|

El Papa nos invitó en su
mensaje de la pasada Cuaresma a reflexionar sobre ello, pero el tema no
conoce límites de tiempo y es necesario tenerlo siempre presente, tanto
las personas de edad avanzada como quienes compartimos la vida con ellas y
caminamos hacia esa meta. Recogemos algunos párrafos significativos
Llegar a la edad madura es, en la visual bíblica, signo de la bendición y
de la benevolencia del Altísimo. La longevidad se presenta de este modo,
como un especial don divino.
Invitación a la reflexión.

En la sociedad moderna, gracias a la
contribución de la ciencia y de la medicina, estamos asistiendo a una
prolongación de la vida humana y a un consiguiente incremento del número
de las personas ancianas. Todo ello solicita una atención más específica
al mundo de la llamada «tercera edad», con el fin de ayudar a estas
personas a vivir sus grandes potencialidades con mayor plenitud, po-niéndolas
al servicio de toda la comunidad.
Reflexionar sobre este tema nos ayudará a
alcanzar una mayor comprensión de la función que las personas ancianas
están llamadas a ejercer en la sociedad y en la Iglesia, y, de este modo,
disponer también nuestro espíritu a la afectuosa acogida que a éstos se
debe. El cuidado de las personas ancianas, sobre todo cuando atraviesan
momentos difíciles, debe estar en el centro de interés de todos los
fieles, especialmente de las comunidades eclesiales de las sociedades
occidentales, donde dicha realidad se encuentra presente en modo
particular.
Dedicado a los/las mayores
Si el envejecimiento, con sus inevitables
condicionamientos, es acogido serenamente a la luz de la fe, puede
convertirse en una ocasión maravillosa para comprender y vivir el misterio
de la Cruz, que da un sentido completo a la existencia humana.
El mayor tiempo a disposición en esta fase
de la existencia, brinda a las personas ancianas la oportunidad de
afrontar interrogantes existenciales, que quizás habían sido descuidados
anteriormente por la prioridad que se otorgaba a cuestiones consideradas
más apremiantes. La conciencia de la cercanía de la meta final, induce al
anciano a concentrarse en lo esencial, en aquello que el paso de los años
no destruye.
Dedicado a
todos.
Es precisamente por esta condición, que el
anciano puede desarrollar una gran función en la sociedad. Si es cierto
que el hombre vive de la herencia de quien le ha precedido, y su futuro
depende de manera determinante de cómo le han sido transmitidos los
valores de la cultura del pueblo al que pertenece, la sabiduría y la
experiencia de los ancianos pueden iluminar el camino del hombre en la vía
del progreso hacia una forma de civilización cada vez más plena.
¡Qué importante es descubrir este
recíproco enriquecimiento entre las distintas generaciones!
Todos debemos acostumbrarnos a pensar con confianza
en el misterio de la muerte, para que el encuentro definitivo con Dios
acontezca en un clima de paz interior, en la certeza que nos acogerá Aquel
«que me ha tejido en el vientre de mi madre» (Salmo 139,13b), y nos ha
creado «a su imagen y semejanza» (Génesis l, 26).
CREEMOS EN LOS JÓVENES
XX JORNADA MUNDIAL
DE LA JUVENTUD
COLONIA,
16-21 agosto, 2005
La Jornada
Mundial de la Juventud ofrece la oportunidad de encontrarse
en un mismo lugar miles de
jóvenes que desean experimentar el credo que les une, más allá de
fronteras y diferencias culturales.
“Welcome
to Köln 2005“:
la invitación está presente desde el verano de 2002. Cuando 800.000
jóvenes festejaban junto al Papa la Eucaristía de Clausura de la XVII
Jornada Mundial de la Juventud en Toronto, en los últimos minutos el Papa
Juan Pablo II invitó a todos los jóvenes del mundo al próximo encuentro
internacional en Alemania: “En la impresionante Catedral de Colonia,
serán adorados los Reyes Magos que, siguiendo a la estrella, fueron
dirigidos hacia Cristo. Vuestro peregrinaje a Colonia comienza hoy. Cristo
os espera para celebrar la XX Jornada Mundial de la Juventud."
Desde entonces marchan los preparativos
para la gran fiesta de la Fe a todo motor, en Colonia y en toda Alemania.
Se espera la
participación de cientos de miles de personas, todas con el deseo de,
redescubrir sus creencias, celebrarlas juntas conocer personas y cosas
nuevas y experimentar la Iglesia como una gran comunidad. Diversión,
reflexión, música, danza, misa y teatro...

