Han entrado en la Vida:

 

 

 

H. MARCELINA DEL SAGRADO CORAZÓN MENÉNDEZ VALLEJOS

Provincia Virgen del Carmen

 

 

Marcelina Menéndez Vallejos, nació en  Agallas en la Diócesis de Ciudad Rodrigo, el 8 de Agosto de 1914. Ingresó a la Compañía en 1942, al noviciado de Tortosa, después de haber vivido los horrores y miserias de la Guerra Civil, vivencia que marcó sus opciones toda la vida. Un vez profesa pasó a Valladolid y su segunda renovación ya la vive en tierras americanas: Montevideo en 1946, Santana en 1947, y a Illapel en 1949, donde vivió 31 años.

 

Hizo suyo el “danos hoy nuestro pan de cada día”, antes de amanecer cargaba sobre sus hombros un quintal de harina para que, al primer rayo de luz, el aroma del pan recién horneado despertara a las hermanas, a las internas, a los niños del sector, a los de la escuela parroquial. Hoy recuerdan con cariño que el “ STJ” grabado en el centro del pan, llenó primero su estómago, después conocieron al Maestro, al que lo multiplicó en el descampado, al que enseñó el Padrenuestro. Marcelina, no sólo dio pan, lo entregó con ternura, con delicadeza, lleno de paz, de amor, de serenidad. Tendió la mano acompañada de su mirada ingenua, brillante, a las internas que hoy hacen los mejores recuerdos de ella y así fue para sus Bodas de Oro, llegaron de todas partes a acompañarla a dar gracias a Dios, por ella y porque se dejó hacer por Dios.

 

En 1980 vino a Santiago, las Comunidades del Colegio, del Juniorado y de Santa Rosa pudieron compartir con ella su fidelidad a lo cotidiano, con la sencillez de los limpios de corazón, de su confianza sin medida en la “madre”, en la búsqueda de la voluntad del Señor, de sus ricos postres y licores, porque disfrutó eso de que “entre los pucheros anda el Señor”.

 

En 1998 llegó a la Residencia Santa Teresa con la salud muy deteriorada, pero quería venir, porque aquí podría participar de la Eucaristía; aunque prácticamente no oía, allí estaba, con el Rosario en las manos, en otros momentos con su libro de Horas, participando de todos los encuentros comunitarios, con el bordado entre las manos; hizo cojines de muchos colores, le hacía feliz ver feliz, por ello se esforzaba.

 

 Las embolias sucesivas le fueron apagando todo aquello que la hacía tan especial, porque supo conjugar la inocencia bautismal con la picardía; la libertad de las hijas de Dios, con la obediencia; una profunda paz, con la lucha por aceptar el dolor y la limitación; la ternura, con la rectitud. Sus ojos azules fueron transparencia del Cielo, y de la búsqueda constante de hacer lo que el Señor tenía para ella, así lo manifestaba en voz alta, cuando pedía que la  lleváramos a visitar al Señor después del recreo.

 

Después de la celebración de la Eucaristía, en su habitación, comenzó su partida, lenta y silenciosa hacia la Casa del Padre la madrugada del 20 de Noviembre del 2003.

 

Gracias Señor, por habernos permitido vivir con ella en el tiempo de mayor despojo. Marcelina, viejita ojitos de cielo, sabemos que descansas en Paz, alcanza a esta Provincia y a la Compañía las gracias que necesita. Amén

 

 

HNA. MARÍA DE SAN JOSÉ AYALA ESPINOSA

Provincia Virgen de Guadalupe

 

El viernes 21 de noviembre del 2003, día de la Presentación de la Virgen, la Hermana MARÍA DE SAN JOSÉ AYALA ESPINOSA,  se encontró con el Señor, después de 65 años de vida religiosa y de recuperarse de una insuficiencia renal muy fuerte que la tuvo hospitalizada por un tiempo.

 

            Nació en Pénjamo Gto. el día 28 de diciembre de 1910. Hizo su noviciado en San Antonio de Texas, posteriormente fue destinada a la Republica Mexicana y durante años vivió en los Colegio de la Florida, Instituto Cultural y Puebla - Colegio América, donde murió.

