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Han entrado en la Vida:
HNA. CONCEPCIÓN DE MARÍA INMACULADA GARCÍA DE FIGUEROLA Provincia Virgen del Pilar
Ha visto a Dios el 25 de febrero, el último sábado de febrero del 2006. Concepción había ingresado la tarde anterior en la clínica. Su corazón estaba cansado y necesitaba la ayuda de un catéter. Había pasado toda la semana entre preocupaciones y confianzas, pero esa mañana se despertó serena, confiada, hasta contenta. Antes de bajar al quirófano, recordamos con ella la Palabra de Jesús de ese día: “¡Dejad que los niños se acerquen a Mí!”. A ella se le iluminó el rostro, expresando ese deseo profundo de acercarse a Él. Y como presintiendo ese misterio de la vida a punto de desvelarse, dijo con voz confiada: “Creo que hoy veré a Dios… y a mi padre y a mi madre…”. Así bajó al quirófano: abandonada confiadamente en las manos de quien desde siempre la quería. Y salió tranquila y contenta de la prueba. Todo había ido bien según nuestra manera de pensar. Pero Aquel que la quería, deseaba tenerla junto a Sí ya para siempre. Ella estaba en la UVI por más seguridad. Pero su corazón estaba ya cansado de latir a ritmo de tierra y deseaba con deseo latir al ritmo del Amor de su vida: Jesús. Y así, en esa misteriosa intimidad, tuvo lugar el encuentro amoroso que Jesús y ella tanto habían deseado. Así, rodeada de silencio y soledad, escuchó la música callada del Amor. Su Bondad la envolvió. Sus brazos la acogieron con cariño. Su ternura la rodeó. Todo se había cumplido. Vio a Dios con otros ojos y descansó en la paz. Un paro cardiaco es lo que supimos. Lo demás queda en el misterio del Padre que “a su hora”, salió a su encuentro.
Antes de separarnos de su cuerpo, celebramos con ella la fiesta de la Vida. En esa mañana de domingo, Dios nos regalaba una Palabra que bien podía ser la biografía de Concepción:
“Voy a seducirla… voy a llevarla al desierto… voy a hablarle al corazón… Me desposaré con ella en fidelidad, y ella se penetrará de mi Amor”.
Quienes hemos tenido la suerte de compartir con ella estos últimos 20 años en la Casa de oración, hoy queremos expresar nuestra gratitud. Queremos agradecer la herencia que Concepción nos ha dejado: esa manera tan fiel y tan discreta de vivir el amor, desprendido, entregado, servicial. Esa fidelidad a toda prueba. La familiaridad con la que se relacionaba y hablaba de sus “grandes amigas”, la Virgen, la Santa Madre y Teresita del Niño Jesús. Esa característica tan suya de vivir “ligera de equipaje”. Esos mil detalles de delicadeza que tuvo con cada persona que se acercaba a esta Casa. Y otra cosa queremos destacar: su celo apostólico, volcado con un cariño sorprendente en la Residencia de ancianos que hay junto a la Casa de oración. Los quería y la querían. ¡Cuántos desahogos ha acogido en su corazón y cuánto consuelo ha repartido!
Concepción era hermana gemela de Matilde, monja Carmelita Descalza de León. A ella le había confiado su espíritu dos días antes, cuando le dijo por teléfono: “Estoy en sus manos. Que se haga en mí su voluntad”. Su familia es de Cáceres. Allí nació ella en 1925, en un pequeño pueblo: Villamiel. Por eso, viviendo tan cerca de Portugal, hizo allí su Noviciado. Estuvo destinada en Santo Tirso, en Elvas y en Braga hasta el año 1968, en que vino a España y fue destinada a Dueñas. Durante todo este tiempo, su actividad apostólica estuvo centrada en la enseñanza de música, pues tenía el título de piano, y de taquigrafía, mecanografía y estenotipia. En 1978 fue destinada a Vilanova i la Geltrú y al año siguiente al noviciado de Tortosa, a la Comunidad formativa, respondiendo del ropero. Cuando en 1983 se consolidó el Proyecto de la Casa de oración, ella fue destinada a formar parte de la pequeña comunidad que se preparaba para esta obra. Concepción amó este Proyecto desde sus comienzos. Lo hizo suyo, y siempre vivió la oración como vocación personal. Deseaba “vivir y morir en esta Casa”, y Dios le ha concedido este deseo.
