El encuentro con Jesús humano nos humaniza |
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Mónica Robledo, stj / CIT Familia Teresiana |
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Si nos acercamos a un diccionario común buscando la palabra humano podemos encontrar dos acepciones recurrentes, la primera se aplica al hombre y la mujer (no siempre explícitamente a esta) como especie, como algo dado, propio de su ser. Pero hay otra acepción que indica cualidad de alguien o de algo que se acerca a lo benigno, se dice que se humaniza algo o alguien cuando se hace familiar, afable, cuando se desenfada e incluso cuando “se ablanda”. Hay una intuición en el lenguaje común que nos indica que hay algo en cada persona que la une a todos los humanos desde su nacimiento, pero que serlo en plenitud, es algo que no es previamente dado. Cuando busqué en el diccionario “humano”, “humanizar” la palabra qué más me llamó la atención por parecerme casi fuera de lugar fue ablandar, parece que ser más humano es contrario a la dureza y la rigidez, parece que una persona humana es aquella cuya presencia no nos parece algo cerrado, duro, sino algo móvil, maleable, suave. Encarnarse suena también a algo tierno y blando, sobre todo si lo miramos en los inicios de la vida de cualquier ser humano, un niño recién nacido del portal parece ser un empeño demasiado denso para explicar a Dios en su deseo de ser de carne y hueso, de ser humano. Ya sabemos que Teresa va a insistir especialmente en la contemplación de la humanidad de Cristo, sobre todo el capítulo 22 del libro de su vida nos da la clave para entender este acento en la humanidad, al que parece tenemos temor. Uno de sus argumentos para este modo de relacionarse con Jesús es decirnos que por fe sabemos que es “Dios y hombre” (1)1 , el camino por el que lleguemos a él no es lo importante, pero para ella es más seguro mirarle humano, si es verdadera la fe, no podemos separar lo humano y lo divino, entonces el encuentro con lo humano en Jesús nos llevará a entender a Dios. No hay que preocuparse demasiado cuando lo que acentuamos es lo humano. Si nos encontramos con este humano tan humano, algo pasa en nosotras(os), podríamos encontrar pruebas de ello en todos los escritos de Teresa, pero vamos a comenzar por las pistas de humanización de Teresa que ya en este capítulo podemos encontrar. Vamos a robarle sus palabras y permitirnos descubrir en ellas lo que ya Dios ha hecho en este encuentro. ___________________ |
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| Vivir en apertura | |||
_________________ Al inicio del número dos de este capítulo podemos encontrar un efecto de la humanización, fruto del encuentro con lo más humano que puede conocerse que es Jesús, es una conciencia no rígida , abierta al Espíritu, de que Dios actúa fuera de nuestros esquemas personales, esa convicción de que “ Dios lleva a las almas por muchos caminos y vías ”(2), es una verdad que repetirá Teresa incansablemente. Lo contrario, creer que todos han de ir por el camino que yo conozco, es limitar a Dios y excluir de esta oportunidad a muchos seres humanos. Cuando Teresa relee su encuentro con el que “ siempre la tuvo de su mano” ( V 6,9), deja claro que ese encuentro la ha hecho entender que existen infinidad de caminos, tantos como seres humanos. Este encuentro con la humanidad de Jesús, es a la vez un encuentro que en cada persona se concreta de manera personalísima “Yo quiero decir ahora cómo ha llevado la mía”(2). Esta realidad trae como consecuencia primera el respeto a lo que cada persona considera su experiencia de Dios, aunque nos cueste entenderla. _________________________________________________________ |
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Hablar de Dios sin sentirnos seguras(os) (IIIM 1, 4) |
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_________________________________________________________ Otro signo de la humanización de una persona por su encuentro con Jesús parece tener que ver con la experiencia de no sentirse poseedora de la verdad sobre Dios, además de la apertura a otras formas, existe siempre la conciencia de que nuestro proceso no ha terminado. Algunos consideran exagerada la duda que Teresa expresa sobre sí misma y consideran un recurso literario las expresiones un tanto negativas que cuestionan su propia vida, pero aunque quizá así sea en algunas ocasiones, me parece que este no es el caso, “puede ser que sea yo la engañada, pero diré lo que me ocurrió”(2) . Creo que tener conciencia de la posibilidad del engaño es una nota resultante de la humanización, saber que podemos conocer una nueva verdad que deje atrás otras que considerábamos importantes (VIM 10,5). Lo bueno es que sabemos que el engaño nunca viene de Dios, que está deseando dar lo mejor siempre …“Ya me parece que iba sin camino si Vos no me hubieseis vuelto a él, porque al veros cerca de mí he visto todos los bienes” .(6) _____________________________________________________ |
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Contar con que tenemos nuestra experiencia |
