Charlas para profesores
ÍNDICE

María Victoria Molins stj


5as., 6as. y 7as. Moradas

 

1.         Para vivir en plenitud, hay que “morir”: las Quintas habitaciones

 

1.2.          Entramos en el misterio desde nuestra máxima capacidad humana: la de AMAR y ser amados.

1.3.          Amar es unirse a la persona que se ama, renunciar a una parte de ti mismo para acercarse a la voluntad del otro, agradarle y darse a esa persona. Y esto implica morir.

1.4.          Mediante la imagen del gusano de seda convertido en mariposa, se pasa de una situación de egoísmo, de estar encerrado en uno mismo, a la actitud de libertad en el amor. Es la transformación  de las Quintas moradas que se centra en la teología de San Pablo, “morimos con Cristo para resucitar con Él” y es el centro de nuestra vida: la Pascua.

1.5.          El amor no es cosa de sentimientos, es algo más importante para ser humano, y tiene su nacimiento y su consumación en la voluntad. De ahí que unión es cosa de la voluntad.

1.6.          Aquí la santa, curiosamente, al entrar en lo que llamamos “mística” o misterio, es cuando más realista se muestra. Y nos da la más gran lección de amor. (ver Cap.3 de las 5 M.)

1.7.          Este morir para aprender a amar –esencia del cristianismo- el camino de Teresa lo muestra con un realismo grande. Cuando pensamos en el camino de los místicos siempre hemos hablado de “subir”, pero no se trata de eso, sino de “bajar”, de adentrarnos hasta la más pura realidad de la vida que nos rodea: los hermanos, los necesitados, la familia, el trabajo... Allí se da el amor, y es allí donde se produce la muerte, la transformación y la unión de voluntades.

1.8.          Si en las Cuartas habitaciones se nos invita a “descansar” en el recogimiento para entrar en nosotros mismos y oír los llamamientos del  Señor, aquí volvemos a la vida cotidiana para unirnos  a Él, amándole en el prójimo y aceptando su voluntad en la vida. Y esto no es sólo para unos pocos privilegiados. Sólo es cuestión de “dejar hacer al Señor” en nuestra vida.

 

2.         Amar no es fácil. Jesús es el modelo que nos lleva al Padre y nos muestra el amor trinitario en las Sextas habitaciones

 

2.1.          Si bien en el libro del Castillo interior de la Santa, nos podemos asustar al ver la cantidad de gracias místicas y los tipos de oración “muy subida”, de estas Moradas mirando la vida de la Santa nos damos cuenta de que no es lo esencial. Lo importante es volver a centrarnos en Cristo para aprender a amar.

2.2.          Para ello todo va encaminado a los dos ejes de lo que hemos hablado. Dios va iluminando el entendimiento para que llegue a la verdad. Y va encendiendo la voluntad para que llegue a amar auténticamente.

2.3.          Esto puede hacerlo mediante “gracias místicas” o por el camino ordinario. Pero lo importante es que en estas habitaciones la persona se va adentrando en el misterio. Continuamos penetrando en el conocimiento de Cristo, pero ahora  se vive más la presencia del Resucitado. Se vive con Él y en Él  no sólo en la oración sino en la vida de trabajo y en el cada día, porque Dios se va adueñando del interior de la persona. Ella no se puede apartar ya de la Humanidad de Cristo.

2.4.          En la Santa se hace esa transformación por medio de una serie de gracias que le van haciendo penetrar de una manera extraordinaria en el misterio del amor de Dios en la Trinidad: el amor es siempre comunidad. Y va vislumbrado lo que dice San Pablo: “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”.

2.5.          Esa transformación no le aleja de la realidad, sino que le lleva a vivir de un modo distinto la realidad de la que jamás se aleja: y es no sólo encontrando a Dios en el centro de su alma, sino sintiéndose ella misma en Dios. De tal modo que empiece a ver las cosas desde Dios, con la mirada de Él. “No trabajes tanto de encerrarme a Mí en ti, sino de encerrarte tú en Mí.”

2.6.          Al tener otra mirada hacia el mundo, la de Dios, su vida se hace más llena de amor y de comprensión hacia todos, su amor menos egoísta y su entrega más sincera. Pero eso le hará pasar a menudo por una noche oscura.