Desde 1984 la CRUZ de la
JMJ, recorre el mundo como símbolo de reconciliación y se la van pasando
de unos jóvenes a otros de los países donde se celebra la jornada. Este
regalo del Papa a los jóvenes está recorriendo toda Alemania bajo el lema
“kreuzbeweg” (Cruz que mueve y se mueve).
Los eventos principales
serán la Eucaristía de Apertura, la celebración de Bienvenida al Papa, la
Vigilia y la Eucaristía de clausura. También se realizará un Vía Crucis y
catequesis en más de 400 sitios, un amplio festival para los jóvenes con
muchísimas posibilidades y un extenso programa que se desarrollará en más
de 90 escenarios diferentes en la región.
Para animar a los jóvenes y
tener la información necesaria:
www.wyd2005.org

UN PORVENIR DE PAZ
- CARTA TAIZÉ 2005
Esta carta, escrita por el
hermano Roger de Taizé, y traducida a 55 lenguas, publicada con ocasión
del encuentro europeo de jóvenes en Lisboa, será retomada y meditada
durante el año 2005 en los encuentros de jóvenes que tendrán lugar en
Taizé, semana tras semana, y en otros lugares de diversos continentes.
«Dios prepara para vosotros un porvenir de paz y no de desgracia; Dios os
quiere dar un futuro y una esperanza.» (Jr. 29,11 y 31,17
)
Multitudes aspiran hoy a un porvenir de paz, a una humanidad liberada de
las amenazas de la violencia. Si algunos están sobrecogidos por la
inquietud ante el futuro y se encuentran inmovilizados, hay también, a
través del mundo, jóvenes creativos, llenos de inventiva. Estos jóvenes no
se dejan llevar por una espiral de melancolía. Saben que Dios no nos ha
hecho para estar pasivos. Para ellos, la vida no está sometida a los
azares de la fatalidad. Son conscientes: lo que puede paralizar al ser
humano es el escepticismo o el desánimo. Estos jóvenes buscan también, con
toda su alma, preparar un porvenir de paz, y no de desgracia. Aunque ni se
lo imaginen, consiguen hacer de su vida una luz que ilumina ya a su
alrededor. Son portadores de paz y de confianza allá donde se dan el
estremecimiento y las hostilidades. Perseveran incluso cuando la prueba o
el fracaso pesan sobre sus espaldas.
En Taizé, algunas noches de verano, bajo un cielo cargado de estrellas,
escuchamos a los jóvenes a través de nuestras ventanas abiertas. Quedamos
asombrados de que sean tan numerosos. Buscan, oran. Y nos decimos: sus
aspiraciones a la paz y a la confianza son como estas estrellas, pequeñas
luces en la noche.
Nos encontramos en un período en el que muchos se preguntan: ¿pero qué es
la fe? La fe es una confianza muy sencilla en Dios, un impulso de
confianza indispensable, retomada sin cesar en el transcurso de la vida.
En cada uno, puede haber dudas. No tienen nada de inquietante.
Quisiéramos, sobre todo, escuchar el susurro de Cristo en nuestros
corazones: «¿Tienes dudas? No te inquietes, el Espíritu Santo permanece
siempre en ti. » Hay quien ha hecho este descubrimiento sorprendente: el
amor de Dios puede florecer también en un corazón tocado por las dudas.
En el Evangelio, una de las primeras palabras de Cristo es esta:
«¡Dichosos los corazones sencillos! » Sí, dichosos los que avanzan hacia
la sencillez, la del corazón y la de la vida. Un corazón sencillo busca
vivir el momento presente, acoger cada día como un hoy de Dios.
El espíritu de sencillez, ¿no se transparenta tanto en la alegría serena
como en el buen ánimo? Un corazón sencillo no tiene la pretensión de
comprender por sí mismo el todo de la fe. Se dice: es poco lo que yo
comprendo, otros lo entenderán mejor y me ayudarán a proseguir el camino.
Simplificar la vida permite compartir con los más desprovistos, para
calmar las penas, allí donde existe la enfermedad, la pobreza, el hambre
…Nuestra oración personal es también sencilla. ¿Pensamos que para orar,
hay necesidad de muchas palabras? No. Sucede que algunas palabras, a veces
torpes, bastan para entregar todo a Dios, tanto nuestros miedos como
nuestras esperanzas.
Al abandonarnos al Espíritu Santo, encontraremos el camino que va de la
inquietud a la confianza. Y le decimos: « Espíritu Santo, concédenos
volvernos hacia ti en cada momento. Aunque a menudo olvidemos que tú nos
habitas, que tú oras en nosotros, que tú amas en nosotros. Tu presencia en
nosotros es confianza y continuo perdón. »
Sí, el Espíritu Santo alumbra en nosotros un destello. Por muy pálido que
sea, éste despierta el deseo de Dios en nuestros corazones. Y el simple
deseo de Dios es ya oración. La oración no nos aleja de las preocupaciones
del mundo. Al contrario, nada es más responsable que orar: cuanto más se
vive una oración sencilla y humilde, más se es conducido a amar y a
expresarlo con la vida.

