Itinerario
Formato Word

ANDAR EN VERDAD

DELANTE DE DIOS

1.Evangelio: “Dos modos de orar”

2. Teresa: “No tenemos nada que no lo recibimos”

3. Teresa: “Sólo puedo presumir de su misericordia”

4. Teresa: “Puestos en las manos de Dios”

1. Evangelio: “Dos modos de orar”

 

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

En el texto del Evangelio que vamos a escuchar Jesús cuenta una parábola en la que hace referencia a dos maneras distintas de situarse ante Dios: la de la persona que se sabe cumplidora de la ley y la de la persona que se sabe pecadora.

*      ¿Con cuál de estas posturas nos identificamos más?

*      ¿Ha variado a lo largo de nuestra vida?

 

 

 

2. Lectura orante de la Palabra: Lucas 18, 9-14

(Hacerla en forma dialogada: relator/a, Jesús, fariseo, publicano)

 

Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás.

 

 «Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera:

 

 «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todas mis entradas.»

 

Mientras tanto el publicano se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: 

 

       «Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador.»

 

Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

 

 

2. 1. Ver el texto de cerca

*      ¿Qué es lo que más te llama la atención del texto?

*      ¿Qué diferencias hay entre la actitud del fariseo y del publicano?

 

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

*      ¿Qué imagen de Dios y del ser humano revela Jesús con esta parábola?

*      ¿Con qué actitud nos invita a situarnos ante Dios y ante los demás

 

 

2.3. Ayuda para el grupo

 

La parábola no habla solo de dos hombres que oran en el templo, sino de cómo actúa Dios, presente en ese templo. Los oyentes “sintonizan” enseguida con el relato. En más de una ocasión han subido en peregrinación hasta el templo. Solo allí se podía dar culto a Yahvé. Nadie podía acercarse sin an­tes haberse purificado debidamente. Lo decía el salmo: al recinto sagrado solo se puede entrar con “manos inocentes y corazón puro”.

El relato de Jesús despierta enseguida el interés y la curiosidad de los oyentes. Todos saben cómo es, de ordinario, un fariseo: un hombre piadoso que cumple fielmente los mandamientos, observa es­trictamente las normas de pureza ritual y paga escrupulosamente los diezmos. Es de los que sostienen el templo. También saben qué es un recaudador: un judío que vive de una actividad despreciable. No trabaja para recoger diezmos y sostener el templo, sino para recaudar impuestos y medrar.

El término telonés que se emplea en la parábola indica que es un funcionario de rango inferior que trabaja junto a las puertas de algunas ciudades como Cafamaún o Jericó y en los puestos fronterizos de las grandes vías comerciales para cobrar las tasas de peaje, tránsito de mercancías, importación o exportación. Su conversión es imposible. Nunca podrá reparar sus abusos ni retribuir a sus víctimas lo que les ha robado. No se puede sentir bien en el templo. No es su sitio.

El fariseo ora de pie, seguro y sin temor alguno. Su conciencia no le acusa de ningún pecado por el que tenga que expiar. De su corazón brota espontáneamente el agradecimiento: “Oh Dios, te doy gracias”. No es un acto de hipocresía. Todo lo que dice es real. Su vida es ejem­plar. Cumple fielmente sus obligaciones y hasta las sobrepasa. No se atri­buye a sí mismo mérito alguno, es Dios quien sostiene su vida santa. Es un modelo de fidelidad y obediencia a Dios. ¡Quién pudiera ser como él! Puede contar con la ben­dición de Yahvé. Así piensan los que escuchan a Jesús.

El recaudador sabe lo que están pensando de él los demás fieles. No promete nada. No puede resti­tuir lo que ha robado a tantas personas cuya identidad desconoce. No puede dejar su trabajo de recaudador. Ya no puede cambiar de vida. No tiene otra salida que abandonarse a la misericordia de Dios: “Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador”. En realidad, las palabras que pronuncia significan literalmente: “Oh Dios, expía tú mis pecados”. El pobre hombre no hace sino reconocer lo que todos saben. Na­die quisiera estar en su lugar. Dios no puede aprobar su vida de pecado.

Jesús concluye su parábola con una afirmación sorpren­dente: El hombre piadoso, que ha hecho incluso más de lo que pide la ley, no ha encontrado favor ante Dios. Por el contrario, el recaudador que se abandona a su misericordia, sin comprometerse siquiera a cam­biar de vida, recibe su perdón. De pronto les abre a un mundo nuevo que rompe todos sus esquemas. Con su parábola aparentemente tan sencilla e ingenua, está Jesús amenazando todo el sistema religioso del templo. El Dios del templo habría confirmado al fariseo y reprobado al recaudador. Lo que dice Je­sús es increíble.¿Cómo puede Jesús ha­blar de un Dios que no reconoce al piadoso y, por el contrario, concede su gracia al pecador?

