Ha sido un verdadero tiempo de gracia para la vida consagrada, para la Iglesia y para el mundo. A través de la siguiente dirección de internet podéis tener acceso a todos sus documentos, contenidos, opiniones y comentarios: vidimusdominum.org  Desde el Boletín queremos compartir la vida del Congreso a través de la experiencia de las cinco congresistas teresianas, que responden a nuestras preguntas:

 

 

1.      ¿Cuáles han sido, a tu juicio, las conclusiones más significativas del Congreso?

 

Lo primero que detecto en un Congreso de estas dimensiones es que la VC necesitaba recordarse a sí misma que estaba viva en muchas personas consagradas a lo largo de toda la geografía, aunque se encarnara de modos tan diferentes.

 

También me confirma en la necesidad de subrayar la dimensión intercongregacional, de vivir “en red” la vida y la misión que compartimos como seguidores/as de Jesús. Constatamos nuestra pequeñez, pero intuimos la riqueza que nos ofrecemos unos a otros en la interpretación de la realidad, en los diferentes modos de situarnos y en las respuestas conjuntas que se pueden dar en los diferentes contextos. Hoy es impensable responder individualmente a un mundo globalizado. Nuestros votos miran en esta dirección de abrirnos, de ensanchar espacios, de compartir desde lo que somos, de buscar juntos, y que nuestros bienes y dones circulen.

 

Hemos recibido visiones mundiales y sentimos que nos desbordan. Corremos el riesgo de paralizarnos, caer en el desánimo o pesimismo. Pero se va descubriendo la pequeña e intensa luz de lo humilde, lo pequeño, lo posible, lo cotidiano, y concluimos que es necesario apasionarse y comprometerse concretamente con las personas, con la vida que surge, con las experiencias de sufrimiento y de muerte, de pobreza, dolor o violación de los derechos humanos. Necesitamos tener sueños y planes, hacer reflexiones y diseñar grandes proyectos, pero descubrimos que nuestro corazón, afectos, sentidos, todo nuestro ser necesita implicarse , tocar la vida y dejarse afectar por ella, para que surja la novedad que genera el amor y la pasión por Dios y por la humanidad.

 

Otra conclusión que me llevo es que la vida y la novedad no se inventa en unos días de Congreso. Esta experiencia sirve para constatar, reconocer y confirmar los pasos que ya se van dando. Las claves del cambio se conocen, las pequeñas o grandes intuiciones ya llevan naciendo hace tiempo. Lo que es importante es socializar , hacer que lleguen a todos/as esas claves del cambio, para que poco a poco vayan cayendo las “barreras ideológicas”-teológicas, eclesiológicas, ... - que nos separan aún dentro de la misma Vida Religiosa, como nos recordaba uno de los ponentes, Timothy Radcliffe, OP.

 

Me alegra que el Congreso haya buscado el punto de apoyo en dos pilares fundamentalmente: la Palabra de Dios y la realidad leída desde los diferentes continentes e interpretada por los ponentes de distintas realidades. De los dos iconos, mi lectura personal es que la VR ya no se puede pensar a sí misma “orando” y “buscando” a Dios primero, y realizando tareas y servicios después. La gran iluminación de la ponencia de Dolores Aleixandre, RSCJ, es concebir la VR, a partir de la Palabra, como un solo icono de dos caras, donde adoración y compasión han de ir juntas. Porque conocemos y adoramos el verdadero rostro de Dios cuando nos situamos a los pies de la humanidad, curando sus “heridas”, y hacemos la experiencia de sentir que nuestras entrañas se conmueven y nuestro corazón se apasiona cuando adoramos y reconocemos en Dios el único Absoluto de nuestra fe y nuestra esperanza.

