Han entrado en la Vida:

 

HNA. ANTONIA DE SANTA TERESA FERNANDES RAMOA

Provincia María Inmaculada

 

El día 18 de Julio del 2005 entró en la Vida, nuestra querida hermana Antonia. Después de estar tres años imposibilitada sin poder seguir el ritmo de la Comunidad, fue perdiendo sus capacidades hasta quedar totalmente dependiente y sin poder levantarse de la cama. Tenía 91 años de edad y 61 de vida religiosa.

La Hermana Antonia nació en Panóias, pueblecito de la provincia de Braga, el día 18 de octubre del 1913 y entró en la Compañía en Braga-Santa Tecla, el 7 de diciembre del 1943. En los primeros años de su profesión ejerció su misión en Braga, en 1951 fue destinada a Santo Tirso, donde estuvo hasta 1954, año en que fue destinada a la casa de Lisboa-Gomes Freire. De aquí la obediencia le hizo atravesar el Atlántico para servir a los hermanos en Cuba, en las casas de La Habana y Camagüey, donde estuvo hasta que la revolución de Fidel Castro la hizo salir de la isla y marchar a Venezuela, a la Comunidad de Caracas-La Castellana. En 1967 volvió de nuevo a Europa, estando algún tiempo en Salamanca y después fue trasladada a Lisboa. El 26 de enero de 1970 llegó a Santo Tirso donde pasó sus últimos años.

A lo largo de estos años desempeñó con esmero, dedicación y espíritu de sacrificio los servicios que le iban pidiendo. Su fuerza de voluntad hacía que nunca se diera por vencida, incluso cuando las fuerzas ya le fallaban y los límites naturales iban afectando su vida. Estuvo todos estos años al servicio del colegio, cuidaba del refectorio de los niños de preescolar. Ellos fueron siempre su encanto. Cuando se enteraron de su muerte, muchos de los alumnos y ex alumnos manifestaban su recuerdo y gratitud. La Hna. Antonia gasto su vida al servicio del Reino y el Señor le dio la corona de gloria que le estaba reservada. Que ella interceda por nosotras delante del Señor.

 

HNA. ANTOLINA DEL SAGRADO CORAZÓN SANTOS PÉREZ

Provincia Sagrado Corazón

 

El 30 de agosto del 2005, a las dos de la madrugada, te fuiste a la Casa del Padre. Te habíamos repetido, una y otra vez, que Él te esperaba con los brazos abiertos. Palabras que tú recibías con placidez y casi con una sonrisa en medio de tu dolor.

A nosotras no nos queda más que decirte: GRACIAS. El afecto y servicio que tú has derrochado a lo largo de tu vida, lo has recibido envuelto en entrañable cariño en los últimos meses, en los últimos días de tu penosa enfermedad. Lo has recibido de todas, de las hermanas que más de cerca con desvelo te han cuidado, de tu comunidad que ha vivido pendiente de ti, de tus familiares que tanto querías y tanto te han querido, y de tantas y tantas hermanas que con gratitud se han acercado a ti y a las que con agrado recibías en medio de tu dolor, en fin, lo has recibido de todos.

Siempre te hemos visto animosa y fuerte, con la mano en el arado y tu mirada limpia puesta en la meta que anhelabas. Gracias, Antolina, en primer lugar por tu amor entrañable a Jesucristo y a su Madre Santísima, que eran el modelo y el motor de tu vivir de cada día. Te hemos visto como la teresiana fiel, humilde, austera, cabal, cercana... que soñó Nuestro Padre: GRACIAS.

Nuestra Hermana Antolina Santos Pérez, alumna del Colegio de Salamanca, entró en la Compañía el año 1945 a los 23 años de edad. Sus destinos: Salamanca, Ciudad Rodrigo, Béjar, Pamplona, Madrid-Goya, Oviedo, Las Palmas, de nuevo Ciudad Rodrigo, donde fue Superiora de la Comunidad, Madrid-Puebla y, desde 1987, Ávila. Descanse con el señor nuestra querida hermana.

 

ASCENSÃO DE MARÍA INMACULADA MARQUES PEREIRA

Provincia María Inmaculada

 

La hermana Ascensāo entró en la vida eterna a los 86 años de edad y 67 de vida religiosa. Toda su vida fue vivida en plenitud al servicio del Señor en los colegios de Santo Tirso y Elvas, sobre todo en este último donde pasó 32 años.

Por motivo de salud fue trasladada a la Comunidad de Almendra, donde estuvo seis años. Al agravarse su enfermedad marchó destinada a Fátima donde ha vivido aproximadamente un año, falleciendo en esta casa el día 7 de septiembre del 2005.