¡Creemos que nuestra querida hermana Concepción ya ha visto a Dios! ¡Bendito sea porque a Él le ha parecido bien que todo ocurriera así!
HERMANA ERNA MARÍA DE SAN JOSÉ HERBERT SOST Provincia Virgen del Carmen
Erna María – como le agradaba que la llamaran - fue una mujer llena de fortaleza. Su muerte tan rápida y llena de paz nos tomó de sorpresa a todas las hermanas de la Provincia aquel 9 de febrero de 2005, a los 71 años de edad y 54 de vida religiosa. Su nacionalidad de origen es Brasil, pero llevaba casi 52 años viviendo en varias comunidades de Chile, su modo de ser, de pensar y de sentir se han vuelto plenamente chilenos.
Desde su generoso y abnegado servicio a través de las labores domésticas, Erna María, irradiaba alegría, paz, donación, libertad, espíritu de sacrificio y entrega a la misión. Los últimos cuatro años de su vida permaneció en silla de ruedas, debido a la amputación de la pierna derecha, consecuencia de la diabetes agresiva, que la aquejaba desde hacía años. Era edificante verla cómo sobrellevaba con serenidad y esperanza su dolor. A todos los que íbamos a verla en su lecho, siempre nos dejaba con algún mensaje de paz. A pesar de todo no le faltan palabras llenas fe y amor
Era una mujer de extraordinario sentido común, de buen entendimiento, como diría nuestro Padre. Llamaba la atención su apertura y docilidad a los signos de los tiempos, pareciera ser que los cambios históricos le resultaban familiares, los tenía como incorporados a su talante de vida. No se escandalizaba de las miserias ajenas, tenía gran sentido del humor, sabía reírse de sí misma, y relativizaba sus achaques. Lo importante para ella era ocuparse de las necesidades y preocupaciones de las demás, estaba siempre muy atenta para interesarse, preguntando por los detalles más nimios que en algún momento le fue comentado. Su prodigiosa memoria la llevaba a recordar y a pedir por todo aquello que en algún momento se le encomendó. Era la agendita electrónica de la comunidad del Colegio Teresiano Enrique de Ossó (TEO), donde vivió sus últimos 10 años.
Nunca ocultó su fino sentido crítico, lo analizaba todo, pero siempre decidía quedarse con lo que le parecía bueno. Su espiritualidad era encarnada y práctica, nunca le han pesado los aprendizajes de otras épocas, ella los traducía siempre al hoy, con libertad de espíritu y sin muchas lamentaciones. Esto hacía de ella una mujer sumamente humana, transparente, cercana y creíble. Era una educadora de corazón, sus palabras, su silencio oportuno, sus actitudes y su postura existencial, delataban una persona integrada y realizada EN Dios. Su fe en Él y en las personas venía expresado por la entrega oblativa de sí misma, anteponiendo, muchas veces, lo que ella intuía podría ser una necesidad para la otra o para el otro.
Estas dotes personales que le han sido regaladas por Dios, y cultivados por ella, la convertían en un poderoso factor constructivo en la comunidad, su presencia construía hogar, entrañas, calidez, humanidad, animaba la misión … Al llegar a casa encontrábamos en ella unos brazos siempre abiertos para acoger y hacernos sentir que cada una es alguien es importante. Los profesores y el personal auxiliar del Colegio TEO que la conoció durante años, corrobora con creces lo que hemos venido afirmando. Es un gran desafío poder dejar como herencia un testimonio de vida lleno de fe, amor y esperanza, como el que nos ha regalado nuestra querida hermana y amiga Erna María Herbert.
DESCANSEN EN PAZ NUESTRAS QUERIDAS HERMANAS |
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