PRESENCIA TERESIANA

EN EL XX CONGRESO INTERAMERICANO

DE EDUCACIÓN CATÓLICA

 

El congreso

 

     Con el lema: “Al re-encuentro con la familia”, la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC) convocó a su vigésimo congreso, celebrado en Santiago de Chile del 8 al 13 de enero del 2004.

     El evento era la culminación de un vasto plan para lograr una campaña motivacional en favor de la familia como institución educadora y sus relaciones con la escuela católica.

     El objetivo fundamental de la CIEC es animar la evangelización a través de la educación, difundir y defender los principios que conciernen a la orientación de la educación católica de América y promover la comunión y solidaridad entre sus miembros. Agrupa en cinco regiones las federaciones de escuelas católicas de 23 países americanos.  A cada región se asignó la reflexión de un eje temático como preparación al congreso. Gracias a esta organización se llegaba al evento continental con cinco preconclusiones por tema para ser aprobadas o modificadas por los participantes al congreso. Más de mil doscientos congresistas fueron distribuidos en grupos pequeños en talleres vespertinos para poder dialogar  después de haber escuchado las ponencias. Como expertos estuvieron: Agustín Dosil Maceira, Francisco Seems, Joaquín Gairín, Marco Raúl Mejía, Lucía Marcela Santelices, Mónica Jiménez de la Jara y actual presidente de la CIEC, Ramón Emilio Rivas. El resultado de los grupos fue procesado y entregado a un grupo de analistas encargado de elaborar las conclusiones del congreso.

 

Tesis

 

     Ramón Rivas, presidente de la CIEC llamó la atención acerca de la necesidad de “salir al encuentro de la familia” e impulsar políticas de apoyo a su favor, pues sólo así habrá futuro para los pueblos.  Afirmó que la institución familiar está siendo atacada por muchos frentes: en su fecundidad por sistemas de control, en su identidad por los modelos que desprestigian al matrimonio, en su autonomía por ideologías pragmáticas. ¿Por qué hoy día  muchos padres se sienten incapaces de afrontar la educación de sus hijos? Desde ahí hizo un llamado a la Iglesia y a la escuela como instituciones que deben apoyar a la familia.

     Hizo notar que si bien hay un acuerdo público por el que se reconoce a la familia como principal institución educadora y base de la sociedad, la práctica no es congruente con esta prioridad. Muchos intereses se anteponen a la familia y faltan condiciones para que en la mayoría de nuestros pueblos la familia subsista y pueda ejercer la libertad de elegir el modelo educativo que desea para sus hijos. La familia es dueña de la educación, no el Estado.

          Si la vivencia de la fe y de los valores evangélicos comienza en el hogar, se ha de trabajar con una pastoral que favorezca este derecho y deber. Sin pastoral familiar, no hay otras. La Iglesia y la escuela son instituciones que han de apoyar a la familia para que viva su misión social.

   

La identidad de la familia cristiana es la vida de Cristo presente en ella como Iglesia doméstica. Desde allí se sitúa su aporte a la sociedad como servicio humanizador. ¿Cómo construir una sociedad ética si no se parte de la familia? La vivencia de valores como respeto a la vida, honestidad, compromiso con la paz, democracia y solidaridad como empeño de familia y escuela católica tienen un fuerte desafío frente a las ofertas cuyo único objetivo es la ganancia económica e influyen en la formación de las nuevas generaciones[1].

 

Debates

 

     La orientación del congreso se dirigía claramente a la recuperación del puesto de la familia nuclear clásica;  sin embargo, la reflexión y las ponencias pusieron de manifiesto que es necesario considerar e integrar otros elementos.

 

     Si tradicionalmente la familia había sido única referencia para la socialización primaria y a la escuela se confiaba la socialización secundaria, hemos de reconocer que hoy día las cosas no se dan así. Van surgiendo nuevos referentes sociales como: democracia, interculturalidad, preocupación ambiental y social, tendientes a la formación de una nueva ciudadanía. Habrán de ser tomados en cuenta tanto por familias como por escuelas en la actual sociedad del conocimiento, pues el futuro dependerá de la vitalidad de las actitudes ciudadanas (GAIRIN).