 

            Se distinguió por ser una persona muy sencilla, sin doblez, vivía con mucha naturalidad, sin exigencias ni complicaciones. Recordaba mucho su infancia y sobre todo le tenía un gran cariño a su tierra a la que le gustaba mucho cantarle. Su actividad principal fue el apoyo a la comunidad en el comedor como refitolera, ayudando en la casa, cuidando las plantas y ayudando  en la labores a las niñas, Su presencia en la Comunidad era muy gratificante, participaba en todo, su sentido del humor y gracia se hizo ganarse el cariño de toda la comunidad.

 

            Se distinguió  por su gran cariño a San José y a la Santísima Virgen a quien le tuvo una gran devoción en el rezo del Rosario, al recibir la Sagrada Comunión se la veía muy unida a Jesús.

 

            Fue una persona muy enferma, sobre todo a partir de su estancia en el hospital, ella se fue preparando poco a poco, su muerte fue muy serena y rápida pero con una inmensa paz, momentos antes de fallecer, estuvo muy contenta platicando y cantando.

 

            Su separación física nos entristece, pero sabemos que ella desde el cielo intercederá por nosotras especialmente por esta comunidad que tanto quiso.

MARÍA ELENA DEL CORAZÓN DE JESÚS MORATÓ ARAGONÉS

Provincia Santa María de Guadalupe

 

 

El domingo 30 de noviembre de 2003, nuestra querida hermana Mª Elena se encontró definitivamente con el Señor en México, D.F., a los 77 años de edad y 60 de vida religiosa en la Compañía. Originaria de Reus (Tarragona), España, ingresó en el Noviciado de Tortosa en 1943.

Después de haber estado en tres Comunidades de España, llegó a México el año 1955, donde le tocó ser de las fundadoras del Colegio latinoamericano de Ciudad Juárez.

Amaba profundamente a la Compañía y a México, donde el Señor le tenía preparada una parcela para que sembrara el espíritu teresiano  “haciendo conocer  y  amar a Jesús” incansablemente. Tenía gran vocación de educadora, fue excelente profesora de párvulos por muchos años en Ciudad Juárez, La Florida, Instituto Cultural y Puebla. Al mismo tiempo tenía una gran vocación misionera y en Huejutla, trabajando a favor de nuestros hermanos indígenas, dio muestras de su incansable celo y amor a los más pobres. El Señor le concedió la gracia de contagiar su dinamismo apostólico a los pequeños y adultos con lo que se relacionaba y comprometía en la extensión del Reino, a cada persona según sus posibilidades: conseguía ayudas económicas, materiales de trabajo, ayuda personal, colaboración en campañas, etc...

En 1989 fue destinada a Jiutepec, Mor., Casa de Oración. Además de lo que pide el cuidado de los espacios físicos y la atención a los grupos que pasan por la casa para que se sientan atendidos y a gusto, realizó otros apostolados principalmente formando el Club de Amigos de Jesús con los niños de las casas vecinas y de la parroquia, la Catequesis infantil, la formación de catequistas y atención a las mamás de los niños del catecismo. Atendía con mucho interés a toda persona que se acercaba a ella pidiendo consejo o ayuda. 

            Semanalmente se desplazaba de Jiutepec al DF. para acompañar al grupo de señoras que forman el Patronato de Huejutla para ayudarles a organizar los diferentes eventos que realizan a favor de esta obra. La Asociación Nacional de Exalumnas contó también con su apoyo y asesoría durante el proceso de su organización y posteriormente siempre que la requerían: apostolados, celebración de Asambleas, etc.

            Los últimos meses se la veía cansada y sin apetito. En uno de sus viajes a México para el Bazar anual del Patronato, se sintió mal y se la tuvo que internar pensando que era problema del corazón. Después de muchos estudios se le encontró un cáncer terminal en el estómago.

            El gran amor que les tenía a los niños fue lo que siempre la distinguió en su vida de apostolado, por lo que su preocupación última fueron los niños del catecismo y las catequistas.

            Gracias, Hermana Mª Elena por tus enseñanzas, que están vivas entre nosotras, gracias por la semilla que sembraste en este suelo que te acogió con amor y espera que desde ese cielo intercedas por nosotras para que la cosecha sea cada vez más abundante para la extensión del Reino.

