LA JUSTICIA Y LA PAZ

SE BESAN (Salmo 85,11)

 

EN CIRCUNSTANCIAS COMO LAS QUE ESTÁ VIVIENDO EL MUNDO, SOBRAN COMENTARIOS ...

RECOGEMOS ALGUNAS VOCES REPRESENTATIVAS:

De un Religioso: ARTÍFICES CREATIVOS DE LA PAZ

 Estamos convencidos de que es insuficiente decir: “No a la guerra”. Hay que ir más allá de lo que supone la negociación y la tregua, el desarme real y la destrucción de armas. Hemos de continuar implorando y trabajando por la paz, que es don y es tarea. La recibimos como regalo y la construimos con esfuerzo... Nosotros no podemos contentarnos con ser pacíficos. Hemos de ser artífices creativos de la paz. Cultivemos y difundamos la espiritualidad de la paz y eduquemos para la paz. Aquilino Bocos, Superior General de los Claretianos, Carta circular,19 de febrero, 2003.


De un grupo de Teólogos/as: EN EL NOMBRE DE DIOS ...

 

1.      En el nombre del Dios de la vida, expresamos nuestro rechazo a la guerra contra Irak, motivada por intereses económicos y comerciales más que por la amenaza real que puede representar este país. La guerra no es nunca la solución de los problemas sino que los empeora, ya que provoca la muerte y la destrucción del pueblo.

2.      En el nombre del Dios de la paz y de la justicia, defendamos la paz que se debe construir desde los fundamentos de la justicia y de la solidaridad.

3.      En el nombre del Dios de la reconciliación, defendamos el desarme de los pueblos y la búsqueda de vías pacíficas para la solución de los conflictos que se producen en el mundo, tanto a nivel nacional como internacional. Nos oponemos, por eso, a cualquier resolución de las Naciones Unidas que justifique la guerra.

4.      En el nombre del precepto divino”No matar” nos oponemos a la utilización del nombre de Dios para justificar el uso de la violencia y la declaración de la guerra.

5.      En el nombre del Dios clemente y misericordioso, nos oponemos a la teología de la Seguridad, que guía algunas políticas, porque está causando una permanente trasgresión de los derechos humanos y sembrando miedo y terror entre los pueblos acusados de pertenecer al “eje del mal”.

6.      En el nombre del Dios de la tolerancia defendemos la paz y el diálogo entre las religiones como encuentro de cultura y de civilización. A través del diálogo las religiones pueden colaborar positivamente en la construcción de una sociedad multireligiosa, multicultural y multiétnica.

7.      Creemos que la guerra debe ser evitada a toda costa y con todos los medios porque constituye un fallo de la humanidad, sobre todo de los gobernantes que la declaran, e induce a la barbarie.

8.      Apoyamos las manifestaciones por la paz y animamos a todos los creyentes de las distintas religiones a participar como expresión colectiva de protesta contra los gobernantes empeñados en desencadenar la guerra y como prueba de nuestro inequívoco empeño por la paz. Llamada internacional. TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS CONTRA LA GUERRA(firmado por más de cien). Adista, 1º Marzo 2003


Del Pueblo. PRIMER EFECTO DE LA GLOBALIZACIÓN DE LA OPINIÓN

  PÚBLICA: LAS MARCHAS POR LA PAZ.

 

El 15 de febrero de 2003 hubo 600 manifestaciones en 54 naciones (250 en Estados Unidos), con el siguiente número de participantes:

 

- Melburne (Australia): 100.000

- Tokio (Japón): 25.000

- Amsterdam (Holanda): 70.000

- Berlin (Alemania): 500.000

- Roma (Italia): 3.000.000

- Atenas (Grecia): 300.000

- París (Francia): 200.000

- Londres (Inglaterrra): 2.000.000

- Barcelona (España): 1.500.000

- Madrid (España): 2.000.000

            - New York (USA): 200.000

            - S. Francisco (USA): 250.000

- Sidney (Australia): 50.000

- Montreal (Canada): 150.000

- Oslo (Noruega): 60.000 

- B. Aires (Argentina): 15.000 

- Dublín (Irlanda): 30.000 

- Damasco (Siria): 200.000  

- S. Pablo (Brasil): 20.000

- Beirut (Líbano): 60.000            

- Seul (Corea Sud): 2.000

- Bangkok (Tailandia): 3.000

- Karachi (Pakistan); 1.000

- La Habana (Cuba): 5.000

- Varsovia (Polonia): 25.000

- Tel Aviv (Israel): 3.000


 