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_____________________________________________________ En los humanismos se han acentuado distintas características del ser humano, sin duda la capacidad racional (a veces limitada al pensamiento más formal) ha sido una de las cualidades en las que más hemos insistido, algunas disciplinas (las neurociencias por ejemplo) acentúan la composición física y química de nuestro ser, y explican desde esa visión todo lo que somos, psicologías, sociologías iluminan nuestra comprensión del ser humano, pero algunas veces acentúan tanto una cualidad que lo reducen. Estas teorías se caen cuando miramos la realidad más vulnerable del ser humano, una persona en coma, con una enfermedad degenerativa, enfermos que llamamos mentales… es entonces cuando sabemos que no podemos definirnos solo por nuestras capacidades pensantes, ni por los procesos físicos. Aprendemos a ser humanos en ámbitos distintos, uno de ellos la experiencia, la simple e inefable experiencia. Cuando nos encontramos con ese Jesús humano, la Santa y nuestro Padre tienen claro que no se trata de una reflexión, de un conocimiento intelectual solamente, saben de esa otra manera de conocerle, que es la propia experiencia, a la que hay que dar valor como se la damos a la de los demás. “porque no entendía nada ni sabía lo que hacía hasta que Su Majestad no me lo enseñaba por experiencia”.(3) Es otra manera de conocer, de hacernos humanos, que no se reduce al momento de oración, que parte de algo que nos acontece, nos pasa, nos sucede y a veces no podemos ni explicarlo, pero sabemos que es más real y más claro que lo que muchos hayan escrito. __________________________________ |
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Hacer el camino con otros(as) |
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__________________________________ Teresa sabe como tenemos la tentación de enseñar apenas sentimos que algo sabemos (IIIM 2,13), nos aferramos a las pequeñas verdades que vamos descubriendo y nos da miedo soltar lo que nos da cierta seguridad, por eso el camino de la conversión requiere vencer esa resistencia de soltar al Dios que he querido poseer para encontrarme más profundamente con Él/Ella. Comprender esto, es importante para sentirse humanidad y ser consecuente con esto, implica abrirnos al encuentro de otros(as) en quienes podemos encontrar nuevas pistas para el camino de nuestras búsquedas. Implica caminar al lado, cerca y junto, abriendo el corazón para que podamos acercarnos en comunidad a las verdades. Teresa reconoce que en este camino de humanización no iba sola “ciertamente era ignorancia, y así quisisteis Vos, por vuestra bondad remediarla dándome quien me sacase de este error. Después me hicisteis veros tantas veces, como diré más adelante, para que entendiese con claridad cuán grande era el error, y lo dijese a muchas personas, como lo hice, y lo pusiese ahora aquí.”(4) Unos le regalaban la luz que ella compartía también. Ir con otros en este camino es una bendición (V 16,5, IIM 6,). “También la conversación de una compañía santa aprovecha menos en un día que en muchos; y los días que estemos con ella pueden ser tantos que lleguemos a ser como ella, si Dios nos favorece.”(16) __________________________________ |
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Sentirnos del montón universal |
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__________________________________ En los dichos populares suele haber frases como “no eres (o no seas) del montón” “del común” “no eres como todos(as), que para alentar a los niños(as) los adultos utilizamos imprimiendo sentido combativo a la existencia. En estas concepciones se cuela una mentalidad que clasifica a las personas y que nos hace definirnos por lo que excluimos, o por lo distinto. Esto es inevitable, somos mexicanos porque no somos estadounidenses, somos teresianos porque no somos jesuitas, el problema es que a veces a esas definiciones agregamos un juicio de bondad bastante ingenuo que insinúa que somos buenos por pertenecer a un grupo y no a otro. Humanizarse, hacerse bueno parece tener que ver con una conciencia de no ser más malo(a) que los otros(as) ni mas buena(o). Saber que somos la misma tierra y renunciar al deseo de ser cualitativamente más, me parece que esto tiene que ver con la tan mencionada humildad en Teresa de Jesús, ella nos advierte que podemos perdernos en el camino por desear violentamente (sobre otros-as), por imitar el deseo de este mundo que nos pone en rivalidad (VI M 10,6) 2: “Una de las dos razones es que un poco de falta de humildad va tan solapado y escondido que no se advierte. ¿Y quién será el soberbio y miserable, como yo, que habiendo trabajado toda su vida con cuantas penitencias y oraciones y persecuciones se puedan imaginar, no se considere muy rico y muy bien pagado cuando el Señor le permita estar al pie de la cruz con san Juan? No sé en qué seso cabría, sino en el mío, no contentarse con esto; así fue que perdí lo que pude haber ganado.”(5) Este ser del montón universal, también es tener conciencia de que somos cada uno(a) capaces de mucho mal y de mucho bien. Tiene que ver con ese conocimiento de nosotras(os), de nuestras exclusiones, de nuestra necesidad de convertirnos siempre. “ Su Majestad trataba de darme a entender cosas para ayudarme a conocerme a mí misma, como no las habría sabido imaginar.”