah que hace nuevas todas las cosas.
La Eclesiología, finalmente, muestra un anhelo decididamente incluyente de la diversidad y colaborativo, reflejando búsquedas de nuevas formas de convivencia relacional y participación. Percibo en este escrito un verdadero anhelo de dejar el cántaro. Dejar el cántaro es alejarse de lo antiguo que distancia, que separa, que no da vida, que entristece. Aquello que está enraizado en viejas relaciones e interpretaciones teológicas. Se deja el cántaro para abrazar los paradigmas emergentes, la relacionalidad alternativa y la humildad de quienes abandonan la pretensión ilusoria de tener todas las respuestas y se reconocen parte de una humanidad sedienta, necesitadas de otras personas para arriesgarnos juntas tras esos destellos que hoy nos hacen vislumbrar concreciones localizadas y transitorias para amar y dar vida ahí donde peligren los intereses de Jesús.
CON NUEVA PASIÓN y EN RELACIÓN
“Amar y conocer a Jesús" es participar de su pasión, reencendiéndola en nuestras vidas, reconociendo que la espiritualidad cristiana se configura desde el encuentro, desde la relación, desde la experiencia de un amor que convoca, que libera, que otorga identidad en el milagro que nos iguala para hacer posible la amistad. Así se configura el discipulado de atenta escucha al diálogo entre Palabra y realidad desde el cual comprendemos la complejidad del don y la tarea de la relacionalidad como lugar de encuentro con Dios. Es desde esa actitud de hondura y sencillez desde la que nos adentramos en el proceso nunca acabado que nos permite experienciar la gama maravillosa de relaciones, de encuentros, de acercamientos a que estamos llama-das. Esto nos pide ciertas actitudes.
Una de esas actitudes tiene que ver con el reconocimiento del hecho de que en materia de relaciones no podemos no desilusionar a, ni ser desilusionadas por las otras personas. Es cuando demanda-mos no ser desilusionadas que crece nuestro desencanto y enojo, y hacemos demandas irreales y violentamos la integridad moral, psicológica y física de las otras personas.
Hay que sumar, además, a la renuncia a nuestras expectativas de no ser desilusionadas, la necesidad de darnos cuenta, como afirma Henri Nouwen (1932-1996), de que:
...nuestra vida es corta y representa un tiempo en el cual tristeza y gozo se besan una a otro a cada momento. Hay una cierta tristeza que invade todos los momentos de nuestra vida. No existe tal cosa como puro gozo, ya que aún en los momentos más felices de nuestra existencia experimentamos un matiz de tristeza. En cada satisfacción está la conciencia de nuestras limitaciones. Detrás de cada sonrisa hay una lágrima. En cada abrazo hay soledad, en toda amistad distancia Ya cualquier forma de claridad la circunscribe la oscuridad... pero es esta íntima experiencia, en la que cada fragmento de vida es tocado por algo de muerte, la que puede llevarnos más allá de los límites de nuestra existencia. Esta experiencia nos puede hacer esperar con expectación gozosa el día cuando nuestros corazones estarán llenos de ese gozo que nadie nos podrá arrebatar.[1]
Karl Rahner, por su parte nos recuerda que
...en el tormento de cada cosa obtenida, llegamos a entender que aquí, en esta vida, todas las sinfonías permanecen incompletas.[2]
El don y la tarea de la relacionalidad implica, pues, la humildad, es decir, la conciencia de la verdad de nuestro ser de criaturas frágiles, vulnerables en un espacio limitado e imperfecto. Una vez que abrazamos y resguardamos en la calidez de nuestro afecto, esa nuestra verdad y la de las demás personas, entonces es posible adentrarnos en los procesos del amarnos con libertad.
Amar a Dios y amar a la otra persona como a una misma es la síntesis cristiana que integra todo. Un monje trapense, arraigado en esta tradición, en una tesis de licenciatura en Teología Moral titulada: Existir en el corazón del otro: intimidad y madurez ética, habla sobre una dimensión del amor que es el deseo de la intimidad, y cuyos componentes básicos son: confianza mutua, ternura, afecto y apertura de corazón. Y habla de ese deseo de intimidad como una parte constitutiva de nuestra condición humana. Como conclusión de su tesis afirma:
...la intimidad es el camino que Dios quiere que todas sus hijas e hijos transiten para encontrar su verdadera identidad y volverse más humanas. La autotrascendencia es imposible sin la experiencia de intimidad. Cuando amamos íntimamente rompemos la armazón de nuestro pequeño mundo, lo trascendemos y nos donamos a las otras personas. Hemos sido creadas para existir en el corazón de otra y en el seno de Dios. Un celibato sin intimidad es una pura miseria que no conduce a ningún tipo de santidad.[3]
NOS UBICAMOS
La nueva pasión en relacionalidad a la que nos sentimos convocadas nos muestra un horizonte desafiante:
Ø .Una estructura macrocu/tural de violen-cia permanente nos urge a la humanización.
Ø ..Rostros concretos de la diversidad cultural y valoral emergente exigen reconocimiento y participación.
Ø .Equidad, justicia y autonomía son cuestiones pendientes. Ø .Nuevos saberes nos invitan a aprender desaprendiendo todas aquellas formas y actitudes que nos distancian, dividen y polarizan.
Ø .Conexiones de nuestras búsquedas comunes en redes más amplias son necesarias.
Ø .Relaciones entre tradiciones y prácticas nos requieren la mediación de disposiciones internas que implican procesos de conversión.
Ø
.La
responsabilidad ética, epistemológica y ecológica con las
De esta manera el nuevo modo de situarnos desde comunidades de disco-pulas atentas al diálogo entre Palabra y Vida con hondura, humildad y sencillez nos coloca del lado y a la par con la gente empobrecida y excluida para buscar juntas, en discernimiento permanente, los "otros posibles" que encarnen los intere-ses de Jesús. Queremos asumir las implicaciones todas que esta postura traerá consigo.
Mª Carmen Bracamontes [1] Citado por: Ronald Rolheiser, En Busca de Espiritualidad: Lineamientos para una Espiritualidad Cristiana del Siglo XXI, Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires-México, 2003, p. 259. [2] Ronald Rolheiser, The Holv Longing: The Search for a Christian SRirituality, Doubleday, New York, 1999, p. 204. [3] Citado por Bernardo Olivera. ocso, en Amistades Transfiguradas: Amigos v Amigas por el Reino. Publicaciones Claretianas, Madrid, 2000, pp 35-36. |
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