LA IGLESIA DEL SIGLO XXI

 

En cada época, la comunidad de los discípulos de Jesús se organiza en una determinada forma histórica. Son los llamados modelos de Iglesia, que corresponden a los desafíos y exigencias de su momento.

  • En los siglos I a III, la Iglesia estaba dando los primeros pasos, y era perseguida por las autoridades civiles. Fue la Iglesia de los mártires: aquellos que testimoniaban la fe públicamente, a veces a costa de la propia vida.
  • A partir del siglo IV, la Iglesia se alió con el poder civil. Los papeles de cristiano y de ciudadano se mezclaron. Era la Iglesia de la cristiandad; perdió mucho de su fuerza profética, obtuvo privilegios y reforzó la jerarquía.
  • En el siglo XVI hubo una división interna: unos quedaron al lado del Papa, los católicos; otros fundaron nuevas Iglesias, los evangélicos. La Iglesia Católica, en el Concilio de Trento, hizo una reforma para enfrentar los desafíos planteados por los protestantes. Fue la Iglesia tridentina.
  • En el siglo XX, las Iglesias sintieron el desafío de la modernidad. Trataron de adaptarse a los nuevos tiempos, dialogaron con las ciencias y las nuevas culturas. Se acabó la alianza con el poder civil. Las Iglesias evangélicas formaron el Consejo Mundial de Iglesias. La Iglesia católica realizó el Concilio Vaticano II, donde surgió nuestro modelo actual: la Iglesia pueblo de Dios.

 

La Iglesia que queremos ser

Una Iglesia PUEBLO DE DIOS

Ser pueblo es participar en la gran familia humana, superando todo individualismo y egoísmo (1Pe 2,9-10). Ser pue-blo de Dios es reconocer que somos testigos de la salvación ofrecida a toda la humanidad, mediantelavivenciadelamor

fraterno (Jn 15,12-17)

Una Iglesia CUERPO DE CRISTO

Ser cuerpo es compartir la vida con los semejantes, dando nuestra contribución personal para el crecimiento del conjunto (1Cor 12, 12-13.22-26). Ser Cuerpo de Cristo es reconocer que la vida de la comunidad nace del mismo Jesús, por medio de su Espíritu (1Cor 12, 4-11), y que todos/assomos miembros indispensables de ese cuerpo.

Una Iglesia EVANGELIZADORA Y EVANGELIZADA

Ser evangelizadora es asumir la misión de llevar a todas las personas, pueblos y culturas la Buena Noticia del Reino de Dios (Mt 28,16-20). Ser evangelizada es asumir la posición de discípula y colocarse a los pies del Maestro, en un aprendizaje que dura toda la vida (Lc 10, 38-42).

 

Una Iglesia COMUNIDAD CATEQUIZADORA

Comunidad es un grupo de personas unidas entre sí por lazos de cooperación y solidaridad. La comunidad catequizadora es aquella que está consciente de su misión: formar a sus miembros para que lleguen a la madurez en la fe y hagan de su vida un testimonio del Evangelio (EF 4,1-7.11-16).

Una Iglesia MINISTERIAL

Servir no es “privilegio” de algunos. Todos estamos convocados a vivir en constante actitud de servicio (Jn 13,12-17). Unos son llamados a prestar servicios espontáneos e incluso anónimos; otros, a servicios oficiales. Lo que importa es estar todos atentos a los necesitados (Lc 10,25-37).

Una Iglesia que hace OPCIÓN POR LOS POBRES

Pobre, en el lenguaje bíblico, incluye a: los pobres, los afligidos, enfermos, por-tadores de necesidades especiales, margi-nados y excluidos en general. La opción por los pobres penetra toda la acción y la enseñanza de Jesús (Mt 11, 2-6). Exige com-pasión, conversión y acción (Mt 25, 31-40).

 

Una Iglesia SANTA, PROFÉTICA Y MARTIRIAL

La vocación a la santidad –amar como Dios ama-, la profecía –anunciar la verdad-, y el martirio –testimoniar la fe, son patrimonio de todos los bautizados. Se trata sencillamente de vivir de acuerdo con lo que se cree. Eso se llama coherencia de vida (Mt 5,14-16; 7,21; 23, 23-27).

Una Iglesia INCULTURADA

Inculturar la fe es vivirla a partir de nuestra propia cultura (1Co 7,17-20). Es iluminar con el Evangelio nuestro modo de vivir lo cotidiano (Lc 11,33). Las culturas urbanas, rurales, indígenas, europeas, africanas, asiáticas... ¡cada una vive el Evangelio en la diversidad!

Una Iglesia EN COMUNIÓN, QUE ES ESCUELA Y TESTIMONIO DE COMUNIÓN.

La Iglesia que no queremos ser

Una Iglesia CLERICAL, sin espacio para la participación responsable y ministerial de todos los fieles bautizados.

Una Iglesia INTOLERANTE, “dueña de la verdad”, sin espacio para aprender con las culturas y con otras expresiones de fe.

Una Iglesia UNIFORME, sin espacio para la diversidad de los carismas; ciega para las manifestaciones del Espíritu santo en el mundo.

Una Iglesia FRAGMENTADA, sin espacio para la pastoral de conjunto; sin cooperación entre los equipos y comunidades.

Una Iglesia NOSTÁLGICA, presa de modelos eclesiales del pasado, que no sirven para la realidad actual.

 

De “Ecos Bíblicos”. Edit. San Pablo. Venezuela

 

 

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