 

     Así como en la sociedad industrial cuya base es la energía, la educación intentó potenciar la fuerza del cuerpo, hoy en la sociedad del conocimiento se intenta ampliar la mente y el aprendizaje se da a lo largo de la vida. El conocimiento no es sólo incorporación de conocimientos, sino de estructuras de significado y la inteligencia algo compartido por grupos. Todo esto supone a la escuela convertirse en un lugar donde no sólo van los hijos, sino los padres (DOSIL MACEIRA).

 

     FRANCISCO SEEMS puso el acento en las posibilidades  que están a nuestro alcance desde un punto de vista pastoral.  Reconoció: 1) la crisis de paternidad y maternidad, 2) la debilidad de las relaciones intrafamiliares y 3) el cambio en el papel tradicionalmente asignado a la mujer. Ante estas realidades señaló que la Iglesia tiene un gran aporte a partir de la Palabra de Jesús. En primer lugar, fortalecer los lazos de la fe, que pueden ser más intensos que las relaciones consanguíneas (Mc. 3, 33-35)[2]. En segúndo lugar habló del imperativo para todo cristiano de generar vida por la fe en la Palabra (Jn. 1, 12-13)[3], vivencia que sale al encuentro de la crisis de paternidad y maternidad. Y dijo que el papel de la mujer no puede ser más el que tenía puesto que no es evangélico y en cambio la Iglesia podría invertir más recursos para la formación de las parejas que desean contraer matrimonio, de modo que puedan escogerse contando con un proyecto común. Finalmente, citando al Magisterio[4], SEEMS señaló la importancia de vivir las actitudes de Jesús para acompañar a las parejas en un proceso gradual

 

De particular interés fue la aportación de MARCO RAÚL MEJÍA. Desde un horizonte crítico acentuó la necesidad de replantear lo masculino y lo femenino desde la práctica para comprender la crisis de la familia nuclear y las posibilidades para la construcción de una nueva humanidad más evangélica. De su exposición extraemos tesis, rupturas y  Tareas.

 

Tesis.

 

1.       La crisis de la familia nuclear se ha acelerado en los últimos cincuenta años de la revolución productiva y tecnológica. Un factor importante ha sido el acceso de la mujer a la esfera pública que ha repercutido en lo cotidiano, pero no ha sido el único. Lo más fuerte es que se han puesto en entredicho aspectos de la  patriarcalidad clásica.  El cambio más profundo que se ha dado no está fuera sino dentro, en nuestra subjetividad, es decir en la manera como nos representamos hombres y mujeres.

 

2.       Se han generado los primeros grupos de hombres y mujeres que han roto sus roles tradicionales cuestionando los antivalores generados por la patriarcalidad. Esto ha significado dolor y conflicto. Se trata del enfrentamiento a formas de poder que controlan grupos y organizaciones. Algo mucho más hondo que el machismo, pues se trata de una patriarcalidad presente en lo masculino y lo femenino[5].

 

3.       La familia y la escuela –junto con la Iglesia- son las principales instituciones reproductoras de la patriarcalidad. Ser capaces de construir un nuevo humanismo más evangélico con nuevas representaciones de lo masculino y lo femenino implica un proceso de conversión que puede generar conflicto.

 

4.       Las nuevas imágenes de lo masculino y lo femenino no sólo requieren otro aprendizaje, sino un desaprendizaje de la patriarcalidad instaurada en nuestras formas de relacionarnos, en nuestra sexualidad, en nuestro modo de organizar el poder. El desaprendizaje se hace por rupturas y no sólo por declaración de principios.

 

5.       Estamos en marcha y eso significa que ya hay grupos de personas en transición, conscientes de la necesi-dad de cambiar esquemas conforma-dos hace tres mil años. La persistencia hará que surjan nuevas generaciones más libres y descarga-das de patriarcalidad, con nuevos referentes valorativos. Dentro de este proceso la problemática en conflicto es a la vez propuesta y alternativa.