MARÍA DEL TRANSITO DE SAN JOSÉ JIMÉNEZ GONZÁLEZ

Provincia Santa María de Guadalupe

 

 

La hermana María Jiménez, nació en la Cuidad de Guadalajara, Jalisco. Entró a la Compañía a la edad de 29 años. Realizó su formación inicial en el Noviciado de la Huerta de las Campanas de Tlalpan, D.F. Su primer destino después del noviciado fue en el Colegio Teresiano de Managua, Nicaragua, donde vivió una época muy rica y fuerte de crecimiento personal, que la llevaría siempre a recordar lo vivido en ese país. Luego fue destinada al Instituto Cultural en la calle de Regina. Hizo sus primeros votos en 1957 y los votos perpetuos en 1963.

Vivió 34 años de su vida religiosa en la Comunidad del Colegio América de Mérida Yucatán. La mayor parte de ese tiempo se dedicó a impartir clases a los párvulos. Pasaron por sus manos muchas generaciones de alumnos, que a lo largo del tiempo mantuvieron relación con ella, regresando siempre para pedir consejo o simplemente para disfrutar de su compañía alegre, calurosa y cercana, trasmitiendo la presencia de un Dios acogedor, sencillo y libre, las personas que lograron establecer un trato con ella son testigo fiel del Dios que la habitaba.

Los últimos años de su vida, al no poder impartir clases, dedicaba su tiempo acompañando y poniendo en las manos de Jesús a muchas personas que le pedían oraciones. La Madre María todas las mañanas se presentaba a la puerta para darle la bienvenidas a las niñas, siempre con la alegría que la caracterizaba, siendo esto tan significativo que le decía que tenia: "El cachete más besado de Mérida". Preparó también a muchos niños para la Primera Comunión.

Fue una hermana cercana y de mucho detalle con los Yucatecos. Conocía a muchas de las familias de la ciudad y se mantenía pendiente de las cosas que cada una vivía, intercediendo, comunicándose y aconsejando oportunamente. Tenía la virtud de hacer sentir siempre a las personas que eran las consentidas, tomadas en cuenta y queridas

Mantuvo a lo largo de su vida una relación muy especial con la Virgen María, poniendo siempre en sus manos todas las necesidades e ilusiones tanto de ellas como la de los demás. No había fiesta Mariana que le pasara desapercibida, llegando incluso a cambiar su fiesta de cumpleaños a uno de esos días. Tenía una devoción especial por el rezo del Santo Rosario y a San José.

Otro pilar fundamental de su vida, fue su gran amor a Jesús Eucaristía, llegando incluso en los momentos de mayor dolor y enfermedad a renunciar a todo menos a la Misa, siendo su amor primero la que la mantuvo en pie a pesar de los impedimentos que experimentaba por el cáncer.

Tenía un carácter muy fuerte y aunque en ocasiones se dejaba llevar por sus impulsos, de la misma forma, humildemente pedía perdón y trataba de enmendar lo ocurrido.

Los últimos cuatro meses de su vida, fueron una preparación fuerte para su encuentro definitivo con su amado Jesús, ya que el cáncer que la invadía fue restándole capacidades para valerse por sí misma Los últimos días de su vida los pasó en cama, recibiendo oportunamente los Santos Oleos y la Comunión. Al final tuvo que ser internada en la clínica donde el amanecer del sábado 6 de Diciembre, día dedicado a la Virgen María, a las 2:00 a.m. entregó su alma al Señor de manera serena y tranquila.

 

La Madre María, dejó un espacio difícil de llenar, no sólo en la comunidad educativa del Colegio, sino en gran parte de la sociedad yucateca. Una muestra de esto fue la cantidad tan grande de personas de todas las edades que se hicieron presentes en su funeral.

 

ESTHER DEL CORAZÓN DE JESÚS ÁLVAREZ

Provincia San Francisco de Sales

 

 

En la madrugada del  8 de diciembre, nuestra hermana ESTHER se nos fue a celebrar la fiesta de la Inmaculada en el cielo. Había cumplido 96 años el día anterior, y había disfrutado desde su semi-inconsciencia las visitas de su familia y de las hermanas que le cantaron al presentarle el pastel de cumpleaños y las flores. Sonreía y agradecía sin palabras toda la atención y el cariño que estaba recibiendo. Nada hacía sospechar que el fin estaba tan cercano.

