EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
La
“PACEM IN TERRIS”
cumple 40 años
Difundir un anuncio de paz es ya una obra de PAZ. Recordamos el 40
aniversario de la Encíclica PACEM IN TERRIS, escrita por Juan XXIII en
abril de 1963. Fue un grito profético que invitaba a todos a actuar con
responsabilidad para defender el bien común y universal de la paz.

La Paz en la tierra,
anhelo profundo de los seres humanos de todos los tiempos, puede
instaurarse y consolidarse sólo en el pleno respeto del orden establecido
por Dios.
A todos
los hombres de buena voluntad les incumbe una inmensa tarea: la de
recomponer las relaciones de convivencia en la verdad, en la justicia, en
el amor, en la libertad; las relaciones de convivencia entre cada uno de
los seres humanos: entre individuos, familias; entre los ciudadanos y sus
respectivas comunidades políticas; entre las mismas comunidades políticas
y la comunidad mundial.
Es un imperativo del deber, es una exigencia del
amor. Todo creyente, en este nuestro mundo, debe ser una centella de luz,
un centro de amor, un fermento vivificador en la masa: y tanto más lo
será, cuanto más viva en lo íntimo de sí mismo en comunión con Dios. No se
da la paz entre los hombres si no hay paz en cada uno de ellos.
”Ecclesia
de Eucharistia”, Nueva Encíclica de Juan Pablo II
El pasado Jueves
Santo firmó el Papa esta encíclica –como solemne himno eucarístico- en el
25 año de su Pontificado.
Se trata
de una reflexión sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia.
Comienza diciendo que la Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no
expresa sólo una experiencia cotidiana de fe, sino que reúne en síntesis
el núcleo del misterio de la Iglesia. Parte del Vaticano II, que
proclamó “el Sacrificio Eucarístico como fuente y culmen de toda la vida
cristiana, en el que se reúne todo el bien espiritual de la Iglesia,
Cristo mismo, nuestra Pascua y pan vivo que, mediante su carne vivificada
por el Espíritu Santo, da vida a los hombres.”
A lo largo
de seis capítulos va contemplando la Eucaristía como Misterio de fe que
edifica a la Iglesia, que le da valor apostólico y crea en ella la
comunión. Hace después una llamada a mantener el equilibrio entre la
inculturación de la celebración y el decoro que exige la grandeza del
Misterio que encierra y termina invitándonos a entrar en la escuela de
María, la mujer “eucarística” por excelencia.
“En el
humilde signo del pan y del vino, transustanciados en su cuerpo y en su
sangre, Jesús camina con nosotros como fuerza y alimento, y nos convierte
en testimonios de esperanza para todos. Si ante este Misterio la razón
experimenta sus límites, el corazón iluminado por la gracia del Espíritu
Santo intuye bien cómo relacionarse, abismándose en la adoración y en un
amor sin límites.”
Los Medios de Comunicación
social
al servicio de la auténtica PAZ

De TORONTO a COLONIA,
con los jóvenes
En la XVIII Jornada Mundial de la
Juventud, una repre-sentación de jóvenes de Toronto entregaron a los de
Colonia, en la plaza de San Pedro y ante la mirada satisfecha del Papa, la
gran cruz que visitará cada una de sus iglesias hasta encontrarse en
Colonia, en el verano del 2004, con los jóvenes de todo el mundo.
Queridos jóvenes, lo sabéis: el cristianismo no es una opinión y no
consiste en palabras vanas. ¡El cristianismo es Cristo! ¡Es una Persona,
es el Viviente! Encontrar a Jesús, amarlo y hacerlo amar: he ahí la
vocación cristiana. María os ha sido dada para ayudaros a entrar en una
relación más verdadera, más personal con Jesús. Con su ejemplo, María os
enseña a dirigirle una mirada de amor a Él, que os ha amado primero. Con
su intercesión, ella modela en vosotros un corazón de discípulos capaces
de ponerse en escucha del Hijo, que revela el rostro auténtico del Padre y
la verdadera dignidad del hombre.

Las suyas son palabras
de vida eterna, palabras que dan sentido a la vida. Nadie fuera de Cristo
podrá daros la verdadera felicidad. Ahora más que nunca es urgente que
vosotros seáis los “centinelas de la mañana” que anuncian la nueva
primavera del Evangelio. La humanidad tiene una enorme necesidad del tes-timonio
de jóvenes libres y valientes que se atrevan a andar contra corriente y a
proclamar con fuerza y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador.
¡La paz esté
contigo, ESPAÑA!

Aunque el Papa
había estado otras veces en España, -y todas nosotras recordamos con
alegría y agradecimiento aquel 16 de junio de 1993 en Madrid, en el que
fuimos testigos del reconocimiento de la santidad de nuestro Padre- la
breve visita que acaba de realizar ha sido oportuna y trascendente para la
realidad que está viviendo el país.
El Papa, además
de proclamar cinco nuevos santos, motivo de gozo para la Iglesia
universal, ha dicho todo aquello que él deseaba decir y que las personas
de buena voluntad necesitaban oír, pocas palabras pero llenas de
contenido:
Estoy seguro de
que España aportará el rico legado cultural e histórico de sus raíces
católicas y los propios valores para la integración de Europa... Una
Europa fiel a su raíces cristianas, no encerrada en sí misma sino abierta
al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra;
...decidida a aunar sus esfuerzos y su creatividad al servicio de la paz y
de la solidaridad... La espiral de la violencia, el terrorismo y la guerra
provoca odio y muerte. Sed operadores de paz. Venced la enemistad con la
fuerza del perdón. Manteneos lejos de toda forma de nacionalismo
exasperado, de racismo y de intolerancia. Testimoniad con vuestra vida que
las ideas no se imponen, sino que se proponen.
El encuentro festivo y
oracional con los jóvenes, con los que el Papa conecta especialmente,
terminó con una súplica a la Virgen por todos ellos, jóvenes llenos de
sueños y esperanzas, centinelas del mañana, pueblo de las
bienaventuranzas, esperanza viva de la Iglesia y del Papa. Santa María,
Madre de los jóvenes, intercede para que sean testigos de Cristo
Resucitado, apóstoles humildes y valientes del tercer milenio, heraldos
generosos del Evangelio.
Solidarias con Colombia y ...
¡con tantos países que sufren!
Las últimas noticias
nos hablan de dolor y desesperanza... Jesús sigue siendo crucificado en
todos los pueblos del mundo. ¿Somos impotentes ante ello? ¿Cómo “hacer ese
poquito que es en mí...” se preguntan nuestras Hermanas de Colombia?
Revisar en lo profundo nuestra vida consagrada, acompañarnos mutuamente
para generar procesos de paz en las propias comunidades y comprometernos a
fondo con la educación para la justicia y la paz.
Este deseo que ellas
manifiestan es el de todas, pueden seguir contando con nuestro apoyo y
nuestra oración al Dios de la Vida, por ellas y por quienes viven
situaciones semejantes.
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