Han entrado en la Vida:

HNA. GERTRUDIS DEL ESPÍRITU SANTO BENITO SÁNCHEZ

Provincia Santa María de Guadalupe

 

En México, D.F. el sábado 5 de abril, la Hermana GERTRUDIS, después de anhelar ardientemente encontrarse con Jesús, tuvo la dicha de verle cara a cara, a los 85 años de vida y 71 de profesión religiosa.

Realizó su Noviciado en España durante una época muy difícil para la Iglesia. La cantidad de vicisitudes que vivió, le ayudaron a afianzarse en su vocación y comprender que Jesucristo la quería toda para Él.

Una vez hechos sus votos perpetuos salió de España, rumbo a la Habana, Cuba, donde vivió hasta la toma de la Isla por Fidel Castro, en 1960. Llegó a México, al Noviciado de Sta. Ma. de Guadalupe y posteriormente a “La Florida”, en donde se dedicó con un cuidado amoroso a acompañar durante 18 años a la Hna. Angelina Álvarez, hermana mexicana que fue Superiora del Colegio de Ciudad. Rodrigo, España, la cual vino a su patria a pasar sus últimos años y a la que Gertrudis le tenía mucho agradecimiento porque por ella entró en la Compañía.

Durante este tiempo nos dio ejemplo de caridad, bondad, paciencia, fe viva para saber encontrar a Jesús en nuestro hermano enfermo y necesitado. Al fallecer la Hna. Angelina, la Hna., Gertrudis dedicó su tiempo a los más pobres y necesitados, yendo y viniendo dos veces a la semana a dar clases de catecismo y costura a los alumnos de la reciente obra “Centro Educativo Teresiano”, en Ecatepec, Edo. de México, los demás días los dedicó a dar costura en algunos grupos de Primaria y los sábados a preparar para la Primera Comunión a los hijos de los Trabajadores del Colegio "La Florida".

Muy devota y propagadora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, Virgen María, San José, Ángel de la Guarda, a quienes les encomendaba las intenciones de todas las hermanas y personas que se le acercaban a ella para que orara por sus necesidades. Su apostolado personal era propagar el rezo del Rosario, y el tesoro de la Iglesia: las Indulgencias y dar la bendición a todos los niños que se le acercaban. Cada día mediante una flor o el envío de un dulce beso a la Virgencita, a San José o frente al Sagrario, nos daba testimonio de lo que es el amor, en los más pequeños y sencillos detalles del día a día.

Su gran amor a Jesucristo, a los sacerdotes, especialmente a los Misioneros Teresianos y a los niños, fue algo que le acompañó toda su vida. Estaba convencida de no tener otro Maestro que Jesús, Su vida orante, sencilla, dispuesta a ayudar a quien lo necesitaba sin pedirlo, abierta a los tiempos, comprensiva, fueron esa estela de luz que dejó a su paso por la Provincia.

Cuando el deterioro de su salud, no le permitió seguir dando clases de catecismo y costura, dedico todo su tiempo a "estar" ante el sagrario siendo una columna fuerte, un puente. entre Dios y los hombres. Al .final de su vida, Dios le concedió lo que ella le pedía diariamente “buena muerte y poca cama", su agonía sólo duró 8 días.

Su recuerdo es esa voz que nos anima a seguir adelante, a confiar y esperar en Aquel a quien le hemos consagrado nuestra vida. Gracias Gertrudis por tu cercanía y vida de fe.

 

 

HNA. CONCEPCIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

ACÉVEZ ARAIZA

Provincia Santa María de Guadalupe

 

 

En México D.F., e1 día 27 de abril de 2003, día de la Virgen de Montserrat, la Hna. Concepción del Santísimo Sacramento Acévez Araiza, a los 85 años de edad y 67 de vida religiosa en la Compañía de Santa Teresa de Jesús, se encontró con Dios a quien siempre deseó amar sobre todas las cosas.

Nació en Atotonilco, Jalisco. Muy jovencita aún, sus padres, a quienes guardó siempre un amor entrañable, la llevaron a estudiar como interna al Colegio Teresiano de Mixcoac, en México, D.F, más tarde ingresó en la Compañía el 9 de mayo de 1934. Hizo su Noviciado en Estados Unidos, en San Antonio, Texas. Ya profesa se dedicó con todo ahinco a la misión que durante 25 años le confió la Compañía en ese país. Siempre en S. Antonio, fue Ecónoma de St. Teresa's Academy y de la comunidad que atendía esa obra, y responsable de las alumnas internas.

