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LA EUCARISTÍA ES SACRIFICIO
Aquella noche, Jesús se acordó del amor de su Padre y vio además los conflictos a los que le habían arrastrado, poco a poco, sus solidaridades. Acorralado, como otros muchos antes y después de él, consciente de que habría podido hallarse del otro lado, del de los fuertes y poderosos y sabiendo que aún podía luchar espada en mano, lo que hizo fue tomar un trozo de pan, partirlo y distribuirlo entre sus amigos diciendo: “Esta es mi vida y os la doy a vosotros. Siempre que de una u otra forma os encontréis en mis circunstancias, acordaos de mí y haced lo que yo hago ahora”. Esta es la historia que mueve a los cristianos a reunirse de cara a sus decisiones, sus opciones de solidaridad y los riesgos de su existencia para acordarse de Jesús, cuya vida y la de ellos mismos comparten bajo la forma de pan, continuando hoy de este modo en sus vidas lo que Él vivió: su muerte y el sacrificio de su existencia en fidelidad a sus solidaridades. (G. Fourez)
“Este es mi cuerpo que se entrega”. El verbo “entregar” resulta extraño a nuestra cultura en la que se conjugan precisamente los contrarios: apropiarse, guardar, retener, acumular, poseer. Acostumbrados a la lógica del cálculo, de la medida y la cautela, no nos es fácil entrar en la lógica de la Eucaristía en la que celebramos el máximo derroche, el total despilfarro. Y lo que se nos dice es que hagamos eso mismo “en recuerdo suyo”, no como una ejecución mimética, sino como algo que nace de dentro, de ese rincón secreto de nuestra verdad última.
LA EUCARISTÍA ES MEMORIA:
“Haced esto en memoria mía...”Aquel gesto y aquellas palabras, recordadas en cada Eucaristía, nos permiten adentrarnos en el misterio de una voluntad de entrega que se anticipa a la pérdida: nadie puede arrebatarle la vida, es Él quien la entrega voluntariamente (cfr.Jn 10,18) A partir de entonces, hacer de su entrega un estilo de vida y un camino de seguimiento supone una llamada a vivir eucarísticamente, es decir, escapando de la espiral de la codicia y de la posesividad para entrar en la danza de la vida que no se retiene, en el gozo extraño de ofrecerse y darse, de entregar todo lo que se es y se tiene. Lo que Jesús pide que hagamos en memoria suya es precisamente lo esencial de la Eucaristía: ofrecer la propia vida al Padre, entregarnos a los demás, “desvivirnos” por ellos (la manera más cotidiana de dar la vida), romper algo de nosotros para que nazca la vida... Tener una absoluta voluntad de compartir.
LA EUCARISTÍA ES BENDICIÓN
“Tomó el pan y, pronunciada la bendición, se lo dio...” Decir bendición es decir regalo, don gratuito, es reconocer a Dios como dueño de todo lo que existe. La Eucaristía es para nosotras la ocasión de convertir en bendición misma nuestra vida entera, de vivir en clave de bendición porque todo lo que existe y sucede está llamado a convertirse en himno de gratitud y alabanza.
LA EUCARISTÍA ES FRATERNIDAD Y ES ANTICIPO
El primer enfermo de “fraternidad”, el ser más comprometido en la transformación de las relaciones humanas y el más consagrado a “hacer comunión” es Cristo Jesús. No podemos decir que tenemos sus mismos sentimientos si no participamos en su fiebre de comunión. Y esta pasión por la comunión cuesta cara: supone una derrota permanente del propio egoísmo y un difícil avanzar contra corriente. El sacrificio de Cristo es el paso del mundo de la desunión al de la comunión, de la ruptura al encuentro, de una relación deteriorada a una relación renovada.
La Eucaristía nos revela cómo será el futuro: una humanidad reconciliada y fraterna, una mesa para todos en la que circularán el Pan y la Palabra, una comunidad reunida en torno al Resucitado y participando de su Vida.
ð Podemos REPASAR JUNTO A JESÚS cómo va nuestra “actitud eucarística básica” y preguntarnos si la Eucaristía en la que participamos la alimenta y fortalece o si sentimos el peligro de asistir a un rito que no nos va transformando
ð Podemos REHACER INTERNAMENTE JUNTO A JESÚS el gesto del ofertorio con todo lo que implica de desapropiación, desprendimiento, alegría de poder regalar, disponibilidad, esfuerzo por liberar la posesividad de nuestras manos. Y observar qué sentimos al ofrecer el tiempo, las fuerzas, la atención desplazada de nosotras mismas hacia los demás...
ð Podemos HACER MEMORIA JUNTAS de tantas actitudes de entrega gratuita que existen a nuestro alrededor y que quizá no reconocemos por pura miopía del corazón... Agradecerlas y buscar caminos concretos para entrar también en esa dinámica.
ð Podemos PREGUNTARNOS CÓMO Y CON QUIÉNES COMPARTIMOS el banquete de nuestra vida, a quiénes sentamos a nuestra mesa: la de nuestro tiempo, nuestra amistad, nuestros bienes, nuestro interés...; a quiénes excluimos y por qué.
ð Podemos VIVIR LA EUCARISTÍA como anticipación utópica, como “maqueta” del mundo que el Padre quiere, y volver a lo cotidiano más capaces de perdonar y de ser perdonadas, más decididas a trabajar por ensanchar espacios en los que cada hombre y cada mujer encuentren su lugar en torno a la mesa común, más dispuestos a ser pan compartido y presencia real del amor de Dios para los últimos. Apuntes de Dolores Aleixandre, rscjDibujos- Apostolado Litúrgico
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Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