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Deseamos compartir con ustedes la alegría de
habernos encontrado TERESIANAS de diversos países en el XVI Congreso
Mundial de Educación Católica realizado en la ciudad de Brasilia del 15 al 20
de abril de 2002. Estuvimos presentes las hermanas: Ema Seidel y Lucia Inés
Basoto de Brasil; Julia García Garay de España; Lucila Martínez, Ma. del Rayo
Martín del Campo y Margarita Porras de México; Ma. Encarnación Candia y Ma.
del Carmen Barrios de Paraguay. Nos hubiera encantado contar con más
teresianas en un evento tan importante como éste, donde pudimos una vez más
renovar nuestra opción por la educación.
El
Congreso reunió a más de 1.000 personas de diversas naciones y lenguas. El
suges-tivo tema: UNA PERSONA NUEVA PARA UN MUNDO NUEVO EN UN CONTEX-TO DE
MUNDIALIZACION, nos condujo a una nueva conciencia de nuestra misión de
escuelas católicas dentro de esta compleja situación actual, en la que la
sociedad, a-travesada por múltiples ten-siones y cambios, no siempre puede
ofrecer a las Jovenes generaciones claros y seguros puntos de referencia.
Nos preguntamos: ¿cuál es nuestra
misión profética delante de esta coyuntura y qué nos pediría Jesús a nosotros,
educadores católicos? Buscando respuesta a estas cuestiones fuimos recorriendo
los cinco continentes y recogimos fragmentos significativos de la realidad
global y de la situación que vive la escuela católica. En medio de esta
realidad soñamos con una escuela más profética.
A continuación les manifestamos algunos puntos
contenidos en el documento conclusivo del Congreso:
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Apostamos por una escuela portadora de un proyecto político pedagógico
pastoral, espacio de:
-
aprendizaje, del discernimiento y de
comprensión crítica de la complejidad del mundo actual;
-
toma de conciencia de cada una de sus
múltiples pertenencias y de responsabilidad colectiva;
-
hacer y de vivir juntos;
-
acogida a la diferencia como riqueza;
-
diálogo intercultural e interreligioso;
-
desenvolvimiento integral de la persona;
-
promoción de experiencias de solidaridad, de
reconciliación, de tolerancia, de respeto, de libertad, de justicia, de
esperanza y de paz;
-
construcción de respuestas originales a las
diferentes pobrezas económicas, políticas y culturales, tales como: el
individualismo, la dependencia, la desesperanza, la perdida de sentido, de
exclusión, etc.
Una escuela que:
-
integre la dimensión de la fe, vida y
cultura en el desenvolvimiento de todas sus actividades;
-
reconozca a la persona humana en toda la
riqueza de su dignidad, como centro y razón de ser de toda su acción
educativo-pastoral;
-
fortalezca, promueva y cree estructuras de
redes, entre las escuelas, organismos de educación católica en articulación
con la organización pastoral de la Iglesia, para favorecer la comunión, la
unidad y el compartir;
-
se comprometa con el desenvolvimiento de la
familia en el proceso educativo escolar;
-
desenvuelva la conciencia ecológica y la
vivencia de una ciudadanía de dimensiones planetarias;
-
valorice la formación continuada de sus
integrantes, cuidando de forma especial la dimensión profesional de sus
educadores.
Agradecemos la magnífica oportunidad de
participación que hemos tenido porque también fue un encuentro de hermanas
teresianas, donde pudimos compartir nuestros sueños y deseos para nuestra
misión educadora.
Ma. del Carmen Barrios, stj |
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