LA VOZ DE LA IGLESIA

 

“CAMINAR DESDE CRISTO”

UN RENOVADO COMPROMISO DE LA VIDA CONSAGRADA EN EL TERCER  MILENIO [1]

 

     

    Cinco años después de la Exhortación Apostólica Vita Consecrata, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, nos invita a preguntarnos cómo hemos acogido y llevado a la práctica sus enseñanzas, y a dirigir nuestra mirada, ante todo a la espiritualidad. Su reflexión se desarrolla en cuatro partes, de las que vamos a recoger algunas de las ideas más importantes:

 

 

1.       “Después de haber reconocido la riqueza de la experiencia que la vida consagrada está viviendo actualmente en la Iglesia, han querido expresar su gratitud y total aprecio por aquello que es y por aquello que hace.

2.       No se han escondido las dificultades, las pruebas, los retos a los que hoy están sometidos los consagrados/as, sino que los han leído como una nueva oportunidad para descubrir de manera más profunda el sentido y calidad de la vida consagrada.

3.       El llamamiento más importante que se ha querido recoger es el de un compromiso renovado en la vida espiritual, caminando desde Cristo en el seguimiento evangélico y viviendo en particular la espiritualidad de la comunión.

4.       Finalmente, han querido acompañar a las personas consagradas por los caminos del mundo, donde Cristo continúa caminando y haciéndose hoy presente, donde la Iglesia lo proclama Salvador del mundo, donde el latido trinitario de la caridad amplía la comunión en una renovada misión.” (4)

 

I. LA VIDA CONSAGRADA, PRESENCIA DE

LA CARIDAD DE CRISTO EN MEDIO DE LA HUMANIDAD

 

Comienza manifestando que el sentir de la Iglesia es de aprecio sincero, de gratitud hacia la vida religiosa, ya que su existencia da testimonio del amor a Cristo cuando se encamina al seguimiento propuesto en el Evangelio y, con íntimo gozo, asume el mismo estilo de vida que Él eligió para Sí.

 

 

Frases clave del contenido de este capítulo:

  • La vida consagrada crece en progresiva maduración para convertirse en anuncio de un modo de vivir alternativo al del mundo y al de la cultura dominante. Con su estilo de vida y la búsqueda del Absoluto, casi insinúa una terapia espiritual para los males de nuestro tiempo (6).

  • En el corazón de la Iglesia representa una bendición y un motivo de esperanza para la vida humana y para la misma vida eclesial (6).

  • Ha seguido en estos años caminos de profundización, purificación, comunión y misión. En las dinámicas comunitarias se han intensificado las relaciones personales y a la vez se ha reforzado el cambio intercultural, reconocido como beneficioso y estimulante por las propias Instituciones. Se aprecia un loable esfuerzo por encontrar un ejercicio de la autoridad y de la obediencia más inspirado en el evangelio que afirma, ilumina, convoca, integra, reconcilia... (7)

  • La dedicación de los consagrados al servicio de una calidad evangélica de la vida contribuye a tener viva de muchos modos la práctica espiritual entre el pueblo cristiano (8).

  • Los consagrados, cuanto más se dejan conformar a Cristo, más lo hacen presente y operante en la historia para la salvación de los hombres. Abiertos a las necesidades del mundo en la óptica de Dios, miran a un futuro con sabor de resurrección, dispuestos a seguir el ejemplo de Cristo que ha venido entre nosotros a dar su vida y a darla en abundancia (9).

  • En medio de una humanidad en movimiento, cuando tantas gentes se ven obligadas a emigrar, estos hombres y mujeres del Evangelio avanzan hacia la frontera por amor de Cristo, haciéndose cercanos a los últimos (9).

  • El futuro de la vida consagrada se ha confiado al dinamismo del Espíritu, autor y dispensador de los carismas eclesiales, puestos por Él al servicio de la plenitud del conocimiento y actuación del Evangelio de Jesucristo (10).

 

II. LA VALENTÍA PARA AFRONTAR LAS PRUEBAS Y LOS RETOS

 

Con mirada realista sobre la situación de la Iglesia y del mundo, se hace alusión también a las dificultades que atraviesa la vida consagrada. Todos somos conscientes  de las pruebas y de las purificaciones a que hoy día está sometida. El gran tesoro del don de Dios está encerrado en frágiles vasijas de barro.

 La historia de la Iglesia está guiada por Dios y todo sirve para el bien de los que lo aman. En esta visión de fe, aún lo negativo puede ser ocasión para un nuevo comienzo, si en él se reconoce el rostro de Cristo, que se hizo solidario con nuestras limitaciones. La gracia de Dios se realiza plenamente en la debilidad.

 

 

Las dificultades que hay que afrontar asumen múltiples rostros, según los diferentes contextos culturales en los que vivimos (12):

  • Con la disminución de los miembros en muchos Institutos y su envejecimiento,  surge la pregunta de si la vida consagrada es todavía un testimonio visible, capaz de atraer a los jóvenes.

  • Si se afirma que el tercer milenio será el tiempo del protagonismo de los laicos, de las asociaciones y de los movimientos eclesiales, ¿cuál será el puesto reservado a las formas tradicionales de vida consagrada?