Quien la conoció y vivió cerca de ella, puede testimoniar que su vida, como religiosa y profesora de primaria, fue de una entrega total al servicio de las hermanas y de los alumnos que, aún hoy, hablan de ella con gran cariño y profunda amistad.

La Hna. Ascensão vivió olvidándose de si misma y volcada siempre en los demás, buscó siempre e inventó modos y maneras creativas de ayudar a todos: a sus alumnos, a sus padres o a las hermanas de la Comunidad, testimoniando así su amor a Dios y al prójimo. Vivía la máxima de Santa Teresa “procurar quitar el trabajo a las hermanas y tomarlo para sí”. Para poder hacer cuanto hacía “con todo ahínco” se levantaba muy temprano, para en silencio orar por las hermanas y alumnos y ayudar en las tareas y servicios cotidianos, y todo siempre, gratuitamente.

Sencilla, afable, silenciosa, bondadosa, servicial y llena de caridad y de aquella sabiduría que viene de Dios, así era la Hna. Ascensão. Era también notorio en ella el cariño a sus familiares por los que rezaba mucho y ayudaba en la medida de sus posibilidades.

Alma de fe viva, se caracterizaba también por una oración continua, muy sencilla y confiada. Era muy devota de Nuestra Señora, cuya devoción procuraba infundir a sus alumnos que, aún ahora ya adultos, rezan de corazón las oraciones y cánticos marianos que ella les enseñó. Después de las clases en días de diario, se la veía por las zonas más pobres de la ciudad ayudando a las familias pobres con ropas, utensilios domésticos, alimentos, y todo esto lo acompañaba con buenos consejos y oraciones en las casas donde había ancianos o enfermos.

Toda la vida de la Hna. Ascensão fue vida al servicio de la VIDA. Recorrió con fe su camino pascual, se alimentó diariamente de la Eucaristía, se forjo en la oración y en la práctica de las virtudes. Por eso estamos seguras que Dios, en su divina misericordia, la ha resucitado para la vida eterna y goza de su plenitud. Desde el cielo, desde ese silencio infinito donde habita, desde esa plena comunión con el Señor, continuará ayudándonos e intercediendo por la Compañía de Santa Teresa y por su familia, a la que tanto amó.

H. CONCEPCIÓN DE JESÚS MARTÍN ARRIBAS

Provincia Sagrado Corazón

 

En la mañana del 17 de septiembre del 2005, nuestra querida Hermana Concepción partió para la casa del Padre. Nació en Peñafiel (Valladolid), alumna del Colegio de Valladolid, ingresó en la Compañía de Santa Teresa de Jesús el año 1947, a los 19 años de edad.

Sus destinos fueron: Calahorra, San Sebastián, Mora de Toledo, Oviedo, Dueñas y Ávila-Casa de Ejercicios. En el verano del 2003 llegó a la Casa de Ejercicios ya enferma, donde se siguió haciendo todo lo posible por aliviarle de sus dolores. Parecía que algo se había conseguido, pero no, progresivamente su salud se fue deteriorando. El Señor la iba preparando para su encuentro definitivo con Él, que nunca pensamos que fuera a ser tan rápido.

Su gran virtud: la aceptación de la voluntad de Dios. A la Santísima Virgen acudía con gran fervor para conseguir esta gracia. Todo fruto de su vida de intimidad con Cristo que bien lo reflejaba en la preparación y acción de gracias de la Comunión. En momentos difíciles y dolorosos, unía sus sufrimientos a los de Cristo por las necesidades del mundo, de la Compañía, de su Comunidad, de sus familiares, de todo.

Gracias Concepción por tantos ejemplos de buena religiosa que de ti hemos recibido, tu capacidad de sufrimiento, tu perdón generoso, tu honradez, tu sinceridad... Tus hermanas queremos gozarnos contigo, sabiendo, que en la Casa del Padre serás feliz para siempre.

 

HNA. AMPARO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD JUAN DOMÉNECH

Provincia Virgen del Pilar

 

El día 19 de septiembre del 2005 fallecía en la comunidad de la Residencia del Vedat de Torrent la Hna. Amparo Juan, a los noventa y un años de edad.

Dos habían sido las ciudades de sus cuatro destinos: Tortosa Colegio y Valencia, Comunidad de Cirilo Amorós, primero, El Vedat Colegio y finalmente la Comunidad de la Residencia de Hermanas del mismo lugar.