2.7.          Y, encendida en ese amor, -la Santa lo describe como la herida de amor, una imagen típica de la literatura- descubre la gran verdad de sí misma y de Dios. Lo que empezó ya como conocimiento propio en las segundas moradas, llega a su plenitud aquí. Vivir en verdad, no teniéndose en más de lo que  es y dando a Dios lo que es de Dios...

2.8.          A la hora de inculturar esta doctrina y hacerla nuestra, podemos plantearnos:

 

·         Entendimiento-verdad. Cómo educar las mentes de los hijos y educarnos nosotros en la búsqueda de la verdad, sin dogmatismos, imposiciones e intransigencias. Verdad no supone aquí seguridad. Es búsqueda humilde.

·         Voluntad-bien.  La verdad que no lleve a la acción, a la capacidad de cambio tiene que ser purificada por el amor. La voluntad se fortalece más con el amor que con la razón, de ahí la importancia de formar en valores.

·         Cristo y su seguimiento van cambiando a la persona, iluminando su entendimiento y fortaleciendo su voluntad. Él mismo se definió con “camino”, como “verdad” y como “vida”. Pero en ese camino se ha de pasar por oscuridades para llegar a la luz. Tal vez nuestra sociedad occidental  está hoy en una de esas “noches oscuras” y esto será lo que nos va a purificar de un “catolicismo” mal vivido.

·         Consecuencia importante. “No todo el que dice Señor, Señor...” sino el que cumple la voluntad de mi Padre”. La oración que no lleve  a este cambio de vida y perspectiva, no es  verdadera oración. Las Moradas no son un tratado de oración sino de vida.

 

3.         Las séptimas habitaciones, simbolizadas en el “matrimonio espiritual”: paz  y gozo en la cumbre de la persona humana unida a Dios.

 

3.1.          Es el final y el lugar en donde de vez en cuando debemos descansar con el Señor.  Es la habitación central que en las primer habitación nos decía Teresa que es “A donde se dan los grandes secretos entre Dios y el alma”.

3.2.          La cumbre de la plenitud humana es la unidad de la persona que permita no vivir dividido en muchas cosas que dispersan, angustian, desequilibran, entorpecen nuestra vida. Y esa unidad se da en Dios-comunión. Dios Trinidad que es amor y que une dos cosas tan desiguales como son el hombre y Dios. Es el gran misterio que muchas personas han vivido de un modo u otro. Y no sólo en nuestra religión, sino en otras.

3.3.          Pero, tal vez lo que caracteriza a estas habitaciones del centro del alma habitada por Dios es la unidad  entre contemplación y acción. Pensamos que es la cumbre de la acción, pero lo es de las obras, que Teresa de Jesús considera como los frutos. Sin ellas, sin una acción a favor de la humanidad, no hay verdadera unión, ni verdadera unidad-plenitud de la persona. Curiosamente Teresa fue en la época en la que vivió esta plenitud contemplativa, cuando hizo más cosas: las fundaciones que era, como dijo ella misma “lo poquito que era en ella”.

3.4.          Siguiendo el símil de Teresa y de la mística, en general, hemos llegado al matrimonio espiritual. Tal vez hoy no se entiende bien, por la crisis en el amor conyugal, pero Teresa lo define muy bien y con pocas palabras: “lo mío tuyo, y lo tuyo, mío”.  No hay uno sometido al otro, hay donación mutua. Dios se ha dado, la persona se da, Pero permanecen ambas siendo ellas “lo mío” y “lo tuyo” entregado mutuamente y por propia voluntad.

3.5.          Un final feliz, como en las películas que se veía desde los comienzos. Acordaos que en la primer parte del cursillo, hablamos del “contento” de vivir. Y dijimos que no era algo que se adquiría con esfuerzo, sino que era el fruto que junto con la paz manifiesta la acción del Espíritu en nosotros/as.  El “Reino ha comenzado, está aquí entre vosotros”, aseguró Jesús, y está aquí cuando hemos entrado en nuestro gran misterio se ser personas en plenitud –lo que se puede ser en esta vida, la auténtica plenitud es de la Parusía- y podemos vivir, en medio de las dificultades, esa”alegríka que nadie será capaz de arrebataros”.

3.6.          ¡VALE LA PENA, AL MENOS, CONOCER A LO QUE SE PUEDE LLEGAR EN ESTA VIDA!