“LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y SU MISIÓN EN LA ESCUELA”

 

   

REFLEXIONES Y ORIENTACIONES.

CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA

 

Evangelizar educando... Al comienzo del nuevo milenio, en el contexto de profundos cambios que envuelven al mundo educativo y escolar, la Congregación para la Educación católica nos comparte algunas reflexiones, nos ofrece orientaciones y suscita profundizaciones en la misión educativa y en la presencia de las personas consagradas en la escuela.

       

PRESENTACIÓN DEL DOCUMENTO. Hemos tenido oportunidad de asistir a dos momentos distintos de presentación del documento. En primer lugar invitaron a este acto a Superioras/es Generales cuyo carisma es la educación. Las Hnas. Valmí Vogt y Rosario Ferrer asistieron al acto en nombre de la Hna. General, que estaba ausente. Más tarde se presentó a todos los miembros de la USG y la UISG, con un panel de personas comprometidas en el campo de la educación. Resumimos las ideas más importantes.

 

 

El Cardenal Z. Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, presentó el documento en su globalidad e indicó que quiere ser una ayuda para la reflexión de la presencia de los religiosos en la escuela y una motivación para mantenerla en el contexto de hoy.

Comenzó citando estas palabras de Juan Pablo II: “La Iglesia tiene una deuda de recono-cimiento hacia las personas consagradas por la maravillosa página de santidad y de dedicación a la causa de la educación y de la evangelización que han escrito, sobre todo en los últimos siglos”. (Discurso a la Asamblea Plenaria de la Cong. para la Ed. Católica. 4-5-febrero 2002). Subrayó que el tema de la educación es de gran interés hoy en la opinión pública y que su campo es inmenso.

 

 

 

 

 

 

   

 

Señaló que, en el mundo occidental sobre todo, se percibe cansancio por par-te de los maestros y frus-tración en el trabajo educa-tivo. Aumenta la violencia, se pierde el sentido de la educación. Con frecuencia se le pide a la escuela que sea simplemente “instruc-tiva”. La tradición católica, en cambio, quiere que la escuela se ocupe de la persona humana integral.

     Afirmó que las personas consagradas no sólo tienen un rol importante en la escuela, sino insustituible, porque introducen en el horizonte educativo el testimonio radical de los bienes del Reino.

 

Terminó deseando que el documento sirva de estímulo a las personas consagradas para que, a pesar de las circunstancias actuales: disminución de vocaciones, tentación de dejar el servicio educativo por la complejidad del mundo de la educación, conserven el convencimiento de la grandeza de su misión educativa: “dar razones de vida y de esperanza a las nuevas generaciones, a través de un saber y de una cultura elaboradas críticamente, sobre la base de una concepción de la persona y de la vida inspiradas en los valores evangélicos”. (Las personas consagradas en la escuela, nº 84)

 
 

El P. Giuseppe Pittau, SJ, Secretario de la Congregación para la Educación Católica, añadió que, junto a la necesidad de agradecer a las Congregaciones Religiosas su trabajo en la escuela, y de animarles a continuarlo desde una reflexión de fe, se unía la de dar respuesta a la preocupación de algunos Obispos que temen que los religiosos tengamos menos empeño en la escuela y queramos sustituirla por otros campos sociales. Aclaró que no se trata de esto, sino de que nuestra escuela ha dado un giro y se ha empeñado en dejar elitismos y abrirse a todos, realizar un servicio para todos

 

          La Escuela católica intenta hacer suyos los valores de la educación integral. La UNESCO habla de cuatro estadios en el aprendizaje: aprender (conocimientos), aprender a hacer (técnicas), aprender a ser (educación), y  aprender a vivir juntos (ed. social). Los consagrados queremos humanizar la cultura a través de la escuela. Estamos llamados a evangelizar ante todo como testigos, con nuestra vida. Es una misión recibida del Señor, que Él mismo nos ha confiado, es formar para vivir juntos, es acompañar hacia Otro que nos trasciende...

 

 

La Superiora General de las Hijas de María Auxiliadora, Antonia Colombo, presentó brevemente los contenidos del documento, haciendo énfasis en aquellos que se subrayan de modo especial por ser los que hoy reclama nuestro tiempo.