Delicada y discreta en su trato y su figura, y muy observante, Amparo, mostró siempre una dulzura y amabilidad que la hacían querida de familiares, hermanas y alumnas. Una de ellas recordaba el día de su  fallecimiento detalles, gestos y actitudes, que expresaban bien aquel talante afable que nuestro Padre quería para todas sus teresianas. Decía esta antigua alumna, que siendo Amparo encargada de internas en Tortosa y ella interna muy pequeña, se mostró siempre solícita en todas sus necesidades y llegó a quererla como a una madre. Profesora de primaria de los Colegio de Tortosa y Valencia ejerció su labor docente con empeño, entregando lo mejor de sí en el apostolado de la educación, del que ella era muy entusiasta. Al jubilarse se responsabilizó de la biblioteca del colegio viviendo este servicio con verdadero espíritu apostólico.

Los últimos años los vivió en la enfermería de la comunidad de la residencia, en El Vedat, acogiendo con gran espíritu de fe y obediencia las limitaciones y el ritmo que le imponían sus fuerzas. A pesar de su aparente fragilidad dio muestras, una y otra vez, de fortaleza interior, constancia y disciplina, en todo aquello que convenía a su salud.

Murió querida y rodeada de las hermanas y familiares, que hasta sus últimos momentos estuvieron mostrándole su cariño y dedicación. Después de recibir el sacramento de la unción de los enfermos, esa misma mañana del 19, se fue apagando poco a poco, hasta quedar dormida en el Señor.

 

H. MARÍA CARMEN DE MARÍA INMACULADA ARCÉLUZ ORDOQUI

Provincia Santa Teresa

 

El día 28 de octubre murió en la Residencia de Hermanas de Jesús Tortosa, a los 92 años de edad nuestra querida hermana María Arcéluz

Llegó a nuestra comunidad a finales de julio. María, con el sentido común que siempre le caracterizó, expuso a la Hna. Provincial que juzgaba no estar ya en condiciones de ir a pasar el verano a la Casa de San Lorenzo y que estaría mejor en el "Noviciado". Después, sintiéndose bien aquí como ella lo expresaba, se le concedió, quedarse a vivir con nosotras. Había tenido "destino" -decía ella. En seguida se encontró en "su casa", contenta. Valoró la Eucaristía diaria, la posibilidad de mayor convivencia, el "tener oficio"... y pronto se ganó el cariño y la admiración de las hermanas de esta comunidad que no la conocían. Siempre disponible, sonriente, agradecida, discreta...

En Barcelona, Gracia, había dejado su Comunidad, sus hermanas, su casa... pero ya no quiso dejar ésta. Nadie sospechó que iba a estar tan poco tiempo con nosotras. Agradecemos a Dios el tiempo que hemos vivido juntas, pero dejemos que sea la carta de una hermana que vivió bastantes años con ella, la que nos diga a todas quién fue nuestra hermana María.

"Querida María: te hablo como te he hablado muchas veces, así, bajito, al oído porque sabía que no me oías si no era así y ¿para qué te iba a gritar?

Quieren que demos una semblanza tuya, pero contigo pronto se acaba. Otras hemos recorrido un montón de Colegios, pero tú, desde que saliste del caserío de Tolosa para entrar en la Compañía, toda tu vida la has pasado en el Colegio de Gracia, de Barcelona. Es verdad que pasaste tu Noviciado, como todas en Tortosa y que, durante la guerra, te escondiste con familias "de derechas", pero eso son pequeñas escaramuzas comparadas con los 66 años de entrega a Dios muy vividos en la Travesera de Gracia.

¿Ves qué pronto hemos hecho el recorrido? y ¿qué hiciste en todo este tiempo? Vivir en plenitud tu vocación religiosa y educadora. Enseñar a leer y a rezar a todos los párvulos del barrio de Gracia durante muchos años. Enseñar amor y obras a todas las señoras de la cocina del Colegio. Compartir la vida y colaborar con las hermanas en los trabajos de la casa, por pequeños que fueran. Rezar en tu habitación, con tu rosario y tu ikurriña bien presentes. Querernos mucho a todas.

Con tus 91 años te quedaste menudita, ligera de peso, silenciosa, pero tu presencia se echa mucho de menos. Estarás contenta porque deseabas irte. Ahora te toca desde el cielo bendecirnos a todas y a tu querido Colegio de Gracia. Descansa en paz y ruega por nosotras”

 

H. JULIETA DE JESÚS EUCARISTÍA DE LEÓN

Provincia San José

 

Nació para ser toda de Dios. Enamorada de la Eucaristía y del Espíritu de Santa Teresa. Desde su adolescencia buscó cómo entregarse al Señor en radicalidad. Después de un largo discernimiento, al finalizar su carrera de magisterio, quiso hacer Ejercicios Espirituales. Ahí la esperaba el Señor para llamarla con toda certeza a ser "contemplativa en la acción".

