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Han entrado en la Vida:
H. CARMEN DE JESÚS EUCARISTÍA QUERAL TEIXIDÓProvincia Santa Teresa
La Hna. Carmen nació en Barcelona el día 7 de julio de 1914. Y en la misma ciudad, el Señor la llamó, en la Comunidad de la calle Nápoles, el día 21 de julio, cuando acababa de cumplir sus 90 años de vida y los 68 de Vida Religiosa. Ingresó en el noviciado de Tortosa el 22 de marzo de 1936. Vivió las vicisitudes de la guerra, acontecimiento que motivó a trasladar el noviciado a Calahorra, donde vistió el santo hábito el día 16 de agosto de 1939. Al finalizar la guerra regresaron al Noviciado de Tortosa, allí hizo su profesión temporal el 17 de agosto de 1941. Dedicó la mayor parte de su vida a la docencia como Maestra en los colegios Zaragoza-Teresiano del Pilar, Pamplona-Calle Mayor, Madrid-Jesús Maestro, Barcelona-Diagonal, Vinebre, Tarragona, Bonavista y Barcelona-Gracia. Causó gran admiración, tanto entre las hermanas de la Comunidad como entre el profesorado, su gran tesón, rasgo característico de su carácter, como demostró cuando consiguió el título de Maestra de catalán con casi 70 años de edad. De 1947 a 1957 estuvo en el Noviciado de Tortosa, los 7 primeros años como Maestra de Postulantes y los últimos tres años, fue Maestra de Novicias, en un momento muy delicado, que ella suavizó con su talante conciliador y su caridad exquisita. En Vinebre, donde fue Superiora 9 años seguidos, acreció su amor a nuestro Padre, y se deshizo por aquel Colegio tan querido de Enrique de Ossó y que tanto sufrimiento le costó, también cuidó con espero la “casa pairal” de los Ossó. Es recordada en este lugar con cariño. Otra de sus características fue su gran amor a la Compañía, que supo trasmitir a sus postulantes y novicias. Su nombre de Compañía “de Jesús Eucaristía” no era al azar, vivía profundamente la celebración de la Eucaristía diaria y se le veía pasar grandes ratos junto al sagrario acompañando a Jesucristo, el Señor de su vida, y este amor lo convertía en servicio y amor a las hermanas de la Comunidad, gustaba de asistir a todo lo comunitario y colaboraba en todo lo que podía con verdadero amor. Emprendedora, muy activa y con un gran celo apostólico, si embargo cuando tuvo que ir dejando sus actividades, por edad y por la enfermedad, supo aceptar el dolor con elegancia y generosidad, hasta hacer realidad las palabras de Jesús “te llevaran a donde no quieres”. En su enfermedad hubo aceptación, silencio, serenidad, desprendimiento total. Fue testimonio de una vida entregada que la Comunidad vivió como don y ahora, como recuerdo de fe y cariño. Quería mucho a su tierra catalana y a su familia, que muy de cerca la siguió y apoyó siempre y más, en sus últimos tiempos.
Falleció en silencio, serenamente, rodeada de sus hermanas y de su hermana, religiosa de las Esclavas del Corazón de Jesús, misionera en la India, que en ese momento estaba visitando a su familia. Nos deja el legado de su autenticidad y entrega. De un carácter fuerte suavizado por el deseo de vivir como el Señor, la aceptación total de la limitación humana en manos del Padre de misericordia que nos ama con ternura para siempre. Nos dejó esa paz que sólo viven los que la reciben de Dios y la saben trasmitir a los que les rodean. Descansa en felicidad y luz, querida Hna. Carmen, en presencia de quien tanto amaste, Jesús, en silencio y esperanza. ¡Gracias por tu vida entre nosotras!.