Si es cierto lo que dice Jesús, ya no hay seguridad alguna para nadie. Todos tienen que apelar a la misericordia de Dios. ¿Para qué sirve enton­ces el templo y la espiritualidad que en él se alimenta? ¿Será verdad que en el reino de Dios se funciona no desde la justicia elaborada por la religión, sino desde la misericordia insondable de Dios?

En la parábola de Jesús hay un dato incuestionable: un despreciado recaudador ha apelado a la misericordia de Dios y ha encontrado gracia. ¿No estará Jesús queriendo atraer a todos hacia una experiencia real que toda persona percibe en el fondo de su ser? Cuando uno se siente bien consigo mismo y ante los demás, se apoya en su propia vida, no parece necesitar de más. Pero cuando la conciencia lo declara culpable y desapa­rece su seguridad, ¿no siente entonces el ser humano la necesidad de aco­gerse a la misericordia de Dios y solo a su misericordia? Cuando uno ac­túa como el fariseo, se sitúa ante Dios desde una religión en la que no hay lugar para el recaudador. Cuando uno se confía a la misericordia de Dios, como el recaudador, se sitúa en una religión donde caben todos.

 

José Antonio Pagola, “Jesús. Acceso histórico”

 

 

3. Respuesta agradecida

 

 

 

3.1 Oración personal

¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 Oración comunitaria:

En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

 

 

2. Teresa: “No tenemos nada que no lo recibimos”

 

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

En el texto que vamos a escuchar Teresa se refiere a un reacción humana instintiva que es el deseo de retribuir cuando recibimos un favor de los demás. Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios.

*      ¿Cómo vivimos en lo cotidiano esta necesidad de reciprocidad?

*      ¿Nos sentimos en “deuda” con los demás y/o con Dios?

 

 

2. Lectura orante de Teresa: VI M 5, 5-6

 

En las sextas Moradas Teresa explica distintas gracias que Dios concede en la oración. Insiste en que es necesario tener ánimo para recibirlas, porque se les muestra el gran poder de Dios y surge la necesidad de retribuir lo que se recibe “quien mucho debe, mucho ha de pagar”. En este contexto comparte su experiencia:

 

 

 

(...) Mirando lo que Su Majestad hace con ella

y tornándose a mirar a sí,

¡cuán poco sirve para lo que está obligada!,

y eso poquito que hace, lleno de faltas y quiebras y flojedad,

que por no acordarse de cuán imperfectamente hace alguna obra,

si la hace, tiene por mejor procurar que se le olvide

y traer delante sus pecados y meterse en la misericordia de Dios,

que, pues no tiene con qué pagar,

supla la piedad y misericordia que siempre tuvo con los pecadores.

 

(...) A una persona que estaba muy afligida delante de un crucifijo

considerando que nunca había tenido qué dar a Dios

ni qué dejar por Él:

le dijo el mismo Crucificado consolándola

que Él le daba todos los dolores y trabajos

que había pasado en su pasión,

que los tuviese por propios para ofrecer a su Padre.

(...) Cada vez que se ve tan miserable,

acordándosele, queda animada y consolada.

 

(...)Me parece de gran provecho para que entendáis

lo que se contenta nuestro Señor de que nos conozcamos,

y procuremos siempre mirar, y remirar nuestra pobreza y miseria,

y que no tenemos nada que no lo recibimos. 

 

2. 1. Ver el texto de cerca

*      ¿Con qué expresión sentimos más sintonía y/o nos sorprende más?

*      ¿Qué es lo que le mueve a Teresa a acogerse a la misericordia de Dios?

*      ¿Qué relación con Jesús refleja?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

*      ¿Qué nos dicen las palabras de Teresa a nosotra/os hoy?

*      ¿Nos evoca algún texto bíblico?

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

 

 

3. Teresa: “Sólo puedo presumir de su misericordia”

 

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

            En el texto que vamos a escuchar Teresa quiere corregir la imagen que sus hermanas tienen de ella porque ve que la idealizan. A veces hay tendencia a idealizar a ciertas personas.

*      ¿Cómo vemos que se vive esto hoy en la sociedad?

*      ¿Cómo lo vivimos nosotras/os? ¿A dónde conduce?

