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Jesús
pertenece a la lista de los grandes profetas desde el tiempo de Abrahám,
es un “Abd Allâ”
, un servidor de Alá, que viene a indicar a los hombres el camino recto.
Suele añadirse a su nombre “el hijo de María”, para que quede claro
que no es Dios, que Dios no puede tener hijos: “Este es Jesús, hijo
de María, según palabra de verdad que algunos ponen en duda. No es
propio de Dios tomarse un hijo; sea gloria a Él. Cuando Él decide una
cosa basta que diga “Sea” y ésta es”. sûra 19, vers. 34-35.
En la etapa de Medina las relaciones de Mahoma con los judíos y
los cristianos cambian totalmente. Allí encuentra una fuerte presencia
hebraica que no es favorable a su predicación, y la polémica se
intensifica. Mahoma, en el Corán, afirma
que:
Así como Moisés tiene una misión divina para los hebreos y Jesús
para los cristianos, porque Dios escoge y envía a sus profetas, la misión
de Mahoma no sólo es divina sino que es la definitiva para toda la
humanidad, porque Él es el “Sello de los Profetas”. Cuando Jesús
anuncia la llegada de un “Ãhmad” (Paráclito) se está
refiriendo a él, y si judíos y cristianos no lo reconocen así es porque
han falsificado versículos de la Torãh y del Evangelio.

Ni judíos ni cristianos pueden recurrir a Abraham, que no era ni
hebreo ni cristiano; era un hanîf enteramente sometido a Alá y no
era idólatra, es decir, era un verdadero musulmán y la comunidad islámica
es el único pueblo de Abraham (cfr sûra 2). Abraham, con su hijo Ismael
(no Isaac, de ahí el nombre Islam), construyó el primer santuario de
Dios, la kã’bah, y estableció los ritos para los peregrinos.
Sigue considerando a Jesús, el hijo de María, como un gran profeta
de Alá, pero nunca un hijo de Dios. No puede sufrir que digan que murió
crucificado porque le parece escandaloso y blasfemo pensar que le pudiera
ocurrir eso a un profeta de Dios. Los judíos lo tramaron así, pero Dios
cambió sus planes e hizo morir a otro que a sus ojos parecía ser Jesús
. Con esto se niega el dogma cristiano de la redención. En la sûra 4,
158, condena a los judíos por decir: “Hemos asesinado a Jesús, hijo
de María, Mensajero de Dios, porque ni lo mataron ni lo crucificaron a él
sino a otro hecho semejante a él ante sus ojos, mientras que a él Dios
lo subió hacia sí.”:
Lo que reprocha con más fuerza a los cristianos es que admitan la
existencia de la Trinidad. Alá es un Dios único y demasiado glorioso
para tener un hijo. A Jesús no le parece suficiente ser un servidor de Alá...
Jesús fue el precursor de Mahoma, anunció su venida, pero es inferior a
él, que es el último de los profetas enviados por Dios para dar la
religión de la verdad y hacerla triunfar sobre cualquier otra religión
(s.48, 28). Así el Islam es la única verdadera religión a los ojos de
Dios (s.3,19).
Puesto que judíos y cristianos no aceptan la única religión, son
herejes aliados entre sí, y quien pacta con ellos se hace uno de ellos. Y
ya en el último periodo de su vida habla de combatir a estos enemigos de
la religión. “Combatid a aquellos que no creen en Alá ni en el Día
último, que no prohíben lo que Alá y su Mensajero han prohibido y que
no profesan la religión de la verdad, entre aquellos que han recibido el
Libro (La Torãh y el Evangelio) hasta que no os paguen un impuesto
(jizya) uno por uno, después de haber sido humillados.” (s.9,
29-31).
Los que combaten por la
causa de Dios, haciendo la jihãd, la guerra santa, es decir,
matando y haciéndose matar, tienen como premio el Paraíso: “En
verdad, Alá ha comprado a los creyentes sus personas y sus bienes, pagándoles
con los jardines del Paraíso: ellos combaten en el Camino de Dios, matan
y son muertos. Alá lo ha prometido con promesa solemne y que obliga, en
la Torãh, en el Evangelio y en el Corán; ¿y quién es más fiel que
Dios a los pactos? Alegraos del contrato de venta que habéis cerrado. Es
el supremo Suceso.”
( s.9, 111).
2. Cómo lo entienden y aplican los
musulmanes de hoy.
La
educación que se transmite en catecismos y manuales no se aparta de lo
que dice el Libro, puesto que es Palabra de Dios dictada al pie de la
letra a su Profeta. Así lo reciben en su ámbito familiar,
educacional y cultural.
Por
lo general, para muchos musulmanes, llamados a dominar a los demás países
puesto que tienen la religión verdadera, ha sido una terrible humillación
y ofensa haber caído bajo el dominio de Estados colonialistas del
Occidente cristiano y haber perdido las guerras contra el sionismo israelí.
Esto ha constituido una terrible prueba (fitna), e incluso una
tentación y un escándalo para la fe musulmana.