(11) Esta conciencia de humanidad, no nos paraliza en nuestro crecimiento, ni nos estanca en la mediocridad, no se trata de no desear, que eso es imposible, sino de desear al estilo de nuestro humano amigo. Eso lo hemos de aprender estando con Él: “Ahora, si es tan penoso pensar en la Pasión como para no soportarlo, ¿quién nos impide estar con Él después de resucitado; (…)¿Y no le miraremos tan fatigado y hecho pedazos, corriéndole la sangre, cansándose por los caminos, perseguido por aquellos a quienes hacía tanto bien, no creído por los apóstoles? Es cierto que no siempre se soporta pensar en tantos trabajos como los que pasó; por eso mirémosle sin pena, lleno de gloria, esforzando a unos, animando a otros, antes de subir a los cielos.(…) Mirándoos a Vos cómo estuvisteis delante de los jueces, no me ha llegado trabajo que no sea bueno sufrir. Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso el primero en padecer, todo se puede soportar. Es ayuda y da fuerza; nunca falta; es amigo verdadero.”(6) Mirándole aprenderemos a ser diferentes de los demás, no por sentirnos más o menos, sino porque el corazón se nos ha ablandado al extremo de ser capaz de ponernos en el lugar que nadie quiere, de amar a los enemigos, a los que no entendemos, de ser misericordia. _________________________________ |
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Ir de las creaturas al creador |
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_________________________________ Acostumbrados(as) a la exaltación de la autonomía, y a la promoción de la autosuficiencia, parece que sería muy difícil pensar en sentirnos creaturas. En el fondo, me parece que es más fácil sentirnos creaturas que sentirnos autónomos, es más fácil notar nuestra dependencia de los demás si tomamos conciencia de la fragilidad de nuestro ser, de cómo necesitamos a los demás hasta para recibir nuestra identidad,3 lo que el otro me presenta de mí, es su creación y yo puedo aceptarla, pero esa identidad que nos regalamos aunque nos crea (nos hace creaturas), no es total, sabemos bien que nosotros no somos capaces de sostener la identidad que regalamos al otro, yo no soy capaz de darle a una persona su identidad y sostener esa creación, pero hay Alguien que si lo puede hacer y a quien conocemos a través del cada encuentro… en el encuentro que sana y crea comunión nos acercamos a ese Dios que nos envuelve completamente y en cuyo corazón cabemos todos, que nos sostiene. En el encuentro cotidiano podemos intuir su presencia, sobre todo en aquellos encuentros que nos abren al horizonte de la esperanza. Cada encuentro con lo material, lo corporal, lo que es carne y sangre, humanidad, es camino para encontrarnos con él. “Esto de apartarse de lo corpóreo debe ser bueno, ciertamente, pues lo dice gente tan espiritual; pero, a mi parecer, debe ser cuando el alma está muy adelantada. Antes de esto, está claro que se ha de buscar al Creador por las criaturas”.(8) Teresa tiene esta intuición, la aplica a la forma como en su tiempo se veía nos podíamos encontrar con Dios, en la oración había que aferrarse a la humanidad de Cristo. Si nosotros(as) hemos caminado a una conciencia de presencia de Dios más abierta que sólo los momentos específicos de oración… ¿a qué humanidad hemos de aferrarnos?, ¿qué es ir al creador por las creaturas? “Volviendo al segundo punto, nosotros no somos ángeles, sino que tenemos cuerpo. Querer ser ángeles estando en la tierra -y tan en la tierra como yo estaba- es desatino; el pensamiento debe tener habitualmente un arrimo, aunque a veces el alma salga de sí, u otras veces ande tan llena de Dios que no necesite de cosa creada alguna. Esto último no es tan común; en negocios y persecuciones y trabajos, cuando no se puede tener tanta quietud, o en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos como Hombre y le vemos con flaquezas y trabajos, y es compañía para nosotros. Si nos acostumbramos, será muy fácil descubrirlo cerca de nosotros, aunque vengan veces que no se pueda ni lo uno ni lo otro.” (10) Por último me parece que la intuición de encontrarle en lo terreno, no se refiere a las cosas bellas y buenas solamente, Teresa nos da pista de las situaciones en que parece asomarse más, “Venga lo que viniere, estando abrazados con la cruz, es gran cosa. Este Señor quedó abandonado de todo consuelo, le dejaron solo en los trabajos; no lo dejemos nosotros, porque para subir más hacia Él nos dará la mano con mejor resultado que todos nuestros esfuerzos…”.(10) Ir de las creaturas al creador, es un signo de que nos hacemos compañeros(as), hermanos(as), buscadores, de que nos abrimos a encontrarle incluso en los lugares que nos parecen no pueden tener nada Divino.
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1) Cuando se toman palabras de la santa del capítulo 22 de su vida se indican entre comillas y cursiva sólo con el versículo. 2) Girard René. Cualquiera de sus obras. 3) Bárbara Andrade, «Pecado original» - ¿o gracia del perdón? Secretariado Trinitario, Salamanca 2004, 68-71 |
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