 

 

2. Lectura orante de Teresa: III M 1, 2

 

Teresa inicia las terceras moradas animando a quien llegó allí porque, si no vuelve atrás, está en camino seguro de salvación. Sin embargo, inmediatamente, recuerda que mientras estamos en esta vida, tenemos que estar siempre alertas para no caer. Evocar esta realidad le hace sentir mucho temor, y le lleva a decir a sus hermanas:

 

Pedidle, hijas mías, que viva Su Majestad en mí siempre,

porque, si no es así, ¿qué seguridad puede tener

una vida tan mal gastada como la mía?

 

Y no os pese de entender que esto es así,

como algunas veces lo he visto en vosotras cuando os lo digo,

y procede de que quisierais que hubiera sido muy santa,

y tenéis razón; también lo quisiera yo;

mas, ¿qué puedo hacer si lo perdí por sola mi culpa?

 

Que no me quejaré de Dios que dejó de darme bastantes ayudas

para que se cumplieran vuestros deseos;

que no puedo decir esto sin lágrimas y gran confusión

de ver que escriba yo cosa para las que me pueden enseñar a mí.

Recia obediencia ha sido; plega el Señor que pues se hace por Él,

sea para que  os aprovechéis de algo

porque le pidáis perdone a esta miserable atrevida.  

Bien sabe Su Majestad que sólo puedo presumir de su misericordia,

y ya que no puedo dejar de ser la que he sido

no tengo otro remedio sino llegarme a ella

y confiar en los méritos de su Hijo y de la Virgen, madre suya,

cuyo hábito indignamente traigo y traéis vosotras.

Alabadle, hijas mías, que lo sois de esta Señora verdaderamente

y así no tenéis para qué avergonzaros de que sea yo ruin,

pues tenéis tan buena madre;

imitadla y considerad qué tal debe ser la grandeza de esta Señora

y el bien de tenerla por patrona,

pues no han bastado mis pecados y ser la que soy

para desprestigiar esta sagrada Orden.

 

2. 1. Ver el texto de cerca

*      ¿Con qué expresión sentimos más sintonía y/o nos sorprende más?

*      ¿Cómo se muestra Teresa ante sus hermanas?

*      ¿Qué relación tiene con ellas?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

*      ¿Qué nos dicen las palabras de Teresa a nosotra/os hoy?

*      ¿Nos evoca algún texto bíblico?

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

 

4. Teresa: “Puestos en las manos de Dios”

 

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

En el texto que vamos a escuchar Teresa se refiere a lo que la persona busca al hacer oración. Vamos a conversar sobre las motivaciones que nos llevan a rezar.

*       ¿Qué es lo que hoy te mueve a hacer oración?

*       ¿Ha variado tu motivación con el tiempo?

 

4. Lectura orante de Teresa: Vida 22, 11

 

En el Capítulo 22 de la Vida Teresa indica como camino para alcanzar la contemplación no procurarlo por las propias fuerzas, y no apartarse de la humanidad de Cristo.

 

Mucho contenta a Dios ver un alma que con humildad

pone por tercero a su Hijo, y le ama tanto

que aun queriendo Su Majestad subirle a muy gran contemplación

se conoce por indigno, diciendo con San Pedro:

"Apartaos de mí, Señor, que soy hombre pecador".

Esto he probado; de esta manera ha llevado Dios mi alma;

otros irán - como he dicho - por otro atajo.

 

Lo que yo he entendido es que todo este cimiento de la oración

va fundado en humildad,

y que mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios.

No me acuerdo haberme hecho merced muy señalada,

de las que adelante diré,

que no sea estando deshecha de verme tan ruin.

Y aun procuraba Su Majestad darme a entender cosas

para ayudarme a conocerme, que yo no las supiera imaginar.

 

Tengo para mí que, cuando el alma hace de su parte algo

para ayudarse en esta oración de unión,

aunque en un primer momento parece le aprovecha,

muy pronto se volverá a caer, como cosa no fundada.

Y temo que nunca llegará a la verdadera pobreza de espíritu,

que es no buscar consuelo ni gusto en la oración

(que los de la tierra ya están dejados),

sino consolación en los trabajos por amor de Él,

que siempre vivió en ellos,

y estar en ellos y en las sequedades quieta.

No digo que no se procure tener devoción

y estar con cuidado delante de Dios;

mas que si no pudieren tener aún un buen pensamiento,

que no se maten.

Siervos sin provecho  somos; ¿qué pensamos poder?

Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios.

 

2. 1. Ver el texto de cerca

*      ¿Con qué expresión sentimos más sintonía y/o nos sorprende más?

*      ¿Qué actitudes fomenta para estar en la oración, y cuáles advierte que hay que evitar?

*      ¿Qué relación con Jesús refleja?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

*      ¿Qué nos dicen estas palabras a nosotras/os hoy?

*      ¿Estas palabras de Teresa nos evocan algún texto de la Biblia?

 

4. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

Itinerario