![]() |
||
ANDAR EN VERDADDELANTE DE DIOS
1.Evangelio:
“Dos modos de orar”
2.
Teresa: “No tenemos nada que no lo recibimos”
|
||
En el texto del
Evangelio que vamos a escuchar Jesús cuenta una parábola en la que hace
referencia a dos maneras distintas de situarse ante Dios: la de la persona que
se sabe cumplidora de la ley y la de la persona que se sabe pecadora.
¿Con
cuál de estas posturas nos identificamos más?
¿Ha
variado a lo largo de nuestra vida?
(Hacerla
en forma dialogada: relator/a, Jesús, fariseo, publicano)
Jesús dijo esta parábola por algunos que
estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás.
«Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno
era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie, oraba en su
interior de esta manera:
«Oh
Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones,
injustos, adúlteros, o como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y doy la
décima parte de todas mis entradas.»
Mientras tanto el publicano se quedaba
atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el
pecho diciendo:
«Dios
mío, ten piedad de mí, que soy un pecador.»
Yo les digo que este último estaba en
gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se
hace grande será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
¿Qué es
lo que más te llama la atención del texto?
¿Qué
diferencias hay entre la actitud del fariseo y del publicano?
¿Qué
imagen de Dios y del ser humano revela Jesús con esta parábola?
¿Con
qué actitud nos invita a situarnos ante Dios y ante los demás
La parábola no habla solo de dos hombres
que oran en el templo, sino de cómo actúa Dios, presente en ese templo. Los
oyentes “sintonizan” enseguida con el relato. En más de una ocasión han subido
en peregrinación hasta el templo. Solo allí se podía dar culto a Yahvé. Nadie
podía acercarse sin antes haberse purificado debidamente. Lo decía el salmo:
al recinto sagrado solo se puede entrar con “manos inocentes y corazón puro”.
El relato de Jesús despierta
enseguida el interés y la curiosidad de los oyentes. Todos saben cómo es, de ordinario,
un fariseo: un hombre piadoso que cumple fielmente los mandamientos, observa estrictamente
las normas de pureza ritual y paga escrupulosamente los diezmos. Es de los que
sostienen el templo. También saben qué es un recaudador: un judío que vive de
una actividad despreciable. No trabaja para recoger diezmos y sostener el
templo, sino para recaudar impuestos y medrar.
El término telonés que se
emplea en la parábola indica que es un funcionario de rango inferior que
trabaja junto a las puertas de algunas ciudades como Cafamaún o Jericó y en los
puestos fronterizos de las grandes vías comerciales para cobrar las tasas de
peaje, tránsito de mercancías, importación o exportación. Su conversión es imposible.
Nunca podrá reparar sus abusos ni retribuir a sus víctimas lo que les ha
robado. No se puede sentir bien en el templo. No es su sitio.
El fariseo ora de pie, seguro y
sin temor alguno. Su conciencia no le acusa de ningún pecado por el que tenga
que expiar. De su corazón brota espontáneamente el agradecimiento: “Oh Dios, te
doy gracias”. No es un acto de hipocresía. Todo lo que dice es real. Su vida es
ejemplar. Cumple fielmente sus obligaciones y hasta las sobrepasa. No se atribuye
a sí mismo mérito alguno, es Dios quien sostiene su vida santa. Es un modelo de
fidelidad y obediencia a Dios. ¡Quién pudiera ser como él! Puede contar con la
bendición de Yahvé. Así piensan los que escuchan a Jesús.
El recaudador sabe lo que están
pensando de él los demás fieles. No promete nada. No puede restituir lo que ha
robado a tantas personas cuya identidad desconoce. No puede dejar su trabajo de
recaudador. Ya no puede cambiar de vida. No tiene otra salida que abandonarse a
la misericordia de Dios: “Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador”. En
realidad, las palabras que pronuncia significan literalmente: “Oh Dios, expía
tú mis pecados”. El pobre hombre no hace sino reconocer lo que todos saben. Nadie
quisiera estar en su lugar. Dios no puede aprobar su vida de pecado.
Jesús concluye su parábola con
una afirmación sorprendente: El hombre piadoso, que ha hecho incluso más de lo
que pide la ley, no ha encontrado favor ante Dios. Por el contrario, el
recaudador que se abandona a su misericordia, sin comprometerse siquiera a cambiar
de vida, recibe su perdón. De pronto les abre a un mundo nuevo que rompe todos
sus esquemas. Con su parábola aparentemente tan sencilla e ingenua, está Jesús
amenazando todo el sistema religioso del templo. El Dios del templo habría
confirmado al fariseo y reprobado al recaudador. Lo que dice Jesús es
increíble.¿Cómo puede Jesús hablar de un Dios que no reconoce al piadoso y,
por el contrario, concede su gracia al pecador?