La primera parte del Documento delinea la fisonomía de las personas consagradas, comprendido y definido su radical seguimiento a Jesucristo. El documento hace una propuesta humanizante para todos en el empeño de testimoniar la transparencia del amor y acoger el desafío de promover la espiritualidad de la comunión, favoreciendo un diálogo constructivo con las diversas expresiones culturales que interpelan y provocan, pero también solicitan y sugieren nuevos caminos para educar evangelizando.

La segunda parte del documento, se dirige a la misión educativa de las persona consagradas como dimensión fundamental del mandato misionero de la Iglesia. Señala algunos desafíos actuales: globalización, nuevas tecnologías, desa-

rrollo sostenible, evidenciar la dimensión trascendente del ser humano, acompañar hacia el Otro.... considerando que para dar respuesta es necesaria e insustituible la labor de la escuela.

Llama la atención a la prioridad de la persona, a promover sus derechos inalienables, en el apartado: Educadores llamados a formar para  vivir juntos, en el que se habla de un humanismo capaz de infundir alma al progreso tecnológico, de acompañar a los jóvenes, de solidaridad con los pobres, y dedica un espacio a la cultura de la paz, el empeño por la justicia, la igualdad de oportunidades...

      El horizonte abierto por el documento nos invita a “remar mar adentro”. La fidelidad a Cristo y la certeza de su presencia animan a afrontar los retos educativos con renovados bríos y fe, con una mirada profética que suscita esperanza.

 

 

El P. Ángel Astorgano, salesiano, Secretario de la OIEC (Organización internacional de Educación Católica), devolvió en nombre de todos los educadores su agradecimiento a la Congregación de Educación católica por dos motivos:

          porque el documento tiene un contenido que ilusiona, y

          porque necesitamos una palabra que nos invite a reflexionar sobre quiénes somos, qué hacemos, qué quisieron hacer nuestros Fundadores y cuál puede ser nuestro futuro.

La Escuela católica –dijo- goza de buena salud, pero tiene años y puede tener achaques. Por lo general es valorada y querida, aunque no en todas partes del mismo modo; los que trabajan en ella suelen estar satisfechos incluso con el compromiso de su confesionalidad, Desde fuera se valora nuestra calidad, organización y seriedad, pero nos ta-chan de conservadores, etc. Sufrimos diversos embates que vamos superando, tenemos muchos retos, la mayoría son externos, pero es necesaria una reflexión profunda sobre el tema, porque también tenemos unas tentaciones  ante las que podemos sucumbir:

 

          CALIDAD. Atención a buscarla por encima de otros valores, atendiendo ante todo a los rendimientos académicos. No a una escuela que prime los resultados in-minentes y olvide el objetivo de conseguir grandes personas.

          COMPETITIVIDAD. No se trata de ser más y mejor que otros, no luchar ni intentar desplazar. No olvidar a aquellos que nos necesitan más y que nunca van a conseguir grandes premios.

          APERTURA. Es difícil abrir nuestras escuelas a todos, pero si queremos hacerlo lo solemos conseguir, tenemos ejemplos preciosos de ello, precisamente donde menos ayudan los gobiernos.

 

Una pregunta clave: ¿CÓMO PENSAR, TRABAJAR Y PROYECTAR PARA QUE NUESTRA ESCUELA SEA SIGNIFICATIVA DESDE EL PUNTO DE VISTA EVANGÉLICO? Proyectar desde ahí nuestro camino de recreación de la Escuela, buscando ante todo ser signos del amor de Dios.

Escuela comprometida y enraizada en la realidad del mundo y de la historia, testigo de que hay un más allá que da sentido y significado a la vida. Decodificar desde claves evangélicas las realidades de hoy, la crisis dialéctica entre fenómenos y sentido, entre realidades y su significado desde Dios.

Comprometidos y separados para presentarnos como testigos vivos y para tener a la vez una cierta perspectiva. Ser sacramento de lo que está más allá de las ciencias y de las letras, para eso hemos nacido. Y hacerlo donde es más claro el signo, entre los desfavorecidos, porque eso requiere un compromiso mayor.

