Al hacer el balance del año recordamos grandes acontecimientos que hemos vivido en él. No todos los hemos recogido en este Boletín, ya que el último número fue monográfico y estuvo dedicado al Capítulo, por eso hacemos referencia breve a las noticias de interés que no podemos silenciar.


                                             

 

En Colonia, del 16 al  21 de agosto se celebraron las Jornadas Mundiales de la Juventud. Participaron jóvenes de 200 países. Las había convocado Juan Pablo II y mantuvo la posibilidad de asistir hasta su muerte. Benedicto XVI realizó su primer viaje internacional para asistir a ellas.

La Eucaristía y el festival de acogida se celebró simultáneamente en tres ciudades: Colonia, Bonn y Dusseldorf. Los jóvenes, como los Magos cuyas reliquias se encuentran según la tradición en la catedral de Colonia, vinieron hasta aquí “para adorarle”. El Papa llegó navegando sobre las aguas del Rhin, escoltado por cinco barcos con jóvenes de los cinco continentes y comenzó asegurando a los jóvenes que la felicidad que buscan en sus vidas tiene un nombre y un rostro: el de Jesús de Nazaret. “Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el derecho a hablaros durante estos días. Abrid las puertas de vuestra libertad a su amor misericordioso.”

Ésta fue la tónica que guió a los jóvenes en el encuentro. El Papa les pidió a más de un millón de participantes en la misa de clausura que se conviertan en los nuevos misioneros en un mundo que se olvida de Dios. «Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo, es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios, parece que todo puede funcionar del mismo modo sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar -confesó-: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no. Tratemos nosotros mismos de conocer cada vez mejor a Jesucristo para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia Él».

 

LA FE DE LOS JÓVENES ES ESPERANZA PARA LA IGLESIA.  EL PRÓXIMO ENCUENTRO  SERÁ EN SYDNEY.

 


 

                                     

El 23 de octubre de 2005, Domingo Mundial de las Misiones, Benedicto XVI clausuró el Sínodo de los obispos y el Año de la Eucaristía proclamando los primeros cinco santos de su pontificado.


Sobre la Eucaristía y la celebración del Año dedicada a ella hemos ido escribiendo e informando. Sólo nos faltaba hacer referencia al Sínodo, acto final con el que se ha cerrado el Año.

El Sínodo, foro de colegialidad para ayudar al Papa en el gobierno pastoral de la Iglesia, ha presentado bastantes novedades en su organización y en su contenido. Aunque no contamos con el Documento final, que se publicará más adelante, tenemos el mensaje enviado al mundo y, por primera vez, se han hecho públicas las 50 proposiciones sinodales que son la base del Documento.

Según palabras del Papa la cumbre episcopal se convirtió en testigo para el mundo de la fe de la Iglesia en la presencia real de Cristo resucitado en la Eucaristía.


Cuadragésimo aniversario del Concilio Vaticano II. Se celebró el 8 de diciembre pasado. Recordar el Concilio es siempre motivo de agradecimiento a Dios, que envió su Espíritu sobre la Iglesia de un modo muy especial. A lo largo del año habrá diversas actividades para recordar, celebrar y profundizar el mensaje de este Concilio. Somos conscientes de que aún no hemos sabido descubrir y vivir toda la profundidad de sus enseñanzas.

 

El Papa dijo al referirse al tema: «Cuarenta años después del Concilio podemos constatar que lo positivo es más grande y está más vivo de cuanto nos lo pareciera en la agitación de los años alrededor de 1968. Hoy vemos que la semilla buena, a pesar de que se desarrolle lentamente, sin embargo crece, y crece así también nuestra profunda gratitud por la obra desarrollada por el Concilio».

 


 

 

No es novedad para nadie, todas fuimos siguiendo las noticias, es más bien necesidad de expresar nuestros sentimientos de comunión, aunque sea a distancia de meses y de kilómetros.

 

Mientras se estaba celebrando el Capítulo General, primero fueron las noticias de Chile: inundaciones que de nuevo habían anegado la parte baja del Colegio de Santiago, con todas las pérdidas que eso representa. Inundaciones que son problema ante todo para las gentes más necesitadas, que pierden lo que necesitan y que no pueden reponer…

Después llegó el huracán Katrina. Esta vez fue toda la ciudad de Nueva Orleáns la que se vio inundada por las aguas. Se encuentra cerca del Golfo, bajo el nivel del mar, junto a un lago, bordeada por el Mississippi, y… ¡se rompieron los diques de contención! Eso  explica que quedara cubierta casi en su totalidad por más de 5 metros de agua! Lo que ha sufrido ese pueblo es fácil de imaginar.

