Es posible que no hayáis oído hablar nunca de Villa Ramallo, un pueblecito a  unos 200 Km de Buenos Aires. Es difícil que conozcáis la bonita experiencia que nuestro Padre regaló a uno de sus habitantes el 16 de Junio de 1993. Ese día Don Víctor Tiberi,  maestro jubilado, se disponía a entretenerse viendo la TV. Al encenderla se encontró que estaban retransmitiendo  la canonización de Enrique de Ossó,  alguien totalmente desconocido para él, pero...¿Qué le ocurrió a Don Víctor aquella tarde? ¿Por qué se le quedó grabada la mirada de San Enrique? ¿Qué experimentó por dentro que  no le dejó tranquilo hasta que descubrió quién era ese San Enrique del que nadie le daba razón? ¿Cómo es posible que no se cansara en la búsqueda que le llevó 7 años?

 

Muchos interrogantes se me abrieron cuando llegó a mis oídos el final de esa historia y supe que desde Villa Ramallo nuestro Padre era especialmente venerado y su devoción se promovía también en otras provincias argentinas gracias a  un matrimonio que, hasta hacía poco, era totalmente desconocido para las hermanas. Comprendí que no  podía marcharme de Argentina sin descifrar el misterio y, animada por el Consejo provincial que sentía el mismo deseo que yo, emprendimos nuestro viaje hasta ese pueblo.

Difícilmente podré olvidar lo que allí viví pero me siento muy limitada al querer trasmitíroslo ahora. Las que tuvimos la suerte de ir el pasado 4 de Agosto a Villa Ramallo nos quedamos con la  sensación de haber “tocado” algo sagrado, después de estar con una persona para quien nuestro Padre fue mediación de un encuentro más profundo con Dios. ¡Qué pena no disponer de una cámara de video pues en Don Víctor no  sólo impresionan las palabras sino toda su persona! Pero... dejemos que sea el propio Don Víctor  el que nos cuente su experiencia.

v      Don Víctor, ¿qué le ocurrió ese 16 de Junio de 1993?

Yo encendí la TV y estaban trasmitiendo la canonización de San Enrique de Ossó. La estampa de San Enrique levantada en ese momento fue suficiente para que se despertara en mi el sentimiento místico que hoy siento por este santo. Quedé atrapado por  una mirada firme y segura, de una fortaleza espiritual tremenda, que me impactó de una manera muy especial en lo más hondo de mi espíritu.

v      ¿Conocía a San Enrique?

No sabía nada de nada de San Enrique, por eso me puse inmediatamente a buscar datos que pudieran darme a conocer la vida y la obra de este “mi santo” ¿Por qué digo “mi santo”? porque cuando nos miramos, él desde la TV y yo desde mi casa, pareciera que quedamos de acuerdo, como si él me hubiera dicho: “yo voy a ser tu santo”. Desde el principio por obra de su gracia yo me consideraba su amigo prometiéndole fidelidad y la seguridad de ser un firme seguidor de su vida y de su obra.

v      ¿Qué relación tuvo desde entonces  con San Enrique?

 El paso del tiempo me fue animando  a pedir a “mi amigo” que intercediera ante Jesús para que diera solución a algunas necesidades pequeñas pero importantes en la vida de un pecador como yo, creyente de la Bondad infinita de nuestro Padre y...todo se cumplía según mi súplica. No sé cuántos problemas me resolvió, pero siempre el recuerdo y la oración de agradecimiento estuvieron presentes para manifestar eso a lo que yo llamo amistad.

 

v      ¿Cómo logró saber algo más de su amigo?

Pasaba el tiempo y yo seguía mirándole, pidiéndole, agradeciéndole con mis oraciones. La búsqueda no digo que era diaria pero sí continua. En ese tiempo se produjeron hechos que se relacionan con mi propósito, el que más me impactó es éste que le voy a contar: Producido un accidente de avión en la capital de Paraguay vi también en la TV una ambulancia con la inscripción “Hospital San Enrique de Ossó”, creyendo haber encontrado el hilo que me llevaría a mi amigo escribí inmediatamente a dicho hospital solicitando datos sobre su nombre. Resultado, me devuelven la carta por carecer de dirección correspondiente, cosa que me fastidió pero aumentó mi curiosidad. No podía olvidar la mirada clara pero firme de ese sacerdote que había visto en el televisor de mi casa.

Pregunté  a varios sacerdotes sobre mi santo pero siempre recibía respuestas negativas. No conforme con todos estos tropiezos y en oportunidad de estar en otra ciudad de mi país acudí como siempre a una librería  para ver si encontraba algo escrito sobre San Enrique. Tampoco encontré nada en ella pero sí me encontré con un señor muy gentil que me dio varias direcciones de editoriales en donde podía buscar lo que yo tanto había buscado y que, a estas alturas, podía decir que ya era una obsesión dulce

 

v      ¿Y lo consiguió?

