Edición facsímil de los

   manuscritos de Santa Teresa

 

 

            Cuando Felipe II solicitó los manuscritos originales de la Santa para custodiarlos en la biblioteca del monasterio del Escorial no podía imaginar el gran tesoro artístico que estaba legando a las generaciones posteriores. En aquella época, cuando los tipógrafos e impresores editaban un libro solían deshacerse del manuscrito original.

 

El P. Tomás Álvarez, OCD, emprendió hace años la tarea de publicar en facsímil los manuscritos originales de la Santa que se conservan en dicho monasterio. En 1965 editó en Roma el Camino de Perfección; en 1990, ya en España, hizo lo mismo con El Castillo Interior. Nueve años más tarde vio la luz el autógrafo del Libro de la Vida, y actualmente acaba de publicar el Libro de las Fundaciones.

 

       La edición incluye la versión facsimilar y la versión paleográfica, así como la transcripción, una no-ta histórica y un léxico que ayude a la interpretación. Ha si-do necesario cribar el texto de las enmiendas, tachaduras y correcciones que le fue-ron haciendo los Superiores, la Inquisi-ción... La impresión ha sido de una tirada de mil ejemplares numerados, una verdadera joya bibliográfica, literaria y religiosa.

El mismo P. Tomás nos explicó los detalles del trabajo cuando presentó la reciente edición en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Retomamos algunos párrafos de sus palabras de presentación:

“La pieza bibliográfica que presentamos consta de dos volúmenes, el primero de los cuales reproduce en versión facsimilar el manuscrito autógrafo de la Santa; y el segundo ofrece la transcripción paleográfica del texto, seguida del léxico completo del libro, más una nota histórica acerca del códice y de los avatares del mismo en sus cuatro siglos de existencia.

En este volumen segundo quisiera destacar el apartado dedicado a compilar el léxico íntegro de la obra, debido a la teresiana y teresianista Margarita-María Banbridge, que ya anteriormente había elaborado el léxico similar del Libro de la Vida, facilitando así a los estudiosos de nuestro idioma el acercamiento al lenguaje hablado en Castilla a mediados del siglo XVI, nítidamente reflejado en la fonética y grafía de Teresa.

Con todo, la aportación más importante se contiene en el volumen primero, que reproduce fielmente el autógrafo teresiano. Como es sabido, este Libro de las Fundaciones tiene algo de "libro de viajes y andanzas" por los caminos de Castilla, La Mancha y Andalucía en pleno clima de siglo de oro: viajes de una mujer; con una pequeña mesnada de mujeres, monjas como ella; en uno cualquiera de los rumbosos carromatos de la época; siempre a las órdenes de uno o más arrieros; asesorados por uno o más capellanes.

Teresa escribe sobre la marcha. Comienza su relato en Salamanca cuando ella cuenta unos 57 años. Lo prosigue --diríase que por entregas- en Valladolid, Toledo, Segovia, La Jara, Palencia y Soria. (No parece que lo lleve consigo a tierras andaluzas. ) y lo ultima, un par de meses antes de su muerte ( a los 67 años ), quizás en el Carmelo de Burgos, o más probablemente de camino, viajera por última vez, entre Burgos y Alba de Tormes.

Un buen grafólogo tendría en el manuscrito un rimero de estratos gráficos, aptos para bucear en el alma profunda de esta mujer, la escala de su emotividad humana y religiosa: cómo escribe ella de joven cincelando las letras en los momentos eufóricos ( en Salamanca, por ejemplo ), o cómo le vibra la pluma en los trances angustiosos (por ejemplo, en Toledo, poco antes de que fray Juan de la Cruz entre en la carcelilla ), o ya en pleno ocaso existencial, al relatar su pulso mano a mano con el Arzobispo burgalés.

Pero el libro -claro está- contiene más que esos estratos grafológicos reproducidos en el volumen primero de nuestra edición. El libro, como el alma de Teresa, es profundamente religioso. Narra la gesta de sus fundaciones como un "gesta Dei" por mano de mujer y mientras lo refiere al lector profano que somos nosotros, le basta un golpe de ala, o de pluma, para ponerse al habla con el lector de fondo que es el Señor de su alma. y el lector profano puede asistir y escucharla:

"Oh grandeza de Dios. y cómo mostráis vuestro poder en dar

osadía a una hormiga" como yo. "Y cómo, Señor mío, no queda por

Vos el no hacer cosas grandes los que os aman, sino por nuestra

cobardía y pusilanimidad..." (2,7)

 

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