Las Hermanas que vivieron con ella en esos años, hablaban con frecuencia de su espíritu de sacrificio y recogimiento, y de su responsabilidad a lo que se le encomendaba. Como la situación económica era difícil, trabajaba hasta altas horas de la noche y, tantas veces, hacía ella misma de pintor o de plomero para ahorrar e ir pagando el préstamo pedido para la construcción de la Academia. Era común entre las Hermanas la admiración por la dedicación de la Hna. Concepción al trabajo, tan bien combinado con sus tiempos de oración y la asidua participación en los actos comunes. Algunas decían que si llegaran a perderse las Constituciones las podrían volver a escribir observando la vida de la M. Concepción.

Allí mismo, en S. Antonio, fue más tarde maestra de Novicias y de Postulantes. tarea que desempeñó con gran amor a Dios, olvido de sí y con una entrega incondicional a la formación de las jóvenes y al servicio de los demás. Las hermanas la consideraban un verdadero testigo de Jesús, tal como el Padre Fundador describe a las Formadoras.

Era muy recta y buscaba con exigencia el bien de las hermanas, comprensiva y cariñosa, atenta a las necesidades de cada una. Al corregir a las jóvenes lo hacía de tal modo que se lo agradecían y trabajaban en superarse. Su amor a Dios era contagioso, hablaba con mucho entusiasmo del amor y seguimiento incondicional a Jesucristo, Animaba a vivir constantemente en la presencia de Dios, a confiar en ÉI, a entregárselo todo y dejarlo todo en sus manos. En septiembre de 1958. proveniente del Noviciado de Fresno, California, regresó a México, al Noviciado de Santa María de Guadalupe en Tlalpan, destinada, con dedicación completa a la formación de las Hermanes Novicias. a quienes atendía de corazón tratando de infundir en ellas un fuerte deseo de ser "todas de Jesús, de amar entrañablemente a la Compañía, a Teresa de Jesús y el Padre Fundador.

En 1965 fue destinada nuevamente a la casa de Fresno como Superiora, donde permaneció hasta el cierre de esa cesa. Volvió a México a la comunidad del Colegio Enrique de Ossó, en Guadalajara, y más tarde a la Casa provincial en Tlalpan. Después de un tiempo, en 1967, fue designada Ecónoma Provincial, oficio que desempeñó con toda responsabilidad. En 1970 recibió el nombramiento de Superiora provincial de la Prov. P. Enrique de Ossó. Su donación y responsabilidad en la atención a las hermanas y a los asuntos propios de este cargo fueron manifiestas. En estos años tuvo que afrontar la decisión de vender el Noviciado de Tlalpan y construir el nuevo en otra zona del Distrito Federal. Era muy consciente de las dificultades y aun enemistades que le acarreaba su sinceridad y fidelidad a su conciencia, que en último término nacía de su fidelidad a Dios y a la Compañía, por eso fue capaz de asumir tales dificultades con sincero olvido de sí, mas no sin un profundo sufrimiento Interior.

Al terminar su misión como Provincial, en el XI Capítulo General, en 1975, fue nombrada Consejera General. En estos años se hizo muy patente su profunda interioridad en formas genuinas de cordial cercanía, de respetuosa sinceridad y de una fidelidad a toda prueba, con verdadero espíritu de fe y de libertad.

Al terminar el periodo de Consejera General, regresó a México en 1981, en donde, con sencillez y humildad, vivió en las Comunidades de la Curia Provincial, Instituto Cultural y La Florida, Su vida en esta época fue de una entrega silenciosa, apoyando a su superiora y animando a vivir una vida de fe a todas las Hermanas que se le acercaban. Su serenidad exterior y su paz interior le ayudaron a conservar la armonía en medio de las dificultades y la capacitaron para ayudar a las personas necesitadas de comprensión y estimulo en el camino de la fe.