Si es cierto lo que dice Jesús,
ya no hay seguridad alguna para nadie. Todos tienen que apelar a la misericordia
de Dios. ¿Para qué sirve entonces el templo y la espiritualidad que en él se
alimenta? ¿Será verdad que en el reino de Dios se funciona no desde la justicia
elaborada por la religión, sino desde la misericordia insondable de Dios?
En la parábola de Jesús hay un dato incuestionable: un despreciado recaudador ha apelado a la misericordia de Dios y ha encontrado gracia. ¿No estará Jesús queriendo atraer a todos hacia una experiencia real que toda persona percibe en el fondo de su ser? Cuando uno se siente bien consigo mismo y ante los demás, se apoya en su propia vida, no parece necesitar de más. Pero cuando la conciencia lo declara culpable y desaparece su seguridad, ¿no siente entonces el ser humano la necesidad de acogerse a la misericordia de Dios y solo a su misericordia? Cuando uno actúa como el fariseo, se sitúa ante Dios desde una religión en la que no hay lugar para el recaudador. Cuando uno se confía a la misericordia de Dios, como el recaudador, se sitúa en una religión donde caben todos.
José Antonio Pagola, “Jesús. Acceso histórico”
3.1 Oración
personal
¿Qué me invita a vivir la experiencia y
En forma de oración ponemos
en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.
(Si el grupo lo
considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo
que surgió en la oración)
2. Teresa: “No tenemos nada que no lo recibimos”
En el texto que vamos a escuchar Teresa se refiere a
un reacción humana instintiva que es el deseo de retribuir cuando recibimos un
favor de los demás. Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios.
¿Cómo vivimos en
lo cotidiano esta necesidad de reciprocidad?
¿Nos sentimos
en “deuda” con los demás y/o con Dios?
En las sextas Moradas Teresa explica distintas gracias que Dios
concede en la oración. Insiste en que es necesario tener ánimo para recibirlas,
porque se les muestra el gran poder de Dios y surge la necesidad de retribuir
lo que se recibe “quien mucho debe, mucho ha de pagar”. En este contexto
comparte su experiencia:
(...) Mirando lo que
Su Majestad hace con ella
y tornándose a mirar
a sí,
¡cuán poco sirve
para lo que está obligada!,
y eso poquito que
hace, lleno de faltas y quiebras y flojedad,
que por no acordarse
de cuán imperfectamente hace alguna obra,
si la hace, tiene por
mejor procurar que se le olvide
y traer delante sus
pecados y meterse en la misericordia de Dios,
que, pues no tiene
con qué pagar,
supla la piedad y
misericordia que siempre tuvo con los pecadores.
(...) A una persona
que estaba muy afligida delante de un crucifijo
considerando que
nunca había tenido qué dar a Dios
ni qué dejar por Él:
le dijo el mismo
Crucificado consolándola
que Él le daba todos
los dolores y trabajos
que había pasado en
su pasión,
que los tuviese por
propios para ofrecer a su Padre.
(...) Cada vez que
se ve tan miserable,
acordándosele, queda
animada y consolada.
(...)Me parece de
gran provecho para que entendáis
lo que se contenta
nuestro Señor de que nos conozcamos,
y procuremos siempre
mirar, y remirar nuestra pobreza y miseria,
y que no tenemos
nada que no lo recibimos.
¿Con
qué expresión sentimos más sintonía y/o nos sorprende más?
¿Qué es
lo que le mueve a Teresa a acogerse a la misericordia de Dios?
¿Qué relación
con Jesús refleja?
¿Qué
nos dicen las palabras de Teresa a nosotra/os hoy?
¿Nos
evoca algún texto bíblico?
(Si el grupo lo
considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo
que surgió en la oración)
3. Teresa: “Sólo puedo presumir
de su misericordia”
En el texto que vamos
a escuchar Teresa quiere corregir la imagen que sus hermanas tienen de ella
porque ve que la idealizan. A veces hay tendencia a idealizar a ciertas
personas.
¿Cómo vemos que
se vive esto hoy en la sociedad?
¿Cómo lo
vivimos nosotras/os? ¿A dónde conduce?