H. INÉS DE JESÚS CRUCIFICADO FERNÁNDEZ PÉREZProvincia Sagrado Corazón
Como se apaga una lamparilla sin aceite, así se apagó la vida de nuestra hermana Inés; sin ruido, calladamente a los 87 años y 62 de vida religiosa. Había nacido en León el 14 de abril de 1917. Ingresó en la Compañía de Sta. Teresa de Jesús el 14 de octubre de 1942, hizo sus primeros Votos en Tortosa y 5 años después la Profesión Perpetua en el Colegio de Huelva. Mujer eminentemente apostólica, ejerció su misión evangelizadora en los Colegios de Huelva, Mora de Toledo, Madrid, Dueñas, Pamplona, Montevideo, Medellín, Toledo y Valladolid. Poco tiempo dedicó la hermana Inés a la enseñanza; Su apostolado específico fue otro. Buscar a la mujer, educar todo lo que hay en ella de sensibilidad, ternura, cariño y hacer su corazón semejante al de Cristo y al de su Madre. Su proyección apostólica fue en esta línea: Encargada de internas, responsable de residentes, Superiora de los Colegios Apostólicos de Dueñas y Pamplona, Maestra de Novicias en Montevideo, y Procuradora. Últimamente, ya jubilada, vino a Valladolid en el año 1986. Su larga vida quedó reflejada en los últimos cuatro años de sufrimiento y dolor, vividos en silencio y conformidad con la voluntad del Padre. Su honda piedad, la paciencia consigo misma, la sonrisa permanente en su rostro, su delicadeza y sencillez, su mirada y su gesto de gratitud, y la oración constante en sus labios, nos hacía ver a la Comunidad que la hora de la muerte no se improvisa, es reflejo de lo que ha sido la vida anterior. El desenlace era esperado. Una trombosis cerebral hace más de 4 años, la había dejado inconsciente e inmóvil. Sin quejas, sin exigir, ni pedir, sin hablar. Solamente se le entendía bien el rezo del Rosario que seguía perfectamente, y otras oraciones a la Virgen, de la que era muy devota. Iba muriendo sin morir hasta el día 31 de agosto de 2004. El Señor la esperaba. a la salida de Misa de la Comunidad. La lamparilla se consumió totalmente, sin ningún gesto de dolor, en medio de una paz profunda, acompañada del cariño y la oración de toda la Comunidad y del Capellán. Gracias Inés por tu vida, por tu cariño y amor a las hermanas, por tu sonrisa constante, por la paz que reflejaba tu rostro, por tu servicio a la Iglesia y a la Compañía, por todo lo que nos has enseñado a lo largo de estos años de enfermedad. Descansa en paz en la CASA DEL PADRE.
H. JULIANA DE MARÍA INMACULADA GÓMEZ GÓMEZProvincia Sagrado Corazón
El día 20 de septiembre entraba en la Vida la hermana Juliana Gómez. Tenía 67 años. Nos dijo adiós en Dueñas, el lugar donde más vida entregó y siempre consideró su casa. Había nacido en Mora de Toledo el 14 de Octubre de 1936, tiempos difíciles para España. Ingresó en el Noviciado de Ávila el 21 de Enero de 1966. Su primer destino fue Madrid Puebla donde vivió dos años. Después durante 27 años estuvo en Dueñas en dos periodos distintos; en medio de ellos estuvo destinada en Valladolid siete años. Nunca perdió del todo el contacto con Dueñas y sus gentes. La vida está siempre “amasada“ con la muerte y las posibilidades con las limitaciones. Todo nos acerca a la Vida. Juliana también lo experimentó así. Vivió en el seno de una familia sencilla y trabajadora. Fueron seis hermanos. A los cinco años el dolor de la enfermedad se hizo presente en su vida. Llegó la poliomielitis y su vitalidad natural quedó truncada y rota. Pasaron años de operaciones y luchas…. A los 10 logró caminar de nuevo, aunque las señales del mal quedaron siempre como compañeras de camino. No sólo el cuerpo sufrió el zarpazo duro de la enfermedad; también su espíritu experimentó la limitación, la incapacidad…… y aquella niña alegre y vivaracha se tornó solitaria, huidiza, cerrada, triste … Hasta que a los 20 años decidió ser ella misma. Empezó a relacionarse, a trabajar, a vivir…… Su TENACIDAD y espíritu de superación se abrieron pronto paso y fue apareciendo aquella Juliana alegre