¿Dónde encontrar la sencillez indispensable para vivir el Evangelio? Una
palabra de Cristo nos lo aclara. Un día Él dijo a sus discípulos:
«Dejad que los niños vengan a mí, las realidades de Dios se asemejan a
quienes son como ellos.»
¿Quién dirá con acierto lo que algunos niños pueden transmitir por su
confianza? Nosotros quisiéramos pedir a Dios: « Dios que nos amas, haz de
nosotros seres humildes, danos una gran sencillez en nuestra oración, en
las relaciones humanas, en la acogida…»
Jesucristo ha venido a la tierra no para condenar a nadie, sino para abrir
a los humanos caminos de comunión. Después de dos mil años, Cristo
permanece presente por el Espíritu Santo, y su misteriosa presencia se
hace concreta en una comunión visible: ella reúne a mujeres, hombres,
jóvenes, llamados a avanzar juntos sin separarse los unos de los otros.
Pero he aquí que, a lo largo de su historia, los cristianos han conocido
múltiples sacudidas: surgieron separaciones entre aquellos que se
referían, sin embargo, al mismo Dios de amor.
Hoy en día resulta urgente restablecer una comunión, no se puede dejar
continuamente para más tarde, hasta el final de los tiempos. ¿Haremos todo
lo posible para que los cristianos despierten al espíritu de comunión?
Existen cristianos que, sin tardar, viven ya en comunión los unos con los
otros allí donde se encuentran, con toda humildad, con toda sencillez. A
través de su propia vida, quisieran hacer a Cristo presente para muchos
otros. Saben que la Iglesia no existe para sí misma sino para el mundo,
para depositar en él un fermento de paz.
«Comunión» es uno de los más hermosos nombres de la Iglesia: en ella, no
puede haber severidades recíprocas, sino solamente limpidez, la bondad del
corazón, la compasión… y llegan a abrirse las puertas de la santidad.
En el
Evangelio, se nos ofrece descubrir esta realidad asombrosa: Dios no crea
ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su amor. Por la
presencia de su Espíritu Santo, Dios viene a transfigurar nuestros
corazones. Y en una oración muy sencilla, podemos presentir que nunca
estamos solos: el Espíritu Santo sostiene en nosotros una comunión con
Dios, no por un instante, sino hasta la vida que no termina.
«LLAMADOS A REMAR MAR ADENTRO»
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2005

Jesús, Hijo de
Dios, en quien habita la plenitud de la divinidad,
que llamas a todos los bautizados a "remar mar adentro",
recorriendo el camino de la santidad,
suscita en el corazón de los jóvenes el anhelo de ser en el mundo de hoy
testigos del poder de tu amor.
Llénalos con
tu Espíritu de fortaleza y de prudencia para que lleguen a descubrir su
auténtico ser y su verdadera vocación.
Salvador de los hombres, enviado por el Padre para revelar el amor
misericordioso
concede a tu
Iglesia el regalo de jóvenes dispuestos a remar mar a dentro,
siendo entre
sus hermanos manifestación de tu presencia que renueva y salva.
Virgen
Santísima, Madre del Redentor, guía segura en el camino hacia Dios y el
prójimo, que guardaste sus palabras en lo profundo de tu corazón,
protege con tu maternal intercesión a las familias y a las comunidades
cristianas,
para que ayuden a los adolescentes y a los jóvenes
a responder
generosamente a la llamada del Señor. Amén.
|