Con verdadero celo apostólico se hizo cargo de varios grupos de MTA-Comunidades como Asesora, y organizaba también Talleres de Oración con gran espíritu de disponibilidad y servicio. Con su ejemplo y su palabra enseñó a las personas que integraban los grupos a acercarse a Dios a través de la oración y trato continuo con Él. Ha sido muy querida y apreciada por su delicadeza, cercanía y dedicación a cada una de las personas que integraban sus grupos.

Toda su vida se caracterizó por un fuerte amor a Jesucristo, por quien trabajó incansablemente. Por este camino del amor y la oración, enseñaba ella a conocer y amar a Jesús a todos los que la rodeaban.. Se distinguió siempre, desde joven, por una intensa vida de fe, fruto de su vida de oración. Mujer de corazón inteligente, de gran rectitud, firmeza y fortaleza, capaz de lanzarse a grandes cosas, apasionada por vivir obediente a la voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias. Amó a la Compañía como hija generosa y fiel.

Después de una larga enfermedad, en la que Dios le pidió un desasimiento total, poco a poco perdió la capacidad de expresarse y de valerse por sí misma, ofreció su vida con gran generosidad, por la Compañía, por la Iglesia y por todo el mundo.

Su paso por la Comunidad nos dejó un ejemplo de fortaleza, humildad y abandono total en las manos de Dios.

 

 

HNA. ANTONIA DE SANTA TERESA SÁNCHEZ GASCÓN

Provincia Ntra. Señora de Coromoto

 

 

Para hablar de Antonia, “la Toña”, como le decíamos con cariño, podríamos utilizar varios símbolos: una lamparita encendida, una puerta, un teléfono y muchas plantas y flores hermosas.

Nació en Herguijuela de la Sierra, Provincia de Salamanca, España, en una familia castellana, de profunda fe cristiana, el 14 de septiembre de 1923. Era la mayor de 4 hermanos y desde joven dejó su casa para ir a Barcelona a trabajar. Allí recibió la llamada de  Jesús a seguirle de cerca en la Vida Religiosa.

            Ingresó en la Compañía el 14 de  julio de 1951, en el Noviciado de Jesús, Tortosa, España, e hizo su primera profesión el día 21 de enero de 1954.        Sus primeros años de Vida Religiosa 1954-1959 estuvo destinada a la Comunidad del Colegio C. Mayor, Pamplona, España. Y de  allí fue a la Comunidad de El Refugio, Madrid, donde se dedicó a las labores propias de la casa y cuidado de las internas. “Fueron años muy felices”, decía con una gran sonrisa de felicidad, siempre que recordaba esos primeros años de su vida en la Compañía.

            En 1961 la destinaron a “América”. El Colegio de La Castellana, Caracas, Venezuela, la recibió y fue testigo de su entrega generosa hasta 1998, cuando recibió el cambio para la Comunidad de la Casa Provincial, San Enrique, de Baruta.

Antonia era un prototipo de lo que llamaríamos una “castellana recia, de una pieza, sin doblez y piadosa”. Se dedicó siempre al cuidado de las cosas del Señor como sacristana y portera.

Se distinguía por su prudencia y sentido práctico de la vida, era observadora y detallista, con un gran amor a Jesús, a la Virgen y a la Compañía. Eso se reflejaba en el amor con que cuidaba todo lo referente a la Capilla: “lo mejor para Él”,  nos decía. Era también muestra de esto el tiempo que empleaba en el cuidado de las plantas para tener siempre adornada la casa y la Capilla, con mucha gracia y sacrificio, hasta el final.

Es difícil pensar en Toña sin verla en La Castellana cuidando la Capilla y la Portería, llamando por micrófono a las alumnas cuando, al terminar las clases, las venían a buscar… Ella conocía mejor que nadie a todas las familias que fueron pasando por ese Colegio tan querido para ella durante los 37 años que vivió allá. Estaba siempre atenta a todo y era exigente con las alumnas, los docentes y los padres. Con el tiempo se fue haciendo muy “abuela” con los más pequeños del Colegio que la querían de verdad. Las maestras de Preescolar eran sus preferidas.

Ella conocía todos los rincones de la casa y era la responsable de “las llaves” que no permitía tocar a nadie. Amaba mucho a esa “su casa” de La Castellana.