Hubo una orden de evacuación forzosa que no todos pudieron cumplir. Nuestras hermanas de la Comunidad Mercedes Prat se repartieron entre Covington y San Antonio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

New Orleans inundada.

Casa de la comunidad Mercedes Prat, en la calle Mirabeau.

 

 

 

No hubo que lamentar desgracias personales, pero la casa se perdió puesto que el primer piso estuvo varias semanas bajo las aguas, y actualmente no se sabe si dejarán reedificar en esa zona por considerarla peligrosa. Las Hermanas de Covington vieron bailar por el aire las tejas como confeti, caer árboles de hasta 40 metros como si fueran palillos, y estuvieron poniendo cubos para soportar las enormes goteras… Así nos lo cuentan ellas, pero sobrevivieron y tuvieron ánimo suficiente para ayudar, tanto allí como en San Antonio, a las personas que están en los centros de evacuados. Ahora nuestras Comunidades acogen a Hermanas de otras congregaciones

 

 

 

 

 

 

    

En el otro lado del golfo, en el sureste de México, hizo estragos días más tarde el huracán Wilma. Las Hermanas de Tizimín han estado ayudando a las comunidades indígenas que han visto perder sus cosechas, sus animales,  sus casas,  todo aquello que necesitan para vivir. Al achicar las aguas aparecieron cocodrilos en medio del poblado…

Dos grupos de Hermanas de la Provincia Enrique de Ossó fueron a acompañar a las personas afectadas de la zona de Chiapas. Con otros miembros de las Comunidades Educativas han participado en el proyecto de “consolar a mi pueblo”. 

 

 

 


 

 

La peregrinación a Taizé, que todos los años congrega en oración a centenares de miles de jóvenes cristianos de todo el mundo, quedó truncada el 16 de agosto de 2005 por la tarde, al morir apuñalado el hermano Roger Schutz, de noventa años, víctima de una mujer desequilibrada. La noticia del asesinato del fundador de la comunidad ecuménica ha constituido un auténtico golpe psicológico para los más de 400.000 jóvenes que participaban en ese momento en el encuentro de la Juventud en Colonia.

 

El Hermano Roger había estado inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar. Durante esta enfermedad había madurado en él la llamada a crear una comunidad donde la sencillez y la bondad del corazón serían vividas como realidades esenciales del Evangelio.

Durante la segunda guerra mundial dejó su país, Suiza, para establecerse en Taizé (Francia), donde había comprado una casa abandonada. Allí comenzó a acoger junto a su hermana, Geneviève, a refugiados de guerra. Entre ellos había judíos. A causa de esta actividad, en 1942 los dos hermanos tuvieron que abandonar Taizé para salvar su vida. El hermano Roger pudo regresar en 1944. Pero ya no estaba solo, se le habían unido los primeros hermanos y comenzaron juntos una vida común. Poco a poco algunos hombres jóvenes vinieron a unirse a los primeros hermanos y, el día de Pascua de 1949, se comprometieron juntos para vivir por siempre, con una gran sencillez de vida, el celibato y la vida común.

 

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes evangélicos, procedentes de más de veinticinco naciones. Algunos hermanos han ido a vivir a lugares desfavorecidos del mundo para ser testigos de paz y para estar al lado de los que sufren.

Desde finales de los años cincuenta, comenzaron a llegar a Taizé jóvenes de diversos continentes y de diferentes confesiones cristianas para vivir días de oración y recogimiento. Algunas semanas de verano puede haber más de 5.000 jóvenes de 75 países. Con motivo de los últimos días del año, Taizé organiza además en una ciudad diferente un encuentro europeo de jóvenes, que constituye una «peregrinación de confianza a través de la tierra”.

 

Todos los seguidores del Evangelio agradecemos el testimonio de vida y el trabajo ecuménico del H. Roger y recordamos con emoción que, en los funerales de Juan Pablo II, el Papa actual le administró la comunión, puesto que comunión había sido su vida entera.

 

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