Tengo mucho que agradecer...

 

Aunque nos ha llegado a todas, publicamos esta carta de la Hna. General porque se trata de uno de esos escritos que “hacen historia”...

 

 

 Roma, abril 27, 2005

Fiesta de la Virgen  de Montserrat

 

 

Muy queridas hermanas:

 

            Estamos ya en la fase final de la preparación para el Capítulo general y mi mente vuela muy a menudo hacia vosotras. Tengo mucho que agradeceros. No puedo mirar a estos seis años sin pensar en vosotras, por eso esta carta os la quiero enviar a cada una como si fuerais la única. 

Es verdad que “todo tiene su tiempo” y que “todo tiempo pasa”. Y en este peregrinar de la Compañía necesito agradecer a Dios y a cada una  este tiempo de bendición en el que se me ha permitido conocer, en lo posible, ese pequeño granito de mostaza que la Compañía es en el mundo. Ese “caudal” que vamos compartiendo todas en la Pascua de la vida.

            Quiero agradecer la acogida y cercanía que he sentido, el trato de hermana que me habéis dado. Cuántos rostros y nombres, cuántos lugares queridos. Cuántas situaciones y motivos de alegría y de sufrimiento compartido. Cuánta vida entregada y cuánta vida recibida. Tantos proyectos soñados, algunos  son ya realidad, otros se irán realizando con el tiempo y la gracia. El sentido de misión, la entrega apostólica que se ha hecho posible en tantos lugares gracias  a los talentos de todas. La riqueza carismática que ha ido surgiendo durante este tiempo y los pasos que hemos ido dando como Familia Teresiana.

            Agradezco y aprecio vuestro apoyo y participación en todo lo que hemos emprendido juntas. Algunas de las cosas, procesos seguidos, decisiones tomadas, os habrán  parecido acertadas, otras os habrán  resultado inoportunas y sin sentido. Espero y confío que el Espíritu lo reconducirá todo para el bien de la Compañía y de la humanidad. Todo lo vamos releyendo como historia de salvación en el pasar de los años.

Agradezco la vida de las hermanas que ya han visto el rostro de Dios en estos seis años y   gozan de él. Agradezco su silencio, su sabiduría y su esfuerzo callado, las responsabilidades vividas con entrega, su gratuidad y disponibilidad.

             A todas agradezco el realismo con el que a veces me habéis ayudado a ver las cosas, vuestro diálogo y escucha, vuestro modo diferente de percibir la realidad que me ha dado oportunidad de afrontar las situaciones concretas desde los ojos y el corazón de los demás.

            Agradezco la capacidad de búsqueda que he palpado en vosotras en momentos diferentes. Los deseos de abrir paso a la verdad y dejarnos confrontar para caminar juntas y entregar la vida por  el Reino de Jesús.

            Agradezco la experiencia de Dios en cada una, la creatividad del Espíritu vivida de maneras diferentes, vuestro deseo de enfocar la vida como discípulas seguidoras de Jesús, en esa vocación carismática a recorrer el camino de Teresa y Enrique: Testigos vivos en la transformación de una nueva  Humanidad. 

            Valoro y agradezco el haberos visto “permanecer” con normalidad y sencillez en momentos de crisis y oscuridad. Unas veces he percibido el dolor del grano de trigo que muere en la tierra, esperando el momento de Dios. Otras, he visto la frescura y el talante del evangelio, el gozo de nuevos brotes de vida fecunda y plena.

 

            Agradezco, ¿por qué no?, los  momentos de duda, y desconcierto, mientras caminamos como los de Emaús sin poder reconocer a Jesús en tantas situaciones cotidianas que nos parecen incomprensibles. Y poco a poco se nos van abriendo los ojos al compartir lo que vivimos, escuchar la Palabra y partir el Pan de Vida. Estoy convencida que es Él quien nos va regalando la certeza de la fe. Reconozco que  mi débil certeza, ha permitido que a veces brotaran en mi corazón dudas y temores, pero siento que ha predominado la confianza y esperanza.  Espera hija  y verás grandes cosas, me ha fortalecido en momentos difíciles.