Pues sí, después de casi seis años conseguí dos libros sobre San Enrique, uno de ellos el escrito por el cardenal Don Marcelo González.

v      ¿Terminó ahí su búsqueda?

No. A  través de la lectura me enteré de que sus restos descansaban en Tortosa.  Después de una de las gracias recibidas prometí visitar su  Santuario para agradecerle todo lo que hasta entonces había recibido. Como los maestros solemos tener dificultades económicas, tuvo que pasar un año hasta que pude recaudar el dinero necesario para hacer ese viaje que realicé acompañado de mi mujer. Gracias a Dios pude cumplir la promesa que había hecho y con la zozobra de un largo viaje a lo desconocido pude llegar al lugar donde están sus restos sagrados culminando así esta maravillosa historia de fe y devoción.

 

v      ¿Cómo fue su experiencia en Tortosa?

 En Tortosa  fuimos acogidos por las hermanas tan bien, tan bien, que fue un placer pasar ese domingo junto a todas ellas compartiendo momentos de fe. Sería muy largo enumerar todos los hechos hermosos que nos acontecieron en este viaje que fue exclusivamente prometido y dedicado a San Enrique de Ossó. Nunca voy a olvidar que la Hna Amparo decidiera abrir el cofre con la reliquia de nuestro San Enrique  para que nosotros pudiéramos bóxer-var, pensar y tocar y también cantar, pues nos unimos sin saber la letra del canto, pero acompañamos a las herma-nas en esa manifestación de fe.  

 

 

Procesión con la imagen y la reliquia de Ntro.

Padre traídas a Ramallo desde Tortosa

 

v      He oído decir que en San Enrique tiene Ud un modelo y apoyo constante para su trabajo de catequesis, ¿es cierto?

Después de leer su vida en el libro de Don Marcelo quedó grabada en mi su obra evangélica en lo que se refiere al catecismo. Por dos años consecutivos me encontré desarrollando la tarea de coordinador en un movimiento de catequesis familiar en  mi pueblo. Me reunía semanalmente con las madres de familia y cada vez que tenía que leer y estudiar las fichas que desarrollaban los chicos me acordaba de todo lo que había hecho San Enrique. Entonces la presencia de él , la imagen de él me acompañaron siempre. Era como si me guiara, como si participara junto conmigo en el desarrollo de la catequesis familiar, y le digo más, actualmente estoy integrado en un grupo de “cursillos de cristiandad” que  llamamos : grupo San Enrique de Ossó y... siem-pre, siempre, aparece San Enrique en nuestra invocación. Una vez un cura me dijo que todo estaba dentro de un plan de nuestro Padre Dios y yo me convencí porque todas estas cosas de Dios las vamos desarrollando en la medida de nuestras posibilidades, en la medida de nuestra fe.
 

 El Sr. Obispo colocando la imagen de Ntro. Padre

 en la Iglesia Parroquial.

 

v      Parece que su amistad con San Enrique va generando nuevas amistades, ¿no es cierto?

Mire, convencido de que tengo un amigo, convencido de que no me va a abandonar nunca, de que siempre me va a acompañar, yo soy feliz. Sintiendo su presencia, soy feliz y quiero trasmitir esta felicidad a todos mis amigos, no digamos solamente a mi familia sino a todos mis amigos, a toda la comunidad a donde vivo. Creo también que todo lo que yo hago, que todo mi transcurrir es obra de él porque él me guía. San Enrique me mira y yo lo entiendo perfectamente lo que me quiere decir

Bueno, estaría horas hablándoles y contándoles todas las gracias recibidas por intercesión de San Enrique de Ossó. Sería muy largo. Creo que con lo que les conté ya van a entender perfectamente que  San Enrique de Ossó me miró para que yo difunda su vida y su obra

 
En el sagrario, junto a la Custodia,

la reliquia de San Enrique

 

v      Gracias Don Victor, gracias por compartirnos su experiencia de fe y su amistad con nuestro Padre,  gracias por todo lo que está haciendo por difundir su devoción no sólo en su pueblo sino en otras ciudades de Argentina.

 

¡Qué tarde tan maravillosa hemos pasado en villa Ra-mallo! Nos vamos con el corazón lleno de emocio-nes La mirada serena y profunda de Don Victor y sus palabras impregnadas de fe nos han impactado a todas. No le conocíamos y ahora le sentimos de la familia Hoy sabemos que allí, a unos 200 Km de Buenos Aires, nuestro Pa-dre tiene un gran amigo. Que Don Victor y su espo-sa ponen  todos los medios para darle a conocer, por eso, el pasado 16 de Junio, el matrimonio  se sintió feliz cuando en  la celebración que presidió el Obispo se colocó en la Parroquia un cuadro de nuestro Padre y quedó depositada la reliquia que con tanta ilusión trajeron  de Tortosa. Estamos convencidas de que, como nos dijo Don Victor, San Enrique quiso ir a Villa Ramallo.

Ana Mª Torra, stj

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