 

 

Por último, la ponencia de Timothy Radcliffe me lleva a concluir que el futuro no está trazado para nadie, que nuestra sociedad experimenta la amenaza de haberse quedado sin horizonte a partir de tanta destrucción masiva y absurda del ser humano en todas sus formas. Pero precisamente ahí es donde recobra sentido la esperanza creyente, que no puede ni sabe describir la forma que tendrá la Promesa recibida en la fe, pero, sin embargo, permite que caminemos con la osadía y la audacia de los testigos y de los mártires. La VR no adivina su futuro, es parte de la humanidad y participa de su “noche”, pero se dispone a vivir desde lo más esencial y evangélico: la confianza que nos hace perder el miedo, agudizar el oído, hacernos cargo de lo que somos y tenemos y ponernos a caminar al lado de los hombres y mujeres con el corazón “ensanchado”.

Las otras conclusiones, las que están escritas, las podéis encontrar en la web o en cualquier libro que se edite. Yo me he limitado a escuchar lo que latía por dentro tres días después de haber finalizado el Congreso mundial para la Vida Consagrada. Pero creo que sería más provocativo decirnos que, en realidad, el Congreso está inconcluso, que su onda expansiva debe llegar a cada continente y a cada país para buscar y encontrar sus propias conclusiones si es que las hay.

Asunción Codes, stj

 

2.      ¿Qué ha aportado al Congreso el grupo de religiosos/as jóvenes y qué ha recibido de él, de cara al futuro?

 

Primero decir que participamos 847 de los cuáles tan sólo 60 éramos jóvenes. Sin embargo, creo que pudimos compartir lo que somos y buscamos; ante todo el deseo de caminar con otras hermanas y hermanos. El deseo de implicarnos no sólo en lo que pueden ser nuestras preocupaciones más inmediatas, las de cada día, sino también  en el querer escuchar, dialogar, discernir todo aquello que nos ayudara a vivir la PASION POR DIOS y POR LA HUMANIDAD.

           

Si hubo una voz que se repitió varias veces, fue la de los jóvenes cuestionando la vida comunitaria. Al hacerlo no buscábamos el volver la mirada a la vida “dentro de casa”, sino a un estilo de vivir, de relacionarnos, de crecer como personas, de implicarnos en la vida del otro y todo ello cimentado en Jesús. Quizá la voz quería denunciar lo que se vive en muchas partes del mundo: vidas centradas en el activismo, relaciones superfluas, falta de diálogo y discernimiento auténtico, poco conocimiento profundo de nosotros y nosotras, de lo que Dios va poniendo en cada una, de la misma vida de fe. No creo que el tema fuese novedoso, sino que novedoso fue que surgiera de los jóvenes.

 

 En el grupo de trabajo en el que participé - la única “joven” entre 27- me admiró descubrir el deseo de escuchar mi voz, mi experiencia. Y claro, tras escuchar hablar a superiores y superioras generales, a teólogos, mi vida me sonó demasiado “cotidiana”. Pero ése fue nuestro aporte, el de aterrizar a veces la vida de la institución, que es lo que, a fin de cuentas, vivimos todos y todas.

 

Creo que aportamos un lenguaje que no conoce demasiadas barreras. En los grupos se intuían temas que no lograban nombrarse claramente, sobre todo relacionados con la afectividad, la falta de sentido, el vacío que nace del hacer y no del ser. Creo que nosotros, el grupo de jóvenes, estamos más acostumbrados a hablar de ellos sin misterios o problemas.

 

Al pensar qué hemos recibido del congreso, tengo que hablar, claro está, en primera persona. Llegué al congreso cansada -me coincidió con mi venida a Europa después de dos años en Filipinas- y poco a poco fui encontrando fuerza y energía. Me sentía físicamente cansada, pero algo se fue renovando dentro de mí. Y renovando no a fuerza de ponencias (algunas fueron bonitas y sugerentes), sino sobre todo a fuerza de encuentros y testimonio. Sí, eso es lo que he vivido: el sentir una inyección de confianza en el Espíritu que sigue moviéndonos a pesar de ser tan “pesados”, a pesar de tanta estructura que nos incomoda, a pesar de tanta falta de riesgo. Sentirme hermana de tanta gente de todos los lugares del mundo, sentir la diferencia no como amenaza sino como posibilidad para abrir caminos creativos, experimentar que Dios está presente y que somos muchos los que queremos vivir con y desde la pasión.

