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Han entrado en la Vida:
H. Mª DOLORES DEL CORAZÓN DE JESÚS DÍAZ FERNÁNDEZProvincia Virgen de la Esperanza
El día 23 de noviembre, nuestra Hna. Mª Dolores “entró en el gozo de su Señor” a los 94 años de edad. Nació en Fuenteheridos, precioso pueblecito de la provincia onubense, el 22 de marzo de 1910, e ingresó en el Noviciado de Tortosa en 1935.
Los Colegios de Valladolid, Oviedo, Huelva y San Juan de Aznalfarache saben de su generosidad con todos, especialmente con los más necesitados, de su delicadeza y entrega al apostolado de la enseñanza. Buena muestra de ello es el cariño que siempre le demostraron sus Antiguas Alumnas, especialmente las de Huelva, hasta el último momento.
Diferentes motivos llevaron a nuestra Hna. Mª Dolores a vivir bastante tiempo fuera de la vida comunitaria, aunque siempre mantuvo relación con las Hnas. de San Juan, a cuya comunidad fue destinada en 1997. Aquí, retirada ya de toda actividad, siguió dando testimonio de su celo apostólico, colaborando con su presencia y su palabra en diferentes momentos de la vida del colegio. Los pequeños la recordaban como la “madre viejecita que les contaba cosas tan bonitas del Amigo Jesús”.
Este verano al volver de La Jara, su estado de salud empeoró notablemente y ya no salía de su habitación. El Señor con su Presencia en la soledad la fue preparando para el encuentro definitivo con Él. De noche, calladamente, con la presencia y el cariño de sus Hermanas “entró en el gozo de su Señor”.
Hna. Irène del corazón de jesús, daigremont beaudProvincia Santa Teresa
Nuestra querida Hermana Irène, se encontró con el Señor la madrugada del 5 de diciembre del 2004, a los 95 años de edad y 74 de vida religiosa. Con mucha paz se fue consumiendo su vida, después de recibir los auxilios espirituales.
Nació en Lourmel, cerca de Orán, Argelia el día 9 de septiembre de 1909. Hija pequeña de una familia de tres hermanos, al llegar a la mayoría de edad -21 años- decidió contra la voluntad de sus padres, entrar en la Compañía. Había conocido a las Hermanas del Colegio de Orán. Ingresó en el Noviciado de Tortosa el día 2 de marzo de 1930. Conoció a varias de las Hermanas Fundadoras, estaba feliz por ello y se sentía gozosa de contarlo.
Hizo su primera profesión en 1932 en Tortosa, y sus Votos Perpetuos en 1935 en Valencia. Muy pronto cruzó el océano cuando fue destinada a Montevideo, donde ejerció como profesora de francés. Tenía un corazón grande y supo adaptarse a los diversos países y casas donde fue destinada: Padua, Madrid (Goya) y más tarde en Zaragoza Filial, donde desempeñó el oficio de procuradora formando parte de las fundadoras de la casa. También vivió seis años en Orán como superiora de la casa, en tiempos de la guerra de Argelia.
Era una mujer con una enorme capacidad de comunicación, abierta y alegre. Sabía ganarse la simpatía de jóvenes y mayores, que la recuerdan con cariño, tanto en Zaragoza como en Padua y Montpellier, donde estuvo en contacto con las estudiantes. También ayudó en el Obispado de Montpellier en administración y acudió a Padua de nuevo cuando la Compañía solicitó sus servicios. En 1983 fue destinada a Montpellier donde permaneció hasta su muerte.
De mayor, buscó su apostolado acompañando y ayudando a los ciegos y más tarde con un grupo de señoras mayores que se reunían para rezar el rosario meditado, por lo menos una vez al mes y tener sus charlas donde no podía faltar su presencia, consejos, orientación y ánimos.
Ayudó hasta bien mayor en la portería de la Residencia de Montpellier dando sus consejos y diciendo unas palabras a todas las estudiantes que pasaban o que bajaban a charlar un rato con ella, pues tenía una conversación muy agradable. Era una persona inteligente y se interesaba por todo. Se desprendía de ella ganas de vivir y de informarse y superarse en todos los ámbitos.
Algunas de las frases que guardaba en su libreta íntima y que repetía son: “La transformación es un desgarro en apariencia, el hombre siempre es hermoso porque viene de Dios”; “Una persona sólo envejece cuando en ella los lamentos sustituyen a los sueños”; “Si tu corazón es una rosa, tu boca dirá palabras perfumadas”.
Con este talante positivo vivió nuestra Hermana Irène a la que caracterizó un gran amor a la Virgen. En la portería se la veía siempre con su rosario y su libro de horas, cuando no estaba haciendo ganchillo que dominaba a la perfección.
Gracias Hermana Irène, por tu vida y perseverancia gozosa en la Compañía. A ella le pedimos que nos alcance del Señor vocaciones y como gustaba pedir: “la vocación del Foyer”.
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Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