Esther nació en Uvalde, Texas, en 1907, en el seno de una familia tan numerosa como cristiana. El cariño que siempre la rodeó dejo su impronta en ella en la forma de una carácter jovial y lleno de vida que fue su característica hasta el final. Desde sus primeros años, el espíritu teresiano fue parte de su vida, puesto que recibió su educación primaria en la escuela parroquial del Sagrado Corazón de Uvalde donde la Compañía se había establecido en 1913.

Ingresó en la Compañía en San Antonio, Texas, en 1933 y vivió en Nueva Orleáns los primeros años de su vida religiosa, preparándose para el apostolado en Holy Cross College y haciendo los primeros ensayos de lo que sería la pasión de su vida, la enseñanza. La Escuela de St. Louis Catedral fue su primer campo apostólico hasta que fue trasladada a San Antonio, Texas, donde permaneció hasta el fin de su vida activa. Cincuenta años en total durante los que miles de niños y niñas de primer grado, pertenecientes a varias generaciones, pasaron por sus manos no sólo aprendiendo  las primeras letras, sino, aún más importante, siendo introducidos a la amistad con Jesús y a los principios de una auténtica vida cristiana.

Alguien dijo hace poco hablando de ella que lo niños eran su vida. Tenía un arte especial para comunicarse con los pequeños, enseñarles y hacerles sentir que los quería con toda su alma. Fue emocionante oír testimonios de muchos de sus alumnos y alumnas que el día del funeral recordaban a Esther como la maestra de quien aprendieron las bases sobre las que han construido su vida de adultos. Creativo y artista por naturaleza, su carisma educativo no se reducía a la clase sino que se expresaba en todo lo que pudiera ampliar horizontes. Las obras de teatro en el escenario, las canciones infantiles que resonaban tan frecuentemente en su clase y los desfiles de niños en carrozas decoradas que, en ocasiones especiales, recorrían las calles que rodeaban la escuela, han quedado grabadas en la memoria de todos  aquellos que participaron en ellas.

Muy habilidosa para trabajos manuales, empleaba sus tiempos libres en tejer preciosas colchas, vestir muñecas y un sin fin de otras manualidades para ayudar a las ferias que el Seminario y la parroquia de Uvalde celebraban anualmente para recaudar fondos.

Cuando ya su salud no le permitió estar todo el día en la clase, se consideraba feliz de poder ayudar hablando de Dios a los más pequeños un par de horas al día, atendiendo en clases privadas a los niños que tenían dificultad para aprender a leer.

Las que tuvimos la suerte de vivir con ella la recordamos como un rayo de sol en la Comunidad. Siempre alegre y de una sencillez encantadora, irradiaba el gozo que ella decía le contagiaban los niños. Le gustaba cantar y nos hacía disfrutar con sus canciones en recreos que a veces improvisábamos durante las fiestas de Navidad.

Los últimos años de su vida, cuando el Señor Jesús le ofreció su cruz para compartirla con ella, sufrió el debilitamiento progresivo de su mente, a la vez que su cuerpo se iba desmoronando poco a poco. A pesar de que ya no nos reconocía, no dejaba de sonreír y agradecer con palabras cariñosas los servicios de las personas que nos ayudaban a cuidarla.

El Señor la vio preparada y vino a buscarla en la fiesta de su Madre. Se nos fue calladamente, casi sin darnos tiempo para confrontar la realidad del momento. Las que estuvimos junto a ella la vimos apagarse suavemente como una lamparita. Nos ha dejado un gran vacío, pero su legado de sencillez y alegría va a mantenerla viva en muchos corazones. La Misa de la Resurrección fue una verdadera demostración de cariño y agradecimiento de parte de sus familiares, de sus alumnos, amigos, bienhechores de la Compañía. Dios nos regaló a las hermanas una gran sorpresa: la presencia inesperada de un gran amigo de la Comunidad y de Esther, el Obispo de San Bernardino, California,  Mont. Rev. Gerald Barnes, que presidió la celebración Eucarística.