            Cuando la destinaron a la Casa Provincial, donde vivió los últimos 5 años de su vida, con menos trabajo y más tranquilidad, se sentía agradecida y muchas veces lo expresaba. Pudo seguir dando lo mejor de sí en la importante tarea de ser la portera de la Casa Provincial y responsable de la Capilla. Rezaba continuamente por todas y por todo, cuando teníamos una necesidad ya sabíamos que una “lamparita” estaría encendida ante el sagrario, acompañada de su oración constante sobre todo a la Virgen a través del Rosario.  Fueron dos devociones que la distinguieron.

            Desde 1968, quiso Dios probarla con la enfermedad y fue operada de un cáncer cuyas consecuencias la acompañaron toda su vida. De carácter fuerte como era, se templó aún más en el dolor que llevaba encima continuamente y trabajó toda su vida, con tesón y fidelidad en lo que  se le encomendaba. Años después  tuvo un intervención donde le sacaron un riñón y el otro quedó funcionando a medias. Un  año antes de su muerte fue nuevamente operada de cáncer sin posibilidades de administrarle tratamiento pues ya no lo hubiera resistido.

            “Señor, no me quieras tanto”, decía mientras se dedicaba a embellecer la Capilla con plantas, flores, manteles, velas o encender sus lamparitas.

            En marzo-abril del año 2003 estuvo de visita familiar y al regresar a Venezuela, donde quería estar los últimos años de su vida, se desencadenó la enfermedad que ya no tuvo fuerzas para resistir. Animada y consciente de su situación hasta el día anterior de su muerte, el Rosario no se le caía de las manos. No quiso Dios que muriera en su casa pero sí rodeada de las hermanas de la Comunidad,  el día 23 de Mayo de 2003, en la Clínica Sanátrix de Campo Alegre, Caracas.

            A su entierro asistieron muchas exalumnas y representantes de La Castellana y las hermanas y sus familias quienes la sentimos siempre parte de la familia. Descansa en paz, Toñita, ya te habrás encontrado con ese Jesús a quien serviste toda tu vida, sigue siendo nuestra lamparita.

 

 

H. CRISTINA IRMA (IRENE) DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS MÜLLER

Provincia Ntra. Señora Aparecida

 

            En el día en el que celebramos los diez años de la Canonización de Nuestro Padre, el 16 de junio de 2003, en Porto Alegre, Colegio Santa Teresa, entró en la vida eterna nuestra querida hermana Irene. Estuvo internada tres semanas en el hospital, donde le descubrieron un tumor maligno que la llevó a la muerte a los setenta y seis años de vida y cincuenta y nueve de vida religiosa.

            La Hna. Irene -nombre de bautismo con el que quería ser llamada- nació en San Salvador del Sur, estado de Río Grande del Sur, el 18 de agosto de 1926 y fue bautizada dos días después. Fue siempre muy querida por sus familiares, que le tenían un gran aprecio y a los que dejó un buen testimonio de su vida consagrada.

            En junio de 1944 ingresó en la Compañía, en el Noviciado de Montevideo y en abril de 1947 hizo los primeros votos y fue destinada al Pensionado de Porto Alegre, donde hizo la profesión perpetua en abril de 1953.

            Vivió su vida religiosa en las comunidades de Rio Grande del Sur: Santana do Livramento, Porto Alegre-Pensionado, Arroyo Grande de Sta. María, Porto Alegre-Noviciado, Itaquí, y en 1978 llegó a Porto Alegre-Colegio, donde permaneció sus últimos 25 años. Era sacristana y pasó su vida sirviendo al Señor en la Compañía, realizando su trabajo con mucha delicadeza.

            Tenía una fe grande, fuerte e inamovible en Jesús Sacramentado, mucho respeto y gran cuidado por la casa de Dios y quería que todas tuviésemos también ese respeto en la presencia del Santísimo Sacramento. Le gustaba adornar la capilla colocando muchas flores naturales, llegando a cultivar con mucho cariño plantitas y flores para embellecer el lugar sagrado; conservó siempre la capilla muy limpia y aseada, con especial esmero, con gran celo por las cosas del Señor.

            Tenía mucha devoción a la Virgen, le era fiel en sus devociones; era cumplidora del deber, prestaba muchos servicios, se esmeraba en la fidelidad a la oración y se dedicaba mucho a Jesús.