 

Rupturas:

 

1.       Lo público como lugar de lo femenino y lo privado de lo masculino. La inserción de la mujer en el mundo laboral ha replanteado la función doméstica del varón, ha abierto posibilidades a una liberación en la expresión de sentimientos y con ello a nuevas posibilidades en las relaciones con los hijos. Su negación implica perder una oportunidad muy valiosa para el varón como padre y para la mujer representa una sobre carga por la doble jornada de trabajo.

2.       Ha cambiado la exclusividad del papel del varón como proveedor en el hogar. La mujer se ha convertido en cooproveedora y con ello se ha modificado su autoridad. Hoy no bastan motivos económicos para que la mujer permanezca al lado del varón si no existe otra calidad en el vínculo, por lo cual se plantea una posibilidad de relación más madura y en libertad.

 

3.       En relación a lo anterior estaba la imposición de la autoridad del varón. Hoy evoluciona hacia formas de interacción que han de tener como base el diálogo y el afecto.

 

4.       Hay un cambio del modelo autoritario hacia una negociación dialogada. También hay cambios en el modelo de complementariedad. La relación es más horizontal, pero no “de mitades” sino de una relación entre identidades que comparten desde la diferencia. Se revaloriza el encuentro con el cuerpo del otro. Se abandona la violencia física y simbólica o se pone más de relieve su inaceptabilidad. El conflicto puede apreciarse como posibilidad.

 

5.       La infancia aparece como sujeto de derechos. Los hijos son otros dialogantes, los arreglos familiares se tornan más equitativos desde el momento en que niños y adolescentes se reconocen como actores con identidades propias formándose y haciéndose. Se abandona el castigo corporal y verbal, aunque todavía exista un número significativo de personas maltratantes que a su vez fueron maltratadas.

 

Tareas

 

     El modelo patriarcal es tan profundo que aunque emerjan nuevas formas, persiste. La escuela cristiana y católica actualmente no puede dejarse llevar por la técnica renunciando a su compromiso de construir lo humano de estos tiempos. Si esa formación significa construir formas alternativas a la patriarcalidad, tendrá que abordar algunas tareas:

 

1.       Iniciar una formación de la capacidad crítica, especialmente en el cuerpo docente para que pueda desaprender una patriarcalidad presente en la vida y la práctica pedagógica y dejar de reproducir formas que generan antivalores. Desde esta conciencia, la tarea es hacer una revisión del currículo oculto donde están inscritas las prácticas de la cultura patriarcal. No bastarán cambios meramente metodológicos o añadidos.

 

2.       Estrenar nuevos relacionamientos entre adulto y menor rechazando formas de autoridad que sean encubridoras de patriarcalidad. Cons-truir instancias de negociación cultural y repensar la disciplina como forma de autoridad. Evitando tanto el auto-ritarismo como el “dejar pasar”, para sentar las bases de una democracia fundada sobre autonomía, autoestima, responsabilidad, reconocimiento de la alteridad y negociación de identidades y sentidos.

3.       Replantear una educación sexual que parta de una nueva representación de lo masculino y femenino y no del organicismo biológico[6].

 

4.       Atender especialmente al trabajo con  preescolares y jardines de infancia porque es ahí donde se asimilan los estereotipos sobre los cuales se construye lo femenino y lo masculino.

 

5.       Repensar las escuelas de padres y madres no solo como escuelas sino como acción pastoral, de modo que la búsqueda de significados de lo masculino y lo femenino esté en el corazón de la pastoral y a partir de las realidades con las que contamos, no sólo de la familia nuclear clásica.

 

6.       Descubrir que los conflictos son oportunidades de cambio y crecimiento. Al grado de que si tenemos “mejores” conflictos seremos mejores seres humanos: “hombres nuevos y mujeres nuevas” al reencuentro de un Dios Padre y Madre encarnado en la historia.

 

 

Presencia Teresiana

 

     Asistimos veinticuatro entre teresianos y teresianas, de las comunidades educativas chilenas; de Venezuela, México y de la Dirección General. De Nacimiento: Liliana Novoa, Iris Cáceres, Eliécer San Martín y Norma Pastén; de Los Angeles: Viviana Novoa, Carmen Luz Miranda, Paola Rebolledo, Miriam Benavente y Rosario Armendáriz; de Illapel: Ma. Elena Quintana, Margarita Ferrer, Inés Ubillo, Oscar Tapia, Gaby Alfaro, Olivia Cortés; de  Santiago: Clementina Domínguez y Marcela Blomfield junto con Vivian Marino.

