LA VOZ DE LA IGLESIA

Internet: un nuevo foro

 para la proclamación

 del Evangelio

 

 

Comentario/reflexión al Mensaje del Papa en la 36ª Jornada Mundial para las Comunicaciones sociales, 12 de mayo del 2002

 

"¿Cómo podemos asegurar que la revolución de la información y las comuni-caciones, que tiene en Inter-net su primer motor, pro-mueva la globalización del desarrollo y de la solidaridad del hombre, objetivos vinculados íntimamente con la misión evangelizadora de la Iglesia?"

En ese momento marcado por profundos cambios históricos, el Papa señala decididamente un nuevo territorio de convivencia humana, Internet, y exhorta "a toda la Iglesia a cruzar intrépidamente este nuevo umbral” para anunciar en él a Jesucristo.

Más allá de perplejidades o temores, el Mensaje afronta la cuestión de cómo adentrarse con acierto en el ciberespacio y toma como punto de partida el impulso fundamental de toda la acción evangelizadora de la Iglesia: el Espíritu Santo que bajó sobre los Apóstoles en Pentecostés. Tal impulso misionero ha llevado a los cristianos de todos los tiempos " a cruzar muchos umbrales culturales, cada uno de los cuales requiere nuevas energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de Jesucristo". La Iglesia ha sido creativa para emplear, a lo largo de la historia, los medios y lenguajes que surgieron en cada situación y a través de ellos hacer presente a Cristo en la cultura del momento. En esta línea se sitúa la invitación del Papa Juan Pablo II para entrar sin titubeos en Internet como ámbito cultural, "remando mar adentro" en ese

nuevo foro de diálogo y encuentro entre personas, que son sobre todo jóvenes.

El Mensaje invita a los nuevos apóstoles de hoy a estar presentes "con realismo y confianza" en un espacio tan amplio y tan novedoso. Para ello el Papa reafirma algunos criterios que son también válidos respecto a los demás medios de comunicación, incluido el libro, y que conviene recordar en este contexto. Señala que Internet -como todos los medios- "no es un fin en sí mismo"; es una herramienta al servicio del ser humano que debe ser conocida en sus fuerzas y debilidades para usarla eficazmente. Advierte que la sabiduría no proviene de la mera acumulación de datos e informaciones, y que ningún medio puede suplir el contacto y el testimonio personales.

A través del correo electrónico y de Internet se hace posible una multiplicación de los contactos humanos, lo cual abre "maravillosas posibilidades de difundir el Evangelio". Pero a la vez indica que la acción evangelizadora en el ciberespacio debe conducir a un encuentro personal, "al mundo real de la comunidad cristiana" en que se da una presencia física de compañía con los hermanos, una transmisión eficaz de los valores, un intercambio real que es factor de crecimiento humano y espiritual, donde se da la acción litúrgica y sacramental de la Iglesia y una forma de "experiencia de Dios que no puede ser sustituida por ninguna forma de comunicación mediática"

Otro aspecto típico del fenómeno Internet es que "redefine radicalmente la relación psicológica de la persona con el tiempo y el espacio". Es precisamente el tiempo y la serenidad interior lo que permite al hombre ir más allá de lo aparente y comprender el sentido de las cosas, ponderar la vida y sus misterios, y llegar con mayor libertad a una madurez personal. Por eso el Papa invita a tener una "mirada contemplativa sobre el mundo", única forma de transformar el aluvión de datos inconexos en auténtico entendimiento y sabiduría. Como contrapeso a la fugacidad de las imágenes y contenidos, el Mensaje recuerda el valor trascendente de la persona y su dignidad.

Precisamente la grandeza de este nuevo instrumento hace necesaria una responsabilidad social que haga superar grandes riesgos también propios de Internet. No basta la buena voluntad. El Mensaje interpela fuertemente a los creyentes, a la sociedad civil y hasta a la administración pública, que deben garantizar el uso de la informática y de Internet para el bien común: sin exclusiones ni desigualdades, con la luz de una jerarquía de valores que defienda a los niños y a las personas más débiles, favorezca una cultura del diálogo y la participación, y sea vehículo de solidaridad. Las palabras del Papa indican cómo la Iglesia puede hacerse protagonista para ayudar a la sociedad a pasar de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento, proponiendo modelos y valores, y ofreciendo parámetros de juicio a los lectores, de modo que éstos sean capaces de discernir lo verdadero de lo falso, la realidad de la ilusión.

Los graves conflictos que hoy oscurecen el panorama mundial impulsan al Santo Padre a preguntarse y preguntar: "¿Puede Internet fomentar la cultura del diálogo, de la participación, de la solidaridad, de la reconciliación, sin la cual la paz no puede florecer? La Iglesia cree que sí' y está trabajando en esa línea con una única arma: "el Evangelio de Cristo, Príncipe de la paz".

Pontificio Consejo para la Comunicación Social

 

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