Te extrañamos, Esther, pero confiamos en que vas a interceder por la Provincia ante Jesús ¡Gracias por tu dedicación a los niños! ¡Gracias por tu vida!

 

 

HNA CONSUELO DEL  CORAZÓN  DE JESÚS URBÓN  LESMES

Provincia  Virgen de la Esperanza

 

            Nuestra Hna. Consuelo  murió  en Madrid, casa de Acogida, el 26 de diciembre, a los ochenta y dos años de  edad, con mucha paz , sin llamar la atención , como había vivido.  Había nacido en 1921 en Castromocho, un pueblo de la provincia de Palencia y estudió en el colegio de la Compañía en Valladolid como interna, durante el bachillerato.  Ingresó en la Compañía en el  Noviciado  de Calahorra en el año 1938,  en plena guerra civil española. Sus primeros votos los hizo en  Tortosa en el año 41, y en seguida fue destinada a Madrid al colegio de Goya, donde tuvo a las alumnas de cultura general durante doce años. Aún sus antiguas alumnas de Goya, se reunían y venían a visitarla de vez en cuando con sus nietos y nietas ya creciditos

            En  Ganduxer,  además de las clases, trabajó mucho con las antiguas alumnas, apoyándolas en la fundación de una guardería. Allí  compartió su vida durante  24 años. Trabajó también  con los adolescentes siendo su curso habitual tanto en Oviedo (durante 7 años) como en Madrid Jesús Maestro,(16 dieciséis años) el de los trece –catorce años. Siempre fue una profesora cariñosa, delicada y exquisitamente educada con alumnas y familias. Hasta hoy todas sus alumnas la recuerdan y agradecen su cariño y acompañamiento, echándola  de menos.

 

Ya en Jesús Maestro trabajó mucho en la Asociación de Padres, y organizó múltiples  actividades para recoger dinero para obras sociales, así como también sirvió en otros trabajos menos gratificantes, y mucho más escondidos pero necesarios,  como fotocopiadoras y recados múltiples. Su disponibilidad rápida, alegre, delicada en extremo la hacían ser  una mano tendida para cualquiera y desempeñar numerosos servicios a todos , ofreciéndose antes incluso de pedírselo.

 

            Hacia el año 1992, retirada ya de la enseñanza fue a trabajar al Obispado, donde ha desempeñado distintas tareas dentro siempre de la  administración diocesana. En el año 2000 pasó a formar parte de la recién  fundada Casa de Acogida de Madrid . Su trabajo en el Obispado pasó por  supervisar y ayudar a los conventos de clausura en lo referente a la seguridad social, así como en la asesoría tributaria de las distintas parroquias madrileñas. A veces muchas horas de cola para las ventanillas del  Ministerio de Hacienda en las declaraciones de la renta etc.. y siempre con una sonrisa, sin darse importancia, ni reclamar nada,  con total gratuidad. Esta misma actitud gratuita vivió en  su cálida acogida de cada hermana que pasaba por Madrid, para hacer que todas se sintiesen  realmente en casa, sin regatear incomodidad o tiempo a su descanso, como las  que hemos vivido con ella o experimentado su delicadeza y sus detalles,  hemos podido comprobar.

 

            De carácter abierto y animado, siempre activa y  dispuesta a aprender, a  ayudar,  a servir, continuó trabajando en la comunidad y fuera de ella hasta el mismo momento de su muerte. Justo la noche anterior aún bromeaba  sobre la ilusión de los reyes magos, y de qué  podría  gustar más a las hermanas. El Señor conocía bien su corazón y se daba cuenta de que ya estaba maduro para el encuentro, tras haber practicado tanto tiempo el amor. Las que vivimos con ella damos gracias a Dios por su testimonio,  por  todo lo que aprendimos de ella, y por la paz que nos ha dejado ya que también nosotras comprendíamos, al ver su vida, que había madurado en el amor, y ése es un regalo que nos  acerca al Padre y nos llena de gratitud.

 

 

 

Descansen en paz nuestras queridas Hermanas

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