 

 

La novedad del Congreso ha sido la de abrir caminos sugerentes, y para ello todos podemos buscar respuestas. Mayores y jóvenes buscando juntos, distintas culturas y puntos de vista. Todo abre una puerta a la diversidad. Y es que nada está claro... Jóvenes y mayores viviendo y buscando juntos, ésa ha sido mi experiencia.. Creo que fue un gesto profético el experimentar la comunión; vivir lo que soñamos en  Adviento, el creer que la vida surge y nace aún en medio de lo que parece estar cargado de dificultades y problemas, y que esa misma vida acampa entre nosotros. Ojalá la pasión nos lleve a allanar lo escabroso que tenemos en nuestras vidas para que Cristo acampe en nuestra realidad, en nuestro mundo. Y para hacerlo posible ¿qué más da ser joven o ser mayor? Es cuestión de amor, de pasión.            

Gema Meroño, stj

 

3.      ¿Qué ha significado para ti participar en el Congreso?

 

Para mí participar en el Congreso fue:

 

Una oportunidad única de convivir y dialogar con gente con responsabilidades  diversas dentro de los Institutos y organismos de V. Consagrada. Experimenté que es posible tener unos mismos horizontes, un diálogo amplio y una articulación entre los diferentes puntos de vista con personas de cinco continentes, más allá de las diferencias en tantos aspectos. Lo hace posible el tener una  pasión común por Dios y por la historia que en este momento nos pide ser solidarios/as, hacer "casa común".

 

Un convivir, reflexionar, y soñar con hermanos y hermanas de nacionalidades, culturas, etnias diferentes, y constatar que es posible trazar proyectos e iniciativas inter-congregacionales e intercarismáticos sin perder la propia identidad. Una experiencia de koinonía  donde se dio cabida a la inclusión, la flexibilidad y el pluralismo. Un compartir gozoso de carismas, tradiciones, problemas y retos.

 

He podido percibir sintonía de pensamientos, sentimientos, y también apertura al Espíritu entre los/as Congresistas, junto a una gran responsabilidad por el momento que vivimos como VR. Otra VR y otro mundo es posible. Es bonito constatar que las diferencias no son obstáculo para el diálogo, sino que más bien lo favorece. Es hoy un imperativo del Espíritu que congregaciones y personas consagradas vivamos como presencias más significativas para el mundo de hoy.

 

Constaté, una vez más, que las estructuras de la VR son pesadas, frenan la vida, y la complejidad organizativa contrasta con la flexibilidad de las nuevas formas de vida consagrada. Hay una necesidad urgente de cambiar, de ser creativas y buscar otros estilos de vida, para lo que necesitamos audacia y profecía.

Las grandes ilu-minaciones fue-ron para mí es-tímulo, luz para seguir en el dis-cernimiento, des-de la vida y no sólo desde la teo-ría. Pusieron de relieve un nuevo camino de VR que anuncie y sea presencia viva del Evangelio en

Cuadro de texto:      Hnas. Valmí Vogt, Asunción Codes y Gema Meroño con el Abad de Silos
    el mundo.

 

Sentí con dolor que se perdió una gran oportunidad de diálogo  y discernimiento entre la Iglesia Institucional y la Vida Religiosa.

 

Nos queda una gran tarea para después del Congreso: profundizar y contextualizar, en cada realidad, las reflexiones, convicciones y prospectivas. Que el Espíritu guíe nuestro caminar y suscite en nosotros/as esos modos que concretarán nuestras búsquedas y deseos.

Valmí Vogt, stj

4.      Háblanos del Congreso... Cuéntanos aquello que sientas que es bueno compartirnos y que ni siquiera sabríamos preguntarte.

 

“En un pequeño museo de Nazaret se conserva un curioso capitel de una iglesia muy antigua: una figura femenina... avanza llevando agarrado de la mano a otro personaje, que en actitud vacilante, es llevado a regañadientes en una dirección hacia la que se resiste a ir... un detalle peculiar del capitel es que... el rostro de la “conductora” aparece indefinido...” 