      La Escuela católica es una escuela peculiar. “Para hacer lo que hacemos, necesitamos vivir como vivimos”, y no al revés. Cuando no es signo es porque le falta significado: vivimos en vacío nuestra misión primera y no hacemos nada para significar, o porque no tiene significante: cuando nos aislamos de la realidad en una especie de desconexión mística, que nos priva de expresión adecuada, aunque tengamos mucho significado.

          El futuro de nuestra escuela es interesante y hermoso. Nuestro trabajo ha de significar la presencia de Dios en el mundo.

 

 

Margarita María Pedraz, Superiora General de la Compañía de María (Lestonnac), nos compartió los retos a la educación que perciben hoy en su Congregación. Son desafíos que se hacen oportunidades, y han llegado a expresarlos con las aportaciones de distintos educadores seglares que hacen con ellas un camino conjunto en el campo de la educación, por el cual va avanzando su Instituto desde hace 400 años:

 

          Necesidad de una mirada positiva que acoja con confianza lo real, aunque sea vacío u hostil.

          Atención a la persona, espacio atravesado por diversos intereses. No pensar en dotarla de saberes para que triunfe sino recuperarla  en  sus posibilidades, hacerla capaz de construir la convivencia desde la diferencia y el respeto.

          Buscar la educación integral, y luchar contra la búsqueda de un saber que se compra como cualquier otro bien de la sociedad de consumo. Desarrollar la dimensión creativa de cada persona. Ayudar a trascender, formar en el verdadero sentido de la vida, acompañar la búsqueda, entrar en el misterio de uno mismo, dar la mano para entrar en el terreno de lo sagrado, llevar a Jesús.

          Formar para tener pensamiento propio en un mundo mediático que lleva a un pensamiento único, que acerca y aleja a la vez la realidad. Evitar yuxtaposiciones de lo vanal y lo importante.

          Llevar al compromiso de la solidaridad.

          Ampliar la tarea educativa y hacer de la familia objeto de educación. Cuando la familia deja de ser sujeto agente de educación, cuando busca una educación que haga subir de status a sus hijos, o que supla la atención que ellos no le pueden dar. El educador ha de suplir la ausencia de los padres con un acompañamiento personal, con ofrecimientos compensatorios.

          Salir de la propia plataforma educativa para unirse solida-riamente a otros y unirse en la bús-queda de los mejo-res caminos.

          Hacer un camino de amistad y de proxi-midad, cuidar la relación, ser referen-te personal, no co-mo ídolo que atrae a sí sino como testigo que lleva a Otro.

 

¿Desde dónde y para qué nuestra oferta educativa? Es ocasión de esperanza, oferta significativa, profética, de comunión, de fe que integra justicia y paz, desde el amor preferencial al débil.

 

 

El Hno. Nicolás Capelle, Secretario para la Educación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), nos habló de las cinco preocupaciones que tiene hoy su Instituto en materia de misión y de un planteamiento que se hacen y nos hacen:

 

1.       Formación de seglares que toman la dirección de las obras y quieren mantener el espíritu de los Fundadores.

2.       Lentitud para tomar decisiones. El redescubrimiento del carisma les ha sensibilizado para responder a las necesidades de los jóvenes, pero ven que son muy lentos para reaccionar y tomar decisiones. Por ejemplo: en EEUU han conseguido tener escuelas para latinos pobres con un sistema adecuado, pero no siempre se toma esto en cuenta.

3.       Las universidades. Tienen varias y son una excelente contribución a la sociedad si no se cierran en sí mismas. Les preocupa cómo darles una cierta unidad y cómo hacer para que transformen el entorno.

4.       La educación en África. Enseñar a los niños a leer y a escribir es nuestra mayor aportación, y por diversas razones hemos perdido muchos puestos en la educación primaria.

5.       Educación de la fe y evangelización. Es tarea difícil porque las esperanzas de los jóvenes son múltiples. No siempre estamos preparados para dialogar con otras religiones y culturas.

 

El cuestionamiento que se hacen es el siguiente: Hay Estados que se desentienden de la educación y otros que no tienen idea de que es un bien cultural y público, nosotros acudimos ahí e intentamos suplirles, pero haciendo eso, ¿no evitamos que se interroguen sobre su responsabilidad?

 

 

¡UN BUEN MATERIAL PARA NUESTRA REFLEXIÓN!

 

 

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