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Han entrado en la Vida: HNA. MARGARITA DEL NIÑO JESÚS APARICIO JIMÉNEZ Provincia San Francisco de Sales Nuestra
querida Hermana Margarita murió el 14 de noviembre en nuestra casa de
retiro Santa Teresa, en San Antonio, Texas, USA. Nació en Santa Clara,
Cuba, en 1911 e ingresó en la Compañía en 1935. Pasó toda su vida
religiosa en la casa de San Antonio.
Con todo amor y dedicación se ocupaba de las internas cuando en
San Antonio estaba St. Teresa’s Academy, donde se educaban muchas jóvenes
que venían de México. Al mismo tiempo evangelizaba a familias enteras de
los barrios adyacentes y daba catecismo a grupos de pequeños. Sentía con
fuerza el celo de nuestro Padre por esparcir la Buena Noticia, estaba
dotada de un generoso espíritu misionero y de increíble capacidad
intelectual. Desde que se cerró la Academia pasó a vivir en la casa de las
Hermanas mayores. Ahí siguió ayudando con toda devoción a evangelizar
familias de los alrededores, y ejerciendo, con todo fervor, su ministerio
desde la Parroquia del Inmaculado Corazón de María. Allí aconsejaba a
muchas personas de diversas clases sociales que acudían a ella en busca
de paz y solaz en sus penas. En su sencillez, no vacilaba en aconsejarlas
y guiarlas por el buen camino. Cuando sus fuerzas no le permitieron desplazarse a la parroquia, muchos
la buscaban en la casa, donde seguía su labor apostólica. Llegó el
momento en el que su salud decayó y no pudo continuar sus actividades.
Dada su larga vida de verdadero apóstol, aunque sus facultades mentales
se iban desgastando, contaba con numerosas visitas que le iban a ver y
agradecían. Se afanaba por servir a todas las Hermanas en sus pequeñas
necesidades. Fue muy querida de las enfermeras y empleadas para quienes
siempre tenía un consejo apropiado. Entre sus apuntes personales dejó su testamento en el que se ve su
amor a la Compañía y a su obra apostólica. Hay frases como éstas:
“... a la hora de mi muerte me quiero llevar el dolor de niños
abandonados y abusados, el abandono de ancianos, los sufrimientos de la
Iglesia cuando almas consagradas la abandonan...”; “... dejo mi
agradecimiento a mi Congregación por su ayuda espiritual y material
durante mi vida religiosa”. Al final pide que la entierren con el
Evangelio de San Juan, la reliquia de nuestro Padre y una estampa de San
Antonio María Claret. También pide que sus funerales se celebren en la
iglesia del Inmaculado Corazón de María, donde ejerció lo más fuerte
de su apostolado. Descanse en paz nuestra querida y sencilla hermana Margarita y, desde
la presencia del Padre, interceda por las necesidades de toda la Compañía
a la que tanto amó, siéndole fiel hasta el final de su vida terrena. HNA. ALBINA DE LA SAGRADA FAMILIA LARREA GARCÍAProvincia Virgen del Pilar
En la madrugada del día 21 de noviembre de 2001, fiesta de la
Virgen, descansó en la paz del Señor nuestra querida Hermana Albina
Larrea. Estaba a punto de cumplir los 96 años de edad y 80 de vida
religiosa.
Comenzó su larga vida de entrega al Señor a los 14 años, cuando
por indicación de la M. Saturnina esperó un tiempo en el colegio de
Tortosa, antes de comenzar el noviciado. Después de pasar sus primeros años
en los colegios de Pamplona y San Sebastián, permaneció largo tiempo en
el noviciado de Tortosa y en Tarragona. Y en el año 1992 vino a retirarse
a la residencia de San Sebastián. Muchas hermanas la recordamos en su
oficio de enfermera, en esa entrega servicial y alegre por aliviar
nuestras dolencias. Ella ha cumplido con creces la Palabra de Jesús:
“... estuve enfermo y me visitaste”.
Muy amante de la vida espiritual, alma orante y muy aficionada a
toda lectura, principalmente del evangelio, de lo referente a la Virgen y
lecturas teresianas y de Compañía. En los últimos años, aún cuando su
cabeza no retenía nada, continuaba leyendo con ilusión una y otra vez el
mismo libro. Fiel cumplidora de los actos de comunidad, echaba de menos el
toque de la campana de Tarragona para asistir a la capilla.
En esta última temporada, vencida por la enfermedad y por la edad,
le hemos oído decir una y otra vez que se quería ir al cielo, que
deseaba que Jesús viniera a buscarla y nos pedía le suplicáramos esta
gracia al Señor. El día 12 la tuvimos que internar, y sus ansias de irse
con Dios crecieron a lo largo de los diez días que permaneció en el
hospital. Apenas hablaba si no era para rezar. Su invocación preferida
era el rosario y el himno “Estáte, Señor, conmigo”. En la última
tarde de su vida, en medio de la fatiga y de la sequedad de la boca, repetía
incansablemente: “Santa María, Madre de Dios...”, y “...cuando
decidas irte, llévame, Señor contigo; Por eso, más que a la muerte,
temo, Señor, tu partida y quiero perder la vida mil veces más que
perderte...” Y Jesús no se hizo esperar, y el día de la Presentación
de María, tal como presentíamos, se realizó lo que tantas veces repitió:
“Llévame en tu compañía, donde tú vayas, Jesús, porque bien sé que
eres tú la vida del alma mía”.
Ha sido ejemplar el testimonio de su vida y de su muerte,
principalmente en el hospital. Las que compartían la habitación con
ella, la escuchaban sobrecogidas, preguntándose tal vez de dónde aquella
manera de morir; tal vez despertando a algo que les quedaba lejos. Una de
ellas comentó: Quisiera tener la décima parte de la fe de esta monja.
