EDUCAR PARA LA
PAZ
Un compromiso siempre actual
El Santo Padre, que ya nos había dicho frases tan penetrantes como: “La
guerra es el fracaso de la humanidad”, “Tierra Santa no tiene necesidad de
muros, sino de puentes”, “Para lograr la paz, educar a la paz”, dedica a
este tema el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, con el que marca el
camino para el año 2004, y del que reproducimos algunos párrafos:
«Escuchad todos el humilde llamamiento del
sucesor de Pedro que grita: ¡Aún
hoy, al inicio del nuevo año 2004, la paz es posible. Y, si es posible, la
paz es también una necesidad apremiante»...
Los cristianos sentimos, como característica
propia de nuestra religión, el deber de formarnos a nosotros mismos y a
los demás para la paz. En efecto, para el cristiano proclamar la paz es
anunciar a Cristo que es «nuestra paz» (Ef 2,14) y anunciar su Evangelio
que es «el Evangelio de la paz» (Ef 6,15), exhortando a todos a la
bienaventuranza de ser «constructores de la paz» (cf. Mt 5,9).
EDUCAR A LA PAZ
: «Para lograr la paz, educar a la
paz» Esto es hoy más urgente que nunca. Ante las tragedias que siguen
afligiendo a la humanidad, están tentados de abandonarse al fatalismo,
como si la paz fuera un ideal inalcanzable. Ésta se ha de construir sobre
las cuatro bases indicadas por Juan XXIII: la verdad, la justicia, el amor
y la libertad.
EDUCAR A LA LEGALIDAD:
Desde los albores de la civilización, las agrupaciones humanas que se
formaron establecieron acuerdos y pactos para evitar el uso arbitrario de
la violencia y buscar una solución pacífica a las controversias que
surgían. En este proceso tomaron forma, con mayor fuerza, unos principios
universales que son superiores al derecho interno de los Estados, y que
tienen en cuenta la unidad y la común vocación de la familia humana.
EL
DERECHO:
Es
oportuno recordar esta regla en los momentos en que se percibe la
tentación de apelar al derecho de la fuerza más que a la fuerza del
derecho.
UN
NUEVO ORDENAMIENTO INTERNACIONAL:
Para
proteger la paz y la seguridad global los Gobiernos crearon la
Organización de las Naciones Unidas. Como eje del sistema se puso la
prohibición del recurso a la fuerza. Desgraciadamente la división de la
comunidad internacional en bloques contrapuestos han producido un
alejamiento creciente de las previsiones de la inmediata posguerra. Sin
embargo los ideales de las Naciones Unidas están muy extendidos,
especialmente a través de los gestos concretos de solidaridad y de paz de
tantas personas que trabajan en las Organizaciones No Gubernativas y en
los Movimientos en favor de los derechos humanos.
LA
PLAGA FUNESTA DEL TERRORISMO:
La lucha
contra el terrorismo no puede reducirse sólo a operaciones represivas. Es
esencial que incluso el recurso necesario a la fuerza vaya acompañado por
un análisis lúcido y decidido de los motivos subyacentes a los ataques
terroristas. El terrorismo se combate: a) evitando las causas que originan
las situaciones de injusticia de las cuales surgen a menudo los móviles de
los actos más desesperados y sanguinarios b) insistiendo en una educación
inspirada en el respeto de la vida humana en todas las circunstancias.
APORTACIÓN DE LA IGLESIA:
«
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados
hijos de Dios » (Mt 5,9).Esta
palabra invita a trabajar en el inmenso campo de la paz, Los que trabajan
por la paz serán llamados hijos de Dios, porque Él es el Dios de la paz.
En el anuncio de salvación que la Iglesia propaga por todo el mundo hay
elementos fundamentales para la elaboración de principios para una
pacífica convivencia entre las Naciones.
El
derecho internacional debe evitar que prevalezca la ley del más fuerte. Su
objetivo esencial es reemplazar «la fuerza material de las armas con la
fuerza moral del derecho». « El derecho internacional ha sido durante
mucho tiempo un derecho de la guerra y de la paz. Y está llamado cada vez
más a ser exclusivamente un derecho de la paz concebida en función de la
justicia y de la solidaridad. La acción de la Iglesia está comprometida a
ofrecer y vivir la luz perenne del Evangelio y la ayuda indispensable de
la oración.
LA
CIVILIZACIÓN DEL AMOR
:
Por sí
sola, la justicia no basta. Para instaurar la verdadera paz en el mundo,
la justicia ha de complementarse con la caridad. La justicia no consigue
liberarse del rencor, del odio e incluso de la crueldad.
Por eso
he recordado varias veces a los cristianos y a todas las personas de buena
voluntad la necesidad del perdón para solucionar los problemas, tanto de
los individuos como de los pueblos. ¡No hay paz sin perdón!
El amor es la forma más alta y más noble de relación de los seres humanos
entre sí. El amor debe animar, pues, todos los ámbitos de la vida humana,
extendiéndose igualmente al orden internacional. Sólo una humanidad en la
que reine la « civilización del amor » podrá gozar de una paz auténtica y
duradera.
¡Sí, queridos hermanos y hermanas de todas las partes del mundo, al final
vencerá el amor! Que cada uno se esfuerce para que esta victoria llegue
pronto. A ella, en el fondo, aspira el corazón de todos.