¿Será posible la paz en

Costa de Marfil?

 

 

Antes de cerrar la edición de este número del Boletín STJ nos llegan noticias de la situación de Costa de Marfil, ¿qué sucede allí realmente, cómo están nuestras Hermanas, qué significan los últimos acontecimientos para aquel pueblo?

 

Costa de Marfil se encuentra prácticamente dividido, desde la firma del acuerdo de paz en el 2003, en una parte norte dominada por los rebeldes, y una parte sur fiel al Gobierno. En el centro hay una franja en la que 10.000 cascos azules –4.000 de ellos son franceses- vigilan el alto el fuego. Aunque las noticias son bastante confusas, parece que la espiral de violencia empezó con un bombardeo aéreo del ejército del gobierno marfileño contra la población de Bouaké, en territorio controlado por la guerrilla, rompiendo así el acuerdo de paz. En el ataque murieron nueve soldados franceses que formaban parte de las fuerzas de paz. Después de esto, el presidente francés, Jacques Chirac, ordenó la destrucción de los aviones de guerra con los que se había efectuado el bombardeo. Los pocos aviones en uso del ejército fueron destruidos en Yamoussoukró.

La ONU ha condenado la acción del Gobierno del presidente Gbagbo por romper la tregua de paz, y Francia dice no querer enfrentamientos armados, pero la reacción del pueblo no se hizo esperar, miles de jóvenes se lanzaron a la calle, animados por sus líderes. Aunque el Presidente del país pidió que se diera fin a los ataques contra los intereses de Francia, de la que fueron colonia, el Presidente del Parlamento ha dicho por radio que los franceses deben dejar Costa de Marfil y que deben prepararse todos para la guerra.

Nuestras Hermanas de Man están en la parte de los rebeldes y quedan incomunicadas en cuanto hay cualquier problema. En este momento quizá lo tengan más difícil las de Abidján porque el odio a lo francés se está convirtiendo en venganza contra los blancos. Sólo los Misioneros/as, entre ellas nuestras Hermanas, han optado por permanecer allí, junto al pueblo...

Cuando un miembro sufre...” La Compañía entera nos hacemos eco de su sufrimiento. Oramos con ellas y por ellas, con el pueblo y por el pueblo, esperamos que en el desenlace de estos acontecimientos la paz y el mutuo entendimiento estén por encima de la ambición y el odio.

 

 

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