OTRO MUNDO ES POSIBLE

 

Yo busco, sueño y pido

un mundo nuevo,

florecido en amor, resplandeciente,

renuevos de esperanza y de justicia,

sin dolor y sin lágrimas,

sin muerte.  

 

Un mundo solidario, corazón,

abiertos bien los brazos y la mente,

abierta la mirada, la sonrisa,               

y Dios como perfume y aliciente.      

 

 

Sueño y pido, mas no me comprometo,

y no sufro ni lloro amargamente,       

ni grito, ni protesto, ni siquiera        

con mi sueño y oración soy coherente,

no vivo lo que digo,

otro falso profeta entre la gente.                                                

      

 

 

 

El testigo de Dios y de su Reino

ha de llevar en su alma

y en su frente la marca del amor,

la Tau, la cruz,

vivirá despojado, pobremente,

con hambre de justicia, enamorado,

movido del Espíritu, valiente,

cercano y comprensivo con el débil,

amando, como Cristo,

hasta la muerte.

 

Lo deseamos y lo esperamos: un cielo nuevo y una tierra nueva. Es una esperanza que viene de muy lejos, desde Abraham y Hammurabi, desde Sócrates y los profetas, y sobre todo, desde Jesús.

 

Hoy también, a pesar de la cultura postmoderna, a pesar del desencanto generalizado, a pesar de la obsesión por el consumo de cada día, se sigue esperando un mundo nuevo, se sigue clamando por un orden internacional nuevo, se sigue constatando que otro mundo es posible.

 

No podemos aceptar un mundo en el que las leyes de la política y de la economía segregan, oprimen y matan personas y pueblos; mientras se imponga la ley de los fuertes, poderosos y violentos; de los superfuertes, superpoderosos y superviolentos; mientras se utilicen palabras como paz, libertad, justicia, democracia, globalización, ecología, vaciándolas de contenido.

Hay un clamor cívico, gente sana del pueblo, cada vez más numeroso y unido, que se manifiesta y moviliza a favor del cambio de cultura y de valores. Por ahí van los signos de los tiempos.

 

Pero el problema es que no somos coherentes con lo que decimos y soñamos. Queremos un mundo nuevo, pero nos va bastante bien con el viejo. Rezamos para que las cosas cambien, pero nosotros no cambiamos. Tenemos estupendos ideales, pero no nos com-prometemos con ellos, no profetizamos, no nos arriesgamos. Queremos justicia y estamos establecidos tranquilamente en la injusticia.  

 

La fe en Cristo nos da luz nueva, horizontes nuevos y fuerzas nuevas para crecer en la esperanza, trascendiendo. Cristo nos habla del Reino de Dios. Esta realidad asume y eleva nuestros mejores ideales de paz, justicia, solidaridad. Es el Reino de la fraternidad universal, el Reino de la paz humano-divina, el Reino de la justicia santificadora, el Reino del amor misericordioso.

 

Todo cristiano está llamado a ser profeta y adelantado del mundo que esperamos, la tierra nueva, donde no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Pero no basta con quedarse a la espera, tenemos que rezarlo y tenemos que trabajarlo. Y nos espera mucho trabajo porque hay muchas lágrimas que enjugar, mucho dolor que paliar, mucha muerte que superar. Mas contamos con la presencia de Cristo resucitado, con la fuerza del Espíritu, que rompe todas las barreras y quita todos los miedos, porque es libertad pura. El mundo nuevo necesita leyes nuevas y necesitará estructuras nuevas, las leyes y estructuras que vaya marcando el Espíritu de Jesús. El mandamiento del amor es nuestra ley fundamental y nuestro signo de identidad.

 

Caritas, 2004. “Si tú supieras...”

Vº Forum Social Mundial, de Porto Alegre,

 

celebrado con el mismo título: “Otro mundo es posible”, del 26 al 31 de enero. Extracto del Manifiesto: 

 

Otro mundo posible debe respetar el derecho de todos los seres humanos a la vida sobre la base de nuevas reglas para la economía:

          Anular la deuda pública de los países del sur, que los mantiene sometidos y en la miseria.

          Poner tasas internacionales en las especulaciones financieras, en las inversiones en el extranjero, en la venta de armas, etc.

          Desmantelar progresivamente las diversas formas de paraísos fiscales y bancarios que son refugio de criminalidad, de corrupción, de evasiones fiscales y estafas.

          Confirmar el derecho de todos los habitantes del planeta a un empleo, a la protección social y a la pensión, respetando la igualdad de hombres y mujeres.

          Promover todas las formas de comercio justo.

          Garantizar el derecho a la seguridad ali-menticia de cada país a través de la pro-moción de la cultura ciudadana, suprimiendo subvenciones a la exportación de productos agrícolas.

          Prohibir cualquier forma de privatización de bienes comunes de la humanidad, en particular del agua.

 

Otro mundo posible debe promover “la vida en común” en la paz y la justicia a escala del planeta. Para ello es necesario:

          Luchar a través de las políticas públicas contra todas las formas de discriminación, sexismo, xenofobia y racismo.

          Tomar medidas urgentes para poner fin al saqueo del Ambiente y a la amenaza de fuertes cambios climáticos debidos al efecto sierra y producidos en primer lugar por la proliferación del transporte y el derroche de energía no renovable.

          Exigir el desmantelamiento de bases militares de los países que las tienen fuera de sus límites geográficos y la retirada de tropas extranjeras, salvo mandato expreso de la ONU.

 

Otro mundo posible debe promover la democracia del nivel local al nivel global. Es necesario, pues:

          Garantizar por ley el derecho a la información y el derecho de informar, poniendo fin a la concentración de los medios públicos de comunicación en grupos de grandes dimensiones.

          Reformar y democratizar profundamente las organizaciones internacionales haciendo valer en ellas el primado de los derechos humanos, económicos, sociales y culturales,  según la declaración universal de los derechos del hombre.

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