“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo
único para que todo el que crea en él no perezca, sino
que tenga vida eterna...” Jn
3,16
“Él, siendo de condición
divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó,
tomando la condición de siervo y haciéndose uno de tantos...” Fil
2,6-7
“De su plenitud todos
hemos recibido.” Jn
1,16
“Mira cuánto te amo, mírame
esclavo para hacerte libre, pobre para hacerte rico, humilde para
elevarte, niño para hacerte grande, hombre para hacerte Dios.
Jesús, ¡qué elocuentes lecciones me das aún en medio de
tu silencio! Te amo y deseo imitarte; te adoro y al adorarte te ofrezco mi
pobreza, pues pobreza es la imperfección y no tengo otra cosa. EO,
RT 78-79, p.96
La
cueva, las pajas, el pesebre, los pañales... todo me clama “mi Amado
para mí”. Son saetas de amor que obligan dulcemente a amar a quien
tanto nos ama. EO,
RT 85-86, p.96
|