GUATEMALA,

   la siempre primavera

 

            Guatemala es sinónimo de color, de mucho color. Los colores de la exuberante naturaleza se mezclan con los trajes vistosos de sus habitantes; descendientes éstos de los mayas conservan costumbres, modos, estilos de los mismos en una gama multicultural. Esta multiplicidad étnica, lingüística, con costumbres milenarias, hace que esta nación sea sumamente peculiar, única y original en sí misma. Poseedora de una gran riqueza natural, con un clima siempre primaveral, sus ruinas mayas, sus ciudades coloniales, son un fuerte imán al turismo. Pero como todo país de Centroamérica, las riquezas están en pocas manos y la inmensa mayoría de la población vive en una dolorosa pobreza.   

 

                Alumnas celebrando el “día del maestro”

 

            La capital es atractiva para los campesinos, por consiguiente la migración del campo a la ciudad está creando una capital macrocéfala, en la cual se puede disfrutar de las comodidades del desarrollo, pero a costa de perder las raíces y la identidad propia, con la consiguiente formación de cinturones de pobreza en donde impera la violencia de las maras (pandillas).

 

            ¿Cómo llegó la Compañía a estas tierras chapinas? Todo empezó cuando la Licenciada Isabel Sáenz, guatemalteca, contratada por la Prefecta Provincial, llegó, allá por el año 1992, a dar un taller al profesorado teresiano de Nicaragua. Conoció a las Hermanas, su estilo de educar, el enfoque que se daba a la educación y le gustó tanto que no paró hasta ver a las teresianas fundadas en su tierra. Incluso llegó a ofrecernos una Escuela “Adveniat”, que actualmente dirige su hija. En 1993 Monseñor Próspero Penados del Barrio, arzobispo metropolitano de Guatemala, escribió una carta a la Hna. Rina Molina, entonces Superiora Provincial, animándola a fundar en Guatemala.

 

            Antes de la Fundación se realizó una experiencia de cuatro años con la finalidad de abrir caminos en este bello país. Las Hermanas pioneras fueron María del Pilar García y Margarita Ferrer, las primeras en inculturarse e insertarse en esta nueva realidad. A ellas les tocó abrir el camino, preparar la tierra para la siembra de la Compañía en una Nueva Tierra. Ellas vivieron los primeros sufrimientos y también las primeras alegrías. Fueron muy bien recibidas por los chapines (así se llama a los guatemaltecos), estimadas y queridas por todos ellos. Su recuerdo permanece en las mentes y en los corazones que tuvieron la suerte de relacionarse con ellas.

 

            Desde un principio se trabajó con la Institución Fe y Alegría. Siempre se contó con el apoyo del Director General, profesor Marco Antonio Ortiz y por supuesto con el de la Coordinadora General de Educación Formal, licenciada Isabel Sáenz. Por medio de un convenio entre Fe y Alegría y la Compañía, renovable anualmente, las hermanas iniciaron dando clases en el Centro Fe y Alegría # 2 y en la Escuela Experimental de Aplicación Mirón Muñoz (Normal). A partir de 1999 la administración y dirección de la Normal estuvieron a cargo de las Hermanas.

             

            La vivienda de las Hermanas, así como el lugar de trabajo, desde 1997 al 2000 sufrió varios traslados. Los dos primeros años se vivió en la Carolingia, barrio marginal de la ciudad de Guatemala, en donde existía y existe un ambiente de mucha violencia, pobreza y retraso cultural. La casa resultó inapropiada para vivir dignamente, así que a partir de noviembre de 1998 se cambió de residencia, se pasó a vivir al barrio vecino, San Francisco, mucho más tranquilo en cuanto al problema de la delincuencia y en una casa más amplia y en mejor condiciones que la anterior.

                                                                                     

              Levantar los niveles educacionales de la niñez y la juventud y educar para la paz son grandes retos en Guatemala. Por eso desde un principio la Compañía se orientó a esta finalidad. La Normal, en donde trabajaban y trabajan las Hermanas, estaba ubicada en el mismo recinto que la escuela de primaria Fe y Alegría # 2 en el barrio de La Carolingia. Eran dos escuelas independientes dentro de un mismo espacio. Esta situación complicaba el desarrollo normal y apropiado del actuar de la Normal. Se dieron pequeños problemas entre la Normal y la Primaria, sin querer se produjeron dificul-tades y resultaba difícil de-sarrollar apropiadamente una clase cuando los alumnos de la Primaria estaban en su recreo o realizando activi-dades culturales o deportivas en el patio, ya que la Normal quedaba justo en el centro del mismo. Estas situaciones de incomodidad   llevaron                         Alumnos realizando una danza indígena

a  las Hermanas a hablar con la Directiva de Fe y Alegría y con el Gobierno Provincial se llegó al acuerdo de que la Normal sería trasladada a otro lugar, haciendo nuevas las instalaciones. En octubre del 2000 las Hermanas se trasladaron a la casa ofrecida por Fe y Alegría en la  zona  del Amparo  II y allí se construyó un edificio nuevo para la Normal que fue inaugurado en octubre del 2001. Mientras tanto el Centro Fe y Alegría # 9 cedió un espacio para que se pudieran dar las clases durante el año 2001. Es de destacar que, a pesar de la distancia que supuso el cambio, el personal docente y los alumnos/as siguieron a las Hermanas. Los padres de familia, con una gran sacrificio por su parte, pues se trata de una población marginal y pobre, contrataron dos autobuses para que sus hijos e hijas pudieran llegar donde las Hermanas. Muy pocas bajas se dieron, es más, aún siguen matriculándose jóvenes de La Carolingia, El Milagro, Carranza, De lo de Bran..., todos ellos barrios de la zona 19.

 

            Actualmente las Hermanas viven, como ya he dicho anteriormente, en el Amparo II, zona 7. Este barrio es también muy peligroso por el alto índice de delincuencia que existe. Se oyen tiros y enfrente de la casa aparece el muerto, los delincuentes, conocidos por todos, vagan por la calle sin ser detenidos. Rara vez entra la policía en este barrio; los taxistas se resisten a entrar también. Si quieres llegar a la casa hay que darles primero la dirección del barrio anterior y una vez allí les vas convenciendo para que  te acerquen  al lugar donde  vives; el correo  no entra  para nada, ni ningún encargo de comida o compras. En todo el barrio no hay ni un solo banco.        

En este mundo las Hermanas trabajan por extender el Reino, por forjar maestros/as  al estilo de Teresa de Jesús, tal como nuestro Padre soñaba.

 

Mercedes Palos, stj

 

      En la actualidad, la Provincia Cristo Rey ha asumido en Guatemala, además de la Normal, la dirección del Centro nº 9 de Fe y Alegría, que abarca desde el Preescolar hasta el último año del Básico, incluyendo los talleres técnicos que se desarrollan como parte del currículo.

         

 

            Inauguración del nuevo edificio

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