LA VOZ DE LA IGLESIA

 

PACEM IN TERRIS

UNA TAREA PERMANENTE

 

   

             Cuando el mundo actual se debate entre continuos conflictos armados, cuando estamos sufriendo violentos ataques terroristas y vivimos bajo la amenaza de una guerra grave y generalizada, sentimos más que nunca la necesidad de orar para que el Señor nos conceda la paz.

A los casi cuarenta años de la publicación de la histórica encíclica “Pacem in terris”, el 11 de abril de 1963, el Papa actual nos recuerda en su Mensaje de la Paz algunas de las palabras escritas por Juan XXIII pocos meses antes de su muerte, aquel Papa clarividente que no temía el futuro porque creía firmemente en Dios y en el hombre.

En esta Jornada Mundial de la Paz de 2003, -dice el Papa- nos sentimos invitados a comprometernos con los mismos sentimientos de Juan XXIII: confianza en Dios misericordioso y compasivo, que nos llama a la fraternidad; confianza en los hombres y mujeres, tanto de hoy como de cualquier otro tiempo, gracias a la imagen de Dios impresa igualmente en los espíritus de todos. A partir de estos sentimientos es como se puede esperar en la construcción de un mundo de paz en la tierra.

 

     Condiciones esenciales para la paz

 

     Cuatro son las condiciones esenciales para la paz, que son exigencias concretas del ánimo humano:

           La verdad será fundamento de la paz cuando cada individuo tome conciencia rectamente, más que de los propios derechos, de los propios deberes con los otros.

           La justicia edificará la paz cuando cada uno respete concretamente los derechos ajenos y se esfuerce por cumplir plenamente los mismos deberes con los demás.

           El amor será fermento de paz cuando la gente sienta las necesidades de los otros como propias y comparta con ellos lo que posee, empezando por los valores del espíritu.

           La libertad alimentará la paz y la hará fructificar cuando, en la elección de los medios para alcanzarla, los individuos se guíen por la razón y asuman con valentía la responsabilidad de las propias acciones.

 

Gestos de paz

         La paz no es tanto cuestión de estructuras como de personas. Estructuras y procedimientos de paz son ciertamente necesarios y afortunadamente se dan a menudo. Sin embargo no son sino el fruto  de la sensatez y de la experiencia acu-mulada a lo largo de la historia a través de innumerables gestos de paz, llevados a cabo por hombres y mujeres que han sabido esperar sin desanimarse nunca. Gestos de paz se dan en la vida de personas que cultivan en su propio ánimo constantes actitudes de paz. Son obra de la mente y del corazón de quienes “trabajan por la paz”. Gestos de paz crean una tradición y una cultura de paz.

 

LA COMPAÑÍA DE SANTA TERESA se une al deseo de paz que brota del corazón de

todos los hombres/mujeres de buena voluntad.

   

         ¡ Costa de Marfil, Venezuela, Palestina, Israel..., en cuántos lugares impera la violencia! Atendiendo a la convocatoria hecha por la Comunidad de San Egidio, la UISG, la USG y otros muchos movimientos laicales, partici-pamos en la MARCHA POR LA PAZ que el primer día del año recorrió parte de Roma y terminó en la plaza de San Pedro, donde nos unimos al rezo del Ángelus con el Papa y multitud del pueblo de Dios.

    Se trata de uno de esos gestos  de  paz  con  los  que intentamos manifestar nuestra convicción profunda y evangélica de que la guerra no es solución para ningún problema, no debe darse en ninguna parte del mundo, constituye una derrota para la humanidad.

 

 

Boletín Informativo / Servicios Teresianos en RED / Portal STJ