En la Comunidad la recordamos con paz, seguras de que ella vela por
nosotras y por todo lo que ella amó y a lo que se entregó durante su
vida. Descanse en paz. IRMÃ
MARÍA DE SANTA TERESA DA CUNHA Provincia María Inmaculada
Dios llamó a su presencia a nuestra Hermana María da Cunha el 15
de diciembre del 2001, a los 87 años de edad. Nacida el 10 de noviembre
de 1914, entró en la Compañía el 6 de julio de 1939.
Después de la primera profesión fue destinada al Colegio de
Portoalegre, donde permaneció hasta 1952, después se integró a la
Comunidad del Colegio de Braga hasta el año sesenta, en el que pasó a la
casa de Porto, donde vivió la mayor parte de su vida.
En el desarrollo del día a día, la Hna. María manifestaba
siempre una gran alegría y una buena disposición. Le encantaba crear un
ambiente agradable y tenía tan buen humor que contagiaba felicidad y
bienestar a las hermanas y a las personas que le rodeaban. Su espíritu de
sacrificio hizo fecunda su vida sencilla, dando un sentido nuevo a la
monotonía diaria, viviendo su entrega momento a momento con renovado
entusiasmo y amor. Cuando ya no podía responsabilizarse de ninguna tarea,
se dispuso a colaborar en los diferentes trabajos domésticos. Es de notar
la gran devoción que tenía a la Virgen y a nuestro Padre.
Al fin, el Señor la purificó con una enfermedad grave en la
vista, llegando incluso a quedar ciega. Este fue uno de sus mayores
sufrimientos. En esta situación, muy dolorosa, permaneció algún tiempo
dependiendo de la enfermera. El tiempo fue debilitando sus fuerzas físicas
y por último, víctima de una trombosis, quedó imposibilitada de toda
comunicación. Después de ocho días y después de recibir festivamente
la santa unción, el Señor la llamó serenamente hacia la verdadera
felicidad.
Su presencia resuena por la casa y brota la añoranza de nuestros
corazones al recordar la fidelidad con que la Hna. María vivió su
consagración. HNA. JOSEFA DEL
CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS Provincia Virgen del PilarNos ha dejado, con mucha paz, el día de Inocentes del 2.001. Con suma
consciencia, de 8 a 9 de la mañana rezábamos: "Señor, escúchame;
Madre mía, ayúdame". El Señor, presente y presentido, cercano e íntimo escuchaba su deseo: "llévame
ya". Aún susurraba más tarde: "Madre
mía; Señor, Señor"... "Este cuerpo es de muerte; qué
cuerpo tan muerto" decía al amanecer del día 28 de diciembre.
"No puedo moverlo". El Señor la dotó de una gran capacidad
para situarse en la realidad y con esa
consciencia se la llevó. Josefa conoció a la Compañía y a las hermanas en Béjar a donde se
trasladó su familia desde el pueblo natal Herguijuela del Campo. Fue una
joven querida, valorada y reconocida en su trabajo por su buen hacer. En
su juventud madura, a los 28 años, lo deja todo porque se siente llamada
por el Señor a entregarle su vida en la Compañía. Mujer de fe vivida en la Parroquia y, fomentada al entrar en contacto
con las hermanas en sus frecuentes visitas al
Colegio, fundado en 1.944. Mujer fuerte, de buen entendimiento,
arriesgada, de inteligencia práctica nada común, con una gran memoria por la intensidad de lo que vive y
capacidad para recordar, con sentido organizativo y finura para
responder hasta el detalle. Prueba de ello es la labor desarrollada en la
Compañía desde la cocina de no pequeños Colegios por el número de
comensales. Entre ellos: Ganduxer, Goya, Tarragona, Zaragoza-Zurita,
Pamplona... Temple teresiano, capacidad educativa, visión de conjunto, atención a
lo pequeño... Con ella han aprendido hermanas más jóvenes, a prever,
organizar y realizar bien la tarea.. Y no faltó su servicio aquí y allí
por sus buenas dotes para la confección, la labor fina, o el adorno. Pamplona, Mayor 65 ha sido su hogar más prolongado - 25 años -. Aquí
ha vivido con intensidad los avatares de este Colegio y el paso a un piso
y una Comunidad pequeña. Aquí se puso a prueba su fortaleza con la difícil
enfermedad de la vista y las secuelas para su organismo, que, debido al
tratamiento, tuvieron que estirparle el
bazo. Valiente y esforzada, en cuanto pudo se incorporó a su
puesto de trabajo atenta a todo y a todos. Recia y entrañable, con un
"yo" sano aunque su organismo arrastrara la debilidad, entregada
y fiel. Y la primera fidelidad era para su Señor: su tiempo para la oración
personal, para el rosario, para la oración comunitaria. Interesada por el
mundo, por cada acontecer, por todo lo de Compañía. Se fue acomodando a los pequeños espacios de un piso, a la comunidad
pequeña, a los nuevos modos de vida en los que el compartir -en todas sus
facetas- es vehículo esencial, a la vida de barrio... Ella misma decía
con cariño:" hemos llegado a crear una familia". Y en este vivir de Compañía, Parroquia y Comunidad le sobrevino un
mal que ella intuía grave. Cuando ingresó, por urgencias el día 10 de
diciembre, expresó que ya no volvería a casa. "Qué pronto os voy a
dejar. Cuánto me cuesta dejaros. Os quiero mucho", nos decía. Reconciliada con Dios y con las hermanas, rezando por la paz, sin querer hacer sufrir a los suyos a quienes quería entrañablemente y era correspondida, pidiendo al Señor que se la llevara consigo y a la Virgen que le ayudara..., suavemente, nos dejó, porque ya estaba con El. |
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