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3ª PROBACIÓN 2001 “Cuando
hayáis entrado en la tierra que yo voy a daros, la tierra tendrá también
su descanso en honor a Yahvé... Aun en descanso, la tierra os alimentará...
Declararéis santo este tiempo... será para vosotros un jubileo; cada uno
recobrará su propiedad.” (Lev. 25)
Casi sin entender en qué podía consistir, escribimos esta Palabra en nuestro proyecto comunitario; una promesa de Dios que hoy, al quereros contar como hermanas lo que hemos vivido, bien puede reflejar lo que ha sido este tiempo y este espacio de la Tercera Probación para cada una de nosotras. Hemos sido llamadas a compartir esta experiencia 18 hermanas de distintas provincias: Karen Vargas, Xiomara Chávez, Teresa de Jesús Obando y Maíta Solana de la Provincia de Cristo Rey; Sarita Duarte, Teresa del Pilar Ríos y Rosa Elena Cálcena de Virgen de Caacupé; de la Provincia de Santa Teresa venía Delia Palacios; Luciana Nañguli y Teresa Kalende de la Provincia de María Reina; Pilar Liso, Fabiola Torrero e Inmaculada Villarrubia del Sagrado Corazón; María Emilia Lima de la Provincia Mª Inmaculada; Ana Quiñones de San José; Gloria Gómez de la Provincia Corazón de María; Ana Mª Croissier de la Viceprovincia María Madre de la Iglesia y Ana Fuentes de Virgen de la Esperanza. Junto con nosotras han caminado como hermanas y testigos en la fe Rosaura González y Julia Barroso, compartiendo y posibilitándonos a cada una este momento de gracia y de encuentro. Nuestro
“tiempo de descanso” comenzaba,
para la mayoría, el 9 de
julio recordando y
recorriendo los lugares más significativos de Nuestro Padre y de la
Santa.... Madrid, Toledo, Salamanca, Ávila, Tortosa, Tarragona,
Montserrat, Barcelona... hacíamos memoria de aquellos hechos, palabras,
vidas que están detrás de nuestra historia como teresianas. El
23 de julio, ya en Roma, entrábamos en esta tierra con la que el Señor y
la Compañía nos regalaban. Estos cinco meses tienen detrás muchos
nombres, temas, actividades... Marisa Moresco, Jesús Castellano, J.M. Arnáiz,
Carmen Melchor, el Equipo de constituciones, el Equipo y Gobierno
Generales, mesas redondas, trabajo de grupo, tiempos personales... todos y
todo han hecho posible el que esa Palabra de Dios se cumpla y hayamos
vivido un tiempo para recobrar nuestra vida como creyentes, teresianas.
Nos hemos preguntado quiénes somos, como personas y mujeres; hemos
ahondado en nuestra opción de vida como creyentes consagradas con un
carisma y una misión; profundizamos también en la experiencia de Dios de
Nuestro Padre y de Santa Teresa, como caminos también para nosotras de
encuentro con Jesús; compartimos con el Equipo de Constituciones y con el
Gobierno General las inquietudes y los caminos que el Espíritu va
abriendo para la Compañía... muchos encuentros, diálogos, reflexiones
que han servido para profundizar y enraizar nuestra vida y nuestro ser de
teresianas. Pero,
sobre todo, Dios ha alimentado
nuestra tierra en estos meses con dos
experiencias fuertes que compartimos con vosotras:
Nuestro
primer alimento ha sido la experiencia fuerte de encuentro con Dios. La
serenidad de estos días, la experiencia de compartir la Palabra
y el mes de ejercicios han sido, entre otras muchas cosas, medios
que han reavivado nuestro deseo de ser de Dios. José Ignacio González
Faus S.J. nos dirigió los ejercicios espirituales, uno de los momentos
que han hecho de estos meses un tiempo santo y un tiempo de gracia en el
que hemos sentido la invitación a reconocer el amor de este Dios que nos
hace hijas, nos hace cauces
de misericordia y
liberación, como el mismo Jesús lo fue, para tantos hermanas y
hermanos nuestros que lo necesitan. Es difícil transmitiros esto, pero
muchas dejamos aquí una tierra sagrada en donde Dios se nos ha
manifestado y que nos ha hecho descalzarnos para ponernos a caminar hacia
donde El quiera.
El otro alimento fuerte de estos meses ha sido la experiencia de
fraternidad y de compartir la fe y la vida. No ha sido fácil, la variedad
de expectativas, de culturas, de vivencias... han hecho que constatáramos
que la convocación es, realmente, un don del Espíritu. Pero al final de
este camino agradecemos a Dios el poder ver su acción en cada una de las
hermanas y volver a confirmar que cuando
dos o más nos reunimos para buscarle a Él, su Presencia nos acompaña.
La palabra y el papel se nos queda corto para reflejar la vivencia
de estos meses. Quisiéramos que la vida en las comunidades y provincias
sea la que exprese el cumplimiento de esta Palabra (Lev. 25, 1-7) que ha
empujado nuestra Tercera Probación y que ahora guardamos en nuestro corazón.
Nos “hemos recobrado como propiedad de Dios” para dar y compartir,
ahora ya, lo que hemos recibido. Gracias a Dios, a la Compañía,
a tantas personas... por este tiempo.
Él caminará siempre con nosotras, será nuestro Dios, y nosotras
deseamos ser siempre el pueblo de su propiedad. Delia Palacios y Ana Fuentes, stj |
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