     Lina Rodríguez de Venezuela; Lucila Martínez, Rosana Guízar y un matrimonio: Enrique Bayona y Margarita García de México; Gloria Rodríguez de la Dirección General.

     Nos recibieron las hermanas en la Residencia Universitaria de Santiago y allí pudimos compartir inquietudes en torno a la familia.

 

          Nos dimos cuenta de que todavía asistimos a estos eventos más como personas aisladas que como cuerpo congregacional capaz de dialogar con palabras y experiencias. Percibimos la necesidad de compartir pensamiento y acción para contribuir a la construcción de la Iglesia que deseamos. Escuchamos el llamamiento –no a dar respuestas- porque las respuestas están dentro dentro de cada persona, sino a acompañar, a determinarnos con acciones en apoyo a las familias que tengamos más cerca. Y al final recibimos un testimonio que, a diferencia de las elaboradas conclusiones, nos recordó como soplo del Espíritu, que toda la humanidad somos familia, que así seamos saciados o insatisfechos, insensibles al sufrimiento o necesitados, casados o célibes, somos patrimonio de Dios y nos haremos hermanos en la medida en que nos asumamos en Su Nombre.

Gloria Rodríguez, stj


 

La CONGREGACIÓN de RELIGIOSOS tiene nuevo PREFECTO 

 

 

Agradecemos al Cardenal D. Eduardo Martínez Somalo, español y muy vinculado a la Compañía por su relación con el Colegio de Calahorra primero y de Roma después, su dedicación durante varios años a las cuestiones relacionadas con la Vida Religiosa, como Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

 

Acogemos al nuevo Prefecto, y le deseamos la luz y fuerza del Espíritu para realizar la misión que la Iglesia le confía. Se trata de Mons. Franc Rodé, actual Arzobispo de Lubliana y Presidente de la Conferencia Episcopal Eslovena,. Es religioso de la Congregación de la Misión (Vicentinos), esloveno, estudió en Austria y en Argentina, trabajó en París, y en 1967 regresó a Eslovenia. En la Facultad de Teología de Lubliana enseñó teología de las religiones no cristianas, ateismo moderno y teología fundamental. En 1981, en Roma, fue Secretario del Consejo Pontificio para el diálogo con los no creyentes.


 

[1] Cfr. “A la luz de la fe, todo es gracia”,  palabras finales de Ramón Rivas, cjm,

[2] Jesús pone la comunidad de discípulos por encima de la familia Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre (Mc 3,33-35).

[3] “A los que la recibieron (la Palabra) los hizo capaces de ser hijos de Dios.”

[4] Los niños y los jóvenes descubren gradualmente que el sólido matrimonio cristiano no es el resultado de conveniencias ni de una mera atracción sexual. Por ser una vocación, el matrimonio comporta siempre una elección bien meditada, el mutuo compromiso ante de Dios, y la constante petición de su ayuda en la oración. (Congregación Católica para la Familia. Sexualidad Humana, verdad y sig-nificado. n. 27)

 

[5]  Hay una patriarcalidad generadora de antivalores. Mujeres que han llegado al poder no han sido capaces todavía de inaugurar formas alternativas de poder y reproducen formas de control que son propias del sistema patriarcal..

[6] Las formas de lo masculino y lo femenino han sido construcciones culturales largamente alentadas y profundizadas. El elemento para poder construirlas ha sido fundarlas en el principio de naturalización. Por este principio las diferencias pasaron de la esfera de lo biológico a lo cultural constituyéndose en sobre-determinaciones con una lógica como la siguiente: “si los hombres y mujeres son biológicamente distintos, significa que deberán cumplir roles distintos”. Estos roles funcionan como “cualidades” de las cuales han derivado reglas de funcionamiento y poder social. La asignación ha sido hecha en desventaja para la mujer y se ha transmitido por generaciones a través de estereotipos. En esta transmisión la propia mujer es la principal colaboradora.

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