Y nosotras, ¿qué podemos hacer?

Vivir el “Decálogo de Asís”

           nos compromete a...

  Proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo se oponen al verdadero espíritu religioso y, condenando cualquier recurso a la violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión, hacer todo lo posible para erradicar las causas del terrorismo.

Educar a la persona en el respeto y la estima recíprocos, de modo que se pueda llegar a una coexistencia pacífica y solidaria entre los miembros de etnias, de culturas y de religiones diversas.

Promover la cultura del diálogo, a fin de que se desarrollen la comprensión y la confianza recíprocas entre los individuos y los pueblos, puesto que tales son las condiciones para una paz auténtica.

Defender el derecho de toda persona humana a llevar una existencia digna, conforme a su identidad cultural, y a fun-dar libremente una familia propia.

Dialogar con sinceridad y paciencia, no considerando lo que nos separa como un muro infranqueable, sino, al contrario, reconociendo que la confrontación con la diversidad de los otros puede llegar a ser  ocasión de mayor comprensión recíproca.

Perdonarnos recíprocamente los errores  y  los  prejuicios  del pasado  y del presente, y sostenernos en el esfuerzo común por vencer el egoísmo y el abuso, el odio y la violencia, y para aprender del pasado que la paz sin la justicia no es una paz verdadera

Estar al lado de los que sufren por la miseria y el abandono, haciéndonos voz de cuantos no tienen voz y actuando concretamente para superar semejantes situaciones, convencidas de que nadie puede ser feliz solo.

Hacer nuestro el grito de cuantos no se resignan a la violencia y el mal, y  contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.

Apoyar cualquier iniciativa que promueva la amistad entre los pueblos, convencidas de que, si falta un entendimiento sólido entre los pueblos, el progreso tecnológico expone al mundo a crecientes riesgos de destrucción y de muerte.

Pedir a los responsables de las naciones que hagan todos los esfuerzos posibles para que, a nivel nacional y a nivel internacional, se edifique y consolide un mundo de solidaridad y de paz fundado sobre la justicia.

 

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