EL SECRETO DE LA MAGNANIMIDAD TERESIANA

 

 

                                         “Confiemos, confiemos en Dios”

                                                              (Enrique de Ossó)

 

 

Magnanimidad significa: “grandeza y elevación de ánimo”. Dice Nuestro Padre que es la virtud que más inculca la Santa Madre a sus hijas.[1] En los cuatro primeros números de la  Revista Teresiana, “la magnitud y grandeza del castillo interior o alma de Teresa” es el primer aspecto de su personalidad que presenta Nuestro Padre a los lectores. En el número cinco[2] examina “el fundamento en que se apoya tanta grandeza”:

 

a     “El secreto que elevó el alma de la Santa a tan grande perfección, lo que dilató los senos de su alma y le obligó a emprender cosas al parecer imposibles y darles glorioso fin, fue la CONFIANZA ILIMITADA QUE TENÍA EN DIOS. Esta fue la palanca que en manos de la humilde Teresa de Jesús obró maravillas nunca vistas en los siglos precedentes”.

 

a     Este secreto es el que Teresa de Jesús ofrece como remedio a estas dos miserias comunes a todos los hijos de Adán: “Siempre nuestro pobre corazón anda entre dos escollos peligrosísimos: la PUSILANIMIDAD y la PRESUNCIÓN... El corazón de Teresa de Jesús, formado con el mismo modelo que el nuestro, se hizo superior a todas las pequeñeces que le estrechan”.

 

Nuestro Padre nos dejará magníficamente resumido este “secreto” en la Oración de la Compañía:

            “Necesitamos tus hijas tu gracia” =   ES TU FUERZA EN NOSOTRAS

            “porque sin Ti nada podemos hacer”  =  HUMILDAD FRENTE A

                                                                                            PRESUNCIÓN

            “mas Contigo todo lo podemos”  =  MAGNANIMIDAD FRENTE A    

                                                                                        PUSILANIMIDAD

a     En la oración de Compañía, pedimos a Dios su gracia para: “extender en el mundo tu Reino, salvarte el mayor número posible de almas y mirar tu honra y tus divinos intereses”. ¿Podemos dudar de que Dios lo quiere a través de nuestra colaboración?

 

a      “Aunque le fuesen contrarias personas muy poderosas, y hubiese en los negocios grandes dificultades, SE ANIMABA Y ANIMABA A LOS DEMÁS, diciendo que no bastaba todo el mundo a deshacer lo que Dios hacía, o para que se dejase de hacer lo que Él quería que se hiciese”. Su ánimo para superar las contrariedades estaba en la certeza del querer de Dios.

 

a     “Si un alma se presenta al Señor, y CON SINCERIDAD LE OFRECE SU DÉBIL COOPERACIÓN, INTERPRETANDO SUS DESEOS, el Señor, agradecido, hará con esta alma ostensión del poder de su brazo, exaltará a este humilde, obrando por su medio grandes maravillas, y deprimirá a los orgullosos y presumidos que, sin contar con la protección del cielo, quieren hacer cosas grandes, ruidosas”.

 

a     “Adelante, adelante. Dios lo quiere; y el querer de Dios es poder: QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA. SOLO DIOS BASTA.”

 

a     “Esta reflexión ha movido muchas veces a una persona devota de la Santa a emprender y salir con no pocas obras del servicio de Dios, sin contar apenas auxilio en lo humano”. (N. Padre se refiere, casi con seguridad, a sí mismo).

 

a     “Sabía por experiencia que DIOS ES FIEL A SUS AMIGOS; que todas las cosas faltan, mas el Señor de todas ellas nunca falta. Tenía experiencia de la ganancia con que Dios saca de los apuros a quien en solo Él confía.”.

 

a     “Confiemos, confiemos en Dios, en su omnipotente ayuda y bondad. Apoyémonos en Él con confianza: no nos abandonará cuando nuestra virtud desfalleciere.” 

 

a     “... desarrímese de su miseria y debilidad, y apóyese en Dios tan solo, amigo fidelísimo y poderoso, que puede y quiere sacarnos de todo apuro, y no nos dejará caer. “Ah! decía con gracia y verdad la magnánima Teresa, SOMOS DÉBILES Y FRÁGILES PORQUE NOS APOYAMOS EN LAS AYUDAS DEL MUNDO, que son como unos palillos secos de romero, que en asiéndose a ellos no hay seguridad ... EL VERDADERO REMEDIO ES ASIRNOS A LA CRUZ, Y CONFIAR EN EL QUE EN ELLA SE PUSO.”

 

a     “Para movernos a tener confianza en Dios, ayuda grandemente el RECONOCER LAS MERCEDES que Dios nos ha hecho...  Es esta una de las más importantes verdades para animar y esforzar nuestro ánimo decaído. Somos pobres y flacos por naturaleza; salidos de la nada, y con tendencia a ella...  Mas ¡ay! cuánto se esfuerza el ánimo flaco, cuando en su conciencia oye la voz del Señor que le dice: No hayas miedo, hijo mío; yo soy el Señor; no temas que no te desampararé!. Truécase al momento la pusilanimidad en animosidad, la turbación en paz, el temor en seguridad celestial.”

 

a     Y acaba el artículo con un mensaje puesto en boca de Teresa: “Nadie será verdadero devoto mío si no aspira a TENER CON SU DIOS UN CORAZÓN GENEROSO Y MAGNÁNIMO. No es tiempo de divertiros con juguetes de niños, cosas de poca importancia... ESTÁSE ARDIENDO EL MUNDO... ¿Y no os moveréis aun a emprender grandes cosas por favorecer y fomentar los intereses de vuestro Cristo que es vuestro Rey y vuestro Dios?”.

 

1] Doc. de Perfección, cap. 15

[2] RT, 5 Febrero 1873

 

Oración de confianza de Nuestro Padre

 

PADRE:

 

Mi suerte está en tus manos, te encargas de mí y me cuidas tanto como si fuera hijo único.

 

              Tú tienes, Jesús, para mí entrañas más que de padre y más que de madre. Yo sé que si es posible que haya alguna madre que olvide a su hijo chiquito y que no tenga corazón para querer al que salió de sus entrañas, me dices, Señor, que Tú nunca me olvidarás porque me tienes escrito en tus manos, porque siempre me traes en las palmas, y me tienes delante de tus ojos para ampararme y defenderme; porque mejor que la mujer que ha concebido y trae al niño en sus entrañas y le sirve de casa, de cama, de muro, de sustento y de todas las cosas, me llevas Tú en tus entrañas.

 

              No quiero tener miedo, ni perder mi quietud y sosiego por los diversos sucesos y acontecimientos de la vida, porque sé que no me puede pasar nada sin tu voluntad. Tu Amor y Bondad me satisfacen y me dan confianza y sé que todo será para mayor bien mío.

               Sólo te pido una cosa, Padre, amarte y servirte siempre y con esto haz de mí lo que quieras “que está todo mi bien en contentarte”. 

                                  

Cfr. MCJ pág. 140

                                                                              Elena de Salas, stj

 

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