ÚLTIMOC.I.TDEL SEXENIO

Julio 2004. El último Curso del CIT del sexenio en esta época de cambios vertiginosos.¿Contenido? LaEspiritualidad Teresiana hoy.¡ Quéresponsabilidad y a la vezquéoportunidad para constatar elPlan salvífico de Dios en marcha,y la presencia de Jesús,Señor de laHistoria. Élvive nuestras luchas y nos convoca, quien lo desee puede adherirse a sus filas para anunciar su Evangelio liberador.

Pues sí, nos ha tocado en suerte participar en este CIT. que hemos vivido con la sencillez de lo cotidiano y la profundidad del misterio. Y pensando en ello, todas sabemos de esa cotidianidad que comienza con la alegría del Encuentro y la expectativa de lo sorprendente, para llegar a la noche con deuda de gratitud y alabanza.

María, como de costumbre, ha cuidado, con solicitud maternal, de que “se dieran las condiciones”.Enrique y Teresa de Jesús, no han perdido una. Empeñadosa toda costaen que descubriéramos el Tesoro,nos han mantenido “en jaque”. ¿Cómo hacer para inspirarnos y plasmar los sueños que a Ellos no les dio tiempo de hacer realidad?Menos mal que no se reservaron el secreto y aquí todo ha salido a relucir.Ella pone la leña y elOtro prende el fuego.

Enrique nos ha dado a conocer “su encomienda”. ¿Cómo fue posible semejante despliegue de Obras en medio de tamañas contradicciones? Con razón nos escribe: “Que el corazón se te ensanche en la contradicción”.

Todo lo anterior tiene que ver con el SUEÑO DE DIOS al confiarle a Enrique el Carisma de la espiritualidad Teresiana para niños, jóvenes y mayores, de todo pueblo y nación. Y entre todos, la Compañía, “en alianza de amor en Misión”, facilitando el fluir de la vida. Como en la parábola de Jesús, la espiritualidad teresiana es como el grano de mostaza ... con el correr de los años no habrá ave que no pueda posarse en las ramas de su árbol, unas ramas que irán impregnando de cielo todos los rincones de la tierra.

Nos vamos con el calor de la hoguera y el rumor de lo escuchado. Ana Ros lo ha traducido en poesía y canción:

Más allá de tantos miedos nuestros pasos,
el corazón empapado de esperanza
y audaces rompiendo las pobrezas
que sólo es el Señor el que nos lleva.

Por sendas de locura por el Reino,
sé árbol frondoso, fuente generosa,
sin reservar, sin esconder la luz
como Jesús, amando nuestro hoy.

Hermano caminante, comparto tu dolor,
quiero acompasar mi paso a tu vivir,
y en la amistad que iguala a los que se aman
seamos al fin aurora de esperanza (bis).

Más allá de nuestros ojos la certeza
de un nuevo amanecer que está surgiendo,
rotos los muros por naciente Vida,
susurros del Espíritu en el tiempo.

De boca en boca pasan el aliento
de un Cristo Vivo que nos va diciendo:
Vivid por el hermano y por el Reino,
mi gloria es vuestro amor y vuestra vida.

 

 

 

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