Teresa inicia las
terceras moradas animando a quien llegó allí porque, si no vuelve atrás, está en
camino seguro de salvación. Sin embargo, inmediatamente, recuerda que mientras
estamos en esta vida, tenemos que estar siempre alertas para no caer. Evocar
esta realidad le hace sentir mucho temor, y le lleva a decir a sus hermanas:
Pedidle, hijas mías, que viva Su Majestad en
mí siempre,
porque, si no es así, ¿qué seguridad puede
tener
una vida tan mal gastada como la mía?
Y no os pese de entender que esto es así,
como algunas veces lo he visto en vosotras
cuando os lo digo,
y procede de que quisierais que hubiera sido
muy santa,
y tenéis razón; también lo quisiera yo;
mas, ¿qué puedo hacer si lo perdí por sola
mi culpa?
Que no me quejaré de Dios que dejó de darme
bastantes ayudas
para que se cumplieran vuestros deseos;
que no puedo decir esto sin lágrimas y gran
confusión
de ver que escriba yo cosa para las que me
pueden enseñar a mí.
Recia obediencia ha sido; plega el Señor que
pues se hace por Él,
sea para que
os aprovechéis de algo
porque le pidáis perdone a esta miserable
atrevida.
Bien sabe Su Majestad que sólo puedo
presumir de su misericordia,
y ya que no puedo dejar de ser la que he
sido
no tengo otro remedio sino llegarme a ella
y confiar en los méritos de su Hijo y de
cuyo hábito indignamente traigo y traéis
vosotras.
Alabadle, hijas mías, que lo sois de esta
Señora verdaderamente
y así no tenéis para qué avergonzaros de que
sea yo ruin,
pues tenéis tan buena madre;
imitadla y considerad qué tal debe ser la
grandeza de esta Señora
y el bien de tenerla por patrona,
pues no han bastado mis pecados y ser la que
soy
para desprestigiar esta sagrada Orden.
¿Con
qué expresión sentimos más sintonía y/o nos sorprende más?
¿Cómo
se muestra Teresa ante sus hermanas?
¿Qué
relación tiene con ellas?
¿Qué
nos dicen las palabras de Teresa a nosotra/os hoy?
¿Nos
evoca algún texto bíblico?
(Si el grupo lo
considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo
que surgió en la oración)
En el texto que vamos a escuchar Teresa se refiere a lo
que la persona busca al hacer oración. Vamos a conversar sobre las motivaciones
que nos llevan a rezar.
¿Qué es lo que hoy te mueve a hacer oración?
¿Ha variado tu motivación con el tiempo?
En el Capítulo 22 de
Mucho contenta a Dios ver un alma que con humildad
pone por tercero a su Hijo, y le ama tanto
que aun queriendo Su Majestad subirle a muy gran
contemplación
se conoce por indigno, diciendo con San Pedro:
"Apartaos de mí, Señor, que soy hombre pecador".
Esto he probado; de esta manera ha llevado Dios mi alma;
otros irán - como he dicho - por otro atajo.
Lo que yo he entendido es que todo este cimiento de la
oración
va fundado en humildad,
y que mientras más se abaja un alma en la oración, más la
sube Dios.
No me acuerdo haberme hecho merced muy señalada,
de las que adelante diré,
que no sea estando deshecha de verme tan ruin.
Y aun procuraba Su Majestad darme a entender cosas
para ayudarme a conocerme, que yo no las supiera imaginar.
Tengo para mí que, cuando el alma hace de su parte algo
para ayudarse en esta oración de unión,
aunque en un primer momento parece le aprovecha,
muy pronto se volverá a caer, como cosa no fundada.
Y temo que nunca llegará a la verdadera pobreza de espíritu,
que es no buscar consuelo ni gusto en la oración
(que los de la tierra ya están dejados),
sino consolación en los trabajos por amor de Él,
que siempre vivió en ellos,
y estar en ellos y en las sequedades quieta.
No digo que no se procure tener devoción
y estar con cuidado delante de Dios;
mas que si no pudieren tener aún un buen pensamiento,
que no se maten.
Siervos sin provecho
somos; ¿qué pensamos poder?
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las
manos de Dios.
¿Con
qué expresión sentimos más sintonía y/o nos sorprende más?
¿Qué
actitudes fomenta para estar en la oración, y cuáles advierte que hay que
evitar?
¿Qué
relación con Jesús refleja?
¿Qué
nos dicen estas palabras a nosotras/os hoy?
¿Estas
palabras de Teresa nos evocan algún texto de la Biblia?
(Si el grupo lo
considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo
que surgió en la oración)