  • La progresiva crisis religiosa que asalta a gran parte de nuestra sociedad hace que se dé una cierta desconfianza ante la vida religiosa, crea no pocos interrogantes sobre el sentido de la identidad y del futuro.

  • Junto al impulso vital, capaz de testimonio y donación hasta el martirio, la vida consagrada conoce también la insidia de la mediocridad, del aburguesamiento

  • progresivo y de la mentalidad consumista. Se corre el riesgo de ofuscar la originalidad evangélica y de debilitar las motivaciones espirituales.

  • Cuando los proyectos personales prevalecen sobre los comunitarios, pueden menoscabar profundamente la comunión de la fraternidad.

  • Se crean interrogantes ante la posible permanencia de las grandes obras que hasta hoy se han mantenido en orden a los respectivos carismas.

  • La inculturación, tanto en la vida como en la misión, es una tarea muy compleja.

 

Un tiempo de gracia. Las dificultades y los interrogantes que hoy tiene la vida consagrada pueden traer un nuevo kairós, en ellos se oculta una auténtica llamada del Espíritu Santo a volver a descubrir las riquezas y las potencialidades de esta forma de vida (13):

 

  • Convivir con una cultura de muerte es un reto para ser portadores de vida,

  • Los consejos evangélicos, abrazados por amor, son un camino para la plena realización de la persona en oposición a la deshumanización, proclaman la libertad y la alegría de vivir según las bienaventuranzas evangélicas.

  • La disminución en el número nos invita a recuperar la propia tarea esencial de levadura, de fermento, de profecía en medio de la masa.

  • Compartir el camino con los otros miembros del pueblo de Dios es motivo de alegría y nos hace tomar conciencia del valor del propio carisma específico, vivido en comunión.

Ayudas eficaces para hacer frente a esta situación:

  • La función de las Superioras: Ningún superior puede renunciar a su misión de animación, de propuesta, de escucha, de diálogo. Promover la participación y la corresponsabilidad para que cada una y toda la comunidad puedan comparar la propia vida con el proyecto de Dios, haciendo juntas su voluntad (14).

  • La atención a la formación permanente y a las nuevas vocaciones (15 y 18).

  • La animación vocacional. Deber que nadie puede eludir y que parte de vivir a diario la vocación como un don (16 y 17).

     

 

III. LA VIDA ESPIRITUAL EN EL PRIMER LUGAR

Se trata de dirigir la mirada a la espiritualidad entendida como vida según el Espíritu. Dejarse conducir por el Espíritu al descubrimiento siempre renovado de Dios y de su Palabra, a un amor ardiente por Él y por la humanidad, a una nueva com-prensión del carisma recibido. Dejar que el Espíritu abra abundantemente las fuentes de agua viva que brotan de Cristo. Él es quien infunde el amor y engendra la comunión (21).

 

Caminar desde Cristo: Proclamar que la vida consagrada es especial seguimiento de Cristo conlleva una particular comunión de amor con Él, constituido centro de la vida. Sólo desde ahí puede entenderse la vida consagrada. Sólo el conocimiento de ser objeto de un amor infinito puede ayudar a superar toda dificultad personal y del Instituto. Sólo el amor puede hacernos fuertes y audaces.

 

Contemplar los rostros de Cristo: Como Él se hizo presente en el vivir diario, también hoy nos muestra su rostro en la vida cotidiana. Para reconocerle necesitamos una mirada de fe formada en la Palabra, los sacramentos, la oración y la caridad. Son lugares privilegiados en los que se puede encontrar su rostro, para un renovado compromiso en la vida del Espíritu:

  • La Palabra de Dios, donde el Maestro se revela, educa el corazón y la mente, donde encontramos el alimento para la vida, la unificación de la comunidad, la creatividad apostólica (24).

  • La oración y la contemplación, donde se escucha y acoge la Palabra. Toda vocación debe madurar en la intimidad con Cristo, dedicando cada día momentos apropiados para profundizar en el coloquio silencioso con Aquel por quien nos sabemos amados, para compartir con Él la propia vida y recibir luz para continuar el camino diario (25).

  • La Eucaristía, corazón de la vida de la Iglesia y de cada comunidad, en la que se concentran todas las formas de oración, memorial de la Pascua y sacramento de unidad, ocasión de renovar el compromiso de dar la vida los unos por los otros en la acogida y en el servicio (26).

 

El rostro de Cristo en la prueba. La contemplación del rostro del Crucificado es el libro en el que se aprende qué es el amor de Dios y cómo son amados Dios y la humanidad, la fuente de todos los carismas, la síntesis de todas las vocaciones (27).

  • La cruz que tenemos que llevar hoy a diario puede adquirir valores colectivos como el envejecimiento del Instituto, la inadecuación estructural, la incertidumbre del futuro.

  • Reconocer, amar y servir el rostro doliente de Cristo en los enfermos, en los pobres, en los pecadores, en las nuevas pobrezas materiales, morales y espirituales que la sociedad contemporánea produce.

