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Fundadora |
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La última de las que nuestro Padre quiso que ostentase el título de fundadora, entró en la Compañía el 4 de mayo de 1877, después de un prolongado esfuerzo para conseguirlo. En 1874 ya pertenecía a la Archicofradía y conocía al Padre Fundador. Nació en Calaceite, provincia de Teruel y diócesis de Tortosa, el 3 de marzo de 1851. En agosto del 77 participa en la gran peregrinación teresiana a Avila y Alba de Tormes como única representante de la Compañía, y al mes siguiente obtiene el título de Maestra Elemental, que complementaría al año siguiente, 1878, con el de Maestra Superior. Con las demás fundadoras, viste el hábito y hace los votos temporales. El 12 de octubre del 79 es ya Superiora y Maestra interina de novicias en Tortosa. En 1882, el día en que hace su profesión perpetua con las demás Fundadoras, es elegida Superiora General conforme a las Constituciones primitivas, aunque aparece ya con este nombre, dado por el Padre Fundador, en 1881, y posiblemente lo fuese desde 1880. En 1883 hace el Juramento de Perseverancia. Cumplido su mandato, la encontraremos de Profesora en Puebla (México), en 1889. El 93 es Superiora de Chilapa, y el 98, caso singular, se integra, para dos años, en la naciente Congregación de las Religiosas de la Cruz para ayudarles a despegar en su primer vuelo, primero como Superiora y después como simple Hermana de la Comunidad. Precisamente durante ese período es elegida Superiora General, pero ella renuncia a menos que la Compañía admita determinadas condiciones. Al no ser aceptadas esas condiciones, se procede a una nueva elección. En 1900 se reintegra a la Compañía y es elegida Superiora de Valencia a finales de año. En 1904 es nombrada Provincial de la Provincia del Sagrado Corazón y en 1906 es, simultáneamente, Superiora de Ciudad Rodrigo. El IV Capítulo General, en 1908, la elige Superiora General. Ella es la que dispone el traslado de los restos del Padre Fundador al Noviciado y la que decide transformar la Revista “Santa Teresa de Jesús” en “Jesús Maestro”, que lanza su primer número en marzo de 1912. Los dolores de este generalato, con las persecuciones religiosas en Portugal y México y los éxodos dolorosos no son fáciles de describir. En todo estuvo presente la M. General, y el resultado, en lugar de una involución deprimente, fue un desplegar frondoso. En el V Capítulo General, en 1920, es nombrada Consultora General, y el VI Capítulo le permite retirarse al Noviciado de Jesús, Tortosa, aunque la nombra Consultora honoraria. En el Noviciado pasa cuatro años, rematados por un duro calvario que comienza en julio del 36, al estallar la guerra civil, y termina con su muerte, el 13 de octubre, “en casa”, en el Noviciado incautado por el Gobierno republicano antirreligioso, sola. Jamás se podrá encerrar en el marco de su extraordinaria actividad y ni siquiera en el desempeño fiel de sus graves responsabilidades en momentos arduos, la figura de aquella mujer, gigante del espíritu, “gran cabeza, gran corazón”, según el Padre Fundador. Temperamento de un arrojo extraordinario, encarnó la magnanimidad de la teresiana, y fue para la Compañía gran instrumento del Espíritu Santo y eco del Fundador. Algo de su alma se vertió en la abundante doctrina de los escritos de sus Generalatos y en la Memoria Histórica de la Compañía que presentó en 1901, con ocasión de las Bodas de Plata de la misma. Su amor a la cruz por amor al que murió en ella le llegó a absorber de un modo difícil de describir. Ardiente hasta el final, impresionó profundamente a todos los que la trataron, hasta la misma hora de su muerte, en la cumbre de sus 85 años. El 10 de septiembre de 1966, en la Capilla del Noviciado de Tortosa, comenzaron los Procesos diocesanos para su Causa de Beatificación. En 1970 se entregó el Proceso Informativo a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. Sus escritos fueron aprobados en 1973. Fuente: "Cien Años de la Compañía de Santa Teresa de Jesús" Ediciones S.T.J. , Barcelona 1983 |