Como exalumna Teresiana había bebido en su colegio el espíritu de la Santa; la atraía. La Educación era también en ella signo para su vida. En el año 1938 ingresó en la Compañía. Desde entonces la definimos con las características que formaron su rica personalidad: el despojo de si misma; la humildad; espíritu de oración y servicio fraterno, con un grande amor a la Compañía.

Las Provincias de nuestra Ntra. Sra. Aparecida y de San José saben de su abnegación y entrega. En ellas, se desempeñó como Coordinadora Local y Provincial. Hoy, quienes la trataron guardan su imagen de mujer fuerte en la fe, cálida en comprensión para sus hermanas y siempre orante. Todo lo resolvía desde la óptica de Dios. Delicada y fiel a sus hermanas su recuerdo hoy llama a seguir su caminito sencillo y despojado de toda unción exterior. Al evocar su vida, nos recuerda el diálogo de Jesús con las hermanas de Betania; contemplación y servicio.

Desde Chile, Paraguay, Brasil y Argentina nos llegan hoy preciosos testimonios de Hermanas a quienes H. Julieta animó y acompañó en su decisión vocacional a la Compañía. Hoy la lloran; pero la invocan como a fiel intercesora. La imagen de madre y hermana mayor, para tantas Comunidades donde se desempeñó como Coordinadora, es también eco de amor y fraternidad para todas.

Desde su 12 largos años en sillita de ruedas, Dios fue pidiéndole un “más” cada día, hasta el entorpecer totalmente sus miembros. Desde ahí notamos que en momentos determinados sufría mucho. Y así al final, en 21 días de sufrimiento, selló su Pascua final el día 28 de noviembre de 2005 a los 93 años de edad. En Montevideo, Residencia de Hermanas.

Que ella interceda por todas; especialmente por esta Residencia que acompañó su último caminito de cruz dejando una grande paz y deseos de vivir nuestra identidad Teresiana hasta el fin.

 

 

 

H. JOSEFINA DE MARÍA INMACULADA MILÁN LEITE

Provincia San José

 

El día 20 de diciembre de 2005 a los 85 años de edad el Señor consideró oportuno llamar a su hija Josefina a gozar plenamente de su Presencia.

Si bien Josefina había sufrido muchas enfermedades y postraciones, en estos últimos años estaba bien, se la notaba feliz, animosa y muy contenta con lo que el Señor iba realizando en ella de despojo sobre todo interior, que la hacía más entregada a Él, más humilde, sabiéndose totalmente dependiente de Él, abierta a su Voluntad. Las Hermanas que más han convivido con ella, que más la han conocido dan testimonio de ese cambio profundo que  Dios va obrando en aquellos que se dejan moldear por Él. Josefina fue una persona muy dedicada a la oración, a la lectura espiritual, con una gran necesidad de manifestar toda esa vida interior que iba experimentado y que con sencillez compartía en la Comunidad y en conversaciones personales.

Dedicó estos últimos años, que ha vivido en la Residencia San José, de Hermanas Mayores de Montevideo,  a un grupo de Biblia  que cada semana se reunía con ella para ir profundizando más en la Palabra de Dios y en la oración. Se preparaba con entusiasmo para cada encuentro y comentaba con la Comunidad  lo que iban a hacer y cómo les había ido. Acompañaba mucho a las Hermanas imposibilitadas de la Comunidad, les hacía lecturas, escuchaba música con ellas, se interesaba por cada una.

En este último año Josefina estuvo especialmente abierta a la voluntad del Señor,  expresaba con frecuencia que estaba viviendo de regalo, y que cuando Dios quisiera llevársela ella estaba dispuesta. Esperaba poder hacer los Ejercicios Espirituales acompañada por la Hna. Ángeles Muñiz, Provincial,  en los días siguientes a la Navidad, pero el Señor consideró que no hacía falta, que toda ella ya le pertenecía complemente y así sin más nos la “arrebató” de la Comunidad.

Fue muy significativo que las lecturas del día de la misa de exequias hablaran de “Ven esposa mía, amada mía, el invierno ha pasado...” Y de la visita presurosa de María a su prima Isabel. Así se fue Josefina. Dios tuvo detalles muy lindos con ella hasta el final.

De nuestro corazón, aún dolorido y con la sensación de sorpresa por lo repentino de su muerte, brota el agradecimiento por lo que el Señor nos ha regalado a través de su vida y que hoy es fuerza en nuestro caminar.

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