            La Hermana Irene tenía un gran espíritu de sacrificio y se alegraba de poder hacer el bien a la comunidad, haciendo recados en la calle, además de ser sacristana.

            Era Ministra Extraordinaria de la Eucaristía y llevaba, con mucho respeto y devoción, la comunión a los enfermos, era fiel en este servicio y en el participar en los Encuentros de los Ministros de la Eucaristía.

            En sus últimas tres semanas de vida, cuando estaba internada en el hospital, la Hna. Irene confirmó su gran espíritu de sacrificio en la oferta total de su vida al Señor, demostrando por el testimonio de fe, coraje y serenidad en el sufrimiento. Daba las gracias por todo lo que se le hacía para aliviar sus dolores día y noche. Expresó más de una vez que el cariño, apoyo y oraciones que recibía de las Hermanas le daban fuerza y sin eso le era difícil soportar tanto sufrimiento. Llamaba “mis ángeles” a los médicos y enfermeros. Poco a poco todo se le fue paralizando, entretanto, ella no se desanimó, decía: “quiero vivir, que se haga la voluntad de Dios”. Con certeza que ese querer vivir era para la vida eterna, eso sólo ahora lo podemos entender. Al entrar en el hospital pidió la Unción de los Enfermos y un Padre para conversar con él y, mientras pudo, recibió la comunión todos los días.

            Que el Señor acoja el ofrecimiento de su vida, y descanse en paz nuestra querida Hermana Irene.

 

H. FE DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DÍAZ PANDIELLA

Provincia Virgen del Pilar

 

El 25 de junio de 2003 fue el día del encuentro definitivo de nuestra hermana F e con Dios. la culminación de su larga vida en la entrega al Amor de su Señor al que se había consagrado totalmente.

Su muerte le llegó en la Residencia Enrique de Ossó de Zaragoza. como un sueño plácido y tranquilo. después de una larga enfermedad que la imposibilitó físicamente y le causó momentos de mucho sufrimiento.

La hermana Fe había nacido en Fuensanta, Asturias, el año 1911. Emigró con su familia a América del Sur y allí el Señor la llamó a seguir1e en la Compañía. La respuesta de Fe significó una opción ponderada y madura Tenía 41 años y sabía muy bien qué era lo que dejaba y a qué se comprometía.

Ingresó en el Noviciado de Montevideo en 1952. Después de la profesión temporal fue destinada al colegio de Dolores y posteriormente al de Rocha, como profesora de Educación Primaria. Maestra por vocación y preparación académica, demostró pronto además su sentido práctico y administrativo que la encaminaron hacia el campo de la Economía.

En 1956 fue destinada al Noviciado de Montevideo como ecónoma y encargada de postulantes Desempeñó el servicio de ecónoma en Buenos Aires, Dolores -en donde fue también superiora-  Santiago de Chile y Peñalolén. En todo momento se distinguió por su generosidad y prontitud en atender cualquier necesidad, por su actitud de disponibilidad y servicio, y por cómo supo entender y vivir la pobreza.

Regresó a España en 1972. Tras una breve estancia en Ovíedo y Valencia vino destjnada a esta comunidad. Durante varios años continuó desempeñando el servicio de ecónoma, haciéndose presente y ayudando en las necesidades de la comunidad y de la casa. A su forma de ser generosa y servicial unía un humor fino y una sonrisa abierta y acogedora que infundía a todos confianza y bienestar.

Los largos años de su enfermedad y de su imposibilidad física no rompieron la trayectoria de su vida serena y llena de paz. Fueron la rúbrica que garantizó la verdad de su amor y entrega a Dios ya los hermanos.

Atrás han quedado sus sufrimientos, su ancianidad, Fe es ahora eternamente joven y feliz. Así la podemos pensar, con su sonrisa permanente que adquiere en estos momentos un significado especial. Es como si nos dijera que vale la pena vivir aceptando con alegría y paz lo que venga, porque en todo está la mano amorosa de Dios que nos cuida y nos prepara como a ella la FELICIDAD plena y eterna.

Sentimos la separación física de Fe y nos entristece, pero a la vez nos alegramos con su alegría. Nos alegramos de que esté con Dios y confiamos que desde Él intercederá

por todos, especialmente por esta comunidad a la que tanto quiso.

 

 

 

Descansen en paz nuestras queridas Hermanas

 

 
 

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