 

Con estas palabras empezó la primera ponencia del Congreso. Me pareció un signo, sentí que era un rostro inédito, expresión de las búsquedas, de los deseos más profundos, de la sed de tantas personas de nuestro mundo que se unen como las corrientes que se entrelazan debajo de la tierra a la sed del único que en el Evangelio ha dicho “tengo sed”. Siento que caminamos apoyadas en ese rostro indefinido, sin muchas certezas pero con los ojos fijos en quien inicia y consuma nuestra fe. (Heb 11, 2)

 

Escuchaba la ponencia de Timothy Radcliffe sobre la VR después del 11 de septiembre. En el fondo del corazón, aunque sintonizaba con muchas de las cosas dichas, no podía evitar pensar que su análisis era una visión desde el primer mundo; sentía que los pueblos del “Sur” ya tenían muchísimos años más de sufrimiento, de inseguridad, de guerra, de injusticia, de violencia... 

 

Y de repente un detalle desvió mi atención. Él decía: “...fui elegido General de la Orden y estaba desesperado  buscando para el Consejo General a alguien que yo conociese. Busqué a Jean Jacques y le pedí que viniese...”  Pensé que era un detalle muy bello. La amistad y las sintonías en la búsqueda humanizan el servicio de gobierno.

 

Si me preguntaran qué fue lo más significativo para mí en el Congreso diría que dos personas: Jean Ilboudo, SJ y Mani Mekkunel SG El primero un jesuita de Burkina Fasso y el segundo un religioso de la India. Sus respuestas a las ponencias me parecieron llenas de la Sabiduría iniciada en el conocimiento de Dios, que se vuelve consejera en la dicha y alivio en las preocupaciones.(Sab 8, 4.9.).

 

Del P. Ilboudo sintonicé con su convencimiento de que en el escenario actual de la historia aparece con fuerza la toma de conciencia  de  los  pobres  y  marginados  que  nos  desafía  a  situarnos  de  una  manera distinta, no somos su voz sino que tenemos que unir nuestras voces a las suyas. Y si la VR se compromete a apoyar su toma de conciencia, entonces los pueblos del sur podrían empezar a contar para la historia de la humanidad. Compartió con nosotras y nosotros un canto en Moore, propio de Burkina Faso. En el ambiente del congreso, no era lo normal que en medio de una conferencia o respuesta a las conferencias, alguien utilizara un canto o un poema.  A mí me habló de la dignidad de los pueblos expresada en el canto y la danza. Del P. Mekkunel me tocó su invitación a cambiar nuestra manera de percibir la realidad, a ir más allá del enfoque cristiano de pensamiento a los desiertos más grandes del Evangelio en los que hay lugar para “sincronizar” lo humano y lo divino. A correr el riesgo de pasar de lo conocido a lo desconocido porque el futuro está hecho de lo desconocido.

 

 

Y para terminar, me gustó mucho la presentación del grupo que reflexionó sobre el tema “Las Artes y la VR”, la convicción de que el diálogo entre la vida consagrada  y el mundo se debe dar a un nivel más profundo que el de las palabras y que la comunicación de la belleza hará que nazca la alegría y la vida en medio de la violencia y la muerte.

 

Giselle Gómez, stj

 

5.      Pensando en la aplicación del contenido del Congreso, ¿puedes decirnos tres sueños que tienes para la Compañía?

 

Vivir el Congreso mundial de Vida Consagrada ha sido para mí una profunda experiencia de diversidad, interculturalidad y comunión. Experiencia de muchos y grandes contrastes. Una búsqueda común.

 

Permanece grabada en mí, la imagen de una muchedumbre de gente caminando junta como Pueblo de Dios  hacia una nueva humanidad, la nueva Jerusalén. Permanece y resuena de vez en cuando dentro de mí.

