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PASIÓN POR CRISTO, PASIÓN POR LA HUMANIDAD Retiro dirigido por Toni Catalá, sj, en la Casa General
El Congreso Internacional sobre Vida Religiosa ha tenido como lema “Pasión por Cristo, Pasión por las Criaturas”. Es un buen momento para reflexionar vitalmente y orar sobre nuestra pasión por el Dios de la Vida que revela Jesús, el Dios Comunidad de Amor implicado compasivamente con sus criaturas, la Trinidad Santa.
Sentir pasión o sentir apatía, sentir alegría o sentir tristeza, estar vivos o consumirnos en la acedia y la melancolía tiene que ver con el Dios al que invocamos y, sobre todo, desde el que nos vivimos. No son puros estados de ánimo, no es asunto de “malos humores” es asunto teologal, es asunto de experiencia de Dios y de experiencia de realidad. Vamos a poner “fijos los ojos en el pionero y consumador de la fe, Jesús” (Hb 12,2) y dejar que su Buena Noticia nos ilumine.
Dios es ¡Abba! no es un “Amo”
"Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. (Lc 15, 25-28)
Todo el Evangelio se puede leer como una colisión entre dos percepciones de Dios y por tanto dos modos de estar en la vida, porque según la percepción que tenemos de Dios percibimos la realidad, y según la percibimos nos ubicamos en ella de unos modos determinados, generando unas prácticas u otras. Jesús se vive desde el ¡Abba! y genera vida, genera espacios de alivio ("Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso” Mt 11,28) Fariseos y letrados se viven desde un Dios “Amo” y generan desprecio (“algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás” Lc 18,9)
Cuando Dios es percibido como un “Amo” con el que la relación es contractual no cabe la alegría ni la gratuidad. El “hermano mayor” no se alegra del retorno del “hijo pequeño”, la pasión y la compasión no existen, tan sólo existe el resentimiento, la irritación, la frustración y el reproche. Hay percepciones de Dios en las que no cabe la fraternidad, el mayor nunca pronuncia la palabra hermano sino “ese hijo tuyo”.
Hay percepciones de Dios que matan la alegría, la fiesta y el baile, que llevan a la irritación ante el desborde de Compasión y derroche de Misericordia por parte del Dios Fuente de Vida, Madre-Padre y Creador, que siente ternura por sus criaturas (Sal 102). La parábola del Buen Pastor lo dice genialmente, cuando la relación con Dios es puramente por el propio interés, las demás criaturas no importan.
Nuestro mundo hoy es muy adverso, no es un mundo justo, gratuito y fraterno, la mayoría de las criaturas están desprotegidas y abandonadas, pero da la impresión que no importan en sí mismas, lo que importa es exclusivamente mi salvación. Con qué facilidad se olvida que Jesús nos enseñó a orar en plural: “Padre nuestro”.
Precisamente nuestros tiempos no son tiempos de huida sino de pasión, de que se nos desborde la vida para aliviar, dignificar, consolar a las criaturas, no estamos en tiempos para despreciar sino en tiempos necesitados de mucho consuelo. La gente necesita alegría honda, esperanza, no necesita irritados, apáticos y apáticas. Este es el gran reto de la Vida Religiosa.
La falta de pasión: ni reír ni llorar
"¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: "Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras." (Mt 11,16-19)
La relación con un Dios Amo produce temor, porque no sabemos a que atenernos, se genera indefensión (“No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” Jn 15,15), el temor bloquea y ensimisma, impide vibrar con lo que acontece, impide el salir de si para sentir con otros y lo único que lleva es a la crítica amarga, a estar a la defensiva.
Jesús recrimina la apatía, denuncia la actitud defensiva ante los signos que acontecen, tanto la falta de reacción a la fuerte apelación profética de Juan el Bautista a la conversión, como a la alegría que provoca el banquete, la alegría de la mesa compartida con las criaturas alejadas de Dios, expresión de la Ternura y de la Bondad del ¡Abba! para con todos. ¡Juan endemoniado, Jesús borracho y comilón¡ Cuántas amarguras y resentimientos provocados por no abrirse a la incondicionalidad del Amor de Dios.
La tibieza, la tristeza ante la alegría (acedia), la pereza tejen redes de muerte muy sutiles, matan la vida, no toleran la espontaneidad, la fiesta, el gozo, la alegría, se irritan ante todo, de todo se quejan, todo incomoda… La pasión por Cristo y la humanidad surgen del arraigo en el Manantial que no se agota, la Vida Religiosa sólo tendrá sentido en la medida en que se apasione y se implique compasivamente.
“Y refunfuñaban contra ella… Dejadla… Ha hecho lo que ha podido”
A modo de conclusión basta con contemplar este pasaje. Que el Señor nos conceda la gracia de no indignarnos ni refunfuñar ante los desbordamientos de gratitud y de desmesura en el amor.
Estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza. Había algunos que se decían entre sí indignados: "¿Para qué este despilfarro de perfume? se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres." Y refunfuñaban contra ella. Mas Jesús dijo: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí. Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre. Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya." (Mc 14,3-9). Toni Catalá sj
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