            Quiero no sólo hacer memoria y agradecer. Quiero también hacer Fiesta y celebrar la misericordia y presencia del Dios de la vida que nos ama más de lo que podemos imaginar y desear y nos abraza una y otra vez con los brazos abiertos de su Bondad maternal. Para él todo es conocido, nada se oculta a sus ojos y conoce todo aquello que a veces no llegamos a valorar y agradecer.

            En lo que he sido impedimento para que surgiera vida, para que camináramos evangélicamente con  audacia, confianza y determinación os pido me perdonéis. Confío que todo colaborará al bien de la humanidad, también mi torpeza en el camino.

            No puedo dejar de expresaros el profundo dolor que me deja la salida de tantas hermanas durante el sexenio. ¿Dónde estará la razón fundamental de su decisión? ¿Insatisfacción personal, falta de sentido, soledad en situaciones demasiado prolongadas, descontento con nuestro estilo de vida, deseo de mayor radicalidad, una vida religiosa más inserta entre los pobres? ¿En qué podríamos cambiar? ¿Qué apoyo podríamos darnos unas a otras?

            Vivo convencida de que, hoy, Dios nos promete un mundo nuevo construido a partir de  la limpieza de corazón, la sencillez y la pobreza en el espíritu, la búsqueda de la justicia, la reconciliación y la paz. Nos invita y lanza a un nuevo modo de relacionarnos en nuestro mundo, entre nosotras y con los demás. Si vamos conociendo la única pasión de Jesús, dar vida y darla en abundancia – a todos los hombres y la mujeres de todos los tiempos-, seremos capaces de creer y de arriesgar la vida misma sin medir lo que cuesta porque  “donde hay un cristiano, hay humanidad nueva” 2Cor 5,17.

            Continuamos viviendo este tiempo con intensidad, abriéndonos al Espíritu sin miedo, para que nos haga mujeres nuevas, despojadas de nuestros propios intereses y apasionadas por la vida de cada ser humano, capaces de acoger y comprometernos con los pobres y excluidos de nuestro tiempo. Este es mi gran deseo durante este tiempo capitular, en el Espíritu de Jesús está nuestra confianza. Él nos va encaminando hacia la Verdad del Evangelio, en las diferentes realidades. Sus preferencias y actitudes no pueden hoy dejar de ser las nuestras.

            Al acabar, agradezco de corazón todo el empeño y la vida que habéis puesto en cada una de vuestras comunidades y Provincias para llevar a cabo todos los proyectos y sobre todo el que ha sido el Proyecto central del sexenio: nuestras Constituciones renovadas. Ha sido empeño de todas y obra del Espíritu. Es la hora de ayudarnos a vivir y compartir ese espíritu nuevo como Proyecto de vida carismático.

            Gracias porque habéis sabido dar sentido al año capitular. Hemos recibido ya de las Provincias la información que nos enviáis de vuestra vivencia y percibimos con gozo que ha sido una experiencia de comunión y de concreción que nos ayudará a proyectar con realismo el dinamismo de la Compañía para el próximo sexenio. 

 

            Como sabéis el Capítulo comienza el 25 de agosto y tenemos previsto acabar para el 10 de octubre. Os invito a que en cada comunidad nos unamos en la oración en que nos reconocemos como familia, como Compañía, para pedir la experiencia de un nuevo Pentecostés que nos convierta en Testigos valientes del Resucitado. 

            Hoy, nuestro corazón está en Montserrat para contemplar el rostro maternal de María. En ella encontró Enrique su vocación y allí se ha ido fortaleciendo el envío misionero de la Compañía. A ella le confiamos nuestro futuro.

            Esperamos poder comunicarnos lo que vayamos viviendo en el Capítulo. Nuestra WEB será un excelente link, un medio para expresarnos y  relacionarnos, para seguir construyendo juntas.

 

            Un fuerte abrazo lleno de agradecimiento.

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