y jovial que todas hemos conocido. Especialmente dotada para el trabajo y muy mañosa, hacía con primor todo lo que hacía. Aprendió a tejer y trabajó en el taller del Colegio de Mora y su orgullo era haber sido “sastre” antes de entrar en la Compañía. Cosió mucho y bien toda su vida. Su limitación física nunca frenó su actividad. Vital y optimista participaba en todo afrontando retos y dificultades y sabía reírse de sí misma sin hacer problema de nada. Cariñosa y cercana, siempre fue querida por las hermanas y por la gente. Trabajó en el grupo de Cáritas Parroquial y visitaba enfermos. Fue un cauce más, válido para hacer llegar su cariño y su entrega. Muchos decían delante de su cuerpo sin vida: “Se me ha ido una AMIGA.” Así lo sentíamos todos. Extremadamente solícita y preocupada por su familia, de forma especial por aquellos que la enfermedad o la limitación más ha visitado. Ellos han sabido apreciarlo y así lo reconocen todos. Nadie faltó a su última cita. La gente del pueblo también la quería mucho. Durante el año y medio que duró su enfermedad, bien se lo supieron decir. Todos se interesaban por ella, querían verla y disfrutar de su conversación. Tenía muchos AMIGOS. Cada uno se sentía importante para ella. Juliana siempre tenía una pregunta oportuna para hacer y una palabra de ánimo para dar: ”Venga, corazón, verás que sí”. Sus ganas de vivir consiguieron el milagro de superar el efecto de muchas sesiones de quimioterapia. La última, un mes antes de morir, y estaba dispuesta a volver el día 24 al hospital. Antes, el Señor le hizo una llamada distinta, más apremiante y personal… “VEN, SIERVA BUENA Y FIEL, ENTRA EN EL GOZO DE TU SEÑOR.” Ella fue escuchando este “silbo amoroso” en medio de la ayuda de sus hermanas, de las visitas del médico, del deseo de vivir…. Y así, sabiéndose en las manos cariñosas del Padre, dijo que la parecía bien… que era lo mejor… Sin ruidos, con serenidad, se apagó igual que una llama tenue que pierde su fuerza. Quedó asumida por aquel Amor que siempre buscó: Dios y los hombres sus hermanos.
HNA. IMELDA DE JESÚS CRUCIFICADO GARCÍA LUNAProvincia Santa Ma. de Guadalupe.
Nuestra querida Hna. Imelda murió en la paz del Señor en la Curia Provincial de Pachuquilla, México, D. F., la mañana del 11 de octubre de 2004, a los 100 años de edad y 81 de vida Religiosa. Nació en México, D. F. en 1904. Fue alumna del Colegio de Mixcoac desde muy pequeña hasta que ingresó a la Compañía en el Noviciado de Tortosa, en abril de 1923. Su primer destino fue la Casa Madre en Barcelona de donde fue destinada a Roma-Colegio donde pasó, como profesora, casi todo el tiempo que estuvo en Italia. En 1946 fue fundadora de la Comunidad de Padua y en 1959 estuvo en México un año en el Colegio América de Puebla y en Tlalpan hasta 1961, año en que volvió a Roma. La M. General le encargó todo lo relativo a la Causa de Canonización de Ntro. Padre y también el control de las obras de construcción de la Casa General, hasta que se edificó una de las casitas y se formó la comunidad, siendo destinada ahí. La Hna. Imelda fue muy querida en Roma por la gente, y se movía por algunas de las Congregaciones del Vaticano, donde también se la admiraba y quería, como por su casa. Llamaba la atención de aquellos Monseñores su delicadeza de trato y su amabilidad. De carácter fuerte, tenaz, entregada generosamente a su consagración y con un gran amor a la Compañía. En 1984 fue destinada a México, a la Curia Provincial, donde pasó los últimos 20 años de su vida. Encargada de la portería, ejerció ampliamente el apostolado de la oración, motivando y enseñando a orar a las personas con las que tenía contacto. Ninguna Hermana que pasaba por la portería se iba sin una palabrita o una bendición. Fue muy devota de la Sma. Virgen, rezaba diariamente las tres partes del Rosario. Esta vida de oración y apostolado la combinó con las labores manuales, siempre estaba tejiendo o dibujando, esto lo hacía