EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

 

Recordando a Pablo VI,

en los 25 años de su muerte

 

Es tanto lo que ha pesado su vida en la reciente historia de la Iglesia, que su recuerdo se mantiene vivo y actual en ella.

 

 Hay personas cuya fama se va diluyendo con el paso del tiempo, pero hay otras tan significativas que van cobrando relevancia conforme los años van demostrando su valía. A Pablo VI le valoramos ya en su tiempo, pero nuestra valoración va en aumento conforme constatamos las consecuencias de sus actuaciones, la profundidad de sus ideas, la transcendencia de sus escritos. Y es que el Papa Montini fue un regalo de Dios a su Iglesia.

 

El testimonio de su vida fue un constante estímulo, puesto que, tras el hombre sereno, intelectual, mesurado, se escondía una persona apasionada por el amor a Jesucristo, a la Iglesia y a los hombres. Comenzó su pontificado en un momento difícil pero crucial para la Iglesia: cuando el Concilio Vaticano II había celebrado solamente su primera sesión. Afrontó con valentía la situación, anunció la reanudación del Concilio y consiguió, con su lucidez teológica, su capacidad de diálogo y su apertura a la acción del Espíritu, conducir el desarrollo del mismo hasta la renovación y apertura de la Iglesia, urgentes ya en su momento.

 

            Durante los quince años que duró su pontificado promovió la vida espiritual de la Iglesia, la lectura contemplativa de la Palabra de Dios, el diálogo entre fe y cultura, la comunión entre las diversas confesiones cristianas, la apertura de la Iglesia a las exigencias del mundo actual, la renovación-adaptación de la Iglesia y de la vida religiosa, etc.     

La Vida Religiosa le debe, además del decreto conciliar “Perfectae caritatis”, el motu proprio “Ecclesiae Sanctae”, y la exhortación apostólica “Evangelica testificatio”, documentos en los que  habla de la necesidad de la renovación de la vida religiosa, no puede considerarse un acto sino un proceso abierto, y en los que comienza a utilizar conceptos bastante nuevos en su momento como discernimiento, carisma, comunión, etc.

Doce desafíos de la Iglesia.

El Papa a los Obispos de América Latina

 

¿Cuáles son los desafíos que tiene que afrontar la Iglesia católica, en estos convulsos inicios de siglo? Juan Pablo II ha respondido a esta pregunta al recibir a los obispos de América Latina. Aunque se refiere a la vida de los católicos latinoamericanos -que constituyen casi la mitad de los católicos del mundo-, la visión que en ellos ofrece afecta a la Iglesia universal.

 

1. Anuncio de Jesucristo. El primer desafío es «anunciar a Jesucristo para acrecentar la fe de los fieles y hacer que maduren en ellos las enseñanzas del Evangelio, transmitiendo el mensaje de Cristo en toda su integridad y belleza, sin dejar de lado sus exigencias». «El anuncio de Jesucristo debe ser claro y preciso, explícito y profético».

 

2. Comunión. «Sólo si es claramente perceptible una profunda convivencia y unidad de los pastores entre sí y con el sucesor de Pedro, como también de los obispos con sus sacerdotes, se podrá dar una respuesta creíble a los desafíos que provienen del actual contexto social y cultural».

 

3. Sacerdotes. Es «particularmente urgente una figura de pastor que no sólo atiende a los fieles cercanos, sino que incansablemente va en busca de los desorientados y alejados». Es necesario que los obispos mantengan con los sacerdotes una relación «de cercanía, y les ofrezcan una formación permanente humana, espiritual, intelectual y pastoral», de modo que aparezcan siempre dotados de una sólida espiritualidad, imitando a Cristo, Buen Pastor, y con un bagaje intelectual que les haga cada día más idóneos para transmitir el mensaje evangélico a los hombres y mujeres de hoy».

 

4. Personas consagradas. «Los pastores de la Iglesia no sólo han de promover las vocaciones al clero diocesano, sino también a la vida consagrada, así como velar para que se respete la identidad de cada instituto, fomentando así mismo entre los fieles la estima por la vida religiosa». Por su parte, los religiosos deben «mantener la comunión y el diálogo con los otros componentes del Pueblo de Dios, y en primer lugar con los mismos obispos.

 

5. Seminarios. Los seminaristas «deben ser recibidos, sentirse amados y ser convenientemente atendidos en los seminarios y casas de formación mediante un proceso que ayude a desarrollar la vocación y puedan un día ser servidores de Dios en beneficio de los fieles y de tantos hermanos necesitados».Esto exige una adecuada «selección de los formadores» de los seminarios.