 

La espiritualidad de comunión. Mirada del corazón hacia el misterio de la Trinidad y hacia el rostro de los hermanos que están a nuestro lado (29).

  • La santidad y la misión pasan por la comunidad, porque Cristo se hace presente en ella y a través de ella. Cada hermana se convierte en sacramento de Cristo y del encuentro con Dios.

  • Comunión entre carismas antiguos y nuevos, nacidos del impulso del mismo Espíritu y llamados a realizar juntos el mismo proyecto de Dios (30).

  • Comunión con los laicos, carisma compartido con todo el pueblo de Dios, invitación a compartir aspectos de la espiritualidad y misión(31).

  • Comunión con los Pastores, sentir con la Iglesia, porque amar a Cristo es amar a la Iglesia en sus personas y en sus instituciones (32).

 

IV. TESTIGOS DEL AMOR

 

Una existencia transfigurada por los consejos evangélicos se convierte en testimonio profético silencioso y en elocuente protesta ante un mundo inhumano. Compromete en la promoción de la persona y despierta una nueva imaginación de la caridad (33). Cuando se parte de Cristo, la espiritualidad de la comunión se convierte en una sólida y robusta espiritualidad de la acción de los discípulos y apóstoles del Reino (34).

 

Amor concreto hacia los pobres.  Son presencia especial de Cristo que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos. La misión es antes que nada un servicio a la dignidad de la persona en una sociedad deshumanizada, porque la primera y más grave pobreza de nuestro tiempo es conculcar con indiferencia los derechos de la persona humana (35).

 

En la imaginación de la caridad, con la creatividad apostólica que ha hecho florecer los mil rostros de la caridad en formas específicas ante las necesidades de nuestro tiempo. Se busca erradicar las causas en las que tienen su origen esta necesidad: la pobreza de los pueblos causada por la ambición e indiferencia de muchos y por las estructuras de pecado que deben ser eliminadas, exige un compromiso serio en el campo de la educación (36).

 

Anunciar el Evangelio. Primera tarea que tenemos que tomar con entusiasmo, teniendo en cuenta que el cristianismo del tercer milenio llevará consigo también el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido y arraigado (37).

 

Servir a la vida y difundir la verdad. En el sector sanitario, cercanas a los que sufren para aliviar su dolor (38). El mundo de la educación exige una presencia cualificada de los consagrados. Porque el Hijo de Dio se hizo verdaderamente hombre, el hombre puede, en Él y por medio de Él, llegar a ser realmente hijo de Dios. Este carisma puede dar vida a ambientes educativos impregnados del espíritu evangélico de libertad, justicia y caridad, en los que se ayude a los jóvenes a crecer en humanidad bajo la guía del Espíritu.

Hace falta promover en el interior de la vida consagrada un renovado amor por el empeño cultural que consienta elevar el nivel de la preparación personal y favorezca el diálogo entre mentalidad contemporánea y fe, para promover, a través de las propias instituciones académicas, una evangelización de la cultura entendida como servicio a la verdad (39).

 

Apertura a los grandes diálogos. La vida consagrada no puede contentarse con vivir en la Iglesia y para la Iglesia. Se extiende con Cristo a las otras Iglesias cristianas, a las otras religiones, a todo hombre y mujer que no profesa convicción religiosa alguna (40). En la comunión está la reciprocidad del don. El deber misionero no nos impide acudir al diálogo íntimamente dispuestos a recibir porque, entre los recursos y los límites de toda cultura, podemos tomar las semillas del Verbo, en las que encontramos valores preciosos para la propia vida y misión (44).

  • Es urgente que en la vida de las personas consagradas se dé un mayor espacio a la oración ecuménica y al testimonio, para que con la fuerza del Espíritu Santo sea posible derribar los muros de las divisiones y los prejuicios (41).

  • Un ámbito de colaboración consiste en la común solicitud por la vida humana, que se manifiesta tanto en la compasión por el sufrimiento físico y espiritual como en el empeño por la justicia, la paz y la salvaguarda de la creación.

  • La búsqueda y la promoción de la dignidad de la mujer, a la que se pide contribuyan de modo particular las mujeres consagradas (42).

 

Los retos actuales. No es posible quedarse al margen ante los grandes e inquietantes problemas que atenazan a la humanidad: las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta; los problemas de la paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas; el vilipendio de los derechos humanos fundamentales, sobre todo el respeto a la vida de cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural?

            La codicia de los bienes, el ansia de placer, la idolatría del poder, que están en el origen de los males actuales sólo puede ser vencida si se descubren los valores evangélicos de la pobreza, la castidad y el servicio (45).

 

Mirar hacia delante y hacia lo alto. También entre los consagrados se encuentran los centinelas de la mañana: los y las jóvenes. Tenemos que reconocerlos como auténticos protagonistas de su formación. En buena parte, el futuro de la vida consagrada y de su misión se apoya en la inmediatez de su fe, en las actitudes que gozosamente han revelado y en cuanto el Espíritu quiera decirles.


1 Este documento no ha podido publicarse en el último Boletín por tratarse aquél de un número monográfico dedicado a la Reunión intercapitular.

 

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