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No podemos olvidarlos porque tampoco ellos pueden olvidar...
Sobre las personas que salvaron la vida en el maremoto de Asia pesa ahora el recuerdo doloroso de los seres queridos que han perdido, el despojo de cuanto poseían, la incertidumbre del futuro. Algunos reaccionan con fe, otros se interrogan y vacilan... Algunos mantienen la esperanza, otros la tienen truncada...
Hemos constatado un des-pliegue de solidaridad en el mundo entero, también nosotras hemos intentado añadir nuestro grano de arena con nuestra oración, interés y aportación económica. Los primeros auxilios les han proporcionado el alimento necesario para sobrevivir, después ha venido el instalarles en recintos provisionales, pero... ¿y después? Algunos pasan el día junto a las ruinas de sus casas como para asegurar la propiedad del terreno que fue suyo.
Los testimonios que nos comparten algunas religiosas que están en esas zonas son más elocuentes que cualquier artículo que se escriba sobre el tema:
Después de 40 años India ha debido hacer frente a un desastre tan cruel ocasionado por el terremoto y el maremoto. No sabemos cual es el plan de Dios y qué es lo que espera de nosotros. Ponemos a nuestro pueblo bajo la providencia de Dios y buscamos refugio en Él. Por favor sigan rezando por nosotros
Gracias a Dios nuestras hermanas están a salvo, están ayudando a la gente. Todos están muy afectados y no tienen quién les consuele. Algunos chicos jóvenes vieron cómo sus barcas, motores, redes, casa y todas sus pertenencias desaparecían en un minuto. Cómo consolarles? Cuánto tiempo necesitaremos para poner en pie nuestra economía? Cuánto tiempo tendrán que emplear para volver a tener lo que han perdido? No podemos consolarlos diciendo que esto ha sucedido a muchos, están bajo schok y no saben lo que va a pasar después. En este momento hay un gran espíritu de unidad entre la gente para aportar recursos a los que han sido afectados. Pedimos y esperamos que este espíritu reine en nuestra tierra, no sólo en los momentos de crisis, como el actual, sino cuando todo se calme y volvamos a la situación normal. El maremoto, que ha barrido todo, sin respetar castas ni religión, ¿habrá sido capaz de llevarse las diferencias entre grupos políticos para que puedan trabajar juntos por los intereses de la gente? Esta pregunta nos concierne a todos….”
Como ya sabéis la situación es patética, y no podemos imaginar cómo el desastre ha revolucionado y destruido nuestras vidas, incluyendo jóvenes y niños. Dios nos ha dado la oportunidad de unir nuestro país, nuestras respectivas creencias, castas y lenguas. Todos estamos implicados en las mismas situaciones como familia humana.
En este momento se hace frente a las necesidades más urgentes, pero tenemos ante nosotros una gran tarea. Lo que da más pena es ver a nuestros hermanos y hermanas de Norte y Noreste, que estaban intentando reconstruir su vida, después de 20 años de guerra, y ahora tienen que empezar de cero, han perdido incluso las pequeñas cosas que habían ido construyendo en los últimos años de cese del fuego y ahora están de nuevo en situación de refugiados.
Nosotras sentimos que Dios nos envía un mensaje claro. Cuando las personas ponemos fronteras y límites, el Señor nos llama a ir más allá, y a permanecer unidos como una nación, como una familia, a experimentar la comunión. El reto en este momento es:
Los testimonios no requieren comentario. “El amor nos hará apresurar los pasos”...
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Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