 

6. Pastoral vocacional. «La promoción de las vocaciones sacerdotales es tarea de todo el pueblo de Dios y nadie debe sentirse excluido de este compromiso».Para alcanzar este objetivo, el Papa propone tres estrategias  decisivas: «contar con familias sanas,

estables, fundadas en los verdaderos valores”; «servirse de organizaciones de tipo parroquial, escolar o vinculadas a los movimientos apostólicos que sean capaces de ofrecer una educación basada en la fe, y que proporcionan un ambiente propicio para la inserción de un estilo de vida que muestre interés por los demás»; «el  testimonio de los sacerdotes y de las personas consagradas».

 

7. Laicos. «Es necesaria una renovada invitación a los seglares a participar en los ámbitos que les son propios, es decir, la inspiración cristiana del orden temporal, la defensa y promoción de los bienes de la familia y la vida, la cultura, la economía, la política, de modo que, como ciudadanos y como hijos de Dios y miembros de la Iglesia, asuman sus responsabilidades en estos ámbitos según los criterios del Evangelio y la doctrina de la Iglesia». «Los obispos han de contar con el laicado, otorgándoles la confianza que merecen y no rehusando atribuirles encargos para los que estén capacitados».

 

8. Familia. El Papa constata «una crisis generalizada y radical de esta institución fundamental». Por lo que pide afrontar varios retos:

-          «La necesidad de una sólida preparación de los que van a contraer matrimonio».

-          «Impulsar las condiciones sociales, económicas y legales que mejor salvaguarden la unidad y la estabilidad de los hogares».

-          Servir a la familia como «el lugar privilegiado donde se vive y transmite la fe».«Promover los movimientos y asociaciones de espiritualidad matrimonial».

-          «Hacer un discernimiento pastoral sobre las formas alternativas de unión que hoy afectan a la institución de la familia, especialmente aquellas que consideran como realidad familiar las simples uniones de hecho, desconociendo el auténtico concepto del amor conyugal».

 

9. Misa dominical. «No se construye ninguna comunidad cristiana si ésta no tiene su raíz y centro en la celebración de la sagrada Eucaristía». «Entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del día del Señor y su Eucaristía».

 

10. El mundo de la cultura (universidades y escuelas

católicas). «En ocasiones, la cultura que nos envuelve ni siquiera se plantea la existencia de Dios, simplemente prescinde de Él». «Para insertar la savia nueva del Evangelio en la sociedad contemporánea la Iglesia debe servirse también de las Universidades y escuelas católicas». Para ello, el Papa considera que «es necesario que las escuelas y universidades católicas mantenga bien definida su propia identidad».

 

11. Situación social. La Iglesia «ha de participar en el análisis de los logros y expectativas de la sociedad, tratando de interpretar a la luz del Evangelio los asuntos temporales y sociales para orientar a la misma sociedad, no rehuyendo cuando sea el caso la denuncia de la injusticia y proponiendo principios de carácter moral que han de orientar también la actuación de la vida civil».En esta obra la Iglesia debe «favorecer el diálogo entre las partes interesadas en caso de conflicto» y, en concreto, ofrecer una atención pastoral a los emigrantes.

 

12. La atención a los pobres, a los necesitados, a los indígenas... Tras recordar que «amando a los pobres el cristiano imita las actitudes del Señor», el Papa propone:

-          «Mantener la voz profética frente al perpetuarse de las situaciones de discriminación».

-          «Orientar la creatividad hacia la búsqueda de medios y actividades, por parte de todos y cada uno en la construcción de su propio porvenir».

-         «La Iglesia no puede conformarse con la búsqueda de un simple bienestar o comodidad de vida, sino que ha de promover el bien integral de la persona, el respeto de la verdadera dignidad de cada ser humano, lo cual implica el respeto de los derechos humanos fundamentales y del sentido de responsabilidad, solidaridad y cooperación para construir un mundo mejor para todos».

 

Vida consagrada africana

Coordinación

 

Al fin se hace realidad una nueva estructura de diálogo y comunicación de la vida consagrada africana.

 

           Hace ya tiempo –recordamos el motivo del viaje de nuestra Hna. General a Kenia- que los Superiores y Superioras  Generales (USG, UISG), así como los Obispos y la Congregación de Institutos de vida consagrada (CIVCSVA) veían la necesidad de coordinar la vida religiosa en África. Veinte  conferencias de Superiores y Superioras mayores han anunciado ya su intento de participar en el nacimiento de este nuevo organismo.                                                   

 

Teresa de Calcuta

La entrega a los más pobres entre los pobres

 

La beatificación de la Madre Teresa tendrá lugar en Roma el 19 de octubre. Se trata de una persona tan significativa, cuya muerte ha sido tan reciente –en 1997-,  que el acontecimiento se convierte en gozo para toda la Iglesia, porque su vida ha sido un regalo que Dios ha hecho al mundo. 

Nuestra sociedad, rota por el egoísmo y la ambición,  se ha hecho sensible al testimonio y la acción de esta mujer sencilla y valiente que ha sabido extender el Reino a través de la oración y la entrega completa a los más desfavorecidos.

A través de una página web: www.motherteresacause.info podemos tener acceso a su biografía y pensamiento.

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