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HABEMUS PAPAM Con alegría y esperanza acogemos el anuncio del nuevo Papa, Pastor de la Iglesia Universal, Benedicto XVI.
Fue el 19 de abril. Tras 25 horas de cónclave apareció la fumata antes de la hora prevista y multitud de personas -creyentes y no creyentes de diversas partes del mundo- corrieron hacia la plaza de San Pedro, porque el acontecimiento interesaba a muchos hombres y mujeres de buena voluntad.
Era
impresionante compartir la alegría de la gente, esa gente
“Queridos hermanos y hermanas, os anuncio una gran alegría: tenemos Papa ... el cardenal Joseph Ratzinger, que se ha impuesto el nombre de Benedicto XVI”
¡Un Papa alemán y defensor de la doctrina de la fe! Fuimos testigos de diversas reacciones entre la multitud: gran alegría y aplausos de unos, silencio de otros, decepción acompañada de aplausos, sorpresa para muchos, pero también aceptación y acogida en fe, en la confianza de que es Dios quien se sirve de cada uno de nosotros para conducir a la Iglesia y hacer de todo acontecimiento humano historia de salvación.
Las primeras palabras del nuevo Papa no requieren comentario: “Queridos hermanos y hermanas, para suceder al gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, que soy un humilde trabajador de la Viña del Señor... Me consuela el hecho de saber que el Señor se sirve de instrumentos insuficientes y confío en vuestras oraciones...”
“Se llamaba Ratzinger, un cardenal alemán que ha muerto en este cónclave para convertirse en el Primer Papa del tercer milenio, en el Padre común de todos los cristianos, en una luz para todos los hombres y mujeres de buena voluntad” –escribe el periodista José Miguel Cejas-. Algunas de sus primeras palabras como Padre y Pastor:
“Al inicio de mi ministerio como Sucesor de Pedro he sentido asombro y gratitud a Dios, que me ha sorprendido ante todo a mí mismo al llamarme a esta gran responsabilidad”.
Alocución en español. Primera audiencia, miércoles, 27 de abril.
«Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo?. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza». Eucaristía de inicio de su Pontificado, domingo, 24 de abril.
«Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia». Id.
El día 20, en la Capilla Sixtina, ante los cardenales, trazó las tres directrices fundamentales que desea promover en su pontificado:
1. En primer lugar, la unidad en la fe de la Iglesia católica universal, en particular a través de la «comunión colegial» entre el Papa y los obispos. Con su propuesta supera un debate que en algunos sectores católicos ha tenido lugar entre quienes pedían más «colegialidad», es decir, una mayor voz de los obispos de las diferentes diócesis, y quienes subrayaban el papel del Papa como pastor de la Iglesia universal. Confirmó el sínodo de obispos de todo el mundo que se celebrará en octubre, dedicado la Eucaristía.
2. El segundo gran objetivo del nuevo pontificado es la unidad entre los cristianos de diferentes iglesias y confesiones. Para este compromiso prioritario es consciente de que “no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Son precisos gestos concretos que penetren en los espíritus y remuevan las conciencias, llevando a cada uno hacia esa conversión interior que es el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo.”
3. El tercer compromiso asumido por el nuevo pontificado es la unidad de la familia humana. «Con esta conciencia me dirijo a todos, también a aquellos que siguen otras religiones o que simplemente buscan una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia y todavía no la han encontrado. Me dirijo a todos con sencillez y cariño para asegurarles que la Iglesia quiere seguir mante-niendo con ellos un diálogo abierto y sincero, en búsqueda del verdadero bien del ser humano y de la sociedad». «Invoco de Dios la unidad y la paz para la familia humana y declaro la disponibilidad de todos los católicos a colaborar en un auténtico desarrollo social, respetuoso de la dignidad de todo ser humano». «No escatimaré esfuerzos y sacrificio para proseguir el prometedor diálogo emprendido por mis venerados predecesores, con las diferentes civilizaciones, para que de la comprensión recíproca nazcan las condiciones para un futuro mejor para todos».
El nombre: “He tomado el nombre de Benedicto XVI en relación con el Papa Benedicto XV, un valiente y auténtico profeta de paz ante el drama de la primera guerra mundial. Como él, deseo ponerme al servicio de la reconciliación y armonía entre los hombres y los pueblos, porque el gran bien de la paz es sobre todo un don de Dios que hemos de defender y construir entre todos. “ “También porque el nombre evoca la extraordinaria figura de San Benito de Nursia, punto de referencia para la unidad de Europa y las irrenunciables raíces cristianas de su cultura y civilización.”
El lema: “Cooperadores de la Verdad” Porque ese es su empeño: servir a la Verdad.
El anillo de pescador. “También hoy se le dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que remen mar adentro en el mar de la historia. Cada uno de nosotros es querido, es amado, es necesario, nada hay más bello que ser sorprendidos por el Evangelio de Cristo. La red de los apóstoles no se rompió pese a tener muchos y distintos peces. Hagamos lo posible para recorrer el camino de la unidad. No permitamos que nuestra red se rompa, seamos servidores de la unidad.”
QUE DIOS BENDIGA AL NUEVO PAPA
Mª Carmen Franch, stj
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