Urge
salir de esta situación combatiendo contra el Occidente, ya gradualmente
construyendo centros de culto y de cultura islámica –las mezquitas no
son sólo lugares de oración- ya constituyendo formas de unión de los
emigrados islámicos. La jihãd (guerra santa) y la da’wa (llamada
a adherirse al Islam) son siempre válidas aunque no siempre se puedan
poner en práctica. Desde algunos países musulmanes, sobre todo los que
cuentan con numeroso apoyo financiero por la venta del petróleo, se
establecen campañas para difundir el islam; tienen el proyecto de
construir mezquitas en todas las capitales del mundo y ya han construido más
de 1.500.

3.
¿Es posible el diálogo?

Si por diálogo se entiende un encuentro entre religiones diversas para
profundizar en su conocimiento recíproco, poner de relieve los valores
que cada una puede aportar en orden a un enriquecimiento mutuo y, si es
necesario, corregir las propias posiciones para colaborar en objetivos
comunes, no cabe duda de la gran dificultad que entraña dialogar con el
Islam.
Las palabras de Dios dictadas por Gabriel a Alá son cada una de
ellas infalibles e inalterables. El Corán debe ser tomado a la letra y no
se puede poner en discusión ni someterse a un análisis histórico-crítico.
Para dialogar cristianos, judíos y musulmanes falta el “objeto del diálogo”;
sólo es posible reconocer los errores y convertirse al Islam.
El Secretario General de la Liga del Mundo Islámico, residente en
la Meca (Arabia Saudita) respondió el 4 de noviembre del 2.000 en una
entrevista periodística: “Si por diálogo se entiende hacer conocer la
verdad sobre el islam, propagarlo, decir que es misericordia para el mundo
y que la humanidad lo necesita, entonces es un deber primario que
participemos. Si se trata, por el contrario, de
poner el islam junto a otras religiones, esto no es lícito, puesto que en
esta tierra no hay otra religión que el Islam. Debemos dar a entender a
la gente que esta religión es su religión...”
4. El problema de
la integración.
Cuando llegan emigrantes islámicos a un país occidental no resulta fácil
su integración en este nuevo tejido social, algunos porque esperan poder
regresar pronto a su país, otros porque temen perder su propia identidad
religiosa y cultural.
Hay que tener en cuenta dos cosas: allá donde hay musulmanes en países
no islámicos, hay algunos que tienen como misión la da’wa, la
Llamada a convertirse a Alá o a reforzar la fe de los ya musulmanes,
practicando los pilares del Islam: La Oración, la Limosna, el Ayuno y la
Peregrinación. El objetivo final es crear en cada país la sociedad islámica
y hacer triunfar sobre cualquier otra la religión islámica, según las
palabras del Corán (s.48,28)
La da’wa es llevada adelante en todo el mundo por decenas
de organizaciones islámicas que, financiadas por países musulmanes muy
potentes económicamente, tienen como misión difundir el islam en el
mundo.
Es
necesario conocer todos estos elementos objetivos no para discriminar y
cerrar puertas, sino para comprender y acogerlos mejor, pero pidiéndoles
a la vez lo que se pide a los demás inmigrados, que respeten las
instituciones y leyes del país que los acoge, casi siempre radicalmente
distintas a las del islam por mentalidad, costumbres y valores, a fin de
conseguir una convivencia civil serena.
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