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ESTASE
ARDIENDO EL MUNDO...

COLOMBIA:
Creciendo en
acogida, escucha y esperanza
La situación de Colombia no sabemos describirla. Las fuerzas
encontradas del Estado, de la guerrilla y los paramilitares, ¿dónde tienen su
origen? ¿Cuáles son los intereses que disgregan,
enfrentan y matan? Aunque
creamos saberlo, estamos muy lejos de captar su alcance.
Nosotras, las teresianas de
Colombia, nos encontramos frente a las consecuencias y esas son las que
asumimos y a las que damos respuesta desde
nuestra condición de mujeres, de educadoras y de religiosas.
La primera y más fuerte
consecuencia de esta guerra es el número de hermanas que han sufrido la muerte
de sus hermanos de carne y sangre. Con lo que esto supone de dolor,
empobrecimiento de las familias, procesos de perdón cristiano. Nueve hermanos
carnales asesinados, sin contar los sobrinos, cuñados y otros familiares o
allegados. Además de familias de nuestras hermanas que han sido desplazadas de
sus pueblos, han perdido las tierras, el ganado, la casa...
Abriendo el círculo y en el
mismo sentido, tenemos a los vecinos, padres de familia de nuestros alumnos,
docentes, que los hemos visto caer víctimas de la violencia. Cuántas horas de
escucha, de acoger el dolor y acompañarlo sin dejar que se nos acostumbre el
corazón a sufrir con el dolor ajeno pero cercano.
Nuestras
comunidades son lugares de escucha y de "compasión".
Pero también tenemos proyectos de ayuda material. Cada año, cuando en la
asamblea provincial nos damos cuenta de la ayuda que hemos podido prestar, nos
asombramos y nos alegra y anima a continuar compartiendo desde nuestra vida
sencilla y austera. Muchas familias, empezando por las nuestras, las de las
Hermanas, y las de las personas que trabajan con nosotras, los alumnos y
alumnas de nuestros centros.
Hemos hecho una opción de
compartir con los cercanos. Acogemos en los colegios a niños y jóvenes que
llegan con sus familias desplazados y sin recursos, sin importar la fecha en
que llegan, dedicándoles tiempo extra para nivelarlos... asumimos las becas no
programadas de los que lo pierden todo de un día para otro o paulatinamente
por las "vacunas" que les imponen los alzados en armas. Puede tratarse de
miles de dólares como también de cantidades pequeñas proporcionadas a los
ingresos del grupo familiar, desde 10 o 15 dólares mensuales.
Para los que no están tan
cercanos, asentamientos de desplazados o veredas muy apartadas acosadas por
los asedios o las tomas, también tenemos una presencia a través de algunas
Hermanas que van a acompañarlos. Es la acción que se nos pide desde la
Conferencia de Religiosos y de las Comisiones de Justicia y Paz: hacer
presencia de Iglesia y acompañar. No es hora de denunciar y aumentar así el
conflicto. Después de un proceso de discernimiento, con intentos y ensayos
diversos, por parte de los religiosos y religiosas, se ha llegado a adoptar
esta posición. Y se aprende el ecumenismo, la paciencia y tenacidad esperando
resultados en la resistencia. Y se conoce a Dios en su amor a todos en todos
los lugares.
Para una Colombia en guerra,
proyectos de paz, de reconciliación, de convivencia, de manejo cristiano del
conflicto. Por eso, a los más interesados en los proyectos institucionales,
les hemos dado el calificativo de "dolientes", porque nos duele y les duele la
realidad.
¿Que si no tenemos miedo?
Unas más y otras
menos, pero todas a ratos. ¡Es tan fácil inclinar la evangelización del lado
de unos o de los otros! ¡Es tan fácil excluir a alguna de las partes! Pero si
Cristo vino para todos, esa es también nuestra misión. Y cuando la ciudad
donde vivimos se queda aislada por los paros armados, o no podemos viajar al
lugar que necesitamos porque están bloqueadas las vías... con un tanto de
miedo, aceptamos la situación y esperamos...La esperanza también crece en
estas circunstancias y la gente nos enseña a vivirla.
Rosa Mª Guardiola, stj |