 

El diálogo alrededor de las ochenta mesas preparadas para compartir vida, me da esperanza y me regenera por dentro. Encuentro y relación con tantas personas conocidas, otras que he conocido por primera vez. Intercambios entre nosotras, en los ratos más espontáneos de café, en las plenarias, donde todos y todas, sin distinción de raza, sexo, condición ni edad teníamos el mismo deseo: Vida Consagrada apasionada por Dios y por la Humanidad.

 

El texto final, Lo que el Espíritu dice hoy a la Vida Consagrada, inspirado en Apc 7, 9.17 de la liturgia de aquellos días de Adviento, da sentido a lo que digo. “Había una muchedumbre inmensa de toda nación, razas, pueblos y lenguas…y  el Cordero los guiará a los manantiales de las aguas de la vida.”

 

Dentro de todo lo que he recibido durante estos años de servicio a la Compañía creo que ésta es la  experiencia más rica y universal  de VC que he vivido y me ayuda a percibir y vislumbrar, como una pequeña luz, el gran deseo de Dios: Una humanidad reconciliada. ¡Profundo grito de nuestro siglo!

 

Se me pide compartir qué tres sueños tengo para la Compañía al concluir el Congreso. Quiero deciros que entre 847 participantes estabais también vosotras. Allí os llevé y fuisteis parte de la vida que iba surgiendo en el grupo con el que me tocó compartir. Lo que pensé, sentí, hablé y permanece, está muy mediatizado por la vida que vivimos y somos la Compañía.

 

Os comparto mis sueños, aunque es posible que estén tan gastados que no parezcan ni sueños. Más bien siento que son grandes deseos. A veces, sueño con una Vida en la Compañía, marcada por la normalidad que la misma vida trae, como ocurre a gran parte de la gente. Entrar por un camino de mayor realismo sostenido por la esperanza y el agradecimiento. Todo lo hemos recibido. Amar la realidad que Dios conoce y ama. Confiar.

 

Mi primer sueño es que cada hermana, cada comunidad,  nos sintamos en Casa, siendo lo que somos,  viviendo la fascinación por Jesús y su evangelio. En esto nos va la vida, en el encuentro con ÉL. Encuentro que siempre se hace visible en los rostros de las personas con las que nos vamos relacionando día a día. Al “hacernos una cosa con ÉL” se va haciendo realidad nuestra Misión: “Conocerle y amarle, hacerle conocer y amar”. Y se va haciendo visible la ternura y compasión que, especialmente hoy, se espera de   mujeres que, habiéndolo dejado todo, seguimos al Compasivo de la Historia: Jesús. Compañía que hace visible la ternura y compasión de Dios en el encuentro con cada persona y en el compartir nuestra espiritualidad y misión sin fronteras. 

 

Teníamos la posibilidad de participar en uno de 15 grupos temáticos de trabajo. Elegí Inculturación. Este es el segundo sueño que con más insistencia me va quemando por dentro. Inculturación: Encarnación de la Vida Consagrada en un mundo pluricultural. Cada cultura con la posibilidad de encontrarse y sentirse amada en sus raíces propias. Nos lo ha enseñado Jesús que “se hace uno entre tantos” en cada realidad y cultura. Se hace a la medida de cada persona, sin distinción ni favoritismos y sin acepción va buscando a la persona en su diversidad tal cual es. Todas conocemos cuáles son sus preferencias - los más pequeños y últimos del contexto donde vivió-.

 

¿Qué nos dice Dios de todo esto? Siento que tenemos que romper más barreras. Salir siempre más de nuestra propia tierra. Entrar en cada cultura, haciendo camino de interculturalidad. Abrazar lo de los demás como lo nuestro propio. ¿No estará aquí el sentido de nuestra vida?

 

Cada vez más insertas en el camino evangélico de la humanización, dispuestas a dejar seguridades, a abrazar nuestras carencias, quedarnos sin algo para que los demás tengan lo imprescindible. Sueño con una vida teresiana cada vez más africana, más latinoamericana y asiática y con una Europa solidaria que comparte sus raíces desde su ser. Que se oigan más las  voces de las distintas culturas, estrechando más los brazos y ampliando nuestro horizonte de vida consagrada. Vida consagrada global. Compañía: testigo y memoria de Jesús que acoge por igual y se encuentra bien en cada cultura.