   Comunicación de “Justicia y paz”, 21 de febrero, 2003

 

De Juan XXIII en la PACEM IN TERRIS

 

Los seres humanos están hoy en día más y más convencidos de que cualquier disputa que ocurra entre naciones debe ser resuelta por negociaciones y acuerdos, y no recurriendo a las armas... De modo que en estos tiempos que se precian de su poder atómico, no tiene ya ningún sentido mantener que la guerra sea un medio adecuado con el que reparar las violaciones de la justicia.

 

De un Economista. LA PAZ REQUIERE JUSTICIA

 

Mientras exista la pobreza, los ricos no tendrán paz. Si no tendemos una mano a la gente que está viviendo en la pobreza y no creamos una mejor distribución de la riqueza, no habrá paz. James Wolfensohn, Presidente del Banco Mundial.


 

  De una Conferencia Episcopal. ESTE ES EL MOMENTO...

Estamos ahora en el momento crucial en el que el mundo entero tiene que afrontar la grave opción de guerra y paz, justicia y seguridad. La paz no nacerá de la inducción concatenada de odio contra odio, violencia contra violencia. Este es el momento de “ derribar el muro de separación, del odio” (Ef 2,14). Juzgamos que es inapelable el concepto de autodefensa lícita al uso de violencia preventiva para enfrentar las armas de destrucción masiva.

Este problema debe ser resuelto empleando todos los instrumentos pacíficos. Para ello apelamos a la solidaridad y coraje necesarios de la sociedad internacional. Si no se evita la guerra y se ejecuta el ataque se perderán irreparablemente multitud de vidas, incluida la población civil. Lejos de solucionar los problemas, la intervención armada producirá otros nuevos, no sólo en Irak sino en toda el área, desestabilizando el Cercano y Medio Oriente.

Urgimos al gobierno de Irak, e instamos también con firmeza a todos los países a que depongan sus armas atómicas y todo su armamento de destrucción masiva, abandonándolos por completo, de modo inmediato y de forma evidente a la sociedad internacional...

Esta es la opinión que nosotros, como Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica en Japón, queremos hacer manifiesta a todos los fieles, al Japón y al mundo entero. Este es el momento de unir nuestras fuerzas como cristianos a las de todos los hombres de buena voluntad, para trabajar positivamente por la paz y la promoción de la justicia, en acuerdo con el espíritu y las enseñanzas del Evangelio de Cristo. Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica en Japón, 21 de febrero 2003.


 

De Juan Pablo II. NUNCA LOS UNOS CONTRA LOS OTROS.

 

Dios de nuestros padres, grande y misericordioso, Señor de la paz y de la vida, Padre de todos. Tú tienes proyectos de paz y no de aflicción, condenas las guerras y derribas el orgullo de los violentos. Tu has enviado a tu Hijo Jesús a anunciar la paz a los cercanos y lejanos, a reunir a los hombres de toda raza y de toda estirpe en una sola familia.

 

Escucha el grito unánime de tus hijos, súplica angustiosa de toda la humanidad: nunca más la guerra, aventura sin retorno, nunca más la guerra, espiral de luto y de violencia; amenaza para tus criaturas en el cielo, en la tierra y en el mar.

 

En comunión con María, la Madre de Jesús, te suplicamos de nuevo: habla a los corazones de los responsables de la suerte de los pueblos, detén la lógica de la venganza, sugiere con tu Espíritu soluciones nuevas, gestos generosos, espacios de diálogo y de espera más fecundos que los acelerados plazos de la guerra. Concede a nuestro tiempo días de paz. Nunca más la guerra. Amén.      

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