con mucho gusto y compartía sus labores con amistades. Hace dos años tuvo que retirarse de sus actividades ordinarias en la portería a causa de una fractura de cadera, pero en su cuarto siguió tejiendo, dibujando, leyendo y orando. En los últimos meses de vida le preocupaba mucho no poder ayudar en algo. Con un marcado “don de gentes” tuvo relación con: exalumnas, personas de las Parroquias: La Medalla Milagrosa y Ntra. Señora de la Natividad. La visitaban mucho buscando una bendición, un consejo, una palabra. La gente se sabía escuchada. Se hizo famosa por sus bendiciones con las Reliquias que siempre traía consigo con tanta fe. Le gustaba mucho que le gastáramos bromas y que nos riéramos a su costa pues decía que con eso alegraba a las Hermanas. El amor por Ntro. Padre, que ya había demostrado trabajando incansablemente en su Causa hasta verlo en los altares, se prolongó hasta el final de sus días pues siempre hablaba de él y se preocupaba mucho de las vocaciones sacerdotales. Otro marcado interés en sus intenciones era la vocación de las Hermanas jóvenes. Difundió con gran entusiasmo el conocimiento y devoción a San Agustín Caloca, mártir mexicano que era primo suyo. La celebración de sus 100 años se adelantó al 22 de agosto para que pudiera presidir la Eucaristía Monseñor Dn. Justo Mullor, muy amigo suyo desde que estuvo en Roma. Fue un acontecimiento lleno de significado y de emoción, compartido con muchas Hermanas y amistades de la Hna. Imelda. El Señor vino a su encuentro y ella lo recibió con mucha paz y preparada para gozar de su presencia. En las Misas ofrecidas de cuerpo presente, los sacerdotes, todos amigos de ella, resaltaron sus virtudes: su oración perseverante, su fe, la petición diaria que hacía por todas las personas que conocía y que necesitaban de su oración, las vocaciones, su amabilidad, su escucha, su sentido de comunidad Parroquial que demostró con la vida, etc. La presencia de tantas personas a lo largo de día y medio fue un testimonio claro de lo que fue su vida. ¡Descansa en paz querida Madre Imelda! Dejas un vacío en nosotras, en la Comunidad, pero también muchas enseñanzas y ejemplos.
H. BLANCA DE JESÚS SACRAMENTADO TUDISCO REGINAProvincia San José
La Hna. Blanca, de 94 años de edad y 75 de vida religiosa, partió a la casa del Padre en la tarde del día 3 de octubre de 2004. Blanca nació en Pando, Uruguay. Entró en la Compañía en 1928. Sus primeros años transcurrieron en Montevideo y en Parral (Chile), hasta Agosto de 1941 que llegó a esta casa de Buenos Aires, donde vivió hasta su muerte, luego de una apacible ancianidad en la que asumió con entereza las vicisitudes de los tres últimos meses. De una personalidad muy particular, sumamente reservada y prudente, manifestaba un gran sentido del humor ocurrente y oportuno. Durante muchos años ejerció como Maestra de 3er. grado y preparó a los niños para su Primera Comunión, con esmerado detalle. Pero fue sin duda su gran vocación y con ello hizo honor a su nombre de Compañía, el vivir para cuidar de las cosas del Señor. El Colegio y su Capilla, cuya construcción demandó largos y difíciles años, son testigos de su dedicación y de su entrega. La Capilla, de estilo románico, “la más teresiana de la Compañía”, al decir de muchas Hermanas, por sus grandes vitrales con los grados de oración y escenas de la vida de la Santa; con pinturas murales con temas evangélicos y sobre todo, el desposorio místico pintado en la bóveda del altar, serán deudores por siempre de la tierna e incansable solicitud de Blanca. Su vida ha quedado definitivamente vinculada a los cimientos de esta Casa de Buenos Aires, a la que ella ayudó a crecer. Es la última de muchas generaciones de Hermanas, que la hicieron posible y que gozan ya de la plena visión de Dios. Por el ejemplo de tu larga vida: nuestro respeto y gratitud.
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Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