 

 

¿Y el tercero? Hacer camino de comunión. Que la Compañía, como Cuerpo, emplee su caudal entero, sus energías, pocas o muchas para el Encuentro y Diálogo a través de nuestro carisma relacional educativo. Allí donde estemos somos llamadas a ser casa y escuela de comunión. ¿No es ahí donde peligran hoy los intereses de Jesús? Un modo nuevo de comprendernos y comprometernos. Todas caminando juntas y confiadas, poniendo al servicio de la humanidad nuestro carisma.

 

Abramos de par en par las puertas de nuestra Casa, para que en ella quepan todos nuestros hermanos/as sin exclusión. La diversidad tiene sitio en nosotras y entre nosotras, en nuestra casa. La acogemos de corazón y la hacemos nuestra. La diversidad hace posible la comunión  “el que todas/os tengamos vida y seamos uno.”

 

Tantos pueblos, hombres y mujeres desarraigadas, fuera de sus tierras buscando un lugar en la casa de todos. ¿Cómo los vamos recibiendo y acogiendo? Nuestro mundo envuelto en guerras y divisiones, en pobreza y marginación, nos grita buscando testigos de reconciliación y de paz, de solidaridad, de valoración y defensa de la dignidad de cada persona. ¿Cómo lo vivimos?. Cada día vemos que crece la progresiva desproporción entre  nuestro modo de vivir y el de las ¾ del resto de la humanidad. ¡Y ahora la desolación del Sureste de Asia!. ¿En qué notamos que nos afecta? La Humanidad entera Pueblo y Familia de Dios. ¿Qué camino vamos haciendo en nosotras?

 

Nuestros jóvenes, los niños/as y la mujer necesitan testigos del amor misericordioso de Dios. ¿Cómo comprendemos y nos comprometemos con su realidad? ¿Cuál va siendo nuestra respuesta?

 

Estoy convencida, y vosotras me habéis ayudado a convencerme, que en la vida consagrada femenina estamos llamadas a vivir la sencillez, la pequeñez y la audacia evangélicas, - en comunidades cada vez más apasionadas - dejando que el Maestro nos vaya configurando a su imagen y semejanza. Lo he visto y palpado en muchas de vosotras. Como aquella mujer que dio hasta lo que le quedaba para vivir y fue reconocida por Jesús.

           

          Mujeres que aprendemos relaciones basadas en la novedad de Jesús.

          Mujeres de gran corazón, pacientes, esperanzadas, audaces en nuestra fragilidad.

          Mujeres que con la fe “del granito de mostaza” acogemos la sencillez evangélica.

          Mujeres que leemos la realidad y los signos de los tiempos a la luz de la fe.

          Mujeres que engendramos la vida de Dios y la entregamos por Amor a nuestras hermanas y hermanos.

          Mujeres con Creatividad para reorganizarnos de nuevo, para hacer posible  aquello que nos parece imposible porque sabemos de Quién nos hemos fiado.

 

Hna. Carmen Bartolomé, stj

 

 

 

1. Actitudes nuevas: Siete virtudes para hoy

 

El seguimiento de Jesús que intentamos realizar como vida consagrada en nuestro tiempo, suscita en nosotros unas nuevas actitudes, que queremos denominar simbólicamente “siete virtudes para hoy”. Ellas nos capacitarán –como nos ha sugerido el Papa en su mensaje- para saciar la sed, vendar heridas, ser bálsamo de las llagas, colmar los deseos de alegría, de amor, de libertad y paz de nuestras hermanas y hermanos (Cf. Juan Pablo II, Mensaje al Congreso, n.3)”. Desde ellas asumimos el rostro nuevo de una vida consagrada “sacramento y parábola del Reino de Dios”.

          Profundidad: discernimiento evangélico, autenticidad

          Hospitalidad y gratuidad

          No violencia y mansedumbre

          Libertad de espíritu

          Audacia y capacidad creadora

          Tolerancia y diálogo

          Sencillez: valorizar los recursos pobres y pequeños


2. Convicciones: para decidirse a caminar

 

Los temas de los grupos de estudio abarcaban 15 argumentos que, en su conjunto, constituyen una reseña de los signos de vitalidad o de los bloqueos que la VC experimenta hoy. De las síntesis presentadas en asamblea y entregadas a los participantes surgen convicciones y líneas de acción.

 

1.       Hace falta una transformación estructural de nuestra vida y de nuestras obras. Se necesitan estructuras más ágiles y simples, comunidades abiertas y acogedoras para globalizar una solidaridad “compasiva” y una red de compromisos por  la justicia, al servicio de una cultura de la paz a fin de que los pobres puedan ser escuchados.

 

2.       El diálogo con las culturas pertenece a lo más genuino de la misión de la VC. Entre los signos de vitalidad de la VC en el mundo hay que señalar: el crecimiento de congregaciones multiculturales e internacionales; la insistencia mayor en la formación en la cultura de origen. El mismo congreso ha sido una expresión de esta apertura, comunión y participación. Existen, asimismo, obstáculos a la inculturación, entre los cuales uno de ellos sería la dificultad para expresar el elemento afectivo en el culto y en las diversas expresiones de la fe.

 

3.       Los pobres, las culturas y las religiones constituyen el objeto de  un triple diálogo que la VC debe llevar adelante. En muchos contextos se percibe el cristianismo como extraño, como una religión de importación. La fragilidad de nuestra fe, nuestras heridas, el espíritu de dominación son obstáculos al diálogo, así como el fundamentalismo difundido en muchas zonas culturales y religiosas. El diálogo tiene que llegar a ser una opción y un estilo de vida. Nuestras comunidades deben ser lugares de reconciliación y de perdón.

 

4.       El arte y la belleza son iconos para todas las culturas. Los artistas ayudarán a las comunidades de VC a contrarrestar la mentalidad consumista, a crear espacios marcados por la belleza para  la oración, a encontrar símbolos nuevos, a contar historias nuevas a los hombres y mujeres que escuchan. Esta comunicación de la belleza hará nacer la alegría y la vida en medio de la violencia y de la muerte.

 

5.       Tenemos que cambiar nuestra mentalidad sobre la comunicación. Debemos saber correr riesgos,  tanto dentro de la Iglesia, donde a veces estamos divididos o censurados, o somos demasiado clericales, como fuera, en relación con el mundo de los medios de comunicación. Tenemos que formar religiosos y religiosas especializados en este campo, alentar a los que trabajan en él, colaborar entre nosotros para aportar recursos, y trabajar en estrecho contacto con laicos competentes. Hace falta interactuar con los medios de comunicación de manera creativa, dispuestos a responder y no huir de las verdaderas preguntas. Tenemos que tener el valor de mostrarnos como somos realmente, con nuestros valores y nuestras debilidades, y hablar un lenguaje que la gente de hoy pueda entender.

 

6.       Nos atrevemos a lanzar algunas propuestas: poner de relieve en nuestras vidas la primacía de la Palabra de Dios; revisar nuestro estilo de vida y nuestras obras a partir de los pobres; saber vivir en la precariedad; promover la presencia de la VC en los foros mundiales y en los organismos de decisión, como las Naciones Unidas, en los que se decide el futuro de la humanidad; hacernos presentes allí donde la vida está más amenazada.

 

7.       El celibato consagrado conduce a una relación más profunda con Cristo y a compartir el amor con los otros. Para nosotros el celibato es una opción libre, es una llamada, un modo sano y equilibrado de vivir nuestra sexualidad. Hoy nos sentimos bien con nuestro cuerpo, con nuestros sentimientos, con nuestras emociones. Como el anciano Nicodemo, creemos que hemos nacido de nuevo. La opción de nuestra castidad resplandece más cuando mostramos que nuestro camino se orienta hacia el reino de Dios.

 

8.       Tenemos que hacer de la Biblia nuestra compañera de camino y encarnarla en nuestro ministerio. Para llegar a un auténtico discernimiento comunitario es necesario orientar nuestra vida en la Palabra, dándole más espacio en lo cotidiano; el ejercicio de la lectio divina debe llegar a ser el elemento de transformación de nuestro estilo de vida.

 

9.       Al hablar de la sed de Dios nos damos cuenta  que tocamos un tema fascinante. Nuestra experiencia de Dios es la de un Dios encarnado. Para hacer surgir esta experiencia es necesario modificar nuestras estructuras internas y volver al amor esponsal, radical por Cristo. Es necesaria una formación humana, personalizada, un estilo crítico de pensamiento, una educación al diálogo, que conduce a la transformación personal, a mirar el mundo y la vida con una mirada de fe. Es preciso también aprender a compartir la experiencia de la fe.

 

10.   Formación permanente quiere decir, sobre todo, la disposición activa e inteligente de la persona espiritual para aprender de la vida durante toda la vida. La formación permanente comporta distintos niveles: el individuo, la institución e intervenciones ordinarias y extraordinarias. La formación permanente ha de organizarse en torno al modelo de integración, teniendo en el triduo pascual su proceso de referencia. Hacen falta formadores y comunidades capaces de acompañar a las personas en los momentos de crisis.

 

11.   Somos testigos de un pluralismo creciente, que es un proceso irreversible. La actualización y la adaptación de las estructuras han de concebirse como un proceso de transformación continua. Debemos promover una espiritualidad de comunión, intensificar los esfuerzos de colaboración intercongregacional. Hay que pedir, además, modificaciones en el Derecho canónico para una igualdad efectiva en los institutos entre los miembros clericales y los que no lo son.

 

12.   En particular, los jóvenes tienen sed de vida comunitaria, como expresión de la misión, y como lugar del intercambio de fe y de relaciones profundas. En cambio, hoy algunos religiosos que viven en la comunidad como en un hotel. Nuestras actuales estructuras de gobierno reflejan los tiempos en los que el número de los miembros de la comunidad era elevado, y no responden a las exigencias de hoy. Todo instituto debe continuar promoviendo la formación permanente a fin de que se llegue a una vida comunitaria más humana y significativa. La comunidad debe ser abierta y acogedora.

 

13.   Los laicos nos hacen descubrir que nuestros carismas son dones para todos los cristianos, para la Iglesia y para el mundo. Más allá de nuestras debilidades y de nuestro envejecimiento,  el Espíritu suscita una nueva fecundidad. Hay que desarrollar la eclesiología de comunión y los fundamentos teológicos de las relaciones entre religiosos y laicos. Ello supone: incrementar  la formación conjunta de religiosos y laicos; favorecer la misión compartida y el vínculo con la iglesia local; asumir estructuras flexibles, compartir las experiencias entre congregaciones sobre este aspectos.

 

14.   La unidad de nuestras congregaciones surge indudablemente de una visión común, pero se sostiene a través de una red de relaciones que crean unidad y derriban barreras. Queda aún mucho camino por andar hasta que las mujeres asuman realmente su papel en la sociedad y en la iglesia. Llevar un grupo a una decisión compartida es un arte difícil. Para mantener viva la pasión en los miembros de la comunidad los superiores han de ser testimonio de una experiencia de consagración marcada por el entusiasmo y las fuertes convicciones. Si el amor y la creatividad caminan tomados de la mano, nuestro camino será estimulante.

 

15.   La VC da a la iglesia local catolicidad y apertura a la universalidad. Nosotros contribuimos a ampliar los horizontes de la Iglesia. A 25 años de la “Mutuae Relationes” tenemos que continuar el diálogo eclesial en todos los niveles; desplegar un esfuerzo mayor para armonizar los planes congregacionales con los planes pastorales diocesanos; es importante formarnos para el diálogo entre laicos, religiosos, religiosas, clérigos; la VC debe ser experta en comunión. Lo cual presupone una fuerte llamada a la vida comunitaria.

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