SENTIR PASIÓN POR DIOS

    ES UNA EXPERIENCIA 

  POSITIVA DE VIVIR

    APASIONADAS

       POR UN AMOR ENVOLVENTE

  E INCONDICIONAL

 

Julián Ruiz, Capellán del Teresiano del Pilar y Hermano de Compañía, nos ofrece unas cuantas pistas para continuar esta etapa importante del camino con decisión y confianza:

 

A lo largo de vuestro proceso, de ese itinerario que recorréis en las comunidades, en las provincias y en toda la Compañía, sentiréis cómo se derrama sobre voso­tras la abundancia de la gracia de Dios, su ternura y su misericordia.  Dios no elige a los capaces, sino que capacita a los elegidos.

Sois receptoras de un patrimonio común que se ha forjado en la historia, dentro de una institución que mira al pasado con gratitud. Habéis recibido una pre­cio­sa herencia de la cual sois responsables. Vuestra identidad y vuestro carisma han ido adquiriendo forma a lo largo de los años. La mirada llena de agradecimiento os hace valorar lo que habéis de comunicar genero­sa­mente. Pero también sois transmisoras, inmersas en el mundo actual, y deseáis vivir el presente con pasión. Captáis un mensaje que os iréis dando a vosotras mismas. Vuestras reflexiones tendrán unas destinatarias concretas, inmersas en un "aquí y ahora" peculiares.

 

En el trabajo de este año  capitular os daréis a vosotras mismas unos contenidos que responderán al estilo de vida formulado por Santa Teresa de Jesús y San Enrique de Ossó. Contenidos que aparecerán envueltos en un lenguaje actual.

 

Atenderéis también de modo especial a los procesos. El trabajo que vais a realizar no se quedará simplemente en las conclusiones finales. Tiene una gran importancia el camino que realizaréis conjuntamente, la "sinodalidad", el hacer camino juntas. Lo decisivo no es solamente el final, sino el proceso, vuestro caminar conjunto de cada día. Es necesario que el ritmo no sea ni precipitado ni demasiado lento, de modo que se sucedan los diversos momentos con el suficiente espacio de silencio y palabra. Es preciso que sepáis cuidar la oportunidad de vuestras intervenciones, sabiendo escuchar y sabiendo hablar adecuadamente, guardando el necesario equilibrio y la justa proporción en el conjunto del año capitular.

La propuesta de eje nuclear la concentráis en la "pasión por Dios y por la humanidad". Sentir pasión por Dios no significa exclusivamente estar dispuestas al sacrificio, sino que es una experiencia positiva de vivir apasionadas por un amor envolvente e incondicional.  Un amor semejante al del padre de la parábola del hijo pródigo, que, al ver desde lejos al hijo perdido, conmovido, sale gozoso a su encuentro, se le echa al cuello y comienza a besarlo. Viviréis personalmente envueltas en el amor eterno del Señor, que viene a vuestro encuentro.

Y esta pasión por Dios os convierte también en apasionadas de la huma­nidad, de los hermanos. Jesucristo nos muestra su preocupación por los pecadores, los marginados. Sorprende la inversión de valores: los perdidos, los descreídos, los pecadores, dan motivo de fiesta cuando cambian de actitud. Dios se parece a un pastor que toma a la oveja descarriada y la lleva sobre sus hombros. Se parece a quien se preocupa por la moneda perdida, se empeña en buscarla y se alegra de encontrarla.

Las parábolas del Evangelio de Lucas se centran en la alegría del reencuentro, son una defensa del modo de proceder de Jesús y una revelación de cómo es Dios.  En la parábola del padre misericordioso que celebra un banquete porque su hijo "estaba perdido y lo hemos encontrado" aparece un tono de fiesta y de felicidad. Cuando en una familia eran dos los herederos, el mayor tenía derecho a dos tercios de la herencia y al menor le correspondía un tercio. Pero, normalmente, no se podía acceder a los bienes hasta la muerte del padre.  El hijo menor de la parábola, al reclamar su parte de la herencia, actuaba como si el padre hubiera muerto. A esta ruptura con el padre se añade la ruptura con el hermano mayor, que posteriormente se negará a reconocerle como hermano, cuando dice al padre: "ese hijo tuyo". Y hay una tercera ruptura, la interior. El hijo pródigo, que vive volcado hacia fuera, tiene que volver en sí, recapacitar, para reconocer que ha pecado contra el cielo y contra su padre.

Hemos de contemplar el amor desconcertante de Dios, alegrarnos con su alegría y tener plena confianza en Él, para poder amar como Él ama, saliendo de nosotros al encuentro de los preferidos de Dios, buscando a quienes Él busca y alegrándonos por lo que a Él le alegra: el gozoso reencuentro con los perdidos.  Los que menos pueden, los que menos tienen, los que menos saben serán tam­bién vuestros preferidos.

En la parábola del padre misericordioso, al hijo menor se le devuelve su condición de hombre libre (sandalias) y de hijo con autoridad (anillo), se le viste con el mejor traje y se le hace participar en un banquete. La música y el baile son expresión de la alegría del reencuentro. Vosotras sois personas dotadas de libertad, agraciadas con el don de la filiación y el regalo de la fraternidad.

El año capitular será para vosotras una experiencia de gozo y de reencuentro con VUESTRAS RAÍCES. Será UNA OPORTUNIDAD PARA EXPRESAR VUESTRA FE, una ocasión oportuna de CRECIMIENTO EN VUESTRA VIDA CRISTIANA Y TERESIANA, un momento de CONTACTO CON LA COMUNIDAD DE TODA LA COMPAÑÍA, UN ENCUENTRO EXPLÍCITO CON DIOS Y CON SU PALABRA.